Pensamiento Crítico

¿Viva la Patria?

Si tu pasión es falsa, ¿cómo se explica todos los seres que moviliza, la materia que materializa, las lágrimas de alegría, la impotencia hasta el llanto?

Por Yunga
Foto: LR

¡Qué invento maravilloso la identidad!

Un día te sentís perdido, sin motivaciones, esperando a jubilarte para poder dormir sin culpa. Y de repente, ¡ZAZ! Llega el feminismo, Milei, Marx o el mismísimo Jesús y ya no es el mundo el que está contra vos, sino vos contra el mundo.

No importa si sos la mitad más uno o la minoría más simple, la Identidad te conecta con un gran número de seres y das un paso hacia la Inmortalidad.

Te sentís poderosx, tra(n)scendente.

Los envidiosos dirán que te has parado “del lado equivocado de la mecha”.

Pero no te dejas engañar.

La historia la cuentan los vencedores, así que insistes: Patria o Muerte.

(más vale morir de pie que vivir arrodillade)

Oyes el ruido de rotas cadenas y haces propia una lucha que llevas años sintiendo crecer dentro tuyo. ¡Muerte al macho! ¡Muerte al Estado! ¡Viva la Patria! Gritas las consignas y sientes fluir la energía por tu cuerpo. ¡Qué nadie se atreva a decirte que “no fue magia”! Tus consignas son conjuros y ante tus ojos la materia se transforma.

Las envidiosas dirán que lo tuyo es una pose.

Que lo tuyo no es genuino, sino el mero deseo de pertenecer.

(A ver, nombrame todos los discos del Indio).

A la gilada ni cabida.

¿Qué es más fácil? Decir: tus pecados te son perdonados.

O decir: levántate y canta.

Ellos quisieran que la Tierra se detenga

¡eppur se mueve!

Las hormigoneras hormigonean y las circunvalaciones circunvalan.

Si tu pasión es falsa, ¿cómo se explica todos los seres que moviliza, la materia que materializa, las lágrimas de alegría, la impotencia hasta el llanto?

Se burlarán de tu esperanza.

Es un sentimiento infantil, dirán.

Lo que está on es la desesperanza desentendida

el nihilismo neoyorkino

el apocalipsis inevitable.

A nadie le importa tu Reino de los Cielos, dirán

Pero sin querer queriendo eres más cristiana que Cristo

Así que llenas tus valijas de amor y te vas.

Empacas por si acaso también algunas dudas.

(Las metes dentro de un par de medias, por si acaso aparece alguien con quien valga la pena compartirlas).

Te miras en el espejo, compruebas que tu uniforme esté impecable y sales, dispueste a cambiarlo todo.

¡Ni Sodoma imaginó un castigo como el que planeas para tus enemigos!

Vas hacia el fuego como la mariposa, siguiendo un impulso de amor capaz de hacerte traicionar tus promesas y hasta de empujarte a perdonar uno que otro enemigo en nombre de ese amor.

(¿No merecen amor también los sapos?)

Con algo de suerte, ese amor te hará dudar de tu tan preciada Identidad

(que tanto juraste con gloria a morir)

Y serás otre,

no por la magia de tus propios conjuros,

sino porque el amor que tanto pregonaste

termina por devorar tu uniforme impecable,

y te deja, sin armadura ni bando,

frente al peso desnudo del que sufre.

No más tesis, antítesis, ni retornos

(el amor, despojado de su grito)

Solo atención

(la familia deshecha)

y el mundo, que por primera vez, respira sin tu nombre.