Vejeces posibles

Desde el momento en que nacemos hasta el que morimos, envejecemos. Si es parte de la vida ¿por qué la vejez tiene mala fama? ¿Cómo podemos construir una sociedad para todas las edades?

Por Flo Straso
Foto: freepik.com

Cada vez hay más gente grande; la vida se prolonga por avances científicos, tecnológicos, médicos y nuevos hábitos. Según datos de la OMS, en 1950 había en todo el mundo 205 millones de personas de 60 o más años. En el 2012, casi 810 millones. Con las proyecciones, son 1.000 millones en la actualidad y se duplicarán hacia el 2050, cuando las personas mayores serán 2 mil millones. 

Envejecer es un proceso largo que las personas transitamos; comienza cuando nacemos y finaliza cuando morimos. Es universal, inevitable, continuo, diverso y heterogéneo: cada uno lo hace a su manera, dependiendo de la genética, la historia de vida y el contexto socio cultural, entre otros factores.

Viejismo es un conjunto de creencias y asociaciones que perpetúan mitos y estereotipos hacia las personas mayores, es decir, hacia quienes tienen 60 años o más. Asociar la vejez con la enfermedad, descalificar intelectualmente a los mayores, infantilizarlos, tratarlos como abuelos o –peor aún el diminutivo abuelito-, generalizar su mal carácter y tildarlos de asexuados, son algunos de los prejuicios viejistas que cada cual deberá revisar y descartar si no quiere ser coautor de sus futuros maltratos.

Para contrarrestar el viejismo, la perspectiva gerontológica se presenta como el camino indicado para trabajar con la longevidad, construyendo una sociedad para todas las edades en donde los derechos humanos se respeten hasta el final y no exista maltrato físico, económico o simbólico. Esta perspectiva nos invita a repensar la vejez que queremos, en donde viejos y viejas no sean un objeto, sino un sujeto que pueden decidir dónde envejecer, qué hacer con su tiempo libre y con sus bienes. 

Es importante pensar que no existe un sólo modelo de vejez, sino que ésta depende de la vida que tenemos. También, pensar en muchos modelos de vejeces, acorde a los tiempos que corren y a los que vendrán, en donde las nuevas generaciones cuestionan algunos modelos de familia tradicional y crean nuevos modelos… En donde personas mayores actualmente nos abren el camino y la cabeza para pensar que estando jubilados, podemos seguir estudiando, haciendo amistades, amando, estudiando y viajando. 

Vejeces posibles

Hace cuatro años, y por casualidad, me llamaron para coordinar un taller de radio para personas mayores. Acepté sin dudarlo y nunca imaginé todo lo que pasó después. Todas las semanas, durante tres años, me encontré con 15 personas de 62 a 85 años para compartir dos horas de taller. La experiencia es de mis favoritas, me llenó de energía y emociones… Nos hicimos grandes amigos y compartimos horas de formación y transformación alrededor de la radio, ese medio de comunicación que para muchos de ellos fue el primero y que aún sigue vigente. La autoestima de estas personas se volvió más fuerte; pude notarlo a través de su voz. Desde entonces, estoy convencida de que hay que dejar de discriminar por la edad y que todo -todo- es posible. Por ejemplo…

Cumplir sueños. Basada en mi experiencia como docente, noté que muchas de estas personas, la mayoría mujeres, se acercaron al taller con cierta vergüenza, pero rápidamente se hicieron nuevas amigas y se apoyaron en el grupo para superar momentos difíciles de la vida, como pérdidas y depresión. Muchas tuvieron los ojos brillantes de emoción al hablar por el micrófono la primera vez: “No lo puedo creer, estoy cumpliendo un sueño”, me dijeron un par. Su voz salía por ese parlante, el mismo que escucharon y aún escuchan. Hicimos radios abiertas en más de diez espacios públicos de Colonia Caroya, Córdoba, mientras los transeúntes nos miraban con asombro. Estuvimos en Radio Universidad y en Canal 10, en diarios y revistas. Siempre con emoción. Tenemos tiempo para cumplir nuestros sueños. 

Hacerse famosas. La irrupción de las redes en el espectro social es muy buena discriminando a personas mayores… Ni hablar de la digitalización absoluta que se hizo en la pandemia, sin anestesia ni formación para quienes no tienen noción de la tecnología. Más allá de esta denunciable realidad, muchas adultas mayores comparten su baile y su energía en las redes sociales, viralizando su vitalidad… Incluyéndose en un ámbito que -inicialmente- no les correspondía, pero que a esta altura no nos cabe duda que cualquiera tiene el derecho de usar y disfrutar. Conclusión: Incluyamos a las vejeces en la tecnología. 

Vivir con amigas. La soledad es una especie de constructo que asusta a personas de todas las edades, y que se profundiza en la vejez. Hay lugares en el mundo, como Londres, donde existen Ministerios de la Soledad para evitar esta situación que deprime a muchas. También, existen cada vez más situaciones en donde varias adultas (algunas viudas, otras hermanas y otras amigas) se reúnen y alquilan una casita juntas para compartir gastos, quehaceres y tiempo libre. Todo es posible, pero para lograrlo hay que trabajar desde ya, pulsando creencias personales y sociales de inclusión, libres de discriminación, acompañadas por un Estado presente y políticas públicas.

Al fin y al cabo, si tenemos suerte, todos seremos viejos. Vos ¿qué vejez querés?