Don Juanes


Juan Schiaretti y Juan Manzur: capataces provincianos que tienen puntos en común y por eso los lleva a estar tensionados entre sí, explicado por el lobby farmacéutico, alimenticio y agrario. La desesperante búsqueda por unir el discurso cordobesista y el discurso antikirchnerista. Los desafíos por denunciar el cambio climático y la deuda del FMI, más allá del “denuncialismo”.

Por Lea Ross | Ilustración: @nico_mezca

Era la época de la Influenza H1N1. También conocida como Gripe A. Por las dudas, aclaramos el año: 2009. En una reunión, estaban sentados el empresario farmacéutico Hugo Sigman y los ministros de la cartera de Ciencia, Lino Barañao, y de Salud, Juan Manzur. Sigman les explicó que, mediante una ayuda de sus socios en Suiza, estaba dispuesto a desembolsar cien millones de dólares para la construcción de una planta fabricadora de vacunas, a cambio de que el Estado le comprara sus productos medicinales durante una década y a precios dolarizados.

Encandilado con la idea, Manzur le propuso juntarse con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Al concluir esa segunda reunión, la mandataria inmediatamente se comunicó con distintos sectores sanitarios por teléfono y les dijo: “Vamos a ser un proyecto de vacunas. Hay que comprarles vacunas a éste proyecto”.

Una semana después que el Gobierno lo declarara de interés público, el Ministerio de Salud, a cargo de Manzur, llamó a Licitación Pública para elegir un proyecto integral que prevea el funcionamiento del mismo. Solo un mes después, se efectuó a la apertura de sobres, donde ganó un consorcio de empresas conformadas por Novaris, Elea y Biogénes Bagó; la primera, de capitales suizos; y las otras dos pertenecen a la firma Sigman. No se sabe si ésta unión de empresas ganó porque fue el único oferente, o porque a esas firmas se le reconoció como “autoras de la iniciativa”.

Las empresas registraron su consorcio bajo el nombre “Sinergium Biotech”, a pesar que lo registraron en la AFIP después de la entrega del sobre de licitación. Luego de recibir 105 millones de dólares, la planta se inauguró a finales de 2012, con capacidad para producir 30 millones de dosis anuales, en la localidad bonaerense de Garín, al lado de la Ruta Panamericana (en la misma zona donde, casi una década después, se construiría el laboratorio mAbxience para producir un principio activo de vacunación contra el Covid-19, también de la mano de Sigman).

Un año antes, en 2011, el Calendario Nacional de Vacunación agregó en su listado la obligatoriedad de la introducción de la vacuna contra la gripe, el neumococo y el virus del papiloma humano o HPV. Y por esa razón, Sinergium Biotech produce la vacuna antigripal Viraflu, la neumocócica conjugada Prevenar 13 y la tetravalente Silgard, donde viene ganando en la última década distintas licitaciones sobre propuestas de determinados suministros de vacunas contra esas enfermedades que, por ley, el Estado se ve obligado a suministrarlas a su población.

Esa fue la mano que Juan Manzur le dio a este empresario multimillonario que se convirtió en el cabeza del big pharma criollo.

Poderes mediterráneos

La relación entre el gobernador de licencia de Tucumán Juan Manzur y el gobernador no de licencia de Córdoba Juan Schiaretti es ni fu ni fa. Aunque, son precavidos que entre ellos pueden tener intereses en armar frentes que disputen las elecciones nacionales de 2023. Ambos caballeros lograron ser capataces en sus respectivas provincias con un caudal de votos superior a la mitad más uno de sus electores. Suelen ser condescendientes con los pedidos de las instituciones eclesiásticas y reciben cuestionamientos sobre el accionar de sus fuerzas policiales donde, en plena cuarentena, han generado resonantes casos de homicidio y frustrados encubrimientos, como fueron los crímenes de Luis Espinoza y Valentino Blas Correas.

Según reveló Diego Genoud en su libro El peronismo de Cristina, Juan Manzur es un peronista al que se le reconoce su versatilidad, digno de un Carlos Menem. Además de Hugo Sigman, tiene otros contactos estrechos con empresarios de enorme talla como Adrián Werthein, integrante prosapia de una familia ligada a la ganadería pampeana y norteña; el multirubro Eduardo Eurnekian, el fallecido banquero Jorge Britos y hasta se ufana de tener contacto con la esposa de quien es hoy el actual presidente de los Estados Unidos, debido a una visita que ella realizó en su provincia por la festividad del bicentenario de la Independencia nacional.

Y por el lado de Córdoba, como se explicó en otro artículo de La Luna con Gatillo, en base al análisis del politólogo Federico Zapata, Schiaretti mantuvo la economía política creada por José Manuel de la Sota, mediante la coalición entre capitanes de la agroindustria provincial, productores agropecuarios, y entidades industriales y de servicios, profundizado por el negocio de los biocombustibles, donde aparecen Aceitera General Deheza y Porta Hnos.

Todo eso lleva a que tanto Córdoba como Tucumán padezcan las presiones de un lobby agro-farmacéutico, representado por la Cámara Argentina de Biotecnología. Allí vemos en la gráfica las firmas que están ligadas a Sigman en el círculo céntrico, teniendo en la base a laboratorios competidores, mientras que en la parte superior a empresas alimenticias.

Semejante lobby es lo que lleva a frenar la aprobación del proyecto de ley de etiquetados a los alimentos, ya que pone en jaque al negocio del azúcar, cuyos cultivos se ubican en las provincias del norte y que luego se venden a las empresas de alimentos procesados que lo combinan con el maíz de los suelos cordobeses, como son las golosinas de Arcor.

Pero a la vez, tienen sus riñas internas con la discusión sobre la producción de bioetanol, que generaron una grieta entre los maiceros cordobeses Porta y AGD y los azucareros norteños como Ledesma, ya que para el gobierno nacional, al ser el maíz un commoditie, prefiere privilegiar la caña con sabor a dulce al no generar divisas desde el comercio exterior. Eso genera el enojo de la dirigencia política cordobesista y sus socios empresariales.

Anti-K + Cordobesismo

La dirigencia “cordobesista” impuso un juego semiótico tan enredado, que ni ella misma lo puede desenredar. Hablamos de ésta coalición del discurso anti-K (odiar a Cristina) como el discurso “cordobesista” propiamente dicho (somos Córdoba, amamos Córdoba, solo pensamos en Córdoba, los cordobeses somos pururú…). Esto lleva a la propia pregunta si les cordobeses odiamos a Cristina porque amamos a Córdoba, o amamos a Córdoba porque odiamos a Cristina.

El dilema es ignífugo si no garpara electoralmente. Así, el equipo del gobernador Schiaretti tomó nota del triunfo de Luis Juez, cuya verborragia llevó a calificar nuevamente al gobernador bonaerense Axel Kicillof de ser un “pelotudo marca cañon”. Eso contradice a los insistentes comentarios de Schiaretti, que señala que les cordobeses no somos confrontativos. Por esa razón, el martes pasado, el equipo de las candidatas de “Ellas” lanzó un fyler enumerando cuáles serán las iniciativas de Alejandra Vigo y Natalia de la Sota si acceden sus respectivas bancas en el Congreso de la Nación. En esa lista propositiva, vemos que antepusieron el rechazo y/o el freno a los intentos del gobierno nacional referidas a la reforma judicial y a la Procuradoría General (propuesta anti-K) por arriba a las más ligadas al sector agropecuario (propuesta cordobesista).

Al día siguiente, el “Gringo” compartió un encuentro con integrantes de la Mesa de Enlace (la nacional, no solo la provincial), que luego se materializó en una conferencia de prensa. Las palabras del mandatario provincial duraron 504 segundos y aparecieron 29 veces las palabras “Córdoba” y “cordobeses”, dando una tasa de una cada 17 segundos. Es decir, cuatro veces por minuto se autoreferenció a la provincia.

Son mis amigos

Pero a la vez, Schiaretti lanzó una referencia anti-K, a gusto de sus “amigos” de la Mesa -así insistía en llamarlos-, al exigir el levantamiento del cepo a las exportaciones de la carne. Tomó como ejemplo que “en los anteriores gobiernos kirchneristas, del 2006 al 2015”, la inflación fue del 800%, mientras que la carne aumentó al 1.800%; es decir, en pleno periodo de restricciones a la comercialización externa de la carne, que inició el presidente Néstor Kirchner. “La cura fue peor que la enfermedad”, sentenció el mandatario cordobés. Lo que el “gober” no dice es que en el trayecto de ese tiempo, la “sojización” pampeana, impulsada por sus “amigos” que estaban a su lado, empujó al ganado vacuno por fuera de las tierras fértiles y menos espaciosos. Allí se tuvo que emitir más gastos para invertir en el sistema de los feedlots. A esto se le suma el cambio del comercio de exterior, que pasó de la demanda de la cuota Hilton por parte de alemanes con fino paladar, a la gigantesca China, pidiendo cortes más baratos. Finalmente, se puede agregar lo que pasó después del 2015, con la flexibilización de las restricciones macristas, que generaron una falta de control en el mercado. La ausencia de una medición integral sobre las variables, tanto sincrónicas como diacrónicas, que inciden en el precio de la carne es una deuda pendiente por parte del Estado y que dentro de la semiología cordobesista no parece tener cabida.

Eso se explica por el hecho en que en 2019, cuando debutó Hacemos Por Córdoba, la tercera parte de la financiación privada de sus campañas provinieron del ámbito rural, y que una parte de la misma fueron de empresas frigoríficas, algunas beneficiadas por las políticas de Macri y, a la vez, anotadas como parte de algunos ilícitos en el comercio aduanero, detectadas por la AFIP.

Entre ganancias y retenciones

Por otra parte, Schiaretti sentenció, acorde al lobby chacarero, que se debe reducir las retenciones agrícolas (que no son coparticipables a las provincias), al que los llamó como “impuestos a la producción” (en realidad, son a la exportación) y que el aporte agropecuario debe provenir desde el impuesto a las ganancias (que sí son coparticipables), a partir de la inversiones de los productores por la renta obtenida.

El problema que tiene ese esquema lo había dicho el mismísimo Mauricio Macri, tres días después de asumir como presidente. Fue en un recordado acto en Pergamino, donde declaró que “debíamos dejar de ser el granero del mundo para pasar a ser el supermercado del mundo”. Para eso, explicó que la quita de retenciones, que había ejecutado en ese entonces, serviría para que la producción invirtiera en el valor agregado y de allí aportar al fisco mediante Ganancias. Pero advirtió que él “no querría aplicar la ley (sic), con todo el afecto que les tengo, por estar evadiendo”. Es decir, el propio Macri reconoció que reemplazar retenciones por Ganancias implicaría mayor oportunidades de evasión fiscal, al ser más fácil de ocultar los patrimonios por parte de los productores.

Atento a eso, Schiaretti sentenció que el productor cordobés invierte en su territorio sin ocultarlo en cuevas fiscales. Si los de la Mesa de Enlace fueran avispados, debieron sentirse ofendidos con su amigo. Porque eso quiere decir que todo productor agropecuario que no sea cordobés se la pasa fugando plata al extranjero. En eso, habría que recordar que en la justicia cordobesa hay un cúmulo de expedientes contra grandes desarrollistas, que se nutrieron con la inversión de los sojeros, por malversación de fondos, que a la vez funcionaron como cuevas financieras, cuyo caso más conocido es Euromayor. Quizás por esa razón, el gobernador eligió como fiscal general de la provincia a Juan Manuel Delgado, que sin tener experiencia en materia penal, trabajó como asesor financiero para la desarrollista Edisur.

Finalmente, Schiaretti rechazó la reforma de la ley de biocombustibles, aprobada por el oficialismo nacional, y reclamó la quita total de retenciones al maní y a los lácteos. Por supuesto, no mencionó si se charló sobre una reforma a la ley provincial de bosques, porque de hacerlo en plena semana de la marcha mundial contra el cambio climático era generarse un agujero más grande que la que tiene la capa de ozono.

Por A o por B

Con mucha presencia de la consigna “No hay Plan(eta) B”, la provincia de Córdoba no fue ajena a las movilizaciones mundiales ante la gran problemática climática. En la ciudad capital, la movilización quedó dividida en dos bloques.

Por un lado, al frente de la marcha, estuvo encabezada por agrupaciones juveniles identificadxs con la joven referenta sueca Greta Thunberg. Pero también hubo participaron de cooperativas barriales de la economía popular, como son los carreros, los recicladores y los productores de alimentos sanos. Esto permitió desatornillar al activismo callejero contra el calentamiento global en un determinado grupo etario, político y de clase.

Otro discurso que repite “Córdoba”, pero más popular que populista.

Mientras que el segundo bloque, por detrás de la marcha, estuvo liderada por la coordinadora Basta de Falsas Soluciones, que emergió bajo una unión entre partidos políticos del trotskismo y colectivos veganos, en rechazo al acuerdo con China para la inversión de factorías de granjas porcinas. En ella, expusieron rechazos al modelo extractivista.

Por fuera de la gran urbe, las asambleas del departamento Punilla se concentraron a la vera de la Ruta Nacional 38, en la localidad de Bialet Massé, en rechazo a la Autovía que pretende impulsar el gobierno provincial. Desde esa región, se denuncian la preocuación de distintas familias por los intentos del Estado de expropiar sus terrenos requeridos para proceder con el paso del asfalto. Según la agenda de la administración pública provincial, se espera hacer el llamado a licitación del primer tramo del trazado el próximo mes de octubre, junto con el otro proyecto polémico como es la alternativa a la Ruta Provincial 5, en la región de Paravachasca.

Deudicidio

Un gran límite dentro de gran parte del activismo ambiental es la poca claridad sobre de qué otras maneras de relaciones humanas se pueden establecer dentro y fuera de los territorios, que exceda solo al “denuncialismo” o proclamas restrictivas contra el agronegocio, la meganinería o el fracking. En ese sentido, existen dos discusiones que, tarde o temprano, deberán emerger de manera propositiva:

  • Por un lado, nuestra relación con el dólar, que no solo refiere a la generación de divisas, sino de nuestro ámbito doméstico, ya que el sistema bimonetario posconvertibilidad generó una mayor fiebre especulativa, que es el anhelo que el dinero solo genere más dinero, desprendida de la toma de conciencia territorial. ¿Cuál sería entonces nuestra relación con la moneda extranjera? ¿Generar un equilibrio macroeconómico, como propone Guillermo Moreno? ¿Destruir el peso argentino para “dolarizar” todo, como quiere Javier Milei? ¿O emitir una moneda que no sea transable con el dólar, como propuso discutir Claudio Lozano?
  • Por el otro lado, hay que preguntarse hacia dónde debe encaminar el consumo interno. Si el salario mínimo fuera de 100 mil pesos, como propusieron algunos partidos de izquierda, dos terceras partes serían para comprar la canasta básica total. ¿Y en qué se gastaría la tercera parte restante? ¿En comprar dólares? Allí, se requiere polemizar con los progresismo que avalan el consumo como dinamizador de la economía, sin mediar los riesgos de segmentación social que se genera, donde el consumismo voraz desechable es a costa del deterioro de aquellos que no concretan el acceso a una mayor escala social.

Frente a ésta incertidumbre, el ensayista Mariano Pacheco escribió para el portal La Tecl@ Eñe “una serie de puntos a través de los cuales se podrían abordar aquello que hoy se torna fundamental para el conjunto de la clase trabajadora”, y que enumeraremos a continuación:

  • Un plan de obras públicas y otra de construcción de viviendas, donde en ambos participe el sector cooperativo de la economía popular, que ha tenido un cierto empuje a partir de la urbanización de algunos barrios, financiado por el aporte de las grandes fortunas o “impuesto a las riquezas”;
  • Un programa de acceso a la tierra, urbana y rural, para la producción, concatenado con un programa de acceso al crédito para ese fin, que permita competir contra productos menos saludables y que no fortalecen las economías comunitarias;
  • Un establecimiento de políticas impositivas progresivas: éste punto no es menor, ya que como lo advierte Pablo Stefanoni, los impuestos son deslegitimados por sectores medios que, al salir de la línea de pobreza, prescindieron de la salud y la educación pública y quedan encandilados con propuestas “anti-impuestos”, frente a los oído sordos de los progresismos y las izquierdas que no dan batalla a esa temática;
  • Un estricto control de precios: de hecho, el último informe de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), señala que agosto fue el quinto mes consecutivo en que creció la brecha entre lo que cobró un productor agropecuario y lo que pagó un consumidor dentro de 24 productos seleccionados, donde el segundo pagó en promedio 6,22 veces más de lo que cobró el trabajador rural, teniendo como peor escenario el negocio de la zanahoria (14,7 veces). Por otra parte, 19 de los 24 alimentos tenían sus precios más baratos en los comercios chicos que los hipermercados. Para la CAME, el origen de estas distorsiones se debe a factores ambientales y económicos; pero también “a razones especulativas, adoptadas por diferentes actores de la cadena de valor”;
  • Aumentos salariales y de asignaciones familiares acordes a los índices de inflación;
  • Y por último, una consulta popular que coloque en el centro del debate la relación entre deuda externa y deuda interna. Sobre eso: “¿No habrá llegado la hora de que los Movimientos Populares, organizaciones sociales y fuerzas políticas con aspiraciones transformadoras convoquen a una consulta popular al respecto?”, señala Pacheco.

Dicho sea de paso: un día antes que el gobierno pagara la primera cuota de más de 1.883 millones de dólares al Fondo Monetario Internacional, contraída durante el gobierno de Macri, el presidente Alberto Fernández, en su discurso para las Naciones Unidas, dijo que ese mismo endeudamiento era “tóxico e irresponsable”, y que estábamos padeciendo un “deudicidio”. El sufijo “-cidio” significa matar o asesinar. Si se pretendiera poner en funcionamiento las instituciones liberales, ¿no será que ya es tiempo de juzgar al que perpetra un asesinato?