La trampa positivista del falso indio

Evidentemente dando por finalizado el año, entrando en la modorra del verano, los planetas deciden tomarse el día libre para divagar sobre cuerpos celestes (hanan pacha).

Por Tomás Astelarra | Ilustración: Jorgito Cuello

El fresco de las lluvias comienza a desintegrarse en una humedad propia de la selva caribeña que estos planetas o héroes anónimos han sabido degustar en sus años mozos (o mozas). Vicente prácticamente levita en un grupo de piedras que rodean las brazas donde la parrilla exhibe todavía dos chorizos secos incapaces de competir en cuanto a temperatura y sudor con el doctor nadaísta (que pa rematar la escena chorrea un hilo de baba por la comisura de los labios). El Chicho Serna se arrinconó como duende bajo el abrazo de un algarrobo con el sombrero de mimbre que le hizo la abuela Nati ladeado sobre la linea del horizonte (que evidentemente no se ve entre tanto monte).

La Bruja Suarez tendió su hamaca debajo de la mora y la Señorita Mayonesa aceptó mi ofrecimiento de tirarse una siestita en la pieza. Con el Taita Gabi relojeamos la damajuana de vino que lentamente se extingue como el fuego y el agua de la bolsa de hielo que actualmente bucea en el balde debajo del limonero. Junto fuerzas para al menos juntar el desorden de enseres en una esquina de la cocina ante la atenta mirada de perros y gatos, cuando el Suipacha llega directo de la changa a proponer:

-¿No van a estar más cómodos durmiendo la siesta en el río?

Dejamos una nota a la Señorita Mayonesa, levantamos entre cuatro a Vicente y lo arrojamos en el baúl de la citronave y encaramos para un canuto que descubrimos doblando la plaza chiquita de al lado de la proveduría de Cuatro Vientos, cincuenta metros por el monte saltando un desconocido alambrado, una ollita pequeña pero profunda y con un par de siempreverdes que nos permiten colgar dos aguayos y una sabana para improvisar una ranchada. El Taita Gabi prende un fueguito entre las piedras pa calentar la pava mientras el resto nos acomodamos en las piedras mitad del cuerpo sumergido en el agua. Suipacha salta de cabeza, rebota como niñe que expulsan las olas del mar y se seca las manos para pegar un rico bareto con las flores que le habilitó su patrón. Estofado por el baúl de la citronave Vicente se aproxima sonámbulo para apenas alcanzar a deslizarse horizontalmente sobre la orilla del río yaciendo como un axolote ancestral. Somos la naturaleza teniendo una experiencia humana, nos recuerda el Chicho Serna que dice Manfred Max Neef.

-Por eso no entendemos la horizontalidad-reinicia Vicente aceptando el reto -Porque en la evolución los monos no tuvieron marcha atrás y cuando se hicieron sedentarios aprendieron a domesticar las semillas agachando la cabeza lejos del devenir espiritual de la madre tierra. No obstante lo cual algunos encontraron que era mejor, por la razón o por la fuerza, hacer que otros agacharan la cabeza. Y quemaron Cártago y llenaron sus campos de sal. Y también quemaron a las brujas rebeldes para que nunca más nadie osara mencionar el cuidado de niñes y ancianes, ni hablar otres habitantes de la Casa Común. E hicieron de todo una exacta ecuación que no contempla la metafísica, muchos menos la patafísica. Y entonces les niñes, le ancianes y hasta la naturaleza resulta que empezaron a tener “derechos”. Como si el cuidado fuera lineal. Porque en esa ecuación derecha del tiempo y espacio sin curvas, resulta que de un lado del signo igual se acomodaron unos pocos, con cada vez más, que por la razón o por la fuerza, el colonialismo físico, psíquico y espiritual, fueron de poco hirviendo los sapos, para que del otro lado de la ecuación, cada vez halla más seres con cada vez menos. Y la culpa es de la negras que paren hijas por un plan y tiene el tupé de usar mercado pago o comprar dólares.

-Dejate de joder-remata y gira en falso sobre un caminito de piedras, como pollo al espiedo, para mojarse la parte seca y secar la mojada (todo sosteniendo el porro del Suipacha en la mano).

-A través de la ciencia o la religión nos hemos adueñado del hanan pacha-reflexiona la Bruja Suarez- Pero resulta que después de quemarse bien las pestañas estos dichosos científicos llegaron a la mismas conclusiones que las abuelas que mantuvieron bajo secreto las sabidurías ancestrales. Imaginate cuando escucharon que el boludo este de Einstein descubrió que tiempo y espacio eran lo mismo, y la manga de perejiles que le siguieron, destrozando el planeta para hacer microscopios de mejor calidad, llegaron a la física cuántica, que no es otra cosa que el ayllu. Pero al día de hoy desconocen que las abuelas ya lo sabían, y las siguen tildando de ignorantes, por más que las cholitas hasta le hallan ganado el negocio de la importación de tecnología china en El Alto.

-Entonces no te extraño que les viejis parezcamos cartón pintado en los círculo de avallasadoras generaciones, y los militantes políticos descarten el sueño de los dragones pensando que son supercherías, y que la espiritualidad es un chantamán que viene de México a traer unas plantas con las que quedan del orto como hacían con decenas de paraguayos ante de recital de los redondos. Y entonces la mente (que debería ser solo de los dioses) habilita el chamullo interminable en asambleas que no conducen a nada y los anarquistas cansades de perder el tiempo se arrodillan ante el estado y las leyes sin reconocerlo, con la misma culpa que de niñes fumaban o se hacían la paja a escondidas. Ambas acciones inútiles fuera de contexto-chamulla Serna mientras prende la tuca que le saco de la mano a Vicente (que volvió a dormirse).

Pega una honda calada y sigue:

-Y perdiendo el orden cósmico, la verdadera horizontalidad, que en los pueblos andinos es la rotación del verticalidad, amasan un menjunje donde se diluyen las relaciones de poder, dinero o afecto, y se ejerce el famoso free riding, o teoría del polizón, parásito o chupasangre, que termina utilizando el espacio colectivo para sentirse poderoso, curas las heridas afectivas de su infancia, o bien ratonear un mango, generando un desorden cósmico que destruye las almas y las deja penando por la colección de fracasos que tan bien expresa el bueno de Manuel Rozental. El problema no son las herramientas, como dice Jorgito Viaña, sino la ética con que se usen. Un martillo puede servir para hacer una mesa o partirle la cabeza a alguien, de la misma manera que una asamblea puede servir para redondear la palabra o encumbrar algún pelotude que no se animó a ser estrella de rock o actriz de Hollywood. Tengo una extensa lista de espacios donde algune monarca lleva años sosteniendo su impune poder pretendiéndose imprescindible. Espacio y tiempo al pedo en la tan necesario construcción de un mundo mejor. Seguramente sostenga, desde la más pura fragmentación científica, que puede distinguir entre amistad, política y negocio, como si no fueran parte indivisible de una misma cosa. El problema es que los gringos se creen que ser indio es cosa de leer un libro u obtener un título, entonces toman las plantas sagradas como si fueran aspirinas, agarran la pala como si fuera una birome y hace asambleas que tienen poco Tosco y mucho Freud.

-No hay doñas que tejan con el poporo los hilos del pensamiento, ni se respeta a las mayores que deberían llevar el pulso, la reciprocidad es una cuenta matemática y la complementariedad se transforma en caprichosa oposición. Y lo peor que en esa falta de claridad como alquimia destructiva se fragmentan también los soñadores de los refutadores de leyendas. Los primeros seguramente inicien el proyecto, y los segundos, ordenados y pulcros, teóricamente infalibles pero faltos de creatividad y valentía, recojan sus beneficios, despreciando y obligando a los primeros a migrar detrás de otra colección de fracasos. Como esos pueblos turísticos llenos de pseudojipispequebuempresariales que desplazaron a los malucos da rua que hace mucho llegaron con un pañito de tres pulseras al piso a vivir la aventura del desierto y conversar con las gentes originarias, que pronto también deberán ser desplazadas, mientras los pequebuextractivistas comercian con los saberes ancestrales que leyeron en la tapa de un libro de un científico alcahuete. Entonces, detrás de los refutadores de leyendas vendrán los fiscalizadores, los burócratas, los hombres y mujeres grises a determinar lo que es mejor para el pueblo: orden y progreso. Pero el progreso con orden, evidentemente es solo para unes poques. La Madre, que da la vida, es caos creativo, columpio infinito, una de cal, una de arena y tres de barro. Si no le pones agua, sentimiento, y hasta quizás un poco de bosta, no cuaja-compite en el sutil arte de alargar el rulo del discurso la Bruja Suares con el Chicho Serna.

-Io después de muchos años comprendí que eso que decía el Negro Ariel citando a Silvio que citaba a Brecht era medio raro. Algún día uno se acomoda pa dar el último suspiro. Vencer la muerte es también una mentira del positivismo científico. Luchar toda la vida para ser imprescindible se tranformó, después de muchos años en ser mi principal máxima, en una máxima boludez-mete bocado Suipacha, que de repente recuerda que se manoteó los dos chorizos secos de la parilla y manotea uno del bolsillo pa mandárselo a la boca (,no sin antes sacarle la arena).

-Mal de muchos consuelo de tontos-repite el Taita Gabi como si estuviera hablando con la libelula que le ronda la cabeza

-¿Lo que?-le pregunta Suipacha mascando chori.

-Que io también tarde en entender que esa frase es un elogio a los tontos, a los que fingen demencia, los idiotas, que ojala algún día digan: Oíme pancho, la emperatriz está desnuda. Porque como alguna vez reflexionamos hondamente en estas Charlas del Monte (en aquellos años en que todavía existía la Tatusera) hay una sutil diferencia entre ser o hacerse el boludo. El tema es que el resto lo distinga en uno. Porque como ya aclararon desde Bill Clinton al barba Max Neef, el problema es evidentemente de estupidez. Pero quizás no sea la nuestra.

Dicho lo cual el Taita rescata la pava y ceba el mate en el mismísimo instante en que la Señorita Mayonesa se abre entre las jarillas con una bolsa de criollos.

-La charla está tan linda que dan ganas de ir a comprar otra ristra de chorizos-suspira el Suipacha

-Pero traigamos acá la parilla. Io a Vicente no lo cargo más-se queja el Chicho.

Estas charlas o relatos transcurren en el Valle de Polonia, es decir, Ningunaparte. Son ficción. Ciencia Ficción Jipi. Cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia. Como diría Marx (Groucho): estos son nuestros principios. Si no le gustan tenemos otros. Dedicado a todes les indies de este nuevo pachakuti. En particular a la amta Argentina Paz Quiroga y les liberadores de la Madre Tierra en el Cauca. Y al Rocky y mis amigues jipindies del territorio kamiare.