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¿Los nuevos dueños del agua?

En la Argentina de Milei, se estaría conformando un nuevo empresario que maneje los bienes comunes y los servicios básicos.

Por Lea Ross

La privatización de la empresa Agua y Saneamientos Argentinos SA (AySA), que suministra agua potable y servicios cloacales a 14 millones de habitantes argentinos (30% de la población argentina) abre la puerta a una posible reconfiguración de la burguesía nacional, en particular quienes manejen los bienes y servicios básicos. De ser así, el proyecto anarcocapitalista therian llamado La Libertad Avanza no se limitaría a “macrizarse”, es decir, de habilitar la entrada de la casta política en su gabinete, teniendo la Patricia Bullrich como la referenta dispuesta a ser la etapa superadora. Sino que además los diálogos se entablan con los sectores económicos tradicionales, los “empresaurios”, de los cuales han quedado vapuleados ante la escasez de pesos y el endeudamiento dolarizado. Sobretodo, quienes integraban la llamada “patria contratista”, que a pesar de su nombre no tiene nada que ver con el fervor actual por Malvinas. Hablamos de aquellos que tanto el periodismo como Milei coincidían en que “parasitaban” al Estado argentino para forjar sus negocios, a costa de los costos públicos que eso implicaba.

La licitación de AySA, que brinda sus servicios a la ciudad de Buenos Aires y 26 localidades bonaerenses, se estraría solo del comienzo de algo que puede tener alcance nacional. Consiste en la venta del 90% de las acciones que están en manos del Estado argentino (el 10% restante está a cargo de sus trabajadores). A mediados de septiembre, se concretó la segunda etapa del proceso licitatorio y de las 17 empresas que se ofrecieron inicialmente solo quedaron dos ofertas. En base a la información suministrada por el portal Cont.Ar, se trata de dos emporios difusos. Uno es un consorcio conformado por Rowing SA, Arcos, Transcolor y PHX. El segundo es “Roggio ROAS SAU y otros”.

Quien quiera que gane, estaríamos cerca de conocer a los nuevos dueños del agua en Argentina.

De la corona al rey

El primer consorcio es encabezado por Rowing SA, una empresa de ingeniería que pertenece a la familia Román. La prensa porteña especula que detrás de ellos estarían los hermanos Neuss, ligados a Santiago Caputo, el monje negro de La Libertad Avanza. Sus socios extranjeros, interesados en las acciones de AySA, son la brasilera Arcos, con experiencia de labores cloacales en Brasil, y PHX, que es un fondo de inversión que proviene de la región nórdica.

Pero a nadie se le escapa que allí también está metido el multimillonario Maurio Filiberti, conocido como “el rey del cloro”, por ser el principal proveedor de ese insumo a Aysa, de la mano de Transcolor, y que ahora pretende ser su dueño. Lo curioso es que también es accionista de Edenor, la empresa que suministra electricidad en la región norte porteña, y cuyo principal cliente sería la mismísima AySA.

En Córdoba, Filiberti fue comentado tibiamente por ser quién ofreció el capital privado para la inversión del Infinito Water Park, el parque acuático más grande del país y que está instalado en la zona este de la capital cordobesa. Unos meses atrás, los socios locales de ese proyecto tuvieron una condena civil por haber destruido una cantera para apropiarse de sus bienes, incluyendo las tierras, para poder forjar el emprendimiento. Por otra parte, la instancia de audiencia pública, donde se delibera sobre los puntos del estudio de impacto ambiental, para medir sus implicancias con el ambiente, se realizó tres días antes de su inauguración. Tanto el rey clorado como sus socios locales, encabezado por Cristian Simaski, mantuvieron reuniones con autoridades municipales, desde la gestión de Martín Llaryora como intendente, para tener garantizado las inversiones en las tierras pegadas a la circunvalación.

Foto de archivo de 2023 de Passerini (en ese entonces, viceintendente de Córdoba) y los impulsores del Infinito Water Park. Editado por LR.

En Edenor, Filiberti es socio de dos reconocidos empresarios mendocinos: Daniel Vila y José Luis Manzano, ex-ministro del Interior de Carlos Menem y al que se le alude la frase “Yo robo para la corona”. El tándem Manzano-Vila reactivaron, en septiembre de 2023, el yacimiento minero Potasio Río Colorado, mediante una inyección de U$S 1.000 millones. Siete meses después, Manzano creó una firma en Inglaterra llamada Potasio UK LLC. En los documentos de la compañía, Manzano declaró su domicilio en Suiza. Manzano formate parte de la actual “commoditización” de la burguesía: empresarios que trasladan sus activos al extractivismo (minería e hidrocarburos) más que en actividades que apunten al consumo interno.

El portal web North Data (www.northdata.de), una plataforma que sistematiza información pública sobre distintas compañías registradas en países europeos, detalla que Vila y Manzano figuran como miembros directivos de South American Energy LLP, al igual que Rochester Holdings LLP, que a su vez tiene como accionistas a los hermanos Mauricio y Nicolás Filiberti.

Según los balances financieros, Rochester Holdings LLP tuvo una caja a finales de 2024 de 71 millones de dólares. Es deicr, los Filiberti cuentan con importantes manejos millonarios en la corona británica gracias a las concesiones firmadas por AySA. Las Malvinas son no sé qué.

Los contratistas de siempre

Según ARCA, Roggio Roas SAU, el otro consorcio que disputa el 90% de AySA, anotó su existencia fiscal el 20 de agosto del presente año. Eso ocurrió 25 días antes de que se anunciara a los nuevos seleccionados en la licitación, teniendo de frente a los Román y Filiberti.

Desde los años noventa, el Grupo Roggio se ha encargado de manejar la potabilización y distribución del agua de la ciudad de Córdoba, cuestionada por contar con una burocracia estatal que le permite aceptar sus aumentos tarifarios sin mucho problema, y que ahora pretende hacer lo mismo en la zona porteña-bonaerense. Según una reciente información que le llegó al sindicato de empleados públicos de la municipalidad capitalina (Suoem), existiría un trámite del municipio para privatizar también el servicio cloacal: “No permitiremos la entrega del patrimonio de la ciudad”, sostienen desde el gremio, cuya capacidad callejera le han traído dolores de cabeza a distintas gestiones. Naturalmente, quien se quedaría con ese patrimonio sería, nuevamente, los Roggio.

El emporio fue encabezado por Aldo Roggio, pero renunció cuando reconoció haber pagado coimas al Estado argentino para mantener algunas concesiones. Por esa razón está sentado en el banquillo de los acusados de la causa Cuadernos. Pero también tiene otro expediente judicial detrás conocido como “Odebrecht-Aysa”. Se trata de una investigación penal por la tardía construcción de una planta potabilizadora de la misma empresa en cuestión, llevada a cabo con la cuestionada empresa brasilera. Su procesamiento fue resuelta por el juez federal Sebastián Casanello, donde involucró a ex funcionarios nacionales y una nutrida cantidad de empresarios constructores. En las indagatorias, el ex gerente de Odebrecht, Luis Mameri, declaró que ellos no tenían contacto con los políticos involucrados, como el ministro Julio de Vido y el secretario dolarizador José López, “al menos en la fase inicial de la licitación. La relación con esos funcionarios públicos la mantenían exclusivamente los socios locales o los empresarios argentinos (…) En este caso, teníamos que asociarnos con tres empresas locales, que fueron Benito Roggio e Hijos SA, José Cartellone Construcciones y Supercemento”.

Eso no impidió que los Roggio sean los seleccionados para quedarse con AySA. Pero incluso con un dato llamativo: para manejar esa compañía, contarían con el asesoramiento técnico de la empresa estatal israelí Mekorot. Esta firma extranjera viene firmando acuerdos de asesoramiento y de planes maestros en alrededor de doce provincias. Las críticas a la incidencia de Mekorot en las políticas públicas argentinas apuntan a los criterios arbitrarios que podrían tener sus dictámenes, que apuntarían a administrar el agua para negocios de índole extractivista, más que para valorizar emprendimientos locales o de consumo doméstico. Además, se especula que tendrían un afán de dolarizar las tarifas, que es lo que demanda toda inversión extranjera. Finalmente: se subraya la pérdida de autonomía en cuanto a la toma de decisiones técnicas sobre el manejo de las infraestructuras locales. A nivel internacional, Mekorot es cuestionada por disminuir el suministro de agua a la región árida de Cisjordania como modo de aniquilamiento al pueblo palestino.

El portal La Política Online sostiene que la privatización de AySA es un “menemismo de La Salada”. Porque a diferencia de los noventa, los jugadores son muy pocos, están de local y los extranjeros se ubican más al costado, quizás para mantener su resguardo ante el riesgo de inversión. Pero resulta llamativo que Mekorot opte por mantener lazos con los sospechosos de siempre como es el caso de Roggio, en lugar de hacer con los Filiberti y los Román, quienes parecen tener mayores lazos con el gobierno de Javier Milei, de los cuales mantienen un rabioso apego al estado de Israel. Posiblemente, la competencia de ambos emporios descriptos no sea tal. Sino un modo de equilibrar los distintos polos del poder económico, que conlleva a que la repartija de los negocios sean entre pocos. Incluso con algo tan sensible como es el agua.