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Fútbol, xno y ESI

Me pregunto si la heterosexualidad obligatoria del fútbol masculino no será una estrategia inconsciente para poder seguir poniéndose en bolas en grupo, disfrutando sin culpa de la desnudez compartida.

Por Yunga

El sábado pasado me invitaron a presentar mi libro Una Travesti en la Liga Cordobesa en el contexto del cierre de Superficies de Placer, el hermoso sexshop de la queridísima Julia Libertad. Pensando en la forma de vincular mi aventura en el fútbol femenino con la educación sexual, lo primero que se me vino a la cabeza fue El Drama de los Vestuarios.

Después de un año de lucha, el ahora disuelto Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo consiguió una videollamada con el presidente de la Liga Cordobesa. Y él, muy preocupado, nos dijo que lo que pasaba era que yo no podía jugar fútbol femenino porque las duchas no tenían cortinas.

Yo no lo podía creer. Me había pasado meses escribiendo sobre hormonas, interseccionalidad y desigualdades económicas en el fútbol para que al final el drama fuera de índole sexual. A una parte mía le gustó ese giro. Conteniendo una sonrisa les dije que: 1) Llevaba meses compartiendo vestuario con las jugadoras de Juniors, porque aunque no estaba autorizada para jugar, ya era parte del equipo y 2) Las duchas de los pocos clubes que se prestan para el femenino son, en el mejor de los casos, un caño de agua helada en un cubículo de cemento de dudosa higiene en el que a ninguna se le hubiera ocurrido bañarse.

La política es el arte de descubrir qué quiere el otro. Así que un poco le dije lo que él quería escuchar: que lo que le preocupaba ya estaba sucediendo sin drama y que además compartíamos el interés por mejorar las condiciones edilicias de los clubes; sin embargo, lo que en verdad pasaba por mi cabeza era: ¿este señor no se enteró de que la mitad de las jugadoras son lesbianas o bisexuales?

Confieso que si en algo conecto con el presidente de la Liga es que a mí la imagen de 17 chicas pasándose jabón unas a otras sin pudor me parece hermosa. Lo último que querría en el mundo sería arruinar ese momento de intimidad monástica con mi rebosante sexualidad. Sin embargo, para bien o para mal, las futbolistas suelen ser bastante pudorosas, así que ni las tetas se muestran en los vestuarios.

De hecho me pregunto ahora si la heterosexualidad obligatoria del fútbol masculino no será una estrategia inconsciente para poder seguir poniéndose en bolas en grupo, disfrutando sin culpa de la desnudez compartida. Voy a comentar algo más sobre eso, pero primero quiero contarles una segunda preocupación que tenía el presidente de la Liga:

En los equipos femeninos, nos dice, muchas veces hay menores de edad.

Aquí podríamos hacer una concesión, que obvio es biologicista, pero estadísticamente aceptemos que la gente que acosa menores casi siempre tiene pito. Por supuesto en esa estadística las mujeres trans somos un 0,001%, pero siguiéndole el juego me pregunto: si tan peligroso es poner a una adolescente frente a un pene sin la supervisión de un adulto, ¿aué hacemos entonces con los directores técnicos? ¿No nos dicen esas mismas estadísticas de acoso que el mayor peligro que puede tener una futbolista adolescente es tener un director técnico hetero-cis con pito?

No quisiera que pensemos soluciones biologicistas del tipo “En los equipos con adolescentes les directores técnicos tienen que tener concha”, pero quizás el debate sobre Travestis en el Vestuario nos sirva para pensar en la urgencia de capacitar a jugadoras y cuerpos técnicos para que sepan reconocer el abuso de poder (en todas sus formas).

Como se imaginarán, los hombres del fútbol van a reaccionar en contra: “Uhhh, ya van a meter en los vestuarios su ideología de género y ahora todo va a ser acoso, no voy a poder ni abrazar a mis jugadoras cuando hagan un gol”.

Un ejercicio que hago mucho, en el libro como en la vida, es buscar ese punto en el que otro tiene razón, por más nefasto que sea. El problema con las capacitaciones tipo Ley Micaela (y a esto lo digo como tallerista de Ley Micaela para la UNC) es que por mucho intento que se ponga en darlos desde una lógica de la educación popular, siempre se termina bajando línea y hasta amenazando con el Poder Judicial, que es la institución más nefasta inventada por les humanes.

Volvamos entonces a pensar políticamente y busquemos empatizar con el presidente de la Liga Cordobesa (o cualquier otra Liga). Imaginemos a ese presidente de trece años, quizás en plena dictadura, yendo a entrenar al club de su barrio. Existe la posibilidad de que una que otra vez se haya escondido con otros adolescentes en los vestuarios a hacerse pajas colectivas. ¡Pajas heterosexuales! Por supuesto, cada uno pensando en una minita. Pero imaginemos ahora que ahí hubiera habido un niño con concha. Se pincha la fantasía. Podría pasar que a alguno se le ocurra meter en su pensamiento a la concha del compañerito, y así, inevitablemente, terminan todos putos.

O bien, quizás el presidente era de los tímidos. No se animaba a las pajas colectivas, pero se ruborizaba cuando su amado director técnico les decía que si ganaban el partido les iba a contratar unas putas para que debuten. ¡Llegás a meter en el vestuario la ideología de género y ese chiste ya no se puede hacer! Los recuerdos más lindos del presidente, arruinados para siempre culpa de las feminazis.

El ejercicio que estoy buscando hacer es, por un lado, mostrar el absurdo en los reclamos, porque estamos hablando de evitar que a algunes adolescentes se les arruine la vida con un acoso, para que el varoncito promedio pueda reírse un rato sin sentirse juzgado. Eso habla mucho del problema con los varones hoy. Los feminismos les dicen “che, ponete las pilas porque vos o tus amigos siguen siendo acosadores”. Y ellos, incapaces de dimensionar el problema, se ponen a la defensiva, en modo víctimas, y no logran salir de ahí.

Pero por otro lado, me interesa también pensar en eso que el varón teme perder. No tanto por el varón, sino porque esa resistencia aprendida nos habla sobre nuestras instituciones. No me sorprendería, de hecho, que la mayoría de las feministas estarían en contra de que un director técnico les hable sobre ir de putas a jugadores adolescentes. Muchas porque piensan que el trabajo sexual está mal, otras porque les parece que un adolescente no debería ni imaginarse teniendo sexo con una puta mayor de edad, otras dirán que un adulto no debería hablar de sexo con adolescentes, y así podemos encontrar talladas en piedra una larga lista de mandamientos punitivistas que, si preguntan a mí, no sirven para nada.

Lo que yo creo es que hay que aprender de las tradiciones precapitalistas de transmisión de la moral: los mitos y leyendas. En vez de poner nuestra esperanza en las cárceles y la policía, ponerla en el arte y la transmisión de experiencias. Contar historias, por ejemplo en películas, sobre adolescentes que son acosades en los vestuarios, sí, pero también sobre orgías y pajas colectivas.
Y, sobretodo, sobre directores técnicos que tienen conversaciones piolas sobre sexo con jugadores y jugadoras.

Los varones están muy perdidos. Y si bien son ellos los que más deberían estar poniéndose las pilas, creo que la construcción del ideal de Varón Feminista es colectiva. Si lo único que le mostramos a los varones es todo lo que NO tienen que hacer, amenazándolos con la cárcel, por cada varón que rescatemos vamos a producir diez más que reaccionarán desde la frustración, la impotencia y el enojo.

Volviendo al libro, entonces, mi intención fue correrme del lugar “Las mujeres trans tenemos que poder jugar fútbol femenino porque es nuestro derecho” y mostrar, en cambio, a través de anécdotas y de compartir mi voz, que el fútbol va a ser más lindo para todes el día que sea mixto y los resultados se festejen yendo de putas o haciendo orgías.