Entrevistas

¡Qué sea ley!

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La organización social y latinoamericana, La Poderosa, impulsa un proyecto de ley para el reconocimiento salarial a las más de 100.000 trabajadoras que alimentan aproximadamente a 10 millones de personas en todo el país.

Por Santi Rodríguez
Fotos: Verónica Franco

Cuando la urgencia acapara de esquina a esquina en nuestros territorios, las compañeras referentas de los sectores populares son quienes están al frente para poner el cuerpo ante las diferentes ausencias que el estado se encarga de intensificar más. Y cuando la crisis se agudiza, las urgencias vienen como avalancha a los espacios que ocupan las compañeras.

Según una encuesta realizada por la EPH (Encuesta Permanente de Hogares), en Argentina hay 10,6 millones de personas pobres. Personas que son expulsadas del cumplimiento de sus necesidades básicas. El alimento, base esencial, está siendo cada vez más postergado. Y como rol político, las compañeras en sus espacios comunitarios entran en jaque para cubrir esas necesidades. Y ya que es un trabajo que el Estado posterga, es necesario el reconocimiento salarial para las compañeras, en su mayoría mujeres y disidencias, que se encargan de cubrir las diferentes emergencias que la crisis dispara a sectores puestos bajo la lupa de la ausencia estatal.

La Poderosa, organización social, está compuesta por más de 100 asambleas en varios países de Latinoamérica. Como organización impulsan un proyecto de ley para el reconocimiento salarial de las cocineras comunitarias, es decir, de todas las personas que trabajan en comedores y merenderos de la República Argentina. En este país, hay más de 30.000 comedores comunitarios. Más de 135.000 personas están trabajando para dar de comer a aproximadamente 10 millones de personas. Este proyecto propone crear un programa nacional de trabajadoras y trabajadores de comedores y merenderos comunitarios dentro del Ministerio de Trabajo, Seguridad y Empleo de la Nación, además de un salario no menor al mínimo, vital y móvil. Quienes están al frente en su mayoría son mujeres y disidencias que, además de realizar trabajos con la comunidad, se encargan de realizar tares en sus hogares y otros oficios, convirtiéndose así en trabajadoras de la triple jornada. Es momento de saldar esta deuda histórica.

En la ciudad de Rio Cuarto, en el barrio Alberdi, se encuentra una de las más de 100 asambleas de la organización, llevada adelante por compañeras de los sectores populares. Cintia y Mariela nos comentan un poco sobre su trabajo territorial y porque es importante impulsar este proyecto de ley.

-¿Cuál es el trabajo que realiza acá en el barrio?

-Mariela- Nuestra asamblea, comedor y merendero está ubicado en la calle Pasteur, barrio Alberdi. Los días lunes tenemos el picado. Para el día martes, dar la comida y las demás compañeras se encargan a la tarde de dar la merienda. Además, damos apoyo escolar y le entregamos la comida y merienda. Entregamos 300 viandas.

.¿Por qué es fundamental este proyecto de ley que están impulsando?

-Mariela- Que se haga ley nos va a reconocer como trabajadoras para poder tener un sueldo digno, tener una obra social y poder acceder a derechos laborales.

-Cintia – Entendemos que el trabajo comunitario que realizan las compañeras en desayuno, almuerzo y merienda se sostiene hace más de 40 años en el país. Si bien en la pandemia del 2020 hubo un gran estallido en la situación alimentaria por la crisis que generó el COVID, todas las crisis anteriores a esta, como en el 2001, vienen dejando secuelas en los sectores más empobrecidos principalmente, y son un 80% de mujeres que impulsan ollas populares en sus domicilios o cortan la calle, la ruta y demás. Lo que buscamos con este proyecto es no solamente el reconocimiento salarial que implicaría un sueldo digno, sino que también un reconocimiento de todos los derechos como trabajadoras. Que se nos reconozca como trabajadoras y que se le de valor a los diferentes trabajos comunitarios que hacemos porque somos quienes venimos sosteniendo a los sectores más empobrecidos que vienen sufriendo las consecuencias de las crisis.

-¿Por qué es importante hacer hincapié en lo histórico?

-Cintia – Nos parece fundamental, primero para reconocer a nuestras compañeras que tienen más de 60 años y no se pueden jubilar porque no tienen ningún tipo de aporte. Porque también sus cuerpos se van desgastando, ya que no solo es entregar la vianda, sino que hay todo un trabajo previo y el Estado reconoce a los comedores comunitarios mediante el ReNaCOM (Registro Nacional de Comedores y Merenderos Comunitarios) y los provee de alimentos secos. Pero no se tiene en cuenta todo el trabajo previo que hay para que la comida le llegue a cada vecino y vecina. Sostenemos eso. Hace más de 40 años que hay vecinas como Neli, que es una compañera de Zabaleta que tiene más de 60 años y dedica entre 6 u 8 horas diarias, los 365 días del años para cocinar y entregarle la comida a los y las vecinas del barrio. Acá tenemos a Mariela, que tiene más de 40 años y no tiene ningún aporte. Su cuerpo se va desgastando y también hay compañeras de 18 años que también entienden no solo la necesidad del barrio, sino que también es un compromiso muy grande el que hacemos, pero que también estamos trabajando y no tenemos ningún tipo de seguro. Buscamos además que se reconozca el trabajo histórico de nuestras compañeras, que muchas han perdido la vida como Ramona (Medina, de la Villa 31, del norte de CABA), que perdió la vida siendo una trabajadora comunitaria, de un barrio empobrecido y que las condiciones lamentables de vida le hicieron perder la vida. Por eso hacemos hincapié en lo histórico, porque las ollas populares no nacieron con la pandemia, como se quiere instalar ese discurso, sino que nuestras abuelas en nuestros barrios han sido cocineras o nosotras hemos ido a comedores.

-¿Cómo se está impulsando este proyecto de ley?

-Cintia – Nosotras hemos hecho un camino muy largo porque primero es nuevo que desde los sectores populares se llegue a una ley. Es sumamente nuevo ir a reuniones con diputados, senadores, es un mundo que ni conocíamos y que muchas veces lo vemos impensado. Encontramos la vía de poder presentarlo con el equipo de (la diputada nacional) Natalia Zaracho, que también es una compañera que nació y se crió en un barrio como nosotras. Entonces creemos que nadie mejor que ella lo puede impulsar para que sea ley. La idea principal era por iniciativa popular, juntando firmas y que ingrese, pero no tenemos defensor del pueblo en nuestro país hace muchos años, así que no se puede, por eso definimos presentarlo con su bloque. El 5 de junio se hace la presentación forma.

-¿Es importante la unidad de las trabajadoras comunitarias para impulsar esto?

-Cintia – Lo que buscamos nosotras es que se reconozca a cada cocinera comunitaria que hay en el país independientemente de su partido político, agrupación que pertenezca. Queremos que ninguna vecina o vecino, porque también incluye a los cocineros, quede por fuera de esta nueva conquista de derecho.

-¿Es importante que sea parte de la agenda electoral?

-Cintia – Necesitamos que entre urgente en la agenda publica y que sea solo el comienzo para que se reconozca todos los trabajamos comunitarios que hacemos, que sea parte de una política pública. Porque así como el Estado reconoce a los comedores comunitarios, porque no es que los niega ya que tiene un ente que los regula y demás mediante el Ministerio de Desarrollo Social, también queremos ser trabajadoras de ese mismo Estado. Entendemos también que si se implementa esta ley es una alegría para nuestras compañeras y compañeros detenidos desaparecidos que también alimentaban en nuestras barriadas, como el hijo de Nora Cortiñas que era voluntario en un comedor en la villa 31 y acá también como Peco Duarte que era un trabajador comunitario de acá del barrio. Nuestra consigna es esa: 40 años alimentando la democracia.