Se picó: violencia en el espacio público

El acoso callejero es más viejo que la escarapela. Suele ser la primera violencia de género en la vida de muchas e impacta en el derecho de circulación y acceso al espacio público. Hace tres años, los lugares públicos se incorporaban como modalidad de violencia en la ley nacional. 

Por @FloStraso

El 8 de mayo del 2019, la ley argentina que se encarga de prevenir, sancionar y erradicar la violencia hacia las mujeres, incorporaba un nuevo ámbito: el público. Hasta entonces, el artículo 6 de la 26.485, contenía como espacios de expresión de la violencia el doméstico, el institucional, el laboral, el obstétrico, el reproductivo y el mediático… faltaba uno: el callejero. Y lo definió así:

Violencia contra las mujeres en el espacio público: aquella ejercida contra las mujeres por una o más personas, en lugares públicos o de acceso público, como medios de transporte o centros comerciales, a través de conductas o expresiones verbales o no verbales, con connotación sexual, que afecten o dañen su dignidad, integridad, libertad, libre circulación o permanencia y/o generen un ambiente hostil u ofensivo.

Argentina dio un paso al frente en la región, para ubicarse junto a Chile y Perú como los países latinoamericanos con legislación pertinente. Perú fue el primero porque su tasa de acoso es récord y Chile tiene hace dos años su ley de respeto callejero. Países como Brasil y México implementan una medida anti acoso enmarcada en lo que se conoce como políticas con perspectiva de género en el transporte público: vagones diferenciados para hombres y mujeres en horas pico. 

El acto intimidatorio que significa el acoso afecta a mujeres de todo el mundo. Latinoamérica no es la excepción y hace años que motoriza la Semana internacional contra el acoso callejero (entre el 11 y el 17 de abril) con el objetivo de compartir información, sensibilizar a la población e incluso generar la estadística que el Estado no genera. Mumalá está al frente del dato cuántico en Argentina. Paremos el acoso motoriza importantes campañas desde Perú y OCAC desde Chile, inaugurando hasta un ciclo de podcast: 

Recalculando

Desde edades muy tempranas y a lo largo de toda la vida, las mujeres somos destinatarias de un sin fin de comentarios y acciones indeseables en el espacio público. Saludos inapropiados, gestos obscenos, bocinazos y hasta persecución nos acompañan desde que vamos a la primaria hasta que somos grandes. 

Los espacios públicos se suponen que son de libre circulación, pero algunas nos vemos más condicionadas que otros al atravesar calles, plazas, paradas de colectivo y algunas instituciones públicas o comerciales. ¿Condicionadas? Sí. Estudios evidencian que mujeres y varones inspeccionan de distinta forma la circulación; a las primeras nos acompaña una sensación de miedo e inseguridad que se profundiza cuando es de noche, no hay iluminación, estamos en una zona desconocida o solas. Esto refuerza una desigualdad que se mantiene vigente.

La violencia es el ejercicio intencional de poder sobre otra persona. Algunas se ven porque dejan marcas, como la física o el femicidio; otras no se ven, pero también dejan marcas profundas: en el recuerdo, en el autoestima, en la seguridad personal. En esta última se enmarca el acoso callejero.

Una encuesta realizada por Mumalá (2015) sobre 2000 casos, sostiene que sólo el 18 % de ellas respondió que se siente segura al caminar por la calle; el resto, insegura. El 93% aseguró haber recibido un comentario, bocinazo, beso o saludo inapropiado por parte de un desconocido. Al 45% de ellas un desconocido las siguió, un 36% de ellas fueron manoceadas por un desconocido en la calle y al 15% de ellas un desconocido las atacó. En realidad, cada mujer tiene su propia encuesta, la mayoría de nosotras sufrió acoso callejero.

No es piropo. El piropo nace en los burdeles de los años 30 a la luz de la creencia de que la mujer necesitaba del visto bueno masculino para sentirse mejor. Pasaron casi cien años y piropos se dicen quienes se quieren y conocen en una relación con feedback.

Es unilateral. La mujer recibe comentarios que no pidió por parte de un desconocido que lo hace aún sabiendo que a ella le molesta o la enoja. Esto sucede desde edades tempranas y se sostiene a lo largo de la vida.

Es costoso. Las mujeres gastan más plata en transporte para volver a sus casas y más tiempo porque hacen sus recorridos más extensos en pos de su seguridad personal. Esto se refleja en el #Llegué, la práctica de las pibas de avisar que llegaron bien a sus casas.

Y es un tipo de violencia. El Acoso Callejero es un cruce de las violencias psicológica (ataca el autoestima, da miedo y bronca), sexual (siempre es sobre el cuerpo) y simbólica (porque reproduce desigualdades que afectan a las mujeres). Esta conclusión realizamos en mi tesis de grado sobre el tema. Lee HabiTANTAS aquí

¿Qué se puede hacer? 

  • Expertas recomiendan responder sólo cuando el entorno es seguro, entiéndase lugares donde no corra riesgo la integridad física de la agredida y haya otras personas. No nos larguemos a responder cuando estemos solas con el agresor porque no sabemos qué está dispuesto a hacernos; huyamos a un sitio seguro. Si se puede, dejemos en evidencia a quien acosa frente a otros para que la sociedad deje de hacerse la dormida. Y acordate que no importa cómo te vistas o veas, los acosadores acosan igual.
  • Promover una actitud crítica entre los varones que conoces. Si sos varón y andas diciendole cosas a las chicas en espacios públicos, deja de hacerlo a menos que esa persona te haga saber que es de su agrado. Si ves que tus amigos o familiares lo hacen, ubicalos. Si ves algo en la calle, interrumpí a favor de la acosada. 
  • Pensar ciudades con perspectiva de género mediante la implementación de campañas de concientización y políticas públicas que contemplen las desigualdades en el espacio público, a saber: iluminación, horario de transporte, sistemas de seguridad, etc. Capacitar a agentes públicos y de seguridad en el tema siempre es buena opción, ya que muchas veces quienes deben cuidarnos son los que acosan (policía) e instalar cartelería anti-acoso que localice tu sitio como un espacio seguro. 

Han pasado tres años de la incorporación del espacio público a la ley de violencia. Sigamos construyendo ciudades más seguras.