A Ucrania con amor

La guerra Rusia-Ucrania desencadena nuevas relaciones entre países a la hora de negociar con alimentos. Para la Argentina, la situación se agrava con el nuevo período de “co-gobierno” con el FMI.

Por Lea Ross | Ilustración: @nico_mezca

El conflicto bélico en Eurasia pronostica un desencadenamiento de lazos geopolíticos impensados, que va a influir en las economías nacionales y regionales. El caso de los hidrocarburos es el más comentado, teniendo como el ejemplo más bizarro la visita de diplomáticos de Joe Biden a Caracas. Esa información fue revelada por una nota del The New York Times. Juan Guaidó, considerado hace tres años como el presidente legítimo de Venezuela por parte de la Casa Blanca, ni se había enterado de aquella juntada.

Pero no solo el alza de las cotizaciones del barril y la búsqueda por suministros de gas y petróleo pone en alerta a los mercados y a las administraciones públicas de un lado y del otro del meridiano de Greenwich. Los territorios de Ucrania y Rusia son una verdadera granja de producción agrícola, que suministra los alimentos básicos para otras latitudes europeas, africanas y asiáticas. Con lo cual, se generan todo tipo de inquietudes, expectativas e incertidumbres entre quienes ganan y pierden en este torbellino geopolítico.

Para nuestro país, se contemplan suculentas ganancias que privatizan el beneficio a unos pocos, debido a la amortización del nuevo acuerdo de Facilidades Extendidas con el Fondo Monetario Internacional, que obtuvo su media sanción en la Cámara de Diputados y que esta semana arranca su tratamiento en comisión en el Senado, luego de enormes manifestaciones callejeras, respuestas policiales represivas, sospechas sobre ataques a la oficina de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, y una crisis no solo económica sino también política, con consecuencias impredecibles.

Cambiar de dieta

El siguiente gráfico fue elaborado por un informe del instituto londinense Chatam House. En ella, se muestra la concentración global de las exportaciones de maíz (maize), trigo (whear), arroz (rice) y porotos de soja (soybead), según registros del año 2015. Podemos ver que el Mar de Negro (Black sea), identificado con el color naranja claro y cuyas costas del norte le pertenecen a Ucrania y Rusia, tiene presencia en el maíz, compitiendo con Brasil, y con mayor peso en el trigo.

Rusia y Ucrania conforman, prácticamente, la quinta parte de todo el trigo exportable, con principales destinos a Indonesia, Egipto, Turquía, Pakistán y Bangladesh. Pero al tener los puertos del Mar Negro paralizados, fruto de la invasión rusa en tierras ucranianas más las sanciones y boicots internacionales, todo indicaría que China abriría sus puertas al alimento ruso, mientras que los ex clientes optarían por conseguir nuevos suministros provenientes de Australia y la Unión Europea.

Eso no evitó el despegue de la cotización del trigo en los mercados internacionales y el reajuste de precios de las panaderías en distintos pueblos de la Argentina. Como vemos en el gráfico de abajo, sobre los precios de pizarra recolectados por la Bolsa de Comercio de Rosario, el trigo cotizaba durante todo el año 2021 entre 210 y 240 dólares. Hoy, superó el récord de los U$S 320. Esto lleva a que el negocio trigueño en nuestro país esté tensionado en definir si destinar sus cosechas para la panificación y alimentar a las familias de acá, u optar por sus exportaciones a granel.

Según lo recolectado por el periodista Facundo Sonatti, hay diez empresas que acaparan el 93% de las exportaciones de trigo, protagonizando un negocio de U$S 5.000 millones y que las cinco primeras firmas son extranjeras. Hablamos de la china COFCO (18,7%); las estadounidense Cargill (15,2%); la ex nacional y ahora con oficinas en las Bermudas, Bunge (14,2%); ADM (13,6%), otra yankee; y la francesa Dreyfus (9,35%), con accionistas que viven en Emiratos Árabes. Recién en los próximos puestos aparecen firmas locales como ACA Cooperativa, Aceitera General Deheza, Molinos Río de la Plata, etc., pero teniendo de por medio a la suiza Glencore, accionista de Vicentín y la ex minera La Alumbrera, hoy devenida en el proyecto MARA.

En el caso del maíz, si bien parte de sus cultivos se destina para la polenta, en gran medida su crecimiento en nuestro país se debe al negocio de la producción de biocombustibles para las surtidoras internas o como alimento para el ganado. Igual que la soja. Así, retomando el trabajo de Chatam House, vemos en un nuevo gráfico que, mediante un color crema, Argentina compite en las exportaciones maiceras entre Rusia (gris) y Ucrania (bordó). Mientras que en la soja, tiene más presencia y compite palo a palo con Estados Unidos (amarillo-verde).

El miércoles pasado, la agencia Bloomberg advirtió que la Unión Europea estaría estudiando la flexibilización de importaciones agrícolas provenientes de Estados Unidos y Sudamérica, al no poder contar con la cosecha rusa-ucraniana. En los últimos años, los países europeos centrales han sido reticentes en importar algunos productos transgénicos, debido al temor de que los mismos contengan rastros de agroquímicos: “España y Francia también han propuesto autorizar la entrada de productos agrícolas aplicados con herbicidas para aumentar sus stocks y buscar proveedores alternativos; principalmente de maíz, que es clave para el forraje del ganado”. En esa nota, el ministro de agricultura español, Luis Planas, puntualizó como potenciales clientes a Estados Unidos y Argentina.

Chau criollitos

Muchas familias se agarran los pelos de la cabeza -y de los bolsillos- gritando por qué aumenta el pan si nosotrxs consumimos nuestro propio trigo y no el ucraniano. La respuesta que aclaran los paladines de los mercados globales es que, en realidad, nuestros alimentos no son caros, sino que nuestros sueldos son muy bajos. En Argentina, se advierte que hay muchísimos pesos argentinos y pocos dólares (de cada dólar, habría entre 100 y 200 pesos o más). Para solucionarlo, se demandan dos opciones:

  • aumentar la cantidad de dólares, cuyo método más legible es mediante exportaciones;
  • disminuir la cantidad de pesos, o sea, ajustar el gasto público. Para los neoliberales más extremos, se propone directamente destruir la moneda y que haya solo dólares.

La falta de dólares en nuestro país es una verdad a medias. En realidad, hay una merma en el Banco Central, que es el ámbito donde se regula la circulación de las distintas monedas. Pero en realidad, hay una gran cantidad de divisas que no llegaron hasta el Banco y que circulan a nivel clandestino. Guardarse unos billetes debajo del colchón es un ejemplo casero. Pero hay maniobras mucho más magnánimas, que incluso a la televisión progresista se le escapa a la hora de discutir si pagar o no al FMI.

Sobredosis de TV

Un ejemplo bien concreto es el empresario financiero Antonio Aracre, CEO de Syngenta Latinoamérica, que viene teniendo aparición por distintos estudios televisivos para defender el nuevo acuerdo con el Fondo que, en otras cuestiones, estipula que nuestro país debe aplicar una “expansión de las exportaciones a través de incentivos para sectores estratégicos”. Se pronostica que de ello, se encargarán una batería de proyectos de leyes para el fomento de las explotaciones de hidrocarburos, de las fabricaciones automotrices y del impulso por el desarrollo agroindustrial, donde Syngenta está interesado.

Ahora bien, resulta que Rusia y Ucrania también exportan más de la mitad de los aceites de girasoles del mundo. Según Juan Matos, del portal Descifrando la guerra, como India ya no puede acceder a ese comestible aceitoso, piensa reemplazarlo por el aceite de palma de Indonesia, limitada por medidas proteccionistas, o por el aceite de soja de Sudamérica, a pesar que la sequía no suministraría lo necesario. Hasta ahora, solo cuenta con reservas importadas de aceites de soja provenientes de Estados Unidos. Sin embargo, el año pasado, en nuestro país, Syngenta fue objetado por la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia por haberse fusionado con su competidora Nidera, porque advierte que concentraría más del 60% de la producción y comercialización de las semillas de girasol, donde la mitad de las mismas se destinan para el consumo interno. Aracre podría reducir ese margen para darle más espacio a las exportaciones directas a la India, aprovechando la sangre derramada por la guerra, con lo cual le resultaría auspicioso que el Estado Nacional otorgue beneficios a todos aquellos que estén dispuestos a exportar cualquier cosa.

Además, lo que esos mismos medios progresistas no dicen es que Syngenta aparece en la lista que publicó Horacio Verbitsky sobre las 100 empresas que más fugaron billetes durante la gestión de Mauricio Macri. La firma de productos transgénicos transfirió al exterior casi U$S 207 millones. Ahora, la multinacional podría retornar esos dólares para invertir en el negocio exportador con descuento de impuestos. Fugar siempre es un negocio vicioso.

Por esa razón, varias organizaciones sociales, que rechazan el acuerdo con el Fondo, sostienen que a la deuda “la paguen quienes la fugaron”. Habrá que ver qué pasa con la decisión de la jueza federal María Eugenia Capuchetti, que le ordenó al Banco Central a que exponga los nombres de las empresas y particulares que realizaron esas transferencias magnánimas, ya expuestas por Verbitsky.

Retener o expandir

Desde sectores del gobierno, tiene expectativa en que las exportaciones de soja, maíz y trigo permitiría generar las divisas requeridas para poder pagarle al FMI. Incluso, con ingresos superiores a lo que nos costaría comprar Gas Natural Licuado, también en alza por la guerra. Sin embargo, existe un triple problema:

1) Las cerealeras no estarían obligadas a liquidar sus divisas para dárselos al Banco Central. Optarían por fugarlas al exterior.

2) Esas mismas cerealeras ya declararon gran parte de lo que exportarán a la aduana. Por ende, no van a tributar en el momento en que suben el cargamento en los barcos, sino de cuando firmaron sus declaraciones, evitando cualquier posible incremento de alicuotas. Este aberrante mecanismo se instaló en tiempos de la dictadura, como parte del proyecto de especulación financiera que impuso el ministro de economía José Martínez de Hoz.

3) Finalmente, hay un fuerte lobby que exige no solo no aumentar, sino además eliminar las retenciones. De hecho, en paralelo al debate en el Congreso, se llevó a cabo la ExpoRural, organizada por los diarios Clarín y La Nación, donde nuevamente tuvieron como principal reclamo la quita de impuestos. En realidad, cuando hablan de impuestos, hablan de retenciones.

El referente de los servicios agroindustriales, Gustavo Grobocopatel sostiene que las retenciones ponen un freno a la productividad y que incluso Argentina podría expandir la frontera agropecuaria por más del 30%. Ante la repregunta de Alejandro Bercovich de cómo lograr eso sin desmontar o incendiar el bosque nativo, el CEO de Los Grobo plantea que se podría duplicar la siembra de los campos ya existentes mediante una mayor aplicación de agroquímicos y/o expandir los cultivos sobre zonas ganaderas.

Fragmentos del “Plan Estratégico” del año 2010, que se basó Grobocopatel.

El problema de la “propuesta Grobo” son los desbalances ecológico-financieros. Las experiencias de las décadas pasadas indican que la concentración de cultivos en la pampa húmeda empujo al ganado hacia otras regiones, lo que desencadenó conflictos territoriales de distinta índole, incluyendo el despojo de familias campesinas y las sospechas de quemas intencionales para la obtención de tierras. Sin mencionar del círculo vicioso de la aplicación de agroquímicos, que durante años viene acumulando un fuerte rechazo social, además que la dolarización de los insumos tensiona más la brecha cambiaria, donde el que termina pagando siempre los costos son la gran mayoría de las familias ajenas a ese negocio.

Doble crisis

La incertidumbre financiera de nuestro país, sumado a un fuerte panorama inflacionario con altos índices de pobreza, conlleva a que el crecimiento económico argentino no será distribuida de forma equitativa, debido a la solvencia de la nueva deuda, donde cada tres meses el FMI tendrá la última palabra sobre cada medida económica a tomar.

Esta crisis económica desencadena también una crisis política, que quedó expuesto tanto adentro como afuera del Congreso. En el famoso video que difundió Cristina Fernández de Kirchner, reconoce que la movilización fue “multitudinaria”, llegando a ocupar toda la plaza entera, y que las pedradas a su despacho fueron obra de un “pequeño grupo”, dando a entender que no pertenecían a las protestas y que ni siquiera era para boicotearla, sino para implantar un supuesto mensaje mafioso en su contra.

De esta manera, la pesadilla del Gobierno nacional se hizo realidad: el proyecto de ley para habilitar las Facilidades Extendidas con el FMI consiguió más apoyo por parte de la oposición que de su propia bancada. De los 202 votos afirmativos, 76 vinieron del Frente de Todxs, pero el bloque Juntos (ex Cambiemos) aportó alrededor de 102.

Aquellos 76 votos positivos oficialistas se contraponen a los 41 votos oficialistas que no bancaron el proyecto, conformado por 28 negativos y 13 abstenciones. Esos 28 votos negativos están dentro de la totalidad de los 37 que votaron en contra; el resto de los 9 se conformaron por 5 libertongos y 4 del Frente de Izquierda.

En consecuencia: la bancada de Frente de Todos tuvo, en proporción a cada resolución del voto, más peso en el rechazo al proyecto que al apoyo. Y estamos hablando de una iniciativa presentada por el propio oficialismo.

La crisis no es solo económica, sino también política. Para ser más exactos: de representación política. Y con el “co-gobierno” con el Fondo, más todavía.