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La vida es corta, hacete mostra

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Porque existimos, quieran o no, acá estamos. Algunos registros fotográficos y poesías en la 11va Marcha del Orgullo en Río Cuarto. Texto: Santy Rodriguez – Fotos : Mati Magnano

Título: La vida es corta, hacete mostra

Hoy tengo ganas de alimentarme de las calles de tierra, de pólvora, de callos y guiso caliente.

De que mi nombre quedé plasmado en cada esquina de tu cuadra.

Para renombrar, para destruir y quebrantar mis ganas de gritar tu olvidó.

Hoy se me encarnan las garras a los dedos y piso fuerte observando el movimiento de esos mismos, embrollando a cualquiera, nunca caminando siempre merodeando.

Siempre de vicera, nunca de gorra.

Siempre de yanta nunca de zapatilla.

Siempre en el bardo nunca en el escritorio.

Siempre en el barrio nunca con los chetos. (sigue)

Me aparezco en las pesadillas de aquellos que hablan de lugares y circunstancias que nunca van a atravesar.

Me salen dos fuegos de las manos, tres escamas, dos dientes afilados y ojos rojos de tanto ardor.

Llena de furia y alimentada de tanto coraje convivo entre sueños colectivos, llenos de fortaleza, de afecto y resistencia.

Porque existimos, quieran o no, acá estamos.

La de la olla popular, la del merendero, la que okupa terrenos, la planera, la piketera, la torta, la sorda, la puta, les enfermes, el wacho puto, le pute, la trava, el wacho trans, les waches, elle, ella, todes.

En un camino con baches y de tierra, lleno de incógnitas hermosas sin responder, lleno de tormentas y deseos.

Siempre en la marginalidad periférica y nunca mostrando una mirada reconciliadora de los pactos que condicionan y matan.

Como una venganza, cómo una respuesta política, cómo deseo y lamento a tu pesar de una iglesia diversa, sectaria y absurda de coger hasta mis ganas de escupir.

De subrayar tus ideas de valorar la esclavitud como continuidad en tus boletas del horror.

Pero acá estamos, quieran o no.

Aguante ser mostre.

Existimos, quieran o no

Elijo el incomodar para habitar en este mundo.

Elijo la valentía de pararme de frente y escupirte en la cara.

Elijo el olor a tierra mojada después de que pase el regador por la tarde.

Elijo el invierno de árboles esqueléticos, el verano de piletas en la vereda y el otoño de hojas secas a la orilla de el alero.

Elijo mis propios devenires, mis hundimientos y las pérdidas en el camino.

Elijo un devenir torta, un devenir chonga, un devenir trolx, un devenir sexual que me permita construirme en otro piso, en otra esquina, sin siquiera tener un devenir aún muy acabado.

Elijo quemar algún cobani.

Y si elijo contruir un afecto, un afecto político.

Elijo destruir el amor, el amor romántico, todo y cada uno de eso que hasta hoy nos esclaviza y no nos permite incomodar e incomodarnos.

Elijo hoy tener este nombre y con ganas de desde lo más profundo del pecho poder cambiarlo, convertirlo, transformarlo.

Elijo destruir el miedo, por enojo, el enojo por valor y el valor por combatir hasta la última piña en la costilla que metiste, hasta la última bala que tiraste, hasta el último presinto que me ataste.

Elijo un piano de Lescano.

Elijo mil veces ese mensaje de “venite estamos en la esquina”.

Elijo el poder elegir que tuvieras más tiempo.

Elijo que puedas salir pronto.

Elijo colgarme con el humo que te sale por la boca.

Elijo la peligrosidad de mis tacos en el espacio público.

Elijo tocarme, descubrirme, perderme, acariciarme, olerme.

Y como acto político elijo el incomodar para habitar en este mundo.

Y no morir en el intento.