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Los crímenes escondidos de Joe Lewis

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La Luna con Gatillo analizó los distintos expedientes de Nueva York y Washington, que desencadenaron la denuncia judicial contra el poderoso magnate, dueño del Lago Escondido en Argentina. Una sucesión de hechos que conforman una trama para Netflix. Y un síntoma de la actual etapa del capitalismo financiero.

Por Lea Ross

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Basto pagar una fianza de 300 millones de dólares, y dejar como garantía su yate y su jet privado, para retirarse. Eso sí, no podrá volver a su casa de las Bahamas. Al salir, El Jefe se mostraba medio desorientado por las calles de Nueva York. Por momentos, trataba de hacerse el desentendido frente al puñado de cámaras que no paraban de seguirlo. Pero también parecía medio perdido, como si fuese una escena de una película de Woody Allen. Uno de sus tres asesores logró conseguir un taxi, en medio de una calle con trabajos en obras. Para El Jefe, fue su momento de mayor exposición, y por ende en donde estaba menos escondido, en toda su carrera empresarial. Por ahora.

Bastaron 29 carillas para que el fiscal federal del Distrito Sur de Nueva York, Damian Williams, exponga una ruinosa caricaturización de la vida glamorosa de Joseph “Joe” Lewis, que con sus picardías lo llevó a ser acusado de una docena de cargos referidos a fraude financiero y tráfico de información privilegiada.

Para la prensa anglosajona, Lewis es conocido por ser el dueño del equipo de fútbol londinense Tottenham Hotspur. Pero para quienes vivimos en Argentina, lo conocemos por ser el dueño del Lago Esconcido, en la provincia de Río Negro, que ha sido uno de los puntos neurálgicos sobre la apropiación de tierras en manos extranjeras, incluyendo un enorme cuerpo de agua. Medio año atrás, la enorme estancia inaccesible fue el escenario de una reunión entre figuras centrales del poder judicial, mediático y de servicios de inteligencia, expuestas por la filtración de mensajes de Telegram. Fue sola una pequeña pizca de lo que luego detonaría en las oficinas estadounidenses.

La Luna con Gatillo accedió no solo a aquella resolución redactada en Manhattan, sino también a la demanda que emitió en consecuencia la Bolsa de Valores de Estados Unidos, con sede en Washington, contra Lewis y sus cómplices, para comparar ambos expedientes y así exponer en detalle los escabrosos delitos que se le imputa a El Jefe, como así lo llaman en distintos tramos, que en su conjunto emulan a una ficción estereotipada de Netflix.

Pasados por agua

El verano del 2019 no fue olvidable para los directivos de la Australian Agricultural Company (AAC), dueña del 1% de las tierras australianas. Vientos y tormentas llevaron al anegamiento de varios campos en Queensland, que arruinó los corrales de la compañía, principal monopolio de la carne bovina en el principal país oceánico.

Archivo de prensa, marzo de 2019.

Ante ésta catástrofe, el 10 de febrero, en la junta directiva, todos acordaron emitir un comunicado para difundir el balance de las pérdidas materiales. Terminada la reunión, uno de sus miembros fue a comunicarse con El Jefe. No solo le clarificó la magnitud de los pasivos, sino que encima el ganado perdido no tenían registro de seguro y, al parecer, el gobierno de Australia no estaba dispuesta a cubrir esas pérdidas. Lewis, El Jefe, tomó nota de lo que le decía aquel doble agente, que le había brindado previamente un puesto en Tavistock, la nave insignia de Joe Lewis.

Así, El Jefe llamó por teléfono a uno de sus pilotos que lo lleva de viaje por su jet privado, de nombre Patrick. Al recibir la data, Patrick llamó a su compañero de pilotaje Bryan, pero le dicen “Marty”, para acordar un llamado de inmediato a su corredor de bolsa para vender todas las acciones que tenían en AAC. Sin embargo, las ventanillas ya estaban cerradas.

Al día siguiente, AAC emitió su comunicado y la bolsa le contestó con una caída del 12,3%. El broker mandó un e-mail a Patrick pidiendo disculpas por no llegar a tiempo. Su cliente le contestó: “Una pena. Ojalá El Jefe nos hubiera avisado un poco más de antelación”. Ese mensaje fue una de las tantas pruebas que el fiscal Williams usó para imputar a Lewis.

Pura química

Solid Bioscienses realiza investigaciones biotecnológicas y cotiza en la bolsa de Nasdaq. En julio de 2019, optó por recibir una inversión privada en capitales públicos, cuyo monto rondaba los 60 millones de dólares. El 18 de ese mes, el fondo de inversión de Joe Lewis recibió el mensaje de un banco, que tiene como cliente a Solid, para ofrecerle la oportunidad de participar de la transacción. Para eso, tuvieron que firmar un acuerdo de confidencialidad, ya que éstas maniobras financieras son sensibles ante la volatilidad de los mercados especulativos.

Joe se enteró de este proceso el 25 de julio, mientras se encontraba en un cuarto del Hotel Four Seasons en Seúl, Corea del Sur. A su lado, estaba una joven de nombre Carolyn, donde él le superaba casi tres veces la edad. En la habitación, le contó un modo de infalible de conseguir dinero fácil: comprar acciones de Solid. Ella, muy confiada, revisó su saldo bancario. Algo tenía para conseguir 700 mil dólares. Compró 150 mil acciones. Al día siguiente, los tortolitos viajaron en el jet de Lewis, un Embraer Legacy con registro G-THFC, rumbo a Massachisetts. Desde ahí, le dio la misma recomendación a Patrick y Bryan.

El jet privado de Joe Lewis.

En pleno vuelo, y cuando todavía Nasdaq no abría las cotizaciones, Solid Bioscienses anunció la colocación de deuda, mediante el remate de activos cotizables a varios inversores. El avión aterrizó. Los dos pilotos tampoco pudieron comprar las acciones a tiempo. Pero había una esperanza, mientras la empresa empezó a subir un 34,4%. No así para Carolyn, cuya ganancia fue de 172 mil dólares, pero después se incrementó en 888 mil a los días siguientes.

Más tarde, en septiembre, El Jefe también recibió información secreta sobre un ensayo clínico oculto que realizaba la compañía. Así, los dos pilotos de confianza y su amante invirtieron 3 millones de dólares en adquirir acciones de Solid. Con los resultados expuestos, las acciones aumentaron 16,7% y juntos se beneficiaron con 373 mil dólares de renta capital.

Dos por cuatro

En julio de 2020, el hedge fund de Joe Lewis creó una empresa llamada BCTG Acquisition Corporation, dedicada a generar capital financiero para una futura compañía operativa. Para enero de 2021, Joe estuvo muy atento a la posibilidad de que esa empresa futura sea la empresa oncológica Tango Therapeutics. Como era de esperarse, el 4 de febrero, le dio data a Patrick y Bryan para comprar acciones de BCTG. Así lo hicieron en el resto del mes. El 13 de abril se cerró el acuerdo y El Jefe, arriba nuevamente de su yate, le dijo a dos de sus asistentes que también adquirieran esos activos, antes que lleguen a duplicarse o, incluso, a cuadruplicarse. Al día siguiente, se anunció la fusión de BCTG y Tango, con una suba de cotización del 14,5%.

Un tumor anda dando vuelta

De todas las firmas mencionadas, Mirati Thepapeutics es la mayor en discordia. Es una empresa de tratamiento contra el cáncer y también cotiza en Nasdaq. Y también, en su directorio, cuentan con un representante del fondo de inversión de El Jefe. Nuevamente, se compartió en privado material sobre un experimento que analiza las mutaciones de un oncogen llamado KRAS, responsable del 20% de los tipos de cáncer que afectan al cuerpo humano.

Para agosto de 2019, Lewis se enteró que había un resultado concluyente para los primeros avances sobre un posible inhibidor. Al mes siguiente, en septiembre, un empelado de ese fondo permanecía en las costas de California para subirse a su emblemático yate, cuyo propietario lo esperaba a bordo. Fue en ese momento que recibía las actualización por parte del director ejecutivo de Mirati sobre esa investigación, donde un paciente habría tenido resultados positivos para el fármaco en proceso. Ante tamaño resultado provisorio, el empleado y el patrón estimaban que si las acciones de Mirati estaban en 80 dólares, ahora podrían subir a más de 100.

El 17 de septiembre del mismo año, mientras navegaban, Lewis llamó por teléfono a Carolyn. Le dijo que comprara las acciones de Mirati. “El tiempo es esencial”, le dijo ella a su corredor de bolsas. Para el 20 de septiembre, Lewis recibió un correo electrónico de su amada: “Todo confirmado”. 16.400 acciones fueron adquiridas por quien se codeaba con el dueño de Lago Escondido, en Argentina.

Interior del yate de Lewis, extraída de una página especializada, donde se habrían hecho los acuerdos ilícitos de compra-venta de acciones.

Siempre que Lewis mandaba un correo, con información sensible e incluso con archivos adjuntos, aclaraba con letras mayúsculas “Confidencial | No para difundir”, o tenía incrustado la siguiente oración: “Este mensaje es para uso exclusivo de los destinatarios previstos y puede contener información confidencial”.

Cotización del Mirati en el Nasdaq, donde lo encerrado en rojo abarca de agosto a diciembre de 2019. En el medio, sube tras el anuncio de un avance contra el gen oncológico, con un pico máximo pre-pandemia.

El día 10 de octubre, mientras viajaba de San Diego a su casa en las Bahamas, Lewis ya le había notificado la noticia a sus dos pilotos. Uno de ellos cometería la torpeza de decírselos a sus amigos, y encima por Whastapp, que quedarían dentro del resonante expediente reciente. “Quedate tranquilo, que está todo encriptado”, les aclaró ingenuamente. Para el día siguiente, ya le habían dado las órdenes a su corredor que vendiera las acciones de Solid para comprar las de Mirati, con el aviso de “máxima prioridad”. Cuatro días después, el buen jefe estaba dispuesto a prestarles a cada uno 500 mil dólares para que siguieran con la compra. Todo según los mensajetiso de texto de la famosa aplicación de celular.

Pero no solo eso: Lewis le recomendó ésta inversión fraudulenta a otros amigos más en ese mismo mes. Incluyendo, a alguien que “a veces jugaba al póquer en Argentina”, detalle que llamó la atención a los medios de acá. Se sabe que dentro de la mansión del Lago Escondido hay un espacio óptimo para desafíos que se manejan con las cartas francesas.

Inmediatamente, la prensa argentina interpretó que ese amigo jugador sería el ex presidente Mauricio Macri, debido a que es prácticamente el único de relevancia que había reconocido públicamente su amistad con el magnate. Fue en enero de 2017, en su ejercicio gubernamental, donde tuvo que responder ante una conferencia de prensa sobre la polémica situación del Lago Escondido. Confirmó que era verdad ser amigo de El Jefe, pero aclarando que “no tiene vínculos comerciales” y que incluso no entendía por qué había “una sistemática búsqueda de agredir” a su figura. Cuando Lewis entregó la información confidencial sobre Mirati a sus amigos, su amigo Macri estaba en los tramos finales de su campaña para su re-elección del 22 de octubre, que tuvo una predecible derrota contra la fórmula Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner.

Finalmente, para el 28 de octubre, Mirati anunció los resultados positivos de un inhibidor contra el gen cancerígeno. Al día siguiente, sus acciones subieron un 16,7%. Tras el anuncio, los pilotos, la novia, el asistente y los amigos de Lewis, todos vendieron lo que le habían comprado a la empresa. Al mes siguiente, los pilotos le devolvieron a El Jefe los 500 mil. Uno de ellos anotó la siguiente razón de esa transacción: “Reembolso del préstamo para MRTX”, que es el nombre de la compañía en la bolsa.

El caso Mirati Thepapeutics no se quedó solo ahí. Su sede está en Canadá. Y como tal, por ley, tiene prohibida que un mismo accionista posea más del 19,99% de sus acciones. Joseph Lewis le había informa a la Bolsa de Valores de los Estados Unidos (conocida por sus siglas en inglés SEC) que era propietario de entre el 16 y la mencionada cifra del paquete accionario de esa compañía. Sin embargo, para la fiscalía de Manhattan, mintió. Porque resulta que otras acciones estaban a nombre de entidades ficticias que habrían sido creadas por él para ocultar su patrimonio.

Se trataba de dos fideicomisos llamados Jasara Investments, que estaba a nombre de uno de sus empleados, y de Newton Trust, que figuraba como beneficiaria a su nieta. En 2016, Joe Lewis transfirió fondos a cuentas alojadas en el banco HSBC en Suiza, a nombre de esas entidades para comprar esas acciones de Mirati. Las que eran de Jasara, estaban en manos, anteriormente, de una amante. De hecho, cada uno se quedaba con menos del 4,95% del combo accionario, para evitar dar información a la SEC, ya que la ley establece que debe ser así si hay un piso de cinco por ciento.

Joe Lewis habría violado el Anexo 13D de la SEC, al dar información falsa en trece ocasiones, entre 2013 y 2017, cuando declaraba los falsos números de acciones que tenía en Mirati. Según una hoja de cálculo que recibía el denunciado, por parte de su asesor financiero, su patrimonio real sobre la empresa oncológica rondaba entre el 24 y el 29 por ciento.

Para 2018, después de la venta de las acciones, se realizó una transferencia de U$S 25 millones de la cuenta de Jasara a otra que Joe Lewis lo controlaba directamente. Por esa operatoria, el empleado del magnate recibió un “soborno” del 7%. Como el HSBC le llamó la atención el monto, le preguntó a su cliente cuál fue la razón de la operatoria. Le respondió: “Era para pagar un préstamo que había dado Joe Lewis”. Cuando el banco le hizo la misma pregunta para la gente de Newton, El Jefe les dio la orden de no dar explicaciones.

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