CRÍTICA DE CINE

La injusticia de Shakespeare: Crítica de “Hamnet”, de Chloé Zhao

Por Lea Ross

¿Qué es el arte? ¿Qué función cumple para nosotros? ¿Un momento de compartir colectivamente un éxtasis emocional? ¿O un modo efectivo de apalancar el rastreo de las huellas de una razón? Toda obra de arte libra sus batallas internas, incluyendo su propia naturaleza, su propia razón de ser.

Hamnet es una de las candidatas a ganar el Oscar. Es dirigida por la ya oscarizada, por haber realizado Nomadland, Chloé Zhao, oriunda de China, formada en el Reino Unido y laboriosa en Hollywood. Aquí, saca provecho la novela homónima de Maggie O’Farrell, y lo hace bajo la tutela de dos pesados pesados del mainstream como son Steven Spielberg y Sam Mendes. El objetivo es enfocarse en el lado B de la vida de William Shakespeare. Previo a su reconocimiento mundial, el autor de Otelo y Macbeth forjó una familia en las afueras de la capital inglesa, de la mano de Agnes Hathaway, proveniente de una familia rural cuyas mujeres se han dedicado a la brujería y a la medicina ancestral. Así, gran parte del filme vemos la relación que entabla el hombre de letras y con aquella joven madura que convive con los grandes árboles y algunas miembros de su fauna. Con el tiempo, criarán a tres hijos e hijas, hasta que el impulso por la literatura emergerá la agitación por la figura paterna ausente.

Párrafo aparte, merece mencionar las repercusiones que se generaron en las redes sociales, a partir de un comentario en X del crítico Roger Koza, en referencia a que los personajes menores de edad aparecen con sus rostros cortados en algunos planos: “Pensé que era un problema de la proyección. No lo era”. Más allá de la naturaleza del criterio estético-técnico señalado, cuyo breve análisis generó repudios masivos por parte de quienes amaron el filme, es válido presuponer que la película se inmiscuye en una supuesta tensión de género, sin percatarse que lo hace entre grupos etarios. La magnífica labor teatral de los tres pibes/as no parece tener el espacio que se merecen. Eso incluye una no muy sesuda puesta en escena, donde uno de ellos queda atrapado en un limbo oscuro y fantasmagórico del más allá. Parece que los intereses de la película pasaron por otro lado.

He aquí que Hamnet coaliciona con dos mundos, donde uno destroza al otro. En casi toda la obra se pretendió exponer el impresionismo color verde de los ambientes boscosos, con el uso de la iluminación natural y de poner en primer plano las costumbres herejes. Todo eso queda opacado por la secuencia final. Se trata del estreno de una de las obras teatrales de Skakespeare, en Londres. En ella, se muestra a un público semejante a una muchedumbre amorfa, con la excepción de la participación de Agnes. El pueblo se conmociona ante la lírica del texto, como también la capacidad de su elenco de ejercer la actuación. La noble reacción colectiva se contrapone a lo que la película había expuesto anteriormente: durante un ensayo, la cámara sigue el rostro del protagonista, angustiado y exigente, mientras que en el fondo y desenfocado se encuentra el actor que protagonizará su obra, recibiendo las reprimendas de su director como modo de canalizar su dolor y tomándolo como chivo expiatorio.

Es así que Hamnet termina diluyendo su reivindicación a Agnes, al realizar una oda anacrónica al progreso humano. De la zona boscosa, rural y metafísica del pueblo de Stratford-upon-Avon se pasa a la cuna londinense del arte occidental moderna. La cultura del desarrollo ciudadano, previo a la industrial, como modo de frenar el misticismo terrenal y espiritual, como parte de una subcultura que transgredía las normas eclesiásticas medievales. El arte reemplaza magia por manipulación. El yoísmo logra lavar las culpas, convirtiendo al arte en un privilegio que pocos pueden obtener, incluyendo a quienes quedan relegados por fuera del escenario. Zhao comete otro atropello involuntario: la única justicia que le puede ofrecer a Agnes en la Historia es quedar como aquella que perdona a su amado inmortal, aceptando que ella quede en el olvido.