COLABORACIONESCRÍTICA DE CINE

El cine como un derecho

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El Espacio Cultural San Martin (CSM), junto a un grupo de cineastas,  inauguró el ciclo “Cine en el Espacio”, con  proyecciones quincenales de películas locales.

Por Stefanía Cecconello

El Espacio CSM recibe su nombre por el barrio cordobés donde está ubicado. Durante un tiempo, sus instalaciones estuvieron abandonadas, hasta que en el 2007 un grupo de vecines decide recuperarlo y nuclear allí diversas propuestas culturales para el barrio. El Espacio ya tiene 15 años caminados y hoy se constituye como un proyecto político-cultural autónomo y autogestivo, que defiende la cultura y resiste a la especulación financiera e inmobiliaria. Sus integrantes lo sostienen sin recibir dinero de ningún partido ni entidad publica o privada, porque defienden como principio político la autonomía y la autogestión. 

Allí funciona la “GratiFeria”, un ropero comunitario donde vecines y allegades pueden dejar prendas de ropa en buen estado y llevarse las que le hagan falta. También funciona la cocina comunitaria, que convoca a emprendimientos autogestivos para el uso de las  instalaciones. Además, una sala de ensayos equipada con instrumentos, la biblioteca popular La Condesa y recientemente se incorporó la radio comunitaria Zumba La Turba, que desde la perspectiva de comunicación popular y alternativa como derecho cultural aporta a la construcción y resistencia del Espacio. 

Organizando su propio cine comunitario, el Espacio inauguró la campaña de resistencia “El San Martín Se Queda”. Hasta el 16 de julio, se podrán disfrutar proyecciones quincenales con entrada gratuita y opción de buffet para aportar a la autogestión del Espacio. 

¿A dónde iremos a parar con lo comunitario? 

Hasta ahora, en la pantalla grande del Espacio, se proyectaron películas con temáticas para niñes concientizando sobre los bienes comunes, luchas sindicales, cuarteto cordobés, la tercera edad, entre otras; y la particularidad es que muchas de las proyecciones  contaron con las presencia de sus realizadorxs. 

Rafa es cineasta, forma parte del ciclo y lleva adelante la curaduría. Nos cuenta que “la idea es generar espacios de diálogo y reflexión en cada encuentro, visibilizar otras formas de hacer cine como el comunitario y aportar a la igualdad de acceso a la cultura”. 

Eligieron el cine comunitario para llevar adelante la propuesta, porque es una vía de escape a las lógicas comerciales de la industria cultural, pero principalmente porque implica un proceso de empoderamiento de la comunidad. 

Las temáticas del cine comunitario siempre son un reflejo de las identidades, de la cotidianeidad, de las luchas de colectivos y sus  problemáticas, porque son elles quienes toman las herramientas y hablan sobre sí mismxs. Una definición más teórica nos dice que este tipo de cine refleja las realidades locales y genera participación activa de la comunidad en los procesos de gestión, producción, exhibición, circulación y consumo del cine. 

Para entenderlo más prácticamente, nos remitimos a experiencias como las del grupo Chaski de Perú en la década del 80 que llevaron el cine a todos  los rincones del país, “viajando en burro, en camioneta o a pie”, dicen. Este grupo logró sacar el cine de los santuarios inaccesibles a los que la  comunidad no llegaba y, ejerciendo el derecho humano de acceso a la cultura, acercaron una experiencia de cine comunitario con producciones de excelente calidad que invitaron a la reflexión y al debate. También podemos pensar en el grupo Ukamau en Bolivia que apropiándose de las  herramientas de producción hizo una forma de cine comunitario, reflejando  en sus películas los dolores, las luchas y problemáticas, las identidades, la  cultura y la cotidianeidad de esxs otrxs que son mayoría en Bolivia. 

Esa herencia es la que reciben y caminan con la propuesta de “Cine en el Espacio”, apropiándose principalmente de los procesos de exhibición, circulación y consumo; con proyecciones que son el reflejo de aquellxs otrxs que somos mayoría, y que además invitan al diálogo, al debate y a la reflexión. 

Rafa nos cuenta que entre sus objetivos también quieren presentar “alternativas a las lógicas de consumo tipo Netflix. Alternativas que se nutran de otras locales e independientes, invitando a lxs  propixs realizadores para romper con los mitos detrás de las pantallas y  abrir el diálogo desde la cercanía”. 

La base de acuerdo para el ciclo es la que milita cotidianamente el Espacio San Martín: la cultura no es un privilegio, es un derecho que se ejercita a diario, y las formas de apropiación son comunitarias. 

La peli con gatillo 

Las pelis han sido disparadores de muchas instancias de reencuentro, de diálogo, de performance, de puestas en escena espontáneas. Instancias que, nos dice Rafa, no fueron premeditadas ni imaginadas siquiera. 

Cuando proyectaron Madre Baile, sobre el origen del cuarteto cordobés y la vida de Leonor Marzano, se acercó al Espacio CSM una artista que había dialogado esporádicamente con la realizadora del film, pero nunca habían concretado un encuentro. Curiosamente, esta artista tiene una performance donde imita a Leonor. De ahí su interés por la película, y cuando terminó la proyección ella comenzó su puesta en escena espontánea. Fue un intercambio único, en donde les asistentes se deleitaron con su actuación inesperada, a la vez que la realizadora del documental y la artista pudieron encontrarse finalmente gracias a esta propuesta comunitaria. 

En la proyección Anda a lavar los platos que trata sobre la lucha sindical de las trolebuseras, se acercaron al espacio excompañeros de lucha que nunca habían visto el documental y “se generó un debate muy enriquecedor que superó la mera proyección de cine. Se dialogó sobre política y lucha sindical, y se evidenció la potencialidad del cine comunitario de hacer vivir o revivir en las personas momentos y sentires, que para algunes se presentan lejanos en el tiempo quizás, pero que siguen convocando al debate y a la actualización de los hechos”, nos señala Rafa.

También la convocatoria comunitaria posibilitó muchos re-encuentros pos-pandemia entre allegades al Espacio, vecines y entre realizadorxs de los mismos films. Rafa nos cuenta que, a causa del ASPO y los distintos caminos, “no se había topado nuevamente con compañerxs actrices y productorxs de su film, al proyectarla en el ciclo se convocaron para revivir esos momentos compartidos y fueron complices de un emotivo rencuentro”. 

Desde lo comunitario hacia lo comunitario 

La curaduría fue un trabajo también colectivo. En diálogo con el Espacio CSM, les cineastas fueron registrando ciertas temáticas de interés que luego llenaron de contenido. Cada día de proyección esta pensada para que las pelis y los cortos dialoguen entre sí. 

El ciclo contó con producciones para niñes como Abuela Grillo y La cápsula del tiempo, pelis sobre la tercera edad como Quinotos al  Rhum y Viejas en la chata, pelis específicas sobre cine comunitario que proyectaron para inaugurar el ciclo. El sábado 21 de mayo, se proyectó Guacho y La vida es corta, con el eje en la juventud, disidencias y persecución policial. 

En la cinemateca quedan aún por compartir pelis para niñes actuadas por niñes, sobre juventud disidente y sobre resistencia de la comunidad LGTTBQI+, y mucho mas. Las próximas fechas serán 4 y 18 de junio, 2 y 16 de julio en el Espacio Cultural San Martín, Amado Nervo 601, para seguir cuestionando las formas de hacer y de consumir cine desde una perspectiva de acceso a la cultura.