ECONOMÍAINFORMES

Cristina y la criminalización de la riqueza

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La concentración económica tiene factores materiales pero también simbólicos. ¿Se puede combatir el crimen de cuello blanco?¿Se puede reducir el gasto empresarial del estado? ¿Se pueden intervenir los oligopolios? Alguna inquietudes que quedaron flotando en el aire tras la nueva clase magistral de la principal representante política del campo popular.

Por Tomás Astelarra Ilustraciones: @fuska.visual y @nico_mezca

“Mientras los grandes medios de comunicación y las redes sociales afirman que la expectativa de vida llega hasta pasados los setenta años, ese avance científico no llega a muchas pibas y muchos pibes de estas regiones. Ellos no leen los libros que escribimos, ni los diarios donde publicamos ni tampoco escuchan nuestros programas de radio, ni ven nuestros proyectos televisivos. ¿Qué hacemos nosotros ante esta realidad? El narcotráfico es el ciclo capitalista actual de acumulación de dinero fresco e ilegal, que alimenta otras actividades legales. Y junto a las armas conforman esa manera de concentrar efectivo sin rendir cuentas a nadie. Hay muchas armas y mucha droga entre los pibes y el pueblo en general porque así se mantiene el sistema. Luchar contra el narcotráfico, es luchar contra el capitalismo”.

Carlos del Frade, Ciudad Blanca Crónica Negra.

“Creo que estos temas son duros, porque cuando uno llama a las cosas por su nombre no es gratis. Es un mundo que cobra muy caro a todas aquellas que mencionamos a las cosas por su nombre y no recurrimos a eufemismos cuando se abordan los problemas”.

Cristina Fernández de Kirchner. Los pueblos siempre vuelven

El ex director del Banco Central, Pedro Biscay, dejó de cara a los conductores del noticiero Desiguales de la Tv Pública (Luli Trujillo y Pablo Caruso), cuando hablo de la relación entre “politica economica, política social y política criminal”. “La economía argentina hoy no se maneja por datos macroeconómicos, sino por cuestiones mas irracionales y hasta en un punto mafiosas. El dólar blue es un dólar en el que operan muchos sectores, entre ellos sectores del crimen organizado. En la Argentina hay un 50% de economía informal, donde el piso es la informalidad laboral, pero de ahí para arriba hay fenómenos de rentabilidad y modelos de negocios vinculados con fenómenos criminales relativamente complejos. Delitos que van de la evasión o elusión impositiva o el contrabando en el sector externo, al uso de medios ilícitos para sacar dinero del país a través de operaciones ilegales de dinero. Vos en Argentina podes levantar el celular y sacar dinero al exterior en dos minutos. Y el estado no tiene hoy herramientas o capacidad de construir una fiscalización de estos procesos”, explica el vicepresidente del Centro de Políticas Públicas para el Socialismo (Ceppas). Y agrega: “Vos hoy en la Argentina, si tenes que tomar una decisión de armar un negocio o un emprendimiento lícito o tener una rentabilidad extraordinaria, te vas por esa opción, si tenes el estomago de hacerlo. Si a eso sumas la crisis en la justicia, que no responde, los incentivos están para que vos te muevas de los mercados formales y legales a modelos que se combinan con cuestiones ilegales. Ahí hay cuestiones que tienen que ver con como se articula la política económica con la Unidad de Información Financiera (UIF), Aduana, la Defensa de la Competencia, o la Comisión de Valores, crear un cuerpo de policía bancaria real como tiene Italia. Tiene que haber un reforma profunda del sistema judicial y poner en vigencia al código acusatorio federal en materia penal (que está trabado hace cinco años y solo funciona en la provincia de Salta), la reforma del foro penal económico y la capacidad de interactuar con los organismos de regulación que hoy están paralizados, no tiene capacidad de acción”.

La desigualdad punitiva

¿Por qué hoy es para la sociedad argentina tan fácil pensar que el narcotráfico o la inseguridad en los barrios se soluciona con más policía pero es castrochavistacomunista fiscalizar la regularidad impositiva de los barrios cerrados? Suscita mucho más interés la condena por chorra a Cristina que las irregularidades del préstamo del FMI o la interminable lista de delitos aún adjudicados a Vicentín. Hay consenso amplio en que los llamados planes sociales sean exhaustivamente auditados, pero es muy difícil imaginar un control sobre las exportaciones de granos, las importaciones de yates o las supuestas devoluciones de préstamos de las grandes empresas. Algún habilidoso método de hipnosis o magia a lo Keyzer Soze en Los Sospechosos de Siempre o Al Pachino en el abogado del diablo (quizás una masiva operación mediática) hace que los crímenes de guante blanco no sean tomados en cuenta.

Y no es, antes que me acusen de irracional, violento, atrasado o castrochavista, que esté diciendo que todos los empresarios son malos o que hacer dinero es un pecado.

Corren tiempos de pachakuti y en las últimas semanas el pelado Pagni (en una interesante entrevista con el Diego Stulwark) se vio más entendedor de la economía popular que la ministra de Desarrollo. Algunas doñas se preguntan si al final no será que le va mejor con Llaryora o Rodríguez Larreta que con el actual peronismo dizque popular. Sus hijes votan por Milei. La otra vez en un almuerzo con amigues empresaries de alta alcurnia los oí despotricar contra la salvaje corrupción que había desatado la restricción de importaciones y la dificultad de los negocios si uno se mantenía firme en no entregar sobres. O como la coyuntura actual los había obligado a hacer manganetas financieras que usualmente se usan para evadir impuestos y fugar capitales, para conseguir dólares para pagar esas importaciones con sus ahorros para no tener que despedir empleades. O sobre lo difícil que era competir pagando impuestos en un universo empresario donde casi nadie lo hace.

-¿Y ustedes no le dicen eso a sus amigos empresarios cuando se juntan en el Jockey Club? Porque en los barrios donde yo laburo si alguna vecina llega a cobrar el plan sin trabajar en el comedor o la huerta comunitaria se arma un quilombo de dios-pregunté

Me miraron como si les estuviera aconsejando escupir en la sopa del vecino de mesa.

Vamos a ser claros. Mis amigues empresaries, al igual que Pagni, entienden la economía popular mejor que más de un intelectual progre de oficina de Palermo. Para eso tuve que contarles muchas anécdotas, mandarles un montón de videos de Juancito Grabois y el barba Pérsico, y que uno de ellos se encontrara al Pitu Salvaterra en un congreso de Idea y se pusiera a colaborar con una cooperativa de cartoneros.

-Tenías razón. Es impresionante el laburo de esas gentes-me reconoció.

Ahora, mientras yo tengo que hacer toda esta elipsis aclaratoria para hacer entender que mi argumento es general y concreto con aquellos empresarios o empresas que incurren en acciones pocos éticas, ilegales, o incluso criminales (desde el asesinato de los sindicalistas de Sinaltrainal en Colombia por la Coca Cola a, como bien dijo Cristina, el uso del préstamo del FMI para fugar capitales)(1), la tele por ahí puede decir indiscriminadamente que las doñas son vagas, chorras y planeras y sus dirigentes terribles corruptos. “Decir que los mapuches no son argentinos es como decir que la judía es una religión no argentina o que los homosexuales es una orientación sexual no argentina. Es filonazi. Y pasa por abajo del puente como si fuera algo de todos los días porque evidentemente han logrado demonizar tanto un pueblo exagerando las acciones de un grupo de personas que a nuestro campo político le da miedo defenderlos. Es un problema muy serio”, explica Juan Grabois en una entrevista en Mejor País del Mundo (ACA).

Tres o cuatro vivos

Ya hace rato Cristina aclaró que si no se ajustaban los precios relativos, las ganancias del crecimiento argentino se lo iban a quedar tres o cuatro vivos. El PBI, el empleo, las ganancias de las mayores empresas del país y la inflación crecen a pesar de la reducción del déficit fiscal y la emisión monetaria. Tampoco es un problema de capacidad instalada (importación de bienes de capital, herramientas, máquinas…). Sin embargo el salario real y la participación de los trabajadores en el PBI sigue disminuyendo al punto que existe en la Argentina un nuevo fenómeno: trabajadores formales pobres. En su discurso en La Plata, Cristina aclaró algo en lo que este servidor viene insistiendo hace rato: la teoría económica neoliberal moderna tiene un supuesto muy fuerte: la competencia. Tan fuerte es ese supuesto que los libros de las universidades gringas hablan de “competencia perfecta”. “La teoría liberal habla de mercados competitivos, atomizados, mucha oferta muy diversa, productos homogéneos, todos tienen información perfecta y libre entrada de todo. Hola que tal. Esto no estaría sucediendo en la República Argentina”, explica. Y luego ejemplifica: 20 empresas tiene el 74% del la facturación de lo que vos comprás en los supermercados, 90% de la leche la comercializa la Serenísima, 60% de los fideos son de Molinos Río de La Plata, 80% del pan es de Bimbo, 100% del polietileno de Dow Chemical, 100% del acero de Techint. Y así con todo.

Los estudios del Centro de Estudios Scalabrini Ortiz (CESO) muestran que la inflación es mucho menor en los productos de la economía popular y sus comercializadoras que en los grandes supermercados. En nuestra tienda de la Mutual Humano, la yerba agroecológica, cooperativa, sin trabajo esclavo ni daño ambiental, hace dos o tres años, prepandemia, valían un 50% más que la industrial en un supermercado. Hoy sale más barata y la gente se agolpa en nuestros locales para comprar ese tipo de yerbas. ¿Redujeron sus costos de producción nuestros cumpas yerbateros cooperativos de Misiones?¿Mejoraron nuestras estrategias logísticas? ¿El gobierno finalmente se decidió a apostar por una microeconomía diversa, competitiva, regional, digna y sana? Ponele que un poquitito si. Pero lo más evidente es que los precios de las yerbas industriales están muy por encima de sus costos históricos y los monopolios alimenticios, aprovechando su posición de poder y la ineficiencia, ineficacia o cobardía del actual gobierno, aumentan sus ganancias a costa de los consumidores. También, cada vez que el gobierno intenta controlar los precios o las organizaciones sociales o la sociedad civil deciden ayudarlo teniendo en cuenta la debacle del aparato del estado que dejo el buen Mauricio (en particular en todas las áreas de control de sus amigues empresaries) se arma la gorda. La tele dice que se viene el comunismo, la violencia piquetera, chau a la libertad de empresa. Cuando los manuales de las universidades gringas dicen claramente que, ante la falta de competencia, el estado debe intervenir.

-Che Tomi, bo que sabes de economía…¿Por qué cada vez gano menos plata?-me pregunto el pizzero de la esquina.

-Sabé lo que pasa. Que si a vos Molinos Ríos de la Plata te aumenta el saco de harina: ¿A quién carajo le comprás? En cambio si vos me aumentas la pizza, todo bien hermano, pero me voy a la otra cuadra que la tienen más barata.

Haz lo que digo pero no lo que hago. La competencia económica es un cuestión de pobres. Las grandes empresas, como dicen en el barrio, tienen la vaca atada.

Cuentas claras chocolate espeso

-¿Como harías para que, en caso de que seas presidente, aquellos sectores que tienen mayores ingresos paguen mayores impuestos?- le preguntan los periodista de Mejor País del mundo al candidato Juan Grabois.

-Cobrando lo que ya está.

-Lo cual no está tan fácil

-Con autoridad política se resuelve. El impuesto a las grandes fortunas no provocó una revuelta de millonarios. Y no se hizo en el gobierno de Hugo Chávez Frías. Algunos patalearon, pero yo conozco muchos empresarios que lo volverían a pagar. Porque no todos los que tienen plata en Argentina piensan que se la ganaron por su propio esfuerzo y está todo bien con que halla un 5% que disfruta de todos los beneficios de la civilzación, un 35 que la tiene que pelear todo los días y el resto totalmente excluídos. Esta idea de que si le ponemos impuestos a los más ricos vamos a espantar a no se quien es una idea que está instalada en la política. Porque en general los políticos tienen mucha plata.

-¿Como combatís la elusión donde tenés a los grandes empresarios contratando contadores para no pagar?

-Viste que en un momento se armó una caza de brujas con gente que cobrara salario social y que el hijo se había bajado una aplicación por diez dólares. Para eso levantaron el secreto bancario de 300 mil personas pobres de toda pobreza. Hay una doble vara cuando se le cuentan las costillas a los pobres y a los empresarios resulta que es muy difícil.

Grabois viene insistiendo en que para solucionar el dichoso déficit fiscal del estado hay dos formas: reducir gastos o aumentar ingresos. También, por alguna extraña razón (más allá de los manuales del FMI), cada vez que se piensa en reducir los gastos del estado se piensa en los pobres. Lo aclaró Cristina es su clase magistral del jueves. Los Potenciar, la AUH y la tarjeta alimentar, entre otros planes del ministerio de Desarrollo implican un 1.9% del PBI. Las diversas exenciones impositivas a empresas 4.6%. ¿Y si alguna vez las empresas devuelven la nacionalización de deudas de Cavallo, los ATP, los dólares baratos de Macri o Pesce, o todas las cargas laborales que no pagaron y hacen que hoy el estado deba asumir el pago de jubilaciones de aquellas personas que trabajaron toda su vida pero llegan a viejes sin cobrar un mango?

Algo similar sucede con la emisión monetaria. Si es para ATP o dólar soja no parece provocar mucho escándalo. Si es para jubilaciones o IFE se pudre todo. Cristina recordó el tremendo salvataje de los estados a los bancos durante la crisis financiera del 2008. El economista chileno Manfred Max Neef calculó que esa suma equivalía, según los cálculos de la FAO, a frenar el hambre del mundo por unos 600 años.

“Yo me quejo más de los que tienen plata y no pagan los impuestos. Es mucho mas grave que los pobres que reciben subsidios del estado”, dice Cristina y aclara que entre el ajuste por inflación de sus ingresos y la indexación de sus gastos, según la ley argentina, las grandes empresas pagan en concreto un 2,45% de impuestos a las ganancias, mientras que un empleado de cuarta categoría, si no tiene deducciones, paga un 35%. Quizás 16% con deducciones. Las empresas que extraen Litio en Argentina pagan un 3% de impuesto frente a un 40 o 50% de Chile o Bolivia. A otras empresas mineras, si se hacen bien las cuentas, hasta a veces le terminamos pagando plata por llevarse nuestros recursos.

“Esta no es un crítica a los empresarios, pero tenemos que sentarnos en una mesa a ver cuanto pone cada uno”, dice Cristina. Cuentas claras chocolate espeso, dicen en Colombia.

Sistema de incentivos

En la entrevista que realizamos esta semana con Pablo Wahren, el economista dentro del espacio de Patria Grande aclara que a veces muchas prácticas empresarias se tratan simplemente de cuestiones de incentivos. Como diría Borges, no es que sean malos, son incorregibles. “Hay cuestiones coyunturales de política económica que se pueden tomar hoy que tienen un sistema de eficacia temporal y muy relativo. Los operadores financieros esto lo saben. Tenemos una crisis en la polítíica pública que se transforma en una crisis de la política. En medio de la especulación están los que ganan y los que corren por pánico. Pero hoy hay sectores importantes de la oposición, de los empresarios y ciertos sectores sindicales forzando una decisión de política económica que el gobierno no quiere tomar porque tiene un costo social altísimo, que es la devaluación. Hay inconsistencias tremendas pero también hay especulación”, aclara Pedro Biscay, que dice que el estado cuenta con “pólvora mojada” para generar una estructura de incentivos y control del sistema financiero y productivo. “Hay un recetario de medidas de intervención muy técnicas, algo que se viene haciendo con niveles de eficacias muy bajos, sin impacto y generando más caos social y económico. Es necesario un acuerdo político entre los sectores del Frente de Todes y con la oposición con algún grado de lógica racional. Sino la fuerza del mercado va a tomar las decisiones que cree que hay que tomar, que es básicamente una profunda devaluación”, agrega.

“En 2016 y 2017 Argentina fuel el país que más se endeudó con los fondos de inversión privados internacionales. Y como no tenían plata para devolver volvimos otra vez al FMI. Fue criminal lo que pasó. Pero acá estamos y tenemos que abordar estas cuestiones. Frente a estos poderes económicos cada vez mas concentrados hay una política y estado más fragmentado. ¿A quién le van a hacer creer los políticos hoy que van a poder controlar lo que hace el poder económico concentrado y solucionar los problemas de los argentinos?”, dice la yegua, chorra, bruja, violenta, de Cristina. Es que el dios dinero dice en sus mandamientos que no se debe blasfemar contra aquellos que, como dice Jesus de Laferrere, te dan el pesito pa la birra.

Anda por Buenos Aires presentando su libro Fortuna, el escritor argentino residente en New York, Hernán Díaz. Le aclara a Diego Genoud en La Política Online: “Las crisis están siempre ahí porque, matemáticamente, la confluencia de tantas codicias es insostenible, de codicias encontradas, de egoísmos encontrados. No es posible y es por eso que la crisis es estructural. Porque además, el capitalismo está basado en la racionalización de la codicia, en la sistematización de la codicia. Pero los límites matemáticos existen y también existe una dimensión afectiva o emocional de las finanzas, algo que se piensa mucho en las últimas décadas de la economía, no antes. La idea de Adam Smith de que los mercados se conducen racionalmente es obviamente falsa. Se ve en todas partes, se ve en la Argentina, se ve en casi todas las corridas bancarias, no son necesariamente racionales, son profecías autocumplidas. Es alguien que piensa, que siente que su dinero está en riesgo y por el hecho de retirar todo su dinero lo pone efectivamente en riesgo”.

1 Ganancias empresarias, paramilitarización y lawfare