El sabor de los damascos

Crítica al libro Las aguas visibles, de Lucía Maina, sobre la resistencia de Fiambalá contra la minería de litio, con un estilo que remite a Osvaldo Bayer y Abbas Kiarostami.

Por Lea Ross

Por Lea Ross

“Vi una campesina llorar por la falta de agua, y eso debería alcanzar”. Así comienza el párrafo más precioso de Las aguas visibles, cuyo contenido remite o refresca aquella (a)finidad de Osvado Bayer de obtener lo más diminuto para alcanzar a comprender lo magnánimo. Financiado por la ONG Be.Pe., cuya insistente repetición en el libro podría haber sido compensando con explayar más historicidad, la obra escrita por la periodista riocuartense Lucía Maina, es una unión de cinco escrituras, referidas a la resistencia del pueblo catamarqueño del Bolsón de Fiambalá contra la minería de extracción de litio.

En el compendio, el orden no cronológico de los cinco artículos apresta a alguna confusión, como la no aclaración conceptual de la salmuera en la primera parte. Desde su semántica, no deja escapar cada momento captado por los sentidos más allá de los ojos y los oídos. Incluso, las fotografías que se alternan con los textos permiten descifrar alguna pistas de los párrafos más descriptivos en determinados escenarios.

Algunos de esos detalles llegan a ser redundantes, pero no por eso se le escapa puntualizar algún comentario picaresco en las entrevistas, que ayudan a dar una mayor profundidad tanto desde lo narrativo como de lo etnográfico; una acotación sobre el cura del pueblo, es el ejemplo por antonomasia.

La experiencia del pueblo permite subrayar el propósito del libro como un caso testigo sobre los propios devenires de los intereses extractivistas y comunitarias, que van desde la tensión con una bodega que demanda más agua para producir sus vinos en exportación, y que la misma llevó a que los habitantes tuvieran la osadía de recurrir al corte de ruta, hasta llegar a un enfrentamiento mayor contra una multinacional para extraer el “oro blanco”. El contrapunto con el presidente del Consorcio de Regantes tiene su destacado espacio en la obra. Y si bien, la cuestión del agua es muy presente en distintas comunidades en conflicto, la definición de “minería del agua” es un cuasi concepto que desencadena un interés epistemológico.

Las aguas visibles es un relato periodístico de los tantos que reflejan la problemática contemporánea del continente, y que en sus microrrelatos se encuentran momentos en que lo popular logra tener una capacidad de síntesis que no se consiguen en los grandes centros académicos. Como en una escena hecha por el cineasta iraní Abbas Kiarostami, referida al sabor de las cerezas, el comentario de un comunicador de una radio alternativa sobre los damascos logran que, en tan solo un párrafo, sea suficiente para entender el mecanismo de una comunicación alternativa, que muchas veces quienes vivimos en las grandes urbes se nos escapan de nuestro paladar.

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