El cambio no sos vos

A una semana para las elecciones legislativas, los ejemplos sobran como para desvalorar al individuo. Las empresas que operan en los precios de las góndolas son los mismos que fugaron sus billetes al extranjero. Hasta sectores opositores al gobierno nacional pronunciaron la palabra “monopolios”. Pero detrás de esa palabra, está el discurso de “abrir la economía”, al sazón de expandir la frontera agropecuaria sobre los bosques nativos. El mundo se compromete a no deforestar y a invertir en energías renovables en nuestros suelos, siempre y cuando aceptemos ser como Kuwait. Es decir: que el cambio no seas vos.

Por Lea Ross | Ilustración: @nico_mezca

Cuando apenas asumió Mauricio Macri a la presidencia, todo aquel que quería realizar una operación cambiaria ya no tenía necesidad de consultarlo a la AFIP, ni recurrir a un permiso cuando los montos eran inferiores a 2 millones de dólares. Y también, si quería enviar esos capitales por fuera de la frontera, tenía los plazos de estadía de regulación más reducidos. Todo esto permitió que todo el mundo apostara a las Letras del Banco Central (Lebac) en pesos, que también se le habían elevado sus tasas de interés. Si a esto le sumamos la emisión de títulos de deuda en dólares, esto llevó a que 8 de cada 10 dólares que ingresaron al país desde el exterior tenían su origen en esa colocación de deuda. Cuando esos “inversores” retiraron sus activos, a principios de 2018, el Banco Central estaba a punto de quebrar y el gobierno recurrió a un abultado préstamo del Fondo Monetario Internacional (FMI) de U$S 44.500 millones. A pesar de eso, la fuga continuó: desde que tomaron aquellas medidas hasta 2018, se fugaron U$S 41.100 millones, y a partir del acuerdo con el Fondo hasta octubre de 2019, cuando la gestión declaró el “default técnico” y volvió a implementar los controles, se escaparon una cantidad parecida al período anterior, y encima del mismo monto que del crédito: U$S 45.100 millones. Palabras más, palabras menos, en pocos segundos, así lo sintetizó un candidato para las elecciones porteñas:

Hace un año y medio atrás, el periodista Horacio Verbitsky, en su portal El Cohete a la Luna, expuso la lista de las cien empresas que realizaron esas maniobras especulativas, antes y después del acuerdo con el Fondo. Y a su vez, la comparó con otras listas de empresas que también fugaron billetes en años anteriores recientes, como el recordado 2001 -cuyo análisis fue realizado por una Comisión Especial de la Cámara de Diputados de ese entonces-, los años 2008 y 2009 -confeccionada por el Área de Economía y Tecnología de FLACSO-, y la del 2011, que publicó el periodista Alfredo Zaiat en 2013.

Solo cinco empresas estuvieron involucradas en los cuatro momentos. Y dos de esas son cordobeses, y del rubro agropecuario y alimenticio: Arcor y Aceitera General Deheza. De hecho, durante el macrismo, ambas entidades fugaron cantidades parecidas: 255 millones y 257 millones respectivamente. Ambas empresas venden sus productos alimenticios en las góndolas, como aceites, polentas, aderezos y mermeladas.

Sin embargo, a Arcor hay que sumarle otros U$S 105 millones en 2015-2019, porque fue en el momento en que su CEO, Luis Pagani, comenzaba a comprar las acciones de la empresa de galletitas Bagley, bajo acuerdo con la multinacional Danone. Con lo cual, su fuga de billetes fueron de alrededor de U$S 360 millones en cuatro años.

A Don Arcor y su Pandilla se le suma Mastellone Hnos. SA, con su marca de lácteos La Serenísima, y La Campagnola. Todo este emporio, junto con el magnate Gregorio Pérez Companc -con su nave insignia Molinos Río de la Plata SA-, son los principales operadores de la inflación de precios en las góndolas para elevar su margen de ganancias. De hecho, son los dos “tótems” que encabezan los dueños de los casi mil productos alimenticios que figuran en el listado de los Precios Congelados, donde también aparece AGD en el Top 20, y que prácticamente no se está cumpliendo en ninguno de los almacenes y supermercados que están lejos de las oficinas de la Secretaría de Comercio Nacional.

Y la semana pasada, el director del Banco Nación, Claudio Lozano, publicó un informe donde analizó a las 80 empresas que cotizan en la Bolsa de Buenos Aires, a los que los llamó como la “cúpula empresarial”, donde tienen accionistas en común, como si fueran figuritas repetidas. De hecho, son diez los accionistas que tienen su propio asiento en la tercera parte de esas firmas con exquisitez bursátil (33%), como así también reciben sus ganancias dentro del 35% de la facturación total de esa cúpula. Los números publicados por Lozano se hicieron en base al volumen de ventas entre los años 2020 y 2019, según los balances de las respectivas compañías.

“Se verifica que diez empresarios poseen 27 de las firmas de mayor facturación del país –el 35% de la facturación- dando cuenta de un fuerte proceso de concentración y centralización de capital que tiene efectos nocivos en la fijación de condiciones de producción y precios en la economía general”, señala Lozano.

Así vemos que el empresario-accionista que tuvo mayor tajada fue Héctor Magnetto, CEO del Grupo Clarín, con un total de casi $ 333,7 millones. Gran parte de esos ingresos provinieron de Telecom, que justo fue adquirido por Cablevisión en el año 2018, previo a esos números. Dicho sea de paso: para éste lunes, el Ministerio de Producción deberá responder, ante el traslado de un expediente judicial que analiza las irregularidades sobre la fusión Cablevisión-Telecom, si acepta o no anular la resolución del gobierno anterior que habilitó ese acuerdo entre empresas.

Y en segundo y tercer lugar, figuran Pérez Companc ($ 272,6 millones) y Pagani ($ 257,7 millones). Pero al primero no se debió por ser dueño de la empresa alimenticia Molinos Río de la Plata, sino por su departamento ligado al sector del agronegocio: Molinos Agro, cuyos campos aportan el trigo para el procesamiento de sus fideos Lucchetti y Matarazzo. Pero más que nada, porque tiene su propio puerto en San Lorenzo, para mandar sus cereales y oleaginosas a más de 50 países, y que está ubicado sobre el río Paraná, asociada con la tan comentada, e inversamente regulada, Hidrovía. En el caso de Luis Pagani, figura por las ventas de Arcor ($177 millones) y Mastellone ($80 millones), donde exporta leche en polvo, ricotta, dulce de leche, manteca, quesos duros y rallados, para alrededor de 36 países.

Todo esto, para decir que esas mismas empresas que fugaron los dólares para pagar dividendos, para invertir afuera, o simplemente para ponerlo en una offshore, es lo que llevó a que el gobierno de Mauricio Macri volviera a aplicar el cepo o restricción de retiro de dólares en octubre de 2019; que luego en el año 2020, fruto de la cuarentena, esas mismas empresas tuvieron pérdidas de ganancias al quedar el mercado congelado, y ahora para recuperarlo, invierten sus empresas con dólares “paralelos” al mercado oficial, que cotizan más del doble, y eso se traslada al precio de los productores finales. Es un quilombo, pero creo que es más claro que la explicación de Santoro.

La opo habla de corpos

¡Ojo! Las raíces de la inflación son más complejas como para reducirla solo al capricho de quienes concentra el mercado de los alimentos. Peeeero… si esas empresas son tan grandes como para acceder al mercado de capitales, y por lo tanto incidir en las cotizaciones, e incluso teniendo sus propios puertos sin control estatal, entonces es una variable a tener presente.

Y ésta no es solo una hipótesis del kirchnerismo, del progresismo y del trotskismo. También proviene de una parte de la dirigencia de Juntos Por el Cambio y del peronismo no alineado con el Gobierno Nacional. Estamos hablando del jefe de gobierno porteño (y presidencialista) Horacio Rodríguez Larreta y el gobernador de Córdoba (¿y presidencialista?) Juan Schiaretti. Cuando ambos fueron consultados sobre el aumento de precios en las góndolas, no solo ambos pronunciaron la palabra “monopolios”, sino que además afirmaron que esos monopolios están involucrados en la actualización constante de los números que figuran en los paquetes. Una mirada que se aleja a quienes lo reducen, lineal y exclusivamente, a la emisión monetaria que hace el Estado.

En el caso de Rodríguez Larreta, marca su cancha frente a las internas que tiene su frente electoral, donde contempla un núcleo duro, encabezado por Patricia Bullrich y coqueteado por Mauricio Macri, para lograr una alianza con el sector libertongo, capitaneado por José Luis Espert y Javier Milei; quien éste último, tildó al alcalde porteño de “zurdo de mierda” y que lo iba a aplastar. HRL tiene un afán más transversal, en diálogo con otros sectores a la hora de pensar un Cambiemos posmacrista. Sobretodo, con un Macri que acumula carpetazos judiciales, inversamente proporcional al apoyo popular que recibe, y no solo por las denuncias de espionaje a familiares de víctimas del submarino ARA San Juan.

Un objetivo muy parecido a la de Schiaretti, que si hubo una razón de por qué emergió el “Plan Schiaretti Presidente” fue por el bacatazo de Luis Juez, donde se pronostica que en una semana acumulará la mitad más uno de los votos cordobeses, teniendo el riesgo de que gane la gobernación en 2023. Por esa razón, en contrapartida, el “Gringo” opta por la estrategia más “pejotista”, en una campaña “desperonizante”, que es elegir al que mide mejor. Y ese es el intendente capitalino Martín Llaryora, a pesar de que él quería que fuera su actual vice Manuel Calvo, que no lo juna nadie. Paralelamente, el gobernador se presenta a cuerpo entero como un susceptible presidente, no porque lo quiera, sino porque necesita tener un frente provincial fortalecido para que el “Juezazo” no tenga su derrame en dos años.

El vaso comunicante entre Rodríguez Larreta y Schiaretti es el operador Guillermo Seita, quien en el 2019 tuvo su frustrado intento por crear la “tercera alternativa” con Schiaretti, Sergio Massa, Juan Manuel Urtubey y Miguel Ángel Pichetto, despezado luego del anuncio de la fórmula Fernández-Fernández. Ahora va por su revancha.

¿Qué es “abrirle la economía”?

Ahora bien, ese análisis sobre macroeconomía, tema ausente en los discursos cordobesistas (ya que solo se piensa en Córdoba como una isla), lejos de combatir al capital, formula “abrirle la economía” a los mercados concentrados para lograr la libre competencia. Al no ser claro sobre ese concepto tan abierto, se interpreta que se basa en mayor disponibilidad en la adquisición de dólares, con el riesgo de una merma que caracteriza a nuestro país desde la salida de la Convertibilidad, y apertura a las exportaciones. De ahí, su acérrimo rechazo a limitar la salida de carne vacuna al exterior.

Semejante planteo, se emparenta con lo que declaró su secretaria de ganadería, y asesora de la multinacional exportadora Quickfood, donde señaló que el modelo cordobesista apunta a que los productores no “alimenten a los 40 millones de gentes”, sino que exporten sus productos al extranjero. Y que para eso, se requerirá un nuevo “ordenamiento territorial”. Es decir, cambiar la ley de bosques, para permitir la expansión de la frontera agrícola sobre el poco de bosque nativo que quedan en el norte cordobés.

Abrirse al mundo

Casi tres cuartas partes de gases de efecto invernadero del mundo provienen de la matriz energética hidrocarburífera. En el año 2017, un informe del Carbon Disclosure Project y el Climate Accountability Institute reveló que entre los años 1985 y 2015, solo 26 empresas fueron las responsables del 51% de esos gases. Allí aparecen 11 estadounidenses, 8 europeas, 3 canadienses, 3 rusas, y solamente 1 latinoamericana (Petrobras).

Como los grandes países industriales no quieren hacerse cargo de los costos que eso implica, optan por leer los números que brinda Greenpeace: los ecosistemas selváticos y boscosos absorben casi un tercio del dióxido de carbono emanado por esas petroleras. Pero cada minuto, se pierde una superficie forestal equivalente a 27 campos de fútbol. Además, el 23% del total de esas emisiones provienen de la tala, la deforestación y la agricultura, y 1.600 millones de personas -casi 25% de la población mundial- dependen de los bosques para su subsistencia. De ahí que se propone el “cero neto”: compensarlo la contaminación de los países desarrollados con mayor forestación en los países no tan desarrollados.

Ante eso, en la 26ma. Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26), realizada en Glasgow, un centenar de mandatarios, cuyos países contienen el 85 % de los bosques del planeta (33,6 millones de km2), se comprometieron a “detener y revertir la deforestación” para el año 2030, mientras que 28 gobiernos que representan el 75% del comercio mundial de productos primarios -como el aceite de palma, el cacao y la soja- tratarían de reducir las presiones sobre sus bosques, apoyando a los pequeños agricultores y mejorando la transparencia de las cadenas de suministro.

Por el lado de los líderes latinoamericanos, el presidente de Colombia, Iván Duque, se comprometió a implantar 180 millones de árboles para el año próximo, luego de juntarse con el multimillonario “astronáutico” Jeff Bezos. Menos afable fue Juan Orlando Hernández, presidente de Honduras, quien sostuvo que su país, desde 1970, padeció 82 desastres naturales, con pérdidas de casi 6.000 millones de dólares, 22.000 muertos, 11.000 desaparecidxs y millones de familias desplazadas, y el año pasado, los huracanes Eta e Iota le provocaron la pérdida del 9,2% de su PBI. Finalmente, recordó que las potencias del G20 “representan el 80 % del dióxido de carbono emitido a la atmósfera”, mientras que Honduras “no contribuye a esa contaminación, pero sufre sus consecuencias”.

En el caso de Argentina, según la ONG Oxfam, desde 1980 los eventos climáticos extremos provocaron pérdidas económicas por unos U$S 22.500 millones, en particular por inundaciones que destruyeron viviendas y otras infraestructuras, principalmente en la región noreste y pampeana; es decir, en las provincias de Córdoba, Buenos Aires y Santa Fe. Para el año 2050, esas pérdidas podrían aumentar al 125%.

Más infumable para las potencias fueron las palabras del boliviano Luis Arce, que denunció que se “están promoviendo un nuevo proceso de recolonización mundial, que lo podemos denominar como el nuevo colonialismo del carbono, porque están tratando de imponer sus propias reglas del juego en las negociaciones climáticas para seguir alimentando el nuevo sistema capitalista verde”. Propuso “promover una distribución del espacio atmosférico basado en la equidad con responsabilidades comunes, pero diferenciadas” y remarcó que la “solución pasa por cambiar el modelo de civilización y avanzar hacia un modelo alternativo al capitalismo, que es el horizonte civilizatorio del vivir bien en armonía con la Madre Tierra”.

Y mientras tanto, Greta Thunberg expresó tanto su escepticismo en las calles, al asegurar que “esta COP26 es igual que las anteriores y no nos llevará a ninguna parte”, como así también su ironía en las redes sociales proponiendo el “ned cero”.

Me complace en anunciar que he decidido aplicar el ‘ned cero’ (cero en las redes sociales): cada vez que diga una puteada, me comprometo a compensarlo con otra palabra que sea bonita”.

Debate no tan liviano

El hidrógeno es el elemento más simple de la tabla periódica, y quizás el más “googleado” ésta semana, ante el anuncio de los U$S 8.400 millones para invertir en la construcción de cientos de molinos eólicos en Sierra Grande, provincia de Río Negro, junto a una planta electrolizadora para fragmentar agua salada e instalar un puerto de aguas profundas para exportar todo el hidrógeno obtenido al extranjero.

La polémica, que se mantendrá en las próximas semanas, es de índole financiero-ambiental, como la que nos genera otras inversiones como en Vaca Muerta. La entrada de esos dólares no está claro si se pretende hacerlo por la vía oficial, a pesar de las restricciones presentes desde el regreso del “cepo” en 2018, o lo harán por la vía de contado con liqui, con lo cual demandará mayor presión para que el dólar oficial esté acorde a los paralelos y, por ende, se devalúe la moneda local. Sin mencionar que si la firma multinacional australiana Fortescue va a tener su propio puerto en las costas patagónicas, entonces quedará la pregunta sobre hasta qué punto no estarán dibujados los cargamentos exportados, como nos tiene acostumbrado AGD, Pérez Companc, Vicentín y Glencore en el Río Paraná.

Acerca desde lo ambiental, el investigador del CONICET, Agustín Sigal, declaró a Radio Nacional Córdoba que el volumen de agua que se utiliza “es de 2,2 millones de toneladas anuales, es decir el 7% del caudal del río Suquía. Parece mucho, pero al lado de la demanda para la minería, el litio o el fracking es mucho menor”. En Radio Universidad, el profesor de energías renovables Diego Franco, de la Universidad Católica de Córdoba, resaltó que “Argentina ha demostrado que tiene no solo capacidad como recurso eólico sino que también tiene potencial como recurso fotovoltaico, a la biomasa y a un montón de fuentes biorenovables”.

Sin embargo, ambos especialistas compararon esta oportunidad para la Argentina como la que tiene Kuwait con el petróleo. Triste recurso retórico, viniendo de un país que le significó ser el escenario bélico de la Guerra del Golfo y la base de apoyo de Estados Unidos para invadir Irak.

Argentina y Kuwait. Una comparación poco feliz.

No sos vos, soy yo

Pero volviendo a Córdoba, el colega Juan Federico publicó un detonante artículo en el diario La Voz del Interior -que sería el último en su carrera, después de trabajar 14 años en el matutino-, donde expuso que un policía, con identidad reservada ante el temor de recibir represalias, presentó una denuncia contra sus superiores por ordenar a sus subordinados a realizar detenciones arbitrarias de personas y así manipular las estadísticas. Esto permitía empujar la inyección presupuestaria en el ámbito de seguridad, y en particular a determinadas comisarías.

La nota apunta que los policías recurrían a una mala interpretación a los artículos del Código de Convivencia Ciudadana, que es la normativa que desde 2016 reemplazó al cuestionado Código de Faltas, que contenía figuras ambiguas como “merodeo” y utilizado para llevar jóvenes a pasar los fines de semana al calabozo.

Lo que se suponía que eso iba a terminar, ahora se pone en jaque con ésta denuncia, que remite al caso del ex-comisario Pablo Márquez, que fue condenado en el 2015 por abuso de autoridad y coacción, por obligar a los oficiales del Comando de Acción Preventiva del Distrito Ocho a realizar detenciones arbitrarias, con el Código de Faltas a mano y en particular con el recurso del merodeo.

Fragmento del artículo de La Voz, donde la denuncia menciona un colchón.

Quienes organizan la Marcha de la Gorra, la movilización callejera que emergió contra aquel Código de Faltas y que éste año se realizará la número 15, publicó su postura sobre ésta noticia desde las redes sociales:

Aquí abajo, está un fragmento de los fundamentos de la sentencia contra el mencionado Márquez, donde los magistrados resaltaron que durante el juicio, los testigos ratificaron que el acusado los empujaba a detener personas por contravención, sin importar si eran personas inocentes o no, para hacer el “colchón”. No sos vos, soy yo.

En cierta manera, ya sea para lograr ese colchón metiendo personas al voleo tras las rejas, o buscar la vuelta para que los dólares que están guardas en un colchón vengan al país para pagar la deuda con el FMI, muchos problemas decantan con el remate del “voseo”. Muy en sintonía con ciertas campañas callejeras, donde las fotos de candidatos sostienen un celular a mano, cuyo lema apunta a que “la única fuerza para decirles basta, sos vos”. Si de algo hemos aprendimos en la pandemia es la de polemizar al individuo como eje central de la democracia. A pesar que eso no se reflejara en los resultados electorales de la próxima semana.