Dolores continentales

Una crítica a la película Ruido, de Netflix, sobre las desapariciones en la democracia de México.

Por Lea Ross

Difícil registrar una nación dañada por una de las peores formas de violencia, como es la desaparición forzada de personas. En tiempos de streaming, podríamos pensar que los criterios que tuvo una película como Argentina: 1985, para alcanzar esa proeza, son las mismas que en Ruido. Dirigida por Natalia Beristáin, y con producción argento-mexicana, el filme no comienza con un posible rapto sino de cuando se cumplen nueve meses de ese doloroso proceso. Para ese tiempo, Julia (interpretada por Julieta Egurrola, madre en la vida real de la directora de la película) no solo no sabe dónde está su hija, sino que ni siquiera conoce la naturaleza misma de esa ausencia. El desencanto y el descobijamiento de las fuerzas del Estado para hallarla impulsa a la protagonista a recorrer el país, con ayuda de una periodista y mujeres organizadas. A pesar que las víctimas son policlasistas y plurinacionales, las tramas de esta índole siempre se enfocan en personas con cierto poder adquisitivo, como ocurre en Z de Costa-Gavras. En Ruido, es lo suficiente como para coimear a una policía desde un cajero automático. Para descentralizar el peso actoral de la protagonista, se utilizan travellings para inspeccionar establecimientos y permitir la entrada de personajes secundarios, como una niña en un bar o una activista que duda de la legitimidad de los monumentos. Y cuando Julia/Julieta sí se come el plano, se retuerza con el achicamiento de la profundidad de campo, mediante un desenfoque en los contornos, que si bien genera esa sensación de ahogo y encierro (redundante en los momentos oníricos), es también un recurso muy recurrente en el mainstream, que empezó con el videclip y que Netflix pareciera patentarlo en algunas de sus producciones. Cuando un ascensor separa el piso donde trabaja un fiscal con una manifestación callejera, es quizás lo más efectivo de la película, que dimensiona las distintas maneras de materializar el ejercicio de justicia, en su reciprocidad con la soledad y el encarar contra un dolor de alcance continental.