Invitación al delirio: un error en la matrix del rock

En diciembre de 2019, la banda platense Don Lunfardo y el Señor Otario cumplió veinte años en los que ceder nunca fue una opción. Una propuesta con un horizonte firme de autogestión y experimentación, bajo la bandera del “hazlo tu mismx”.

Por Tomás Pérez Garate – SPERAC (Seminario Permanente de Estudios sobre Rock Argentino Contemporáneo)

Son anders, de abajo, las bestias que habitan en mí

DLSO – “Las bestias”

Música para pastillas

Allá por 1999, se estrenaba la primera entrega de la trilogía Matrix. La película no sólo significaría un antes y después para la historia del cine, sino que concentraría brillantemente discusiones filosóficas que venían gestándose sobre lo real, teñidas por la incertidumbre que generaba el temible nuevo siglo. A fines de ese mismo año, unos jóvenes platenses que apenas superaban los veinte años iban a formar una banda que llevaría el nombre de Don Lunfardo y el Señor Otario (de ahora en más, DLSO). El grupo, encasillado externa e inútilmente bajo la categoría del “rock chabón”, huiría rápidamente de esa y cualquier otra etiqueta, proponiendo una fuerte apuesta audiovisual que rompiera el corral establecido para el rock.

Salvatajes

El día después. Necesito litros de agua para apagar el incendio. Vacío los bolsillos del jean esperando lo peor. Cualquier billete es un triunfo. Cae también un papel fotocopiado doblado con un cuidado tosco, exhibiendo algunas heridas del pogo. Lo abro y leo: “Rescatate!”

El Rescatate! es una especie de fanzine de tirada limitada que se entrega en cada recital, una suerte de premio a la puntualidad. “Rescatate!”, en contra de lo que podía sugerir, no es una imploración por el buen comportamiento, sino que completa la propuesta exhibida la noche anterior. “¡Witrange anay! Wünkey com pu che ñi duam” (“Levantate, amanece para todos”). Así reza otro de ellos, aunque esta vez no es una fotocopia sino un librillo a color en papel de impresión, ilustrado por la artista platense Dana Noche.

El llamado a activar no sólo el cuerpo sino la mente. Abrir los ojos y la cabeza. No resultan casuales, entonces, las referencias mapuches, que se multiplican a lo largo de esos librillos y aparecen sintetizadas en su último disco (Siestas en la cima, 2018). El mismo es físicamente un hexágono de cerámica con ribetes moldeados a mano. Este cuidado y originalidad en el diseño del disco es algo que ya habían exhibido en sus producciones anteriores Paracaidistas en franco retroceso y Fotógrafos del abismo.

La particularidad de Siestas en la cima es que el diseño del disco busca recrear, mediante elementos geométricos, al kartun, un instrumento musical mapuche utilizado por los machis en el marco de ritos religiosos.

Lunfardo Universal

En Realismo capitalista (2009), Mark Fisher se reapropia de esa expresión originada como una parodia del “realismo socialista” para referirse al capitalismo tardío. El libro se pregunta hasta qué punto es infalible la afirmación de Margaret Thatcher respecto a que “no hay alternativa”. Esta pregunta parece guiar la obra de DLSO, llegando a la misma respuesta: “un anticapitalismo efectivo no debería ser una reacción al capitalismo, sino un rival suyo.”

En los distintos Rescatate!, se fueron incluyendo también fragmentos de lo que se dieron en llamar “Lunfardo Universal”. El mismo aparece descrito como un conjunto de prácticas con el objetivo último de que el sujeto pueda volverse “suave, puro, sensible y lleno de energía; como un niño”. Lo que subyace de estos textos es cierta reivindicación del espíritu por sobre el mundo material.

Somos espejos de un siglo, que aún no sabe respirar

El formato del disco Fotógrafos del abismo (2004) podría resumir la estética que propone DLSO: un espejo roto. La banda tiene plena consciencia de los materiales que la nutren y de los cuales, antes que un reflejo, son más bien una imagen distorsionada, deforme –“¿qué clase de monstruo sos?” (“Fotógrafos del abismo”).

De esa gran caja que es el rock barrial tomarán prestado su espíritu contestatario. En su primer demo, de forma muy literal, con temas que reivindiquen los derechos humanos frente a los atropellos que significó la dictadura cívico-militar (“1976” y “Antihéroes”). Más adelante, de formas más oscuras y cifradas, pero sin dubitar a la hora de alzar la voz por las víctimas de ese gran “coto de caza”.

Y si deben quedar necesariamente bajo cierta óptica rockera, lo harán dinamitando toda categoría. Musicalmente, mediante temas que salten de un género a otro sin ningún tipo de pudor alguno; generando discos de “digestión lenta”, incluso para sus propios fieles. En cuanto a lo barrial, habría que plantearse qué idea de barrio puede sobrevivir en ciudades que han obturado toda posibilidad de comunidad. El anclaje estará, de todas formas, presente. Pero la ciudad representada no podrá ser sino fantasmal, mística y diabólica:

Los textos, con cierto tono a manifiesto surrealista, se van completando entre sí, al mejor estilo del folletín del siglo XIX, aquella novela por entregas que se sostenía fundamentalmente en el suspenso. Gesto que se repite en estos folletos, con el anuncio de la fecha próxima en la última hoja, susurrando al oído: “Tras las puertas como vigías, flayarán ‘La Manija Gira’” (“Lunemartomiercole”, Siestas en la cima, 2018).

En esa dirección, confluyen una infinidad de producciones artísticas que se van colando en las canciones y los Rescatate!. A las mencionadas referencias mapuches, habría que sumarle los distintos exponentes de la generación beat que aparecen citados –y en ocasiones, retratados-, alusiones al Tai Chi y Chi Kung y otras obras literarias. Una propuesta integral en la que resulta imposible –e irrelevante- discernir entre las distintas ramificaciones del arte.