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Argentina: las lecciones del milagro económico boliviano

Durante el gobierno del MAS se verificaron situaciones que hoy nuestro país debería admirar, como una reducción de la pobreza, estabilización del tipo de cambio, pesificación de la economía, crecimiento estable del PBI y hasta formalización del empleo. Todo gracias a un gobierno con estrategias redistributibas pero también a un pujante sector de la economía popular.

Por Tomás Astelarra | Ilustración: @nico_mezca | Fotos: Daniela Cajías y Sub Coop

A lo largo de los años que transité asiduamente por Bolivia (2001-2013) siempre me sorprendió un asunto: tres marraquetas un peso boliviano. La inflación casi no existe en este vecino país. Al principio uno podía teorizar que esto se debía a la “pobreza”, la falta de ingresos. Pero luego uno se iba enterando de otras explicaciones (multicausales) que vienen desde abajo (la economía popular). Una primera evidencia fue presenciar las masivas movilizaciones por el aumento del precio de la harina. A la boliviana (miles de indios e indias tirando adoquines y dinamita). Incluso el propio gobierno de Evo Morales se la vio muy fea cuando en 2010 quiso elevar el precio de la gasolina. Tuvo que retroceder.

Por otra parte, en este recóndito país dizque pobre de América Latina, se verifica uno de los grandes mitos de la economía liberal: la competencia perfecta. Las marraquetas (el pan tradicional boliviano) las venden las mamitas o cholitas o caseritas, sentaditas con su canasta de pan en casi cualquier esquina de las grandes ciudades como La Paz. O en cualquier tienda de abarrotes de cualquier pueblo perdido de la puna. Nunca hubo en Bolivia grandes tiendas o supermercados, y salvo excentricidades del reducido porcentaje de la población khara (gringa o desclazada), cualquiera sabe que desde un alfiler a una computadora, lo mejor es ir a comprarle a las cholitas y sus mercados populares (hoy muchos transformados en galpones o galerías de tiendas).

Mucho se ha hablado del proceso de expansión económica durante el gobierno del MAS que, entre otras cosas, le quitó a Bolivia el podio del país más pobre de Sudakamérica. Una pobreza que, como bien comprobamos aquelles viajeres que transitamos por el país de las mamitas, tenía cierta complementariedad entre austeridad y abundancia. Sin romantizar ciertas carencias, nos demostraba, como descubrió y escribió Manfred Max Neef luego de su contacto con las pueblas originarias de Sudakamérica, una “economía de los pies descalzos”. Verificando que el problema de de esta crisis civilizatoria (Zibechi dixit) es más la riqueza que la pobreza. El consumo y acumulación desmedida de un sistema capitalista que reformuló la etimología de la palabra economía (el cuidado de la Casa Común) por una definición que dice que tenemos que administrar necesidades infinitas con recursos escasos (un problema económico de “estupidez”, como describía Max Neef). Esa misma pobreza estadística que se contradice con el buen vivir de algunas pueblas de Amerika también puede verificarse en territorios como el mío (Traslasierra) donde la mezcla entre poblaciones originarias y les jipis viajeres autoexcluídes de los privilegios de clase y urbanidad, contradice la estadística medida en ingresos monetarios y formalización del empleo. Si bien estas estadísticas hablan de un gran proporción de personas por debajo de límite de la dizque pobreza e insertos en la terrible y demonizada “informalidad” laboral, cualquiera que se acerque al territorio puede observar que la cultura de la tierra, el trabajo comunitario, la salud natural, la economía de los cuidados y otras experiencias que no caben en la estadística moderna contradicen la definición de “pobreza”.“En Bolivia la pobreza es muy extendida pero diferente a la de sectores más típicamente proletarios como las favelas de Brasil o las villas en Argentina. Porque acá vale un peso, un décimo de dólar, el desayuno. Eso ocurre porque hay una caserita que le llega el maní o la papa barata del campo. No te mueres de hambre. En cambio en la favela estás cagado, tenés que volverte sicario. Calculás: mejor morirme a los 15 por un tiro que a los 12 por hambre. No hay vínculos con la tierra, no hay redes de parentezco. Lo que te queda es volverte mafioso o vivir del estado, si podés”, aporta el sociólogo Jorge Viaña.

La pobreza y poca precisión de la estadística moderna (que como dice la ecofeminista Yayo Herrera incluye en el PBI la fabricación de armas y no el cuidado de les niñes) es evidente, y muchas veces usada de manera especulativa. Pero jugando en sus propios términos, Bolivia ha demostrado, desde la asunción del gobierno del MAS, incrementos sustanciales en la estructura económica medida en términos estadísticos que incluso ha despertado elogios de organismos internacionales como el FMI o el Banco Mundial. Según la Cepal, la extrema pobreza monetaria (medida en ingresos de menos de dos dólares al día) cayó de 38% a 18% en este período y hoy es de solo 10% en las ciudades. El índice de Gini (que mide la distribución del ingreso) bajó de 61.2 a 43.8. En ese mismo lapso, por ejemplo, la pobreza extrema en Uruguay cayó un 2,3%. En Argentina si bien el índice gini disminuyó del 53,8 al 40,9 entre 2002 y 2013, volvió a subir al 42,9 en 2019.

Volviendo a Bolivia y el “milagro económico (FMI dixit)”, durante el gobierno del MAS, el PBI creció en un promedio estable del 5%. Luego de la pandemia y un año y pico de golpe de estado y gobierno de derecha (con una caída de 11% en 2020) hoy el vecino país (con un nuevo gobierno del MAS en manos de su ex-ministro de Economía, Luis Arce Catacora) ocupa el tercer lugar entre los países latinoamericanos que podrían tener un mayor efecto rebote de su economía, con un crecimiento estadadístico estimado en 5,1% en 2021. El tipo de cambio del peso boliviano con el dólar se mantuvo estable, sin embargo el peso boliviano se revalorizó con respecto al peso argentino. En 2002 un peso argentino eran 8 pesos bolivianos. Hoy un pesos argentino es 0,069 pesos bolivianos. El otro día escuché de una cooperativa de cerveza argentina que estaba pensando en exportar a Bolivia. Antes de la pandemia escuché muches artesanes que iban a “hacer temporada” al hermano y querido país andino. También empresarios amigos que hablan de las virtudes de invertir en el hasta hace poco país “más pobre” de la región.

Es que esta distribución “desde abajo”, tal como plantea (pero no ejecuta) el actual gobierno argentino, también benefició a los empresarios. El patrimonio de los bancos nacionales de Bolivia aumentó 3,6 veces entre 2008 y 2017. Las utilidades 2,7 veces. Por otra parte a comienzos de los 2000, solo 3% de los depósitos del sistema financiero estaba nominado en bolivianos y el resto estaba en dólares. En 2015 era casi al revés: 94% de los depósitos estaban en bolivianos y solo 6% en dólares. Un milagro que bien podrían aplaudir los economistas argentinos tanto “neoliberales” como “heterodoxos” que no le encuentran el agujero al mate con el temita este del dólar.

¿Recetas para el milagro?

El porque de semejante milagro económico en Bolivia tiene varias explicaciones. En principio un potente shock de ingresos en la población a través del estado con una fuerte distribución a través de “planes”, créditos e inversiones. Esto gracias a la nacionalización de la extracción de hidrocarburos y los acuerdos con las empresas multinacionales de “socios y no patrones”, como bien insistía en describir el Evo Morales. La cuestión de las consecuencias socioambientales y la perdurabilidad de este modelo a largo plazo no son parte de este artículo (como tampoco las contradicciones políticas y la falta de rotación en el poder estatal, parte fundamental de la cosmovisión andina).

“El modelo boliviano considera la existencia de dos sectores: uno generador de excedentes, compuesto por las actividades petrolera, minera y eléctrica, y otro sector generador de ingresos y empleos, conformado por las manufacturas, la actividad agropecuaria, la construcción, el turismo, etc. El modelo se basa en la toma del primer sector por parte del Estado, que así se convierte en el principal actor de la economía, y luego en la transferencia de los excedentes de este al segundo sector por la vía del gasto público y la redistribución económica, es decir, de la ampliación de la demanda. Se diferencia así de lo que ocurría en los años 90, bajo el neoliberalismo, cuando los excedentes salían de la economía nacional por fuga de capitales y por el pago de las utilidades de los inversionistas extranjeros”, explica el propio Lucho Arce en su libro Modelo Económico Social Comunitario Productivo Boliviano (2015). Allí Arce aclara que no cree que la estrategia devaluatoria funcione en Bolivia. Piensa que la industria local no se beneficia claramente de un boliviano más barato, porque es muy dependiente de maquinarias e insumos importados. Por otro lado la un tipo de cambio bajo limita la fuga de capitales a través de la exportación de commodities (bienes primarios) y recursos naturales, manteniendo los precios locales estables y poniendo unf freno al saqueo de la Madre Tierra. Por otro lado, también controla el precio del trabajo y la deuda en moneda extranjera. Por eso parte de la política económica del MAS fue resistir la presión de los exportadores para devaluar.

“¿En qué han consistido hasta ahora las evonomics? Básicamente, en la combinación de estatismo en las áreas estratégicas de la economía, como el gas y la electricidad; en una alianza con el sector privado a cargo de las grandes (agro)industrias nacionales, el comercio de gran escala y las finanzas; y en un «pacto de coexistencia pacífica» con la masa de pequeños emprendimientos artesanales y comerciales, que ocupa a más de 60% de la fuerza de trabajo, pero no cumple con las leyes laborales e impositivas del país. El shock de liquidez también convirtió a las principales industrias de cerveza, gaseosas, cemento y telecomunicaciones en empresas de porte considerable, mayoritariamente en manos de conglomerados extranjeros. Asimismo, este programa ha sido facilitado en la pasada década por la abundancia de las reservas internacionales acumuladas durante el boom de ingresos del exterior, pero también por lo que probablemente es el mayor logro financiero de la gestión de Arce: la bolivianización de la economía, es decir, la vuelta de los bolivianos a su moneda en detrimento del dólar. Gracias a ambos factores, las políticas monetaria y fiscal han podido ser constantemente expansivas y han alentado un crecimiento continuo del PBI que ha sido el mayor de la historia del país. Los estímulos cambiarios se complementaron con un mayor encaje bancario en dólares y la transformación del impuesto a las transacciones financieras, a fin de que solo gravara las operaciones en moneda extranjera”, describe el politólogo Fernando Mayorga en su artículo Bolivia, es la economía estúpido.

Por su parte Viaña describe: “En el gobierno del Mas hubo dos corrientes y en el medio 20 grises. Una mucho mas pragmática que quiere recuperar excedentes, distribuirlos y lo demás prácticamente no comprende o no le importa. Esta corriente tuvo un control fundamental de las herramientas más importantes del proceso estatal. La otra corriente, la del buen vivir, tuvo cierta importancia discursiva, pero medio que perdió la pulseada. Muchas veces se cae en una visión muy estatalista o economisista y se descuidan otros aspectos. La pujanza económica durante el gobierno del MAS tiene aspectos muy interesantes, lo que podemos llamar una especie de modernización plebeya. Pero hay una dificultad de poder ensamblar el proceso estatal con las dinámicas económicas y sociales que siguen siendo muy complejas, porque articulan redes de parentesco, lógicas de contrabando, y una manera diferente en cuanto a la expansión de negocios y la acumulación de capital Hay muchos aspectos en los que no se ha avanzado demasiado, pero si uno se posiciona desde un punto de vista histórico, tampoco era posible avanzar mucho más. Hay que valorar los avances, pero también tener una visión que no esterilice las posibilidades de seguir posibilitando el proceso de cambio”. Luego de los levantamientos sociales que expulsaron al gobierno de facto y el renacimiento del Pacto de Unidad (de las organizaciones sociales que llevaron al MAS al poder y se vieron fracturadas durante el proceso de cambio) la imposición de las bases populares de la candidatura a vicepresidente del ex-canciller David Choquehuanca (uno de los principales representantes de la corriente “pachamamista”) parece sembrar una garantía de que estas dinámicas más populares y respetuosas de la Madre Tierra puedan ser parte de esta nueva gestión de gobierno.

“No hay debates serios. Por ejemplo, acerca del acceso a la tecnología. No me vas a decir que no podemos usar tecnología. Pero tampoco me vengas con que la tecnología per se es buena, que es una herramienta como el martillo, si eres socialista las usas bien y si eres capitalista la usas mal. No es verdad. La tecnología incorpora un tipo de diseño, por ejemplo, la cadena de montaje fordista, que no se puede montar en ningún lugar del mundo sin reproducir dominación capitalista. La tecnología incorpora un diseño de organización del mundo, de la vida, del trabajo. Vos deja de joder con tu extractivismo pragmático que se va a chingar todo para generar excedentes, y vos deja de joder con tu fundamentalismo antiextractivista que nos anula toda posibilidad de desarrollo. Hace falta tener el billete en el bolsillo, pero no por eso dejar de lado las ideas básicas de proceso. Si Brasil que es la octava economía del mundo ha profundizado su extractivismo, ¿que quieren que haga Bolivia? La división internacional del trabajo ha impuesto eso y por 40 años estamos jodidos. No solo nosotros, también Argentina, Brasil y hasta India que es un monstruo. No vamos a salir de eso. Ahora eso no tiene que ser pretexto para pasarte por el forro los grandes problemas ambientales. Entonces discutiremos cual es el nivel sensato de extractivismo”, opina Viaña, casi coincidiendo con la visión histórica del pocho Perón en cuanto a la “tercera vía” (desarrollada en la Comunidad Organizada).

De la debacle neoliberal al triunfo sobre la multinacionales (la picardía andina).

Luego de las narcodictaduras de Banzer y García Meza, la democracia trajo nuevamente a la presidencia de Bolivia a Víctor Paz Estenssoro del Movimiento Nacional Revolucionario (MNR). Responsable de grandes cambios populares en los cincuenta, su cuarto gobierno fue como si el pocho Perón hubiera reencarnado en el turquito Saúl, Estenssoro traiciono la voluntad popular para imponer en el vecino país el Consenso de Washington junto a la economista Jeffrey Sachs y el empresario minero Goñi Sánchez de Losada (futuro presidente y exiliado político). La privatización de las empresas mineras, la represión de los movimientos populares y una tremenda sequía, hundieron en la miseria a las comunidades campesinas del altiplano. Lejos de optar por una inútil opción comercial individualista como llenar los pueblos periféricos de videoclubes, parripollos y kioscos (como sucedió en Argentina con las indemnizaciones de la empresa privatizadas argentinas), las pueblas andinas comenzaron a tejer pequeños emprendimientos comerciales pero dentro de redes de parentesco y casería (relaciones económicas de largo plazo basadas en la confianza) con complejos circuítos que hoy van de familias empresarias chinas a bolivianas asentadas en Buenos Aires y Sao Pablo (que se juntan todas a hacer negocios en las fiestas del Gran Poder en La Paz). Esas redes mantuvieron la población en el campo pero con familiares haciendo de nexo las ciudades a través de pequeñas carnicerías, abarrotes de verdura o textiles, pero también traficando celulares, ropa o autos del zona franca de Iquique, tejiendo relaciones con los importadores chilenos pero también, de a poco, con los exportadores chinos, en un lento y complejo proceso de economía popular andina que, para cuando el modelo neoliberal cayó por su propio peso (y una ayudita de revuelta popular con las “guerras” del Agua y el Gas), situó a estos pequeños empresarios o empresarias (porque las dueñas del negocio siguen siendo las mamitas) en ópticas condiciones para aprovechar el “milagro” económico del MAS y posicionarse como los principales ganadores del boom de consumo de la estrategia distributiva desde abajo. Un gobierno popular con empresarios populares.

“Hay un tema de mucha flexibilidad con respecto a las lógicas de acumulación. Son lógicas no tan piramidales, más familiares. No se construyen grandes tiendas sino mas bien dos o tres, siempre intentando no tener muchos huevos en una canasta. No arman grandes empresas que crecen y quieren más tasa de retorno, prefieren una inversión menos eficiente pero con articulación de redes. Se crean colchones de diversificación tanto financiera como productiva y comercial. Son formas que no logran cuajar con las lógicas modernas, como explica Weber en La Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo. Redes muy expandidas y eficientes que, claro, cuestan un esfuerzo enorme en términos de trabajo. Y siempre se han desarrollado al margen de la banca oficial, de los permisos estatales, de las normas de higiene y seguridad. Nunca ha funcionado eso en Bolivia”, describe Viaña. “Desde la época de la colonia, los distintos conceptos de riqueza manejados por las autoridades coloniales han producido un malentendido sobre el alcance de la economía y la riqueza indígena. El éxito de algunos comerciantes populares, su evidente capacidad de articularse con la economía global y desafiar concepciones dicotómicas de lo moderno y lo tradicional, obligan a considerar un nuevo paradigma interpretativo. La vitalidad de sus prácticas sugiere la necesidad de revisar conceptos y categorías económicas convencionales, como “informalidad”, “economías de escala”, “mercado” y “contabilidad”, desde las perspectivas y los términos de estos actores económicos populares. De igual modo se impone un cambio de enfoque que analice a estos actores no tanto como destinatarios de políticas públicas, recetas de desarrollo y asistencia técnica de expertos, sino como moldeadores de una serie de prácticas y estrategias de ahorro, consumo, inversión, gestión de negocio, acumulación y redistribución”, advierte el antropólogo italoboliviano Nico Tassi en su libro “Hacer plata sin plata”. “El indígena entra al mercado sin asco, que es lo que hace que no desemboque en capitalismo. Que eso deberían ver todos los alternativos, que son todos anticapitalistas, pero en la práctica no pueden moverle un pelo al sistema y eso debe ser muy frustrante. Si te fijas en el modelo indígena, podes observar como se le puede cortar las uñas al capitalismo: entras al comercio, a la exportación minera, pero al dinero se le corta la tendencia a la acumulación y concentración más abstracta (que ahora sabemos son cuatro bancos en Wall Street) al activar el mecanismo de la redistribución. Muchas veces a través de fiestas como la de el Gran Poder. Es un modelo de homeostasis, siempre va a buscar volver al equilibrio. El modelo occidental, la Coca Cola, va a tender a que todo se vuelva más grande. El indígena busca el tamaño óptimo por diseño. ”, advierte el filósofo Javier Medina.

Cuando muchas de las empresas o emprendedores multinacionales se dieron cuenta que Bolivia había dejado de ser un país pobre y con parámetros (estadísticas) de consumo que permitían un buen margen de rentabilidad, se encontraron con la cruda realidad de que la parada ya estaba copada. Las barrosas periferias de La Paz, con calles como la Uyustus o la Eloy Salmón, donde las caseritas ponían sus mugrosos paños con algunos celulares en pleno desarrollo del modelo neoliberal, hoy son grandes conglomerados de tiendas donde se venden lavarropas y computadoras de marcas blancas importadas de China. “Estos nuevos emprendedores extranjeros que se han dado cuenta de que los mercados populares son interesantes y muy atractivos económicanente, muy a menudo no logran encontrar une espacio para la venta directa de sus productos, por el control capilar que hacen estas asociaciones gremiales, juntas vecinales, familias…. Este capital extranjero, potencialmente estorbador de los equilibrios locales, tienen que comercializar sus productos a través de estas redes originarias transformándose en una herramienta para reproducir formas de pertenencia popular”, explica Tassi. Las anécdotas son infinitas, pero estos sectores de la economía popular andina (indias sucias e ignorantes) han conseguido milagros como que los bancos le presten de palabra o las multinacionales les paguen cuantiosas sumas por exponer carteles con sus marcas. Incluso agilizar las relaciones diplomáticas del gobierno del MAS con China. A través de cooperativas y asociaciones empresarias populares, estos comerciantes andinos lograron construir galpones, asfaltar las calles, traer los servicios públicos, generar sistemas de seguridad ciudadana y otros menesteres. Es lógico entonces que cuando el gobierno viene a querer cobrarles impuestos, los papachos pongan cara de “todavía” y pregunten: ¿Qué es lo que nos vienen a cobrar si el estado siempre fuimos nosotros”.

También han comenzado a reproducir pequeñas industrias manufactureras de componentes informáticos o mecánicos que han sido mucho más eficientes que los intentos de industrialización del gobierno del MAS. “Hay un montón de jerarquías sociales y económicas que se están quebrando”, continua Tassi. “No solo porque estos actores tiene plata, sino porque además tienen unos conocimientos económicos y una institucionalidad que rebasa a las tradicionales clases medias urbanas. Muchas de las prioridades del estado no son sus prioridades. Por ejemplo, el tema de la industrias. Está gente un día produce azúcar y al otro día vende paraguas, tienen una flexibilidad comercial y laboral que no va con las industria, con lo métodos tradicionales de acumulación que el estado quiere imponer. Lo que te puedo decir es en que reinvierten en bienes inmuebles, en gasolineras, y me atrevo a decir en temas productivos, pequeñas empresas que están surgiendo en El Alto, por ejemplo los comerciantes de ollas que antes traían de China y ahora han creado sus propios talleres. Hay un uso de las ganancias del comercio como capital semilla para empezar otras actividades. Hay empresas ensambladoras de torres de computadoras, de motocicletas, tarjetas de memoria, industria ligera. Al ser pequeños tienen la posibilidad de reorientar su producción en caso de necesidad. Por otro lado, son actores que reinvierten en el país, a diferencia de la clase media urbana que guarda su platita en Miami. Y esto no es poco, porque quiebra un patrón que viene desde la colonia, de transferencia de bienes a los extranjeros”. Y agrega: “Hay que ser cautos. Si hay capas de poderosos comerciantes, pero tampoco todo es así. No es una riqueza generalizada. Y además es muy poco visible. Porque conozco a gente con mucha plata que mantienen una forma de vida sobria, popular y van a comer a los restaurantes en la calle y viven en casas viejas en la ladera”. Austeridad y abundancia como complementariedad para una nueva forma de capitalismo en tiempos de pachakuti.

Epílogo: ¿Lecciones para Argentina?

Cuando en plena debacle neoliberal del menemismo esos fracasados comerciantes individualistas de kioscos, parripollos y videoclubes de las periferias desconectadas se sumían en la depresión del macho proveedor con el control fijo en la pantalla de televisión, fueron las doñas, las poetizas populares, las que buscando como alimentar a sus hijes generaron ollas populares, clubes del trueque y hasta alzaron la voz y se movilizaron en piquetes para reclamar ayuda del estado. A 35 años de las puebladas en Cutral Co y 20 de la rebelión del 2001, las diferentes expresiones de esta organización popular (invisibilizadas por el gobierno y los grandes medios de incomunicación) han conseguido nuclearse en la Unión de Trabajadoras de la Economía Popular (UTEP) que hoy, además de las tareas del cuidado (comedores, merendores, sistemas de salud y protección de niñes y ancianes), cubren diferentes expresiones de la producción que van de la construcción o lo textil a la agricultura familiar y el reciclado. A través de la organización cooperativa, la Federación Argentina de Cartoneros, Carreros y Recicladores, por ejemplo, ha logrado estabilizar e imponer un precio justo para el cartón a los grandes intermediarios del sector. Por otra parte, ya contando con un extensa red de comercialización, el Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz ha demostrado que las redes de producción de alimento de la economía popular han consguido combatir la inflación de forma mucho más eficiente que el gobierno y su control de precios. Quién sabe si en su larga estadía en Buenos Aires, el Evo habrá podido hacer autocrítica ante el Tío Alberto de su poco entendimiento de las lógicas de economía popular andina y su importancia en el “milagro económico” boliviano. Ya que es el fortalecimiento de los sectores de la economía popular el agujero al mate que los economistas de buena intención dentro del gobierno no logran encontrar para que sea efectiva su estrategia de derrame desde abajo (que se diluye en la concentración económica de los oligopolios y rentistas del alimento y otros sectores, con grandes evasiones impositivas y presiones sobre el dólar a través de la fuga de capitales y otras especulaciones). Quizá allí esté la solución para reducir la inflación, mantener el tipo de cambio, pesificar la economía, lograr una mejor distribución del ingreso y hasta formalizar el empleo. A pesar de la informalidad de la economía popular boliviana, durante el proceso de cambio del MAS, según datos del FMI, el empleo formal aumentó del 34% al 55%. Tan simple como una alianza entre un gobierno popular y sector pujante de la economía popular. Un verdadero Frente de Todes.