ECONOMÍAINFORMES

¿Será que el emperador tenga quien lo vista?

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Los movimientos populares vienen traccionando soluciones desde abajo a diversos problemas como la inflación, la violencia de género, el reciclado, la producción barata de alimentos sanos o la salud y el cuidado comunitario. ¿Alcanza, hace falta, interesa, es visto? ¿O son mejores las soluciones que llegan desde el FMI y los think tank criollos del Instituto Patria en adelante?

“Yo que vos la oscuridad relampagueante de la incertidumbre,

el olor de la muerte como único enemigo,

el dolor de los cagados de hambre mordiéndote las doctrinas,

el presuroso andar de los que van a todo o nada

porque es mas lo que jode que lo que arriesgan.

El resto es cartón pintado”

Luciano Debanne, Yo que vos la búsqueda incesante

“Creemos que ha llegado la hora en que todos los pueblos y gobiernos del mundo cobren conciencia de la marcha suicida que la humanidad ha emprendido a través de la contaminación del medio ambiente y la biosfera, la dilapidación de los recursos naturales, el crecimiento sin freno de la población y la sobre-estimación de la tecnología, y la necesidad de invertir de inmediato la dirección de esta marcha, a través de una acción mancomunada internacional”

Juan Domingo Perón, Mensaje Ambiental a los Pueblos y Gobiernos del Mundo

Por Tomás Astelarra | Ilustración: @nico_mezca

En la Luna con Gatillo además de comunicadores somos militantes, compañeres. Vivimos el día a día con muchas de las almas que habitan nuestras crónicas. Somos parte de la rosca, las discusiones, los rumores y chismes de chicherías. También del trabajo y la construcción de ese otro mundo posible. Todo un privilegio en un mundo donde cada vez se sale menos a la calle, se visita poco los territorios y, mucho menos, se convive con sus gentes. El periodismo no es una excepción. Tenemos el privilegio y la coherencia de reflejar en nuestras crónicas nuestra propia experiencia, donde ponemos no solo la la pluma sino también la pala. Donde nuestros relato no es desde un iluminado traje de escritorio sino desde el mismo barro descalzo de nuestro intento colectivo.

Superada la pandemia y sus implicancias, los movimientos populares se vieron nuevamente frente a frente con la hidra capitalista que había aprovechado el llamado a refugiarse en la casa para hacer crecer sus tentáculos. La pandemia no envió a su casa ni hizo dejar de marchar al hambre ni la falta de recursos (tierra, techo y trabajo). Tampoco a los aviones que rocían glifosato sobre las escuelas ni los tractores que destruyen la montaña para exportar nuestros recursos a los nuevos y viejos imperios (que resulta que ahora no son uno sino quizás dos, o tres, o más). Los bosques se incendiaron intencionalmente para ampliar la frontera agrícola o inmobiliaria en manos de familias que cada vez aumentan su distancia monetaria del resto de la población y pusieron el grito en el cielo cuando se les quiso cobrar un vueltito para ayudar a los más necesitados en tiempos de crisis o expropiar una empresa cerealera que estafó al estado o hacer una contribución para que las cumpas cartoneras reciclen la basura con las que se hacen millonarias. Bueno, elles no ponen el grito en el cielo. Elles tienen empleades para eso. Periodistas que no solo no se toman la molestia de salir a la calle sino que tampoco se molestan en analizar la realidad (ya que se la dan analizada).

A cincuenta años de la carta de Perón a los pueblos y gobiernos del mundo, las palabras del Pocho parecen proféticas, el mundo se haya sumido en un guerra por los recursos naturales en medio de una muerte que avanza más allá del deshumanizado positivismo científico. Desoyendo sus palabras, las estrategias de este gobierno peronista no parecen caer en la realidad de la disputa de nuestros bienes comunes para bien de las pueblas que ejercen su economía como forma de vida y subsistencia, desde el cuidado y el ecofeminismo, conscientes de que “el ser humano ya no puede ser concebido independientemente del medio ambiente que él mismo ha creado”.

Dicen que somos vagos pero resulta que somos las que reciclamos la basura, defendemos nuestros territorios del saqueo, alimentamos y cuidamos a las familias, denunciamos los atropellos del nuevo orden imperial y hasta proponemos leyes y planes de desarrollo humano integral. Dicen que vivimos del estado, pero como dice un gracioso meme que circula en las redes “si te molesta mantener vagos pobres, enterate cuanto le pagamos a los vagos ricos” (incluyendo esos miles de millones de dólares con los que Macri se endeudó para el despilfarro en timba financiera). Dicen que cortamos las calles y le impedimos llegar al trabajo. Pero resulta que elles viven amurallades o no dejan entrar a los pibes de gorra al centro de Córdoba. Además, se roban nuestro trabajo.

Por supuesto que en tiempos de pachakuti la excepción confirma la regla y sabemos de empresarios o hijes de la casta históricamente privilegiada que han bajado a los barrios a colaborar con la economía popular, que saben que este modelo capitalista es inviable, que fomentan la agroecología y el cuidado socioambiental y se replantean sus privilegios de género y clase. Como también hay profesionales progresistas de clase media que ignoran el trabajo de la economía popular y piensan que se puede llevar adelante una estructura política sin caer en actos de corrupción o siguen soñando con la utopía industrialista. “De nada vale que evitemos el éxodo de nuestros recursos naturales si seguimos aferrados a métodos de desarrollo, preconizados por esos mismos monopolios, que significan la negación de un uso racional de aquellos recursos”, dice el Pocho en su carta. También hay pobres que desprecian a otros pobres, maltratan y asesinan a sus mujeres, consumen y votan a los dueños de este sangrante presente globalizado con la esperanza de que algún día los dejen sentarse en su mesa. “Pero la buena suerte no llueve por mucho que los nadies la llamen”, decía Don Eduardo Galeano.

La brecha económica se amplió abruptamente y el gobierno popular (el emperador) se vio desnudo para frenar esta sangría que llaman pobreza, inflación, femicidio, ambiente y tantas otras palabras que suenan bonito en el discurso. Pobreza intelectual la de nuestros dirigentes que ni nos ven ni nos oyen. Encima vino el ministro de Desarrollo a decir que lo nuestro no era “trabajo” y que en vez de planes iban a dar herramientas. “Tranquilo hermano, hace rato que las herramientas ya las compramos con nuestros propios recursos y las migajas de sus planes. Eso pedíamos hace veinte años. Ahora necesitamos créditos blandos para fomentar nuestros emprendimientos que están en franco crecimiento”, insisten las compañeras de las huertas, los galpones de reciclado, los almacenes de la economía popular, las cooperativas textiles y de construcción. “Y ya que estamos a ver si mandan una comida que sea un poco más digna a los comedores”, agregan las poetizas populares, sin las cuales la pandemia habría traído un estallido social en los barrios.

Encima en esta emergencia parecería que muches cumpas que pusimos allá arriba en los escritorios para defender nuestros reclamos se han embolatado, cuando no acomodado en sus sillones. Apenas asumió el gobierno, Juancito Grabois le dio 100 días al Tío Alberto para que se ponga las pilas. Pasaron más de dos años y ni sabemos de que tamaño son las pilas que hay que comprar. La UTEP como estructura, salvo como marco general de referencia, parece medio cartón pintado. “Por ahora no vamos a marchar”, “no levante olas, que es un gobierno compañero”. “Compañero suyo será”, empiezan a decir muches cumpas en los barrios. Marchas hubo, sí, pero no masivas, unificadas, dentro de una estrategia consensuada y que no responda a la política de “arriba” (que divide en la famosa grieta del Frente de Todes nuestras propias filas), o los intereses de ciertos grupos o incluso individualidades. Les cumpas en Chubut a través de la pueblada pudieron poner un freno a la nueva ley de minería. Las cumpas con gran algarabía salieron a las calles otro 8M. Muchas voces declaran autocríticamente que fue escasa la movilización contra el FMI. Dicen que el principal apoyo a este gobierno es movilizarse para que cumpla con sus promesas de campaña más allá de su utilidad como pequeño dique de contención al gran choreo neoliberal empresario. “Jefe si quiere movilizamos para apoyar la expropiación de Vicentín”. “Tranca, tranco, io lo soluciono”. “Jefe si quiere marchamos para apoyarlo en este golpe policial en la Quinta de Olivos”. “Tranca muchachos, no es necesario”. “Jefe, quizá si hacemos una gran movilización puede negociar mejor con los garcas estos del FMI”. “No se preocupen que ahora el FMI es bueno y este chico Guzmán es un capo”. Dicen que en las ciudades cada vez hay más gentes en las calles (algunas durmiendo, otras protestando). Pero salvo la alegría y esperanza de las construcciones en los territorios hay cierta sensación de soledad a nivel macropolítico. Dicen que hay que esperar tiempos mejores. Que la tal “correlación de fuerzas”. Pero en los territorios de abajo se sabe que nunca hubo tiempos mejores. Que trabajar por un mundo mejor es ahora.

Entre el abajo y el arriba

“Cuando escuché la pregunta sobre la perspectiva para este año de los movimientos populares al principio se me vino un panorama muy gris. Porque la mano está muy jodida. Y después rápidamente pensé que de algún modo la esperanza y la construcción de alternativas siempre son una responsabilidad de la militancia. Porque nuestro pueblo viene de años de estar muy golpeado, muy cansado, no solo de la pandemia o el gobierno de Macri, sino de lo que venimos arrastrando como despojo hace décadas. Entonces los actores de la militancia, que tenemos una trayectoria organizativa de consciencia y lectura histórica, tenemos la responsabilidad política de no quedarnos en el gris o el negro. Y no lo digo desde un lugar bobo, sino que realmente creo que este va a ser un año de un desafío enorme, de pensar cómo carajo vamos a hacer con el FMI pisándonos los talones, para lograr mejorar nuestras condiciones de vida, para defender con uñas y dientes lo que hemos logrado hasta hoy y además recuperar lo que, en términos de la riqueza de este país, nos corresponde como trabajadores y trabajadoras”, dice Mercedes Ferrero, integrante de Trabajadoras Unidas por la Tierra (Traut) dentro de la Unión de Trabajadoras Rurales (UTR) de Córdoba. “Lo que yo veo es que en el marco de esta coyuntura mundial y nacional es que los movimientos sociales locales adquieren una relevancia de resistencia. Que ya lo sabíamos, y que por eso estamos llevando adelante las acciones que hacemos. Pero que hoy por hoy adquieren un sentido mucho más urgente. Por ejemplo, el trigo, que es algo importante. Otra vez aparece la paradoja de cómo las tensiones globales afectan las producciones. ¿Qué pasa con las semillas sobre las que nos hemos pronunciado, con los fertilizantes, con el modelo agroexportador que genera alta dependencia? Este paradigma global hace que se produzca trigo para exportar o para que consuman las grandes ciudades. Y los pequeños pueblos son victimas de la especulación. Son oportunidades para repensar un desarrollo a escala humana como dice Manfred Max Neef. Entonces lo que vemos es que nuevamente adquieren sentido y relevancia política y económica las estrategias de soberanía alimentaria locales. En este contexto, la agroecología, la producción y los mercados locales, no solo pasan a ser una opción sana, barata y comunitaria, sino también tienen una dimensión política en la medida en que podemos producir nuestros propios fertilizantes. Pensar que Rusia está mandando fertilizantes a la Argentina es una locura ambiental. Pero estamos en las puertas de pensar cómo vamos a territorializar la vida”, analiza desde Salta, Olga Lubel, del Mercado Vaquereño. “Lamentablemente hablamos de un aniquilamiento de la cultura del trabajo, de la política, de las economías regionales, y en este momento la falta de organización y competencia de debates desde el centro del país hacia el interior más profundo. Quizás sea tiempo que nos concentremos en cada uno de nuestros lugares de gobernanza y miremos el interior de las grandes capitales y empecemos a tomar decisiones para que la cosa funcione con una real inclusión, sinceramiento, reducción de las violencias y salgamos de este desmadre, un estancamiento ordinario e inflado donde va a seguir reventando a los que más pechan el carro”, opina Melina Dassano de Cultura Árbol Tierradentro (también dentro de la UTR Córdoba) .

Mientras en el Congreso y los canales de televisión se exaltan las diferencias por la letra chica del acuerdo con el FMI, la profundización de la crisis económica argentina parece agrandar la grieta entre los de arriba y los de abajo. Entre la deuda externa y la interna. Entre las oficinas citadinas y sus planes de desarrollos tecnológicos o industriales; de un “empleo” que hace rato es insuficiente y poco digno, de unas exportaciones que encarecen la vida cotidiana en busca de dólares que se fugan por las trampas de la evasión impositiva y de divisas; de una reforma judicial contra un lawfare que no deja de ser una palabra gringa para un hecho que las pueblas sufren desde mucho antes del ciclo progresista latinoamericano en un marco de criminalización, desplazamiento y exterminio masivo que las cumpas zapatistas han denominado “cuarta guerra mundial”.

¿Voltear de la propuesta a la protesta?

“Todo indica que en ese marco va a haber lucha y movilización. Tanto contra el extractivismo que sabemos que es un recursos que estos gobiernos echan en mano, o por la ley de Tierras que está en deuda. También por lo que el ministro de Desarrollo Social y otros voceros del discurso fácil vienen diciendo que no va a haber más planes de empleo, subestimando el volumen de trabajo que se desarrolla en las organizaciones sociales, cooperativas y empresas autogestivas. Y también la negativa a generar un ingreso universal. Es obvio que va a haber movilizaciones por la penuria económica pero a diferencia de lo que sucedió en el 2001, hay un política más astuta, más sensible, de contener la situación social. Las políticas de empleo llegan, recortadas, pero llegan. Las políticas alimentarias son mezquinas, insuficientes, reproducen el asistencialismo, pero ahí están. Con eso se contiene la bronca que podría despertarse a nivel masivo y espontáneo. Ahí juega el rol de las conducciones de las organizaciones, cuya mayor parte está encuadrada en distintos niveles de adhesión al oficialismo. Ahí hay un factor que desde los reivindicativo quita argumentos a la protesta social o la aminora. Por el lado de las fuerzas sociales que no apoyan al gobierno, como es el caso del FIT, tienen poca incidencia en los movimientos sociales como para generar un vector desafiante para el poder político del peronismo. Es por eso que más allá del estancamiento de los horizontes de recuperación para los sectores populares, creo que no va haber grandes situaciones de confrontación, sino más bien que esas protestas van a canalizarse por la vía de la negociación. Más teniendo en cuenta que el año que viene ya es electoral”, analiza Pablo Solana, ex vocero del Frente Popular Darío Santillán.

Puerta adentros los movimientos sociales ven con preocupación que los pequeños espacios de gestión en el gobierno, logrados tras más de veinte años de lucha, no alcanzan para impulsar políticas masivas y efectivas en los diferentes sectores de la economía popular. A más de veinte años desde la creación de la CTEP y dos de la UTEP, la sindicalización de los trabajadores y trabajadoras de la economía popular sigue siendo apenas un marco de referencia de unidad para miles de organizaciones que se atomizan y reagrupan en torno a dos grandes líneas resultantes: una mayoritaria ligada al Movimiento Evita (que juega en alianza con el Tío Alberto y votó a favor del acuerdo con el FMI) y otra en torno a la alianza de Juan Grabois con la Campora (que votó en contra del acuerdo). La grieta ha generado una falta de diálogo y progreso de estrategias consensuadas de lucha, reivindicaciones, planes estratégicos y construcción de estructuras hacia abajo. En los pequeños espacios de gestión de los movimientos populares dentro del gobierno se ha generado un “loteo” similar al de los ministerios para las fuerzas políticas dentro del Frente de Todes. Para muches cumpas esto ha generado un bloqueo en la construcción de estrategias desde el estado. Algunes compañeres denuncian que el diálogo con les funcionaries compañeres es a veces más difícil que con la antigua burocracia, que en ambos lados reina el verticalismo, la disputa por arriba, el reparto de planes más en lógica de acumulación de poder institucional que del “poder hacer” (la perspectiva estratégica). Incluso favoreciendo organizaciones satélites o de la izquierda tradicional que salen a las calles en reclamo. Claro que hay excepciones y muchas.

En paralelo el anuncio de que no habrá más altas de Potenciar Trabajo por parte del ministerio de Desarrollo Social frena uno de los pocos financiamientos del estado para las cooperativas de trabajo en el marco de un gobierno que ha anunciado numerosos programas de subsidios productivos que en su mayoría se reparten en cuentagotas, se anulan o postergan (Potenciar Joven, Potenciar Verde, Casa Común, Programa Producir, Desarrollo Ármonico Integral…). Las cumpas como pueden llenan y llenan formularios y planillas de excell en una lotería agobiante que desconoce los territorios y donde la suerte no llueve por mucho que los nadies la llamen. Se sabe que la designación de Juanchi Zabaleta al frente del Ministerio de Desarrollo fue una jugada de los intendentes del conurbano celosos del reparto a los movimientos sociales que le disputan el territorio. Una estrategia que no es solo poco federal sino que también fomenta el clientelismo (que lejos de no existir en los movimientos populares convive con miles de experiencia concretas de desarrollo cooperativo del trabajo que pocos intendentes pueden demostrar). Por más que existe la voluntad de los trabajadores y trabajadoras de la economía popular de formalizarse tanto a través de monotributos sociales como la conformación de cooperativas formales, los trámites son engorrosos y no hay un política de acompañar y fomentar estar formalización por parte del estado más allá de que el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES) esta en manos un brillante compañero como Alexander Roig. Hay una sensación de que hay un techo en la estrategia de ocupación de espacios del estado y participación en las estructuras políticas partidarias. Parte de un verticalismo de tiempos de guerra donde la democracia participativa parecería no ser un valor de este gobierno popular. Se queja La Cámpora, imagínense los actores de la economía popular. El descontento de las bases puede explicar tanto la derrota electoral del año pasado como el aumento de votos de la izquierda tradicional. Una realidad que puede ampliarse en 2023, incluso con el surgimiento de terceras vías peronistas que aumentarían la fragmentación del Frente de Todes. No es que el Tío Alberto sea igual a Macri (aunque hayan coincidido en el acuerdo con el FMI). Pero se están pareciendo. Es inútil quejarse de que vuelva la derecha empresarial, si el gobierno popular que votamos para sacarla no hace demasiado para combatirla en su verdadero frente de batalla: la economía.

Cubrir lo urgente y lo importante a la vez.

“Seguimos sosteniendo cientos de comedores y merenderos en todo el país, porque el hambre es una realidad que hay que resolver. Pero ademas estamos en un proceso de laburo fuerte de producción agroecológica de alimentos tratando de alcanzar escala y comercializarlos. Queremos encarar la construcción de una política ambiental a nivel nacional a través de la experiencia que venimos haciendo desde la gestión comunal en Villa Ciudad Parque (Córdoba) y la Federación de Trabajadoras de la Actividad Primaria (Fetap), que en distintas provincia vienen desarrollando producción agroecológica,con el cuidado del ambiente y exigiendo una distribución de la riqueza agraria. Venimos viendo la necesidad de intervenir en las peleas ambientales que se dan permanentemente en nuestro país, donde creemos que no hay que caer en una falsa contradicción entre el prohibicionismo o conservasionismo, que no deja desarrollar políticas productivas, y por otro lado un mercado que se autoregule o imponga condiciones, sobre todo cuando se trata de empresas multinacionales que tienen un poder económico mayor al que hoy tiene el estado argentino. Hay que proteger desde el estado los bienes comunes y ponerlos en función del interes nacional y no del saqueo que se produce con empresas multinacionales, solo dejando los dólares necesarios para que vuelvan a los centros del poder mundial a través del pago de la deuda o los giros de divisas”, explica Nahuel Beibe de la Corriente Nacional Martín Fierro. “El posible aumento de los productos exportables genera márgenes de ganancia mayores para los grandes productores, pero eso no va a implicar mejoras de vida en la sociedad ni en la capacidad del estado de encontrar recursos para avanzar en solucionar nuestros problemas. Un poco la sensación es que los movimientos sociales hemos podido avanzar en muchas opciones reales para poder ofrecer alimentos, productos y servicios o poder cubrir necesidades de la población. Aún así eso no avanza si no hay dos componentes centrales. Por un lado la intervención del estado para fomentar estas experiencias y que den un salto cuantitativo que pueda cubrir otros volúmenes y necesidades. Y por otro, la organización social del consumo, dentro de una disputa económica que es cultural y política, para romper el individualismo como práctica instalada”, opina Pablo Blank del Movimiento Campesino de Córdoba (MCC). “Entre los muchos desafíos que tenemos las organizaciones para este año, uno es el posicionamiento con el gobierno nacional, que es evitar que vuelva la derecha en la figura que sea, pero sin perder nuestras reivindicaciones principales como trabajadoras de la economía popular. Lo otro tiene que ver con los cambios en el mundo del trabajo. Este gobierno con las últimas declaraciones puso en cuestión estos trabajos. Entonces ahí tenemos una pelea que dar que tiene que ver con poder visibilizar y defender lo que hacemos. Y un tercer desafío tiene que ver con la cuestión mas interna de las organizaciones para dejarnos impregnar por una lógica ecofeminista, de cuidado, replantearnos algunas formas de construir poder popular, de tomar las decisiones, de cuales son los temas que ponemos en agenda”, aporta Pamela McKay del FPDS de Merlo, San Luis. “Uno adscribe a los movimientos nacionales, porque son quienes tienen un relato unificador y se transforman en interlocutores frente al poder institucional central. Pero deberíamos pensar en modelos políticos donde realmente todas las disidencias se puedan hacer escuchar y tengan un corpus que abarque todos los sujetos, aún en sus distintos rangos de posicionamiento. No podemos tener exactamente las mismas reivindicaciones las productoras de la Puna que los pescadores en el Atlántico. Tenemos que ver cómo articulamos estos discursos locales en un mapa de palabras, en un mapa de reivindicaciones disímiles. Somos sujetos sociales diversos, pero estamos asistiendo a un personalismo de las disidencias, a sujetos individuales. Cada ecosistema da un relato de la realidad”, sugiere Olga Lubel. “Hay cierta parte de nuestro sector que entra en un discurso de que la injerencia geopolítica del imperio neocolonizante en la forma del FMI u otros temas de envergadura en el debate nacional son discusiones ajenas a nosotras. Que nosotras estamos preocupadas por la vida cotidiana, por el día a día, por nuestra construcción de otro mundo posible en cada territorio. Mi sentimiento es rotundamente opuesto a eso. Mi experiencia personal y desde mi lugar de militancia, es que lo que nos pasó en el 2015 fue brutal. Fuimos tibios en nuestro rechazo a lo que implicaba el proyecto de Macri para nuestro pueblo, nuestro territorio. Entonces creo que ahora es un error que no tenemos que cometer nunca más. Como sector nos cuesta mucha la relación entre lo social y lo político (que igual muchas veces es difícil de diferenciar), entre la política de nuestro territorio y la que sucede en otras esferas o instituciones. Muchas veces terminamos por renunciar a nuestra soberanía en la toma de decisiones como pueblo. Pero es un momento donde luchar contra el neoliberalismo implica no comernos el verso de la no política y al contrario, recuperar el debate y la conscientización sobre lo que implica el FMI en nuestro territorio. Y confiar en que nuestro pueblo acuerde cuál es el camino a seguir. Pero para eso, desde la militancia, tenemos que fomentar esos espacios”, concluye Mercedes Ferrero.

En las próximas entregas: Las propuestas socioambientales y productivas de los movimientos populares. La perspectiva feminista y sus desafíos en los territorios. El papel de la comunicación popular en visibilizar estas propuestas.