Gatillazos de cine (1)


Tres breves críticas tres, para ver y polemizar.

Por Lea Ross

Terminal Norte, de Lucrecia Martel

La renombrada directora de La ciénaga y Zama se sumerge en la región boscosa de su provincia natal, en éste mediometraje repleta de cantautoras reunidas luego de la suspensión de un espectáculo musical, supuestamente por la situación de la pandemia. La cantante y actriz Julieta Laso es la que orienta la cámara, en momentos donde no está garantizado la improvisación. Entre la sonoridad y la sororidad, el ambiente se combina con la omnipresencia del canto de los grillos, las pisadas sobre el suelo de tierra y el paso de los automóviles, con incidentes voces e instrumentos que contrastan una plétora de géneros musicales, tan disimiles como las propias identidades de sus personajes. El paso de un tango a un trap ocurre de manera desprevenida, como así también una copla que combina la pachamama con “a la gilada, ni cabida”. Eso no le frena a Lucrecia querer experimentar la imagen y sonido por fuera de lo musical, a partir de distintos tramos de transición, que incluye la presencia de una radio evangélica. Con aires arrabales, Terminal Norte es un docu-musical que dignifica su contexto social, con más sobrentendidos que subrayados, ya sea desde una noche de impreciso horario o con el brillo de un día. Son voces, cantos, muecas y tocadas que adquieren su espacio cinematográfico, denegadas insistentemente, y ahora reprendidas bajo la sagaz y contestataria mirada de Julieta frente a la cámara.

Se puede ver en el portal Cont.AR: https://bit.ly/39YFdar

Qué queremos hacer: Una película de Les Jóvenes, de Diega Belaunzaran Colombo

En un despliegue de docenas de testimonios por distintos territorios, el mediometraje impulsado por el colectivo Les Jóvenes apunta a registrar las lecturas e impresiones, tanto personales como de análisis, sobre el impacto que viene teniendo la pandemia en la juventud y cuál es el camino por obtener una solución, frente a las tensiones entre generaciones. Las experiencias de vida de les entrevistades, que no alcanzan los 30 años de edad y tienen una mínima experiencia militante, apuntan a vivencias trágicas, barriales y de lectura global, señalando el paradigma adultocéntrico, donde los mandatarios de edad madura son las caras visibles del presente colapso, pero sin enterrar la sabiduría de alguien que no está presente como es Horacio González. Desde el rol de las grandes financieras hasta la posibilidad de discutir las preferencias sexoafectivas se van ensamblando de manera armoniosa y convincente. La comparación entre el pañuelo blanco y el compartir un “flyer” es un ejemplo de creatividad literaria dentro de una prosa equilibrada. Quizás el límite sea estrictamente geográfico por su ubicación centro y norte, a punto que se hace mención a una lucha antiminera en suelo patagónico. Pero aún así, esas mismas voces, con su presencia en sus respectivos entornos, son una bocanada de aire fresco que alcanza la misma plenitud que pensar preguntas difíciles bajo la pasible caída de una ligera lluvia. Nada menor en un mundo cambiante, donde esa misma energía juvenil puede tumbar un país solo por saltar arriba de un molinete de subte.

Se puede ver aquí: https://www.quequeremoshacer.com.ar/

A puertas cerradas, de Costa-Gavras

Hay escenas de una película donde lo que padece un personaje es, en realidad, el tormento propio del cineasta a la hora de contemplar los límites de su propia obra. El comprometido director griego, realizador de Z y Desaparecido entre otros, recurre a un libro escrito por el ex ministro de economía Yanis Varoufakis, para reconstruir los seis meses que estremecieron a Grecia, desde el triunfo electoral de la coalición Syriza hasta el acuerdo por resolver su deuda con los acreedores internacionales. Casi toda la trama se centra en el joven economista, que recorre las principales ciudades europeas hasta concretar su combate protocolar contra pesadas figuras de la talla de François Hollande o Christine Lagarde. La trama evita tecnicismos y mantiene un cierto ritmo, aún con escenas repletas de cuartos cerrados con mucho traje y corbata. Pero resulta llamativa la reivindicación del aguante de un pueblo griego que no tiene voz propia en el filme, más que el agradecimiento de un taxista hacia el protagonista. Incluso, una congregación muda en la entrada de un restorán tiene menos identidad que la que reflejan los archivos televisivos con notable distancia. El giro estético resolutivo, encarnado por una danza (mal filmada, por cierto) que emprende Alexis Tsipras, es en realidad el tormento del propio Gavras, al no poder escapar de la encerrona que él mismo se impuso, al pretenderr leer la Historia en clave comic, basado en una pelea entre buenos contra malos.

Se puede ver en Cuevana y Pelispedia.