Ecos de nuestra América

Cinco preguntas sin respuesta para el conflicto boliviano

¿Qué se está discutiendo?¿Cómo se puede analizar desde la cultura argentina?¿Que tiene que ver el Evo Morales?¿Caos pachakutiesco o bases para un nuevo mundo?

Por Tomás Astelarra

La nueva revuelta popular en Bolivia despierta inquietud en los medios de comunicación de Argentina. Nuevamente el análisis ignora la complejidad de la cultura, política, sociedad y economía del país vecino. Incluso en sesudos intelectuales porteñoprogresistas. Se buscan más respuestas que preguntas. Siempre desde el paradigma de nuestra propia realidad. Se ignora el valor del caos y la incertidumbre en los procesos populares. También su historia de largo aliento.

Los analistas bolivianos responden preguntas casi resignados a no entrometerse en la profundidad del análisis a riesgo de pasar por fachos o zurdos, o meterse en un berenjenal de repreguntas insistiendo en la tesis cerrada de los analistas argentinos. Cuando es que no tienen por si mismos posturas ideológicas estancas y coincidentes con los entrevistadores.

Hay dos versiones a grandes rasgos. La primera que lo ve como un quilombo más en un país lejano y atrasado, revueltas de pueblos zurdos e ignorantes, quizás narcoterroristas. Y el dato del avión con alimentos que mandó el gobierno de La Libertad Avanza ante la grave situación de desabastecimiento. Y que algún zurdo denuncia que en vez de alimentos hubo gases lacrimógenos.

La segunda, suponiendo que halla solo dos, lo ve como una nueva lucha de un pueblo digno que quiere echar a un presidente facho como no pudimos hacer los argentinos con Milei, reivindicando a Evo Morales y el MAS, y asumiendo la versión oficial del gobierno facho boliviano de que el ex presidente es el principal responsable de las protestas. Por supuesto, también, apoyando la versión de que en el avión había armas. Un dato más bien intrascendente y poco comprobable para profundizar el análisis.

Ante las llamadas de los medios de comunicación populares para que explique un poco de que va este quilombo, desde mi función de gringo bolivianólogo ignorante, acostumbrado a ser sorprendido una y otra vez por este hermoso y querido pueblo hermano y sus procesos populares, me decidí a responder cinco preguntas que un buen número de argentines me hacen pa entender lo que pasa en esta Bolivia nuevamente insurgente.

¿Cuál y de quien es el reclamo?

Unos pocos meses antes de la elecciones presidenciales en Bolivia me paseaba por sus calles y mercados haciendo mi propia encuesta personal. La respuesta era típicamente boliviana: todavía. Las caseritas no estaban satisfechas con el entonces gobierno del MAS del presidente Lucho Arce, tampoco con su antecesor, el Evo Morales. ¿Entonces va a votar al Tuto Quiroga o Samuel Doria Medina (que eran los principales candidatos de la oposición por derecha)? Todavía.

En la compleja cultura de complementariedad y reciprocidad andina es difícil entender que descartar A no necesariamente implica asumir B. Que entre A y B, puede existir un C. ¿Cuando? ¿Ahorita? Quizás, tal vez, todavía.

En ese entonces no se me ocurrió preguntar por Rodrigo Paz Pereira, un candidato que estaba en el pelotón de cola de una decena de candidates que no superaban el 5% de intención de votos a ambos lados del mostrador (izquierda o derecha, blanca o chola, incluso la referente punkiprogrefeminista María Galindo).

En las encuestas de principio de año Paz Pereira medía 3%. En las primarias obtuvo 32%. En el balotage 55%. ¿Qué hizo entonces que Rodrigo Paz Zamora se transformara en C? Las especulaciones del intríngulis de esa elección se pueden leer en mi artículo del año pasado Bolivia: ¿ganó la derecha? Pero pa resumir diremos que Paz Zamora se presentó como un candidato ni de la vieja derecha ni de la nueva izquierda (ya vieja). Sus pilares de campaña fueron la corrupción, algo parecido a la casta, los errores e ineficiencias del proceso de industrialización desde el Estado del MAS y el fomento de una economía nacional y popular (nac & pop) mestiza. Trató de no pegarle demasiado al Evo, definirse como de “centro” y no usar ese tono imperativo y tira bombas que los asesores de imagen le recomendaron al Tuto Quiroga y Samuel Doria Medina ante el rutilante éxito de la campaña de Javier Milei.

En Bolivia la acción imperativa, los cartuchos de dinamita y también las calles y el alimento, están en manos del pueblo. Y una economía popular plural y diversa, autónoma e informal, dinámica y competitiva. Inentendible para cualquier intelectual argento, incluso un Estado central como el del MAS.

Además Zamora venía de una familia histórica en la política boliviana con un padre (Jaime Paz Zamora) ex presidente por izquierda (luego aliado con la derecha) en los noventas. Y también un tío abuelo cuatro veces ex presidente, Víctor Paz Estenssoro, líder del Movimiento Popular Revolucionario (MNR), responsable de grandes transformaciones sociales y económicas, digamos de izquierda (simil peronismo), en los cincuentas. Y de grandes transformaciones sociales y económicas, digamos de derecha (Consenso de Washington, menemismo) en los ochentas. Y por último, a último momento, Paz Zamora (Rodrigo) eligió como candidato a vicepresidente a Edmand Lara, un ex policía influencer de ideas derechosas, casi fachas.

Digamos que Paz Zamora, sin usar su tono, al igual que Milei, presentó un abultado menú de ideas poco fáciles de reproducir o analizar que sedujeron a un denso entramado de votantes disgustados con la “derecha” de Tuto Quiroga y la “izquierda” de Evo Morales y el MAS.

Para entender de que van las protestas en Bolivia y cual es su objetivo, no hacen falta análisis sesudos de intelectuales gringos, simplemente hay que escuchar a cualquiera de los diversos manifestantes que salen en la televisión y las redes: “no ha cumplido”, “nos mintió”, “quiere vender el país”, “perjudica al pueblo”…Con respecto al objetivo: los mismos dirigentes de históricas y masivas organizaciones como la Central Obrera Boliviana (COB) aclaran: “las bases piden que renuncie”.

La cosa no es del día a la mañana, y las señales de que Paz Pereira traicionó a sus votantes van desde la vuelta de organismos estadounidenses como el FMI (al que aclaró específicamente en campaña que no iba a convocar) o la DEA. También mega decretos expres y antidemocráticos como el que Federico Sturzenegger diseño con estudios jurídicos multinacionales para la campaña de Patricia Bullrich y finalmente aplicó con el gobierno de La Libertad Avanza. Extranjerización de tierras, recursos naturales, exenciones de impuestos para grupos concentrados y otras políticas del neoconsenso de Washigton y su casta feudotecnológica.

También, así como el anterior gobierno de facto derechista de Jeanine Añez mostró, además de su traición a la economía popular, su ineficiencia a la hora de gestionar la pandemia, el de Paz Zamora no tuvo mejor idea que importar gasolina trucha para compensar la quita de subsidios al combustible. Corrupto e ineficiente. Lo contrario a la campaña.

El pueblo boliviano recuerda y entiende que esas políticas no son buenas para el pueblo ni la economía del país. Si no va cumplir, que se valla. ¿Y después que hacemos? Todavía.

¿Es algo extraordinario esta movilización?

El pensador boliviano René Zavaleta Mercado habló de un pueblo de “maximalismo de masas”. También Bolivia cuenta con un ancestral, histórico y dinámico entramado de organizaciones que van de lo local a lo nacional, de miles de puestos de feria o minibuseros a grandes sindicatos. Hasta los artistas callejeros que hacen chistes y venden dulces trasvestidos en las plazas se presentaron con su sindicato a la reforma constitucional de 2008 para que se incluyeran sus derechos.

Más cerca de la mano invisible del mercado de Adam Smith que cualquier empresa monopólica multinacional, la microeconomía popular boliviana tiene resortes capaces de paralizar un país en caso de malas políticas o gobiernos. Pasó a principios de siglo con las guerras del Agua o el Gas, pero también durante el gobierno de Evo Morales y el MAS con la llamada “guerra de la media luna” en 2008, el gasolinazo de 2010, el conflicto del TIPNIS en 2011 o las revueltas populares del 2019 que derivaron en el golpe de estado que exilió a Evo Morales. ¿Son estas protestas de derecha o izquierda? ¿Están dirigidas desde arriba o dependen de una sola organización o dirigente?¿Cuando y por qué ocurren? Todavía. Inexplicable. Como el pueblo mismo. Sobre todo en Bolivia

¿Y el Evo Morales que tiene que ver?

Por supuesto que Evo Morales tiene que ver con la realidad boliviana como el único presidente que tuvo tres mandatos presidenciales consecutivos en toda su historia. Paz Estenssoro fue cuatro veces presidente. Pero uno fue interrumpido por un golpe militar (lo que le daría al Evo un cuarto mandato). Y el cuarto fue treinta años después (así que el Evo todavía tiene tiempo).

Son innegables las trasformaciones que se dieron en Bolivia durante su gobierno. A grandes rasgos dos. La primera de carácter simbólico en un pueblo indígena y postergado que no solo vio un presidente con cara de indio asumiendo en Tiwanaku, sino también ministros cholos y senadoras con pollera. La segunda de carácter distributivo, con un Estado que generó un efecto derrame sobre las clases populares aprovechando la explotación y precio del gas (entre otras cuestiones).

Las consecuencias palpables de esta transformación se ven hoy en las ciudades y pueblos campesinos de Bolivia, desde la desfachatez de algunos personajes callejeros o la participación política de miles de indígenas mestizos en las instituciones o los partidos políticos de izquierda o derecha, al asfalto en las rutas rurales, los nuevos mercados populares, salitas de salud o escuelas, los mega estadios o canchitas de pueblo, las redes locales de gas, las heladeras en las carnicerías, la birra fría en los almorzaderos, los pibes con iphone haciendo tareas técnicas en el teleférico Tupak Katari de La Paz, o el dinámico entramado de comercialización y producción de alta tecnología en la calle Uyustus o El Alto.

Sin embargo más allá del efecto derrame distributivo, el gobierno del MAS no terminó de afianzarse como una expresión de la dinámica y competitiva economía popular boliviana. Tampoco de sus formas de representación política comunal y participativa. Quizás gracias al concepto de centralismo democrático del gringo zurdo Álvaro García Linera, el MAS priorizó “la disciplina de partido” por encima del “librepensamiento individual”. Fue el mismo García Linera el encargado de negociar las condiciones del acuerdo con el agronegocio santacruceño apoyado por Estados Unidos tras la guerra de la Media Luna (2009), reformando a último momento la constitución para detener la reforma de tierras y el empoderamiento de movimientos políticos comunitarios y locales, dejando al MAS el monopolio de la representación estatal de la “izquierda indígena popular”.

La decisión implicó la ruptura del Pacto de Unidad y la deserción de miles de militantes e intelectuales del MAS. En particular la Confederación Indígena del Oriente Boliviano (CIDOB) y el Consejo de Ayllus y Markas del Kollasuyo (Conamaq). Fue el mismo gobierno del MAS el encargado de dividir, criminalizar y hasta reprimir las protestas de estas organizaciones y las ongs de gringos buenos que las apoyaban. El gringo zurdo García Linera aportó a la discusión intelectual de estos procesos. Organizaciones, militantes e intelectuales fundamentales para la Guerra del Gas o el Agua, el derrocamiento del sistema político neoliberal, y el ascenso y sostenimiento del MAS y el Evo Morales en sus primeros años, comenzaron a encuadrarse en algún tipo de oposición por “izquierda”.

Desde estos sectores comenzaron a aparecer las críticas a la corrupción y coptación de movimientos sociales y sindicales; alianza con sectores agroindustriales de miniempresarios campesinos cocaleros o cooperativas mineras extractivistas utilizando paramilitares para desalojar poblaciones indígenas; avance de los agrotóxicos, la deforestación, los incendios y megaobras multinacionales ligadas al plan IIRSA; la destrucción de la Pachamama y el perjuicio de las comunidades originarias…entre otras cosas.

En paralelo un sector miniempresario de la economía popular que veía como el gobierno del MAS no entendía o no quería entender o apoyar sus emprendimientos y encima pretendía legalizar y cobrar impuestos a sus avances de infraestructura realizados con su propio esfuerzo y dinero, mediante complejas redes de cooperación autónoma.

Fue este denso, dinámico y disperso mundo de lo popular el que le dijo NO al Evo Morales en el rederendum del 2016. Quizás también votó algún gringo facho. Pero en Bolivia son pocos.

Cuando en el golpe de 2019 la intelectualidad progresista denunció la injerencia de Estados Unidos en Bolivia, otro grupo de intelectuales dijimos: “chocolate por la noticia”. El problema no era por arriba. No eran las clases dirigenciales empresariales del capitalismo local y global. Era por abajo, la falta de apoyo del pueblo y sus organizaciones tanto sociales como de la economía popular.

Por suerte la derecha con Jeanine Añez gobernó para la mierda y el pueblo le dio al MAS otra oportunidad. Frente a las bases que preferían nuevos candidatos populares como el intelectual pachamamesco y ex ministro de Relaciones Exteriores David Choquehuanca o el joven líder cocalero Andrónico Rodríguez, desde Buenos Aires, Morales forzó la elección del intelectual gringo zurdo y ex ministro de Economía, Lucho Arce.

La supuesta especulación (parecida a la que hizo Cristina Kirchner con Alberto Fernández) es que Arce, al no tener apoyo popular de base, estaría obligado a obedecer las instrucciones del líder. El problema es que Arce usó la lapicera y la caja del gobierno, amen de la “Justicia”, para disputarle poder y perseguir a Morales. Mientras tanto las bases políticas y sociales se cansaban de tanta pelea y especulación por arriba, mientras la economía quedaba a la buena de Dios (o las mamitas del mercado). La posibilidad de un plan C (Andrónico Rodríguez) fue descartada por ambos sectores.

El MAS no soló perdió el gobierno sino una oportunidad histórica de crear una herramienta política que englobara el denso, diverso y dinámico entramado popular boliviano. De hecho el nombre original es MAS-IPSP, Movimiento al Socialismo, Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos. No cumplieron con la promesa de campaña. Entonces que se vallan.

¿Y si no son ellos quien? Todavía.

Si el Evo Morales fuera capaz de paralizar el país, ya lo hubiera hecho con Arce. Lo intentó. No pudo. Aunque a reganadientes, aún es líder de un importante sector popular que es el movimiento cocalero del Chapare. Uno de los referentes de uno de los movimientos sociales que hizo posible la caída de los gobiernos neoliberales a principio de siglo en Bolivia y que logró, en un principio, ser la herramienta política o presidente de un denso entramado social y popular. Un tipo que después de tres presidencias se fue a su campo a desarrollar un microemprendimiento de cultivo de tambaquí (pacú blanco). Ahora que se murió el Pepe Mujica, un tipo sencillo, sabio, con experiencia política y contactos internacionales que le permiten predicar el cuidado a la Pachamama y la vuelta a la humanidad de los pueblos originarios en un momento de emergencia civilizatoria, avance de la derecha y crisis geopolítica internacional.

Un tipo con un apoyo social que le permite escapar al lawfare. Porque tanto Lucho Arce como Rodrigo Paz Pereira, como la Embajada de Estados Unidos o la casta empresarial del agronegocio cruceño saben que: “si lo tocan a Evo que quilombo se va a armar”.

¿Entonces puede volver a liderar el proceso social y político popular de Bolivia? Todavía, dicen las caseras.

¿Y ahora que pasa?

Imposible saberlo. En caso de que Paz Zamora decida renunciar, no habiendo pasado dos años de su mandato, la Asamblea Legislativa Plurinacional debe convocar a nuevas elecciones generales en un plazo máximo de 90 días. Si bien ganó las elecciones presidenciales con el 53% de votos, Paz Pereira (y su nuevo partido que es más sigla que estructura) apenas cuenta con cincuenta diputados. Y además, ya se peleó con su vicepresidente (haciendo una alianza con su competidor en las elecciones presidenciales Samuel Doria Medina).

Si no negocia, además de con Medina, con su vicepresidente, o los 39 diputados del Tuto Quiroga, pero sobre todo con las organizaciones sindicales y populares, va a ser difícil que Paz Pereira se mantenga en el poder o siga gobernando con los decretos confeccionados por los think tanks de la derecha global y tecnológica.

Si bien la dizque izquierda indígena tiene apenas 14 diputados, la salida del MAS del poder (la “Justicia”, la lapicera y la billetera) ha reunificado las organizaciones sociales y sindicales y su democracia participativa. No necesariamente eso se expresa en una herramienta política o partidaria a nivel nacional. Pero según el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG), en las última elecciones municipales y departamentales de 2026 la “izquierda” del campo popular e indígena consiguió gobernar 161 municipios (el 48%) frente a 135 (40%) de la “derecha”.

De esos municipios de derecha, el presidente Paz Pereira apenas obtuvo 37 (y una sola de las 10 ciudades más pobladas del país, Trinidad). Solo tiene dos gobernadores dizque afines entre los nueve departamentos del país. El de Beni, cuya capital es Trinidad, y es el segundo más grande en términos territoriales (213.564 km²) pero el segundo menos poblado (488.260 habitantes, 2,24 por km). Su reciente gobernador, Jesús Egüez Rivero de Alianza Patria Unidos le ganó a su rival del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR, aquel del tío abuelo de Paz Pereira), Hugo Vargas Roca, por apenas 13.000 votos.

El segundo es Luis Revilla, recientemente electo gobernador del Departamento de La Paz. Histórico dirigente de centroizquierda y del Movimiento Sin Miedo (MSM), con acuerdos y desacuerdos con el MAS, lo cual no impidió que Revilla apoyara al gobierno de Jeanine Añez e incluso fuese postulado como posible candidato a la vicepresidencia de la fallida postulación electoral en 2021 de la “¿ex presidenta?” (actualmente liberada de la cárcel por la “Justicia” tras una condena de 10 años en 2022 por “incumplimiento de deberes”).

Revilla también cuenta con dos gestiones como alcalde de la ciudad de La Paz. Una que debió interrumpir para huir a la clandestinidad tras supuestas acusaciones de corrupción en la compra de buses municipales (los Pumakatari). El poder de Revilla como gobernador es débil. El partido (Nueva Generación Patriótica) de su candidato opositor (René Yahuasi) decidió a último momento bajarse de la candidatura. La distinción no es casual. Se bajó el partido. Y el candidato prometió judicializar la decisión. Además Revilla obtuvo el 20% en primera vuelta, mientras que la sumatoria del voto blanco y nulo fue de 23,5%.

Además la alcaldía de La Paz quedó en manos de César Dockweile del partido zurdoindígena Innovación Humana, que se quedó con 7 municipios. El partido Unidos por el Cambio (también zurdo indígena) se quedó con otros 20 municipios. Si se suman los votos de todos los candidatos zurdoindígenas opositores a Revilla, unidos hubieran obtenido más del 40% de los votos.

Bolivia. No lo entenderías.

Según el sesudo informe de CELAG, mientras que en 2021 fueron 122 los partidos que se presentaron a elecciones departamentales, en 2026 fueron 181. Ya muchos ex-líderes del MAS habían optado por participar de las elecciones departamentales del 2021 con partidos propios ante la tiranía de la lapicera del MAS en poder del Evo Morales. Como la ex-presidenta del Senado y ex-alcaldesa de El Alto, Eva Copa. O la actual alcaldesa de Cobija, Ana Lucía Reis. O con partidos indígenas históricamente diferenciados del MAS, como es el caso del ex gobernador de La Paz, Santos Quispe, líder de Adelante Pueblo Unido (APU), partido fundado por su padre Felipe Quispe, el “malku”, histórico líder del altiplano ligado a los famosos ponchos rojos, la Guerra del Gas y las revueltas populares que tumbaron al gobierno de facto de Jeanine Añez.

O el ex-alcalde de La Paz, Iván Arías, ex secretario del ex vicepresidente indígena de Bolivia (Víctor Hugo Cardenas, 1993 a 1997, primer gobierno de Gonzalo Sánchez de Losada), alumno del histórico militante e intelectual marxistaindigenista Filemón Escobar (también maestro de Evo Morales, luego senador, luego ferviente opositor al MAS) y ex viceministro de Participación Popular con el Tuto Quiroga y ex ministro de Obras Públicas con Añez.

Bolivia no lo entenderías. Sobre todo porque mientras la política desde arriba muestra una fragmentación o disolución similar a la del Perú o la que se pretende en Argentina (según anunció sabiamente Cristina Kirchner), las organizaciones sociales desde abajo han conseguido una alianza que en la calles clama la renuncia del actual presidente de Bolivia, Rodrigo Paz Pereira.

¿Podemos hacer lo mismo en Argentina?

En el famoso ensayo “¿Usted sabe con quién está hablando?”, el politólogo Guillermo O’Donnell especulaba que en Brasil la clase alta y los sectores de poder utilizaban la pregunta ¿Usted sabe con quién está hablando?como una estrategia para reafirmar jerarquías y someter a empleados o meseros. Mientras que los argentinos, ante esa pregunta, respondían: ¿Y a mí qué me importa? Una supuesta muestra de rebeldía e intento de una sociedad horizontal.

A mi entender una teoría más declamativa que efectiva, más fruto de la soberbia que del ánimo de autonomía y organización comunitaria. Quizás por eso votamos y sostenemos el gobierno de Javier Milei.

Los papachos y mamitas bolivianas agacharían la cabeza ante la pregunta, pero no pasarían mucho días antes de que la rebeldía se mostrara en los hechos haciendo lo que se le cante el orto o montando su propio negocio autónomo. Eso si es que no le meten alguito a la sopa del impertinente o le cobran un precio absolutamente estrafalario por su soberbia.

Mientras en un choque de autos en Argentina vuelan puteadas de alta violencia sin que la mayoría de las veces la acción suceda a la palabra, en Bolivia aparecen disculpas o algún insulto sutil dicho en voz calma como “bruto”, “patán” o “abusivo”. Eso si la cuestión se arregla al toque y no pasa a mayores. Si no se arregla, la piña puede ser monumental. Suele incluir mujeres y, seguramente, también, tarde o temprano, un tribunal público y asambleario que puede acabar con latigazos de cinturón o incluso el colgamiento en caso de crímenes graves (o no tanto).

Lo mismo cuando hay un derrumbre o un río ancho de cruzar en buseta. Sin muchas palabras al toque se organiza el desplazamiento de piedras o cualquier otro inconveniente.

Mientras que en Argentina todavía se intenta entender los métodos asamblearios o de democracia participativa, se desconoce la economía cooperativa y se pone el grito en el cielo por el avance de la informalidad laboral, en Bolivia esa realidad ya hace rato fue superado por complejas y dinámicas estructuras organizativas tanto en lo social como en lo económico. Mientras un mercado concentrado y monopólico tanto a nivel productivo como de posesión de tierras (y por ende concentración urbana, Dios atiende en Buenos Aires) hizo fracasar los kioskos, videoclubes, parripollos, todopordospesos o canchas de paddle con el que los desempleados de YPF o Entel intentaron incurrir en microemprendimientos autónomos, la crisis neoliberal de los noventas en Bolivia situó a los campesinos en las ciudades con pequeños negocios de venta de alimentos o textiles (en conexión con la familia del campo). También en ciudades de Brasil, México o Argentina (con redes comunitarias y familiares y en contacto con las familias de Bolivia). También en la micro importación ilegal de autos o electrodomésticos.

Cuando llegó el poder distribuidor de los gobiernos progresistas, estas estructuras informales, reticulares y familiares, aprovecharon el derrame pa copar el mercado. Incluso triunfando sobre estructuras monopólicas multinacionales. Con negocios incluso multinacionales. Incluso el gobierno del MAS en algún momento comprendió que las relaciones comerciales con China estaban más afiladas desde estos sectores de economías populares que desde los propios Estados.

La economía popular comunitaria andina también terminó copando sectores productivos como la verdura, los textiles o la confección de ladrillos en los países vecinos. Cuando la economía de Brasil, México o Argentina empeoró y la de Bolivia mejoró, volvieron a sus tierras con ahorros para poner un negocio de empanadas, tacos o feijoada (entre otros). Incluso algunos agricultores campesinos bolivianos se transformaron en terratenientes sojeros en el norte de Santa Cruz. No olvidemos que el cholo Simón Patiño fundó, gracias el estaño, la primera multinacional minera del mundo a mediados del siglo pasado.

La economía popular boliviana es un mundo muy particular que pueden profundizar en mi libro La Bolivia de Evo, mis cursos de Economía en Tiempos de Pachakuti o leyendo al gran Nico Tassi y su libro Hacer plata sin plata. Lo que me importa aclara en esta ocasión es que cuando en Bolivia se protesta por la distribución de tierras, la concentración económica o el precio o calidad de los combustibles o alimentos, no solo se protesta desde la ideología o el consumo (el costo de las vacaciones a Brasil o Córdoba o ir al supermercado), sino desde el interés autónomo, soberano y económico de contar con la propiedad de los medios de producción y comercialización (pan, tierra, techo, trabajo, mercados y minibuses). La Paz es solo una ciudad cuando se trata de no perder lo propio.

Si los partidos políticos no representan estos intereses, las organizaciones gremiales o sociales lo van a hacer. Y si no es a través de la negociación, es a través de la protesta. Y si hay que poner muertos, se ponen. ¿O cuanto duraría una protesta masiva popular con más de diez muertos después de la del 2001 en Argentina?

Mientras los intelectuales porteño-progresistas buscan soluciones bolivianas para la Argentina por arriba (monopolizando el debate en el Evo Morales y el MAS, o Cristina y el peronismo), las respuestas quizás puedan encontrarse por abajo y la periferia en el esmerado esfuerzo de miles de organizaciones sociales, políticas y económicas por construir una Argentina plural, diversa, federal, autónoma o soberana, productiva y de libres mercados. Sin tanta lapicera, y un poco mas de pala. Menos declamativa y más efectiva.

Claro que estos esfuerzos no suelen salir en la televisión o los canales progreporteños de You Tube. Pero como las brujas, que los hay, los hay.