¿Se puede romper el círculo de la violencia?

Cuando conocemos a personas en situación de violencia de género que continúan cerca de su pareja o ex pareja y nos cuesta entender por qué, debemos acudir a la noción de Círculo de la Violencia, una dimensión que existe hace 40 años y que guía los quehaceres de los equipos técnicos de género. El “raja de ahí” viene de acá: romper el círculo es posible. 

Por Flo Straso

El sentido común puede ser más cruel que común. Cuando hablamos de situaciones de violencia de género, muchas personas -quizás sin malas intenciones- reproducen prejuicios que lejos de sumar, restan. Algunos ejemplos: “¿Y por qué volviste?”, “Le debe gustar, si no se iría”, “¿Vos que hacías para que te pegara?”. Detrás de estas frases, algunas anunciadas en programas de mayor rating nacional, está el tema de hoy: el Ciclo o Círculo de la violencia. 

Estas frases no son inocentes ni indefensas: reproducen y naturalizan la violencia hacia las mujeres. En 1979, la psicóloga norteamericana Leonor Walker creó el concepto de Círculo de la Violencia para describir la situación que atraviesan aquellas mujeres que son maltratadas por sus parejas o ex parejas. Si bien es una noción que orienta a los equipos técnicos, cualquier persona puede comprenderla e integrarla a sus saberes, para intervenir a favor de la situación. 

Se sabe que desde la irrupción del #NiUnaMenos, allá por 2015, la violencia de género salió del closet: los equipos técnicos de las áreas de género aumentaron abruptamente su atención. Advierten, además, que está lleno de casos inspiradores, de autosuperación, de empoderamiento y de autonomía. Sí que vale la pena romper el círculo. 

El círculo da la vuelta y al terminarla…

El Ciclo o Círculo de la Violencia consta de tres etapas. Primero, la acumulación de tensión. Aquí se crea un clima de tensión provocado por cualquier disparador… un mal rato en el trabajo, una pelea en el bar, cualquier cosa le viene bien al agresor para maltratar a su pareja. En esta etapa aparece la violencia psicológica, simbólica y económica, expresada mediante un lenguaje que daña la autoestima de la mujer, en comentarios dañinos y en un abuso o manipulación de los bienes de ella. Es clave entender que ella no es la responsable de esa tensión, sino que cualquier cosa “le viene bien” al agresor para agredir, para descargar sobre ella. 

Luego viene la explosión de la violencia. La tensión acumulada en la instancia anterior estalla y la agresión se vuelve concreta mediante el maltrato físico y/o sexual: aparecen los golpes, las amenazas e incluso las violaciones. Puede que en esta etapa, la vida de la mujer esté en serio riesgo y en este momento ella puede iniciar la ruta crítica, es decir, saber que su vida corre peligro, cansarse de la situación, decir basta, romper el silencio, y pedir ayuda (a familiares, vecinos o a una Oficina de Género). 

Tercera etapa: Luna de miel. También conocida como etapa de calma o reconciliación, el agresor se muestra arrepentido, jura que no volverá a hacer lo mismo, le pide perdón, le promete que va a cambiar, incluso puede empezar un tratamiento psicológico. En esta etapa, la “re-enamora”… Es un momento de reconciliación en donde ella cree en su palabra. Hasta que de repente… El círculo da la vuelta, y al terminarla la vuelve a dar: tras la luna de miel, reaparece la acumulación de tensión, que deviene en explosión y luego en reconciliación. 

Para romper el círculo la mujer debe empezar su ruta crítica. La Ruta crítica también es una dimensión técnica que describe el recorrido personal de las personas que dicen basta y rompen el círculo. Es personal, porque no hay rutas críticas iguales, aunque sí similares; y es un camino que tiene aspectos internos (relacionados a las creencias de la persona) y externos (las respuestas que recibe del entorno). La veremos en el próximo capítulo. 

El caso de Mirtha Legrand y Laura Miller

Corría el año 2016 cuando la “mesaza” de la Chiqui Legrand nos dejó uno de los momentos más épicos de la televisión argentina, pues evidenció que la ignorancia lastima y sirvió para entender que la víctima no tiene la culpa de lo que el agresor le hace: “¿Y vos qué hiciste para que te pegara?” le preguntó la longeva. Más allá de este olvidable momento, la conversación nos dejó un claro dibujo del ciclo de la violencia. 

En el siguiente video, vemos cómo Laura relata las etapas que comentamos anteriormente. Primero, los maltratos sutiles que aparecían de la nada, el aislamiento de sus seres queridos, la violencia psicológica. Luego, la violencia física, los golpes, las amenazas. Y por último, “el encantamiento de la serpiente”, esa etapa de reconciliación en donde la re-enamora. Hasta que de nuevo la acumulación de tensión.

Por suerte, Miller comenzó su ruta crítica al llevar su caso a la justicia y mostrar -al aire, en uno de los programas más vistos- su botón antipánico y expresar el miedo que le generaba la situación. Este caso es impulsor e inspirador, demuestra que -aunque cueste y duela- hay una vida nueva que está esperando a la persona que decide romper el círculo. 

¿Qué puedo hacer si conozco a una persona que está en el ciclo de la violencia? 

La violencia de género sucede a personas de todas las edades y clases sociales, y suele haber casos a la vuelta de la esquina. Si conocemos alguno, procuremos estar alertas sin invadir el espacio y los tiempos de la persona involucrada… Abandonemos los prejuicios y entendamos que muchas veces las mujeres pueden estar enamoradas de su agresor, confían en lo que dice y deciden seguir intentándolo. 

Procuremos practicar la escucha activa y no reproducir frases como las que vimos anteriormente… Entendamos que el ciclo de la violencia es sumamente complejo y que muchas veces lo económico es el limitante principal. Por eso, promovamos espacios de empoderamiento -personal y económico- para las personas que atraviesan estas situaciones, como así también apoyemos todas las instancias que contribuyan a la identificación temprana de la violencia. 

Cuanto antes se rompa el círculo mejor.