Llamame por mi nombre y no me olvides

Se cumplieron 9 años de la aprobación de la ley de identidad de género. La efeméride merece la celebración de la ampliación de derechos, pero el colectivo lgtb invita a seguir trabajando para hacer realidad esos derechos. Por eso, un artículo con logros, pendientes y el pedido por Tehuel presente.

Por Flo Straso

El 9 de mayo del 2019, se aprobaba una ley cuyo primer artículo decía: Toda persona tiene derecho: al reconocimiento de su identidad de género; al libre desarrollo de su persona conforme a su identidad de género; a ser tratada de acuerdo con su identidad de género y, en particular, a ser identificada de ese modo en los instrumentos que acreditan su identidad respecto de el/los nombre/s de pila, imagen y sexo con los que allí es registrada. La alegría de la lucha travesti trans estallaba, tacleando por fin al sistema legislativo heteronormado.

La 26.743 nacía en una primavera de derechos, allá por 2012, en un contexto con intención de mixturar derechos humanos y políticas públicas. ¡Por fin las leyes reconocieron la autopercepción y los verdaderos nombres se reflejaban en los DNI y partidas de nacimiento! Autopercepción, dimensión clave para ejercer el derecho al nombre, al cuerpo, a la vida. Al día de la fecha, según el Registro Nacional de Personas:

9.383 personas obtuvieron su nuevo DNI. El 70% de ese total, optó por la categoría mujer. 6 de cada 10 personas trans que hicieron este trámite residen en Buenos Aires, CABA, Santa Fe y Córdoba. El 67% tenía 20 a 39 años al momento de hacer el cambio, el 18,2% tenía 40 años o más y el 15,1% lo realizó con 19 años o menos.

Una ciudadanía soñada”

Con estas palabras conmemoraba el colectivo @archivotrans la celebración del aniversario en un posteo. Ciudadanía… identidad. Argentina y su historia es reconocida mundialmente por la lucha por el derecho a la identidad. Esta victoria actualizaba esa materia. La nueva ley, en su artículo 2, define a la identidad de género como la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente, la cual puede corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento, incluyendo la vivencia personal del cuerpo. Y amplía: Esto puede involucrar la modificación de la apariencia o la función corporal a través de medios farmacológicos, quirúrgicos o de otra índole, siempre que ello sea libremente escogido. También incluye otras expresiones de género, como la vestimenta, el modo de hablar y los modales.

El presente se presentaba con dignidad para aquellas personas cuyo sexo asignado al nacer no coincidía con su autopercepción de género… y en ningún caso, será requisito acreditar intervención quirúrgica por reasignación genital total o parcial, ni acreditar terapias hormonales u otro tratamiento psicológico o médico. Recalculemos… Recién en los 90, la homosexualidad se sacó de la lista de enfermedades mentales, aunque las revueltas -como la de Sttonewall- daten de finales de los 60.

Las vivencias dadas por fuera de la matriz heterosexual fueron castigadas y esta ley, junto a otras, avecinaban un cambio de época. Pero la ley no alcanza para el ejercicio de los principios de igualdad que plantea, pues nuestra sociedad sigue discriminando y violentando a las personas trans; y el acceso al trabajo y al sistema de salud siguen primeros en la lista de pendientes.

Cuerpos que importan

A casi diez años de la aprobación de la ley, mejoraron algunas cosas, pero otras siguen como siempre. El acceso al trabajo es el mayor pendiente que el colectivo trans reclama. La expectativa de las mujeres trans continúa siendo de menos de 40 años, y el trabajo sexual sigue siendo una de las primeras opciones. En otro post, el @archivotrans plantea que hace falta con urgencia “una política de previsión social que contemple especialmente la baja edad en la expectativa de vida del colectivo Trans que, según diversos estudios realizados en nuestro país se sitúa en apenas 35 años promedio. Hoy exigimos #LeyIntegraltrans”.

Sí, celebramos la ley de cupo trans que el gobierno actual sancionó el año pasado, estableciendo que el 1% de los cargos públicos debe ser ocupado por personas trans. Pero en la actualidad, las papas queman y el trabajo urge. Esta situación injusta, acarrea efectos colaterales que se deben contemplar. La conmemoración de este año, estuvo totalmente atravesada por el grito de “¿Dónde está Tehuel?”… no hubo ni una referente, ni una organización lgbt que no se sume a este reclamo. Tehuel desapareció el 11 de marzo tras reunirse con Montes y Ramos por un posible trabajo. Desde ese día, no se sabe más de él. La casi década no es ganada si personas del colectivo aún siguen sufriendo las consecuencias de la marginalidad. Tehuel, como tantas personas trans, buscaba trabajo y hoy, dos meses más tarde, no sabemos dónde está.

Queremos que nuestras vidas valgan como las vidas cis” exclama la reconocida activista Marlene Wayar. Y con justa razón, ¿valen lo mismo las vidas cis que las trans?.

Una celebración con gusto amargo

El pasado miércoles 12 de marzo, Elizabeth Gómez Alcorta; la secretaria de Políticas de Igualdad y Diversidad, Cecilia Merchán; y el jefe de gobierno Santiago Cafiero, presentaron el Plan Nacional de Igualdad en la Diversidad, una iniciativa que busca “modificar las desigualdades estructurales” que compete al colectivo de mujeres y lgtb. El plan contempla 200 acciones a ejecutarse inter-ministerialmente. En la conferencia de prensa, la Ministra de Mujeres, Géneros y Diversidades, Eli Gómez Alcorta, tenía una foto de Tehuel e hizo mención del caso, afirmando que están haciendo todo lo posible. El mismo día, un rato más tarde, Camila Sosa Villada comparte en su instagram una reflexión que deja picando la poca eficacia del Estado en la búsqueda del joven trans.

9 años de la Ley de Identidad de Género, una celebración con gusto amargo. Para cerrar, las palabras de Camila Sosa Villada en un post que realizó el domingo pasado:

“A 9 años queremos una nueva ley, la ley trans, que contemple algunas cosas que en el fragor de la batalla tal vez pasamos por alto. Por eso se me ocurre que es hora de poner las facturitas en el plato, que cada una se lleve su mate y comenzar a hablar nuevamente.

Se me ocurre que hay que cerrar filas y ponernos a contar, contar otra vez para nosotras cómo fue, cómo es y cómo queremos que sea”.

¡Continuará!