Eso que llaman amor, ¿aporte a la jubilación?

Anses lanzó el “Programa Integral de Reconocimiento de Períodos de Aportes por Tareas de Cuidado”, que beneficia a mujeres con hijes que tengan la edad para jubilarse y que no cuenten con los aportes necesarios por no haber tenido un trabajo formal o por dedicarse a la crianza de sus hijes. Más de 155 mil mujeres acceden al programa de inmediato.

Por Flo Straso

Es inusual alegrarnos por las decisiones de ANSES, ¿no? Pero preparen las gafas de género para hablar del sistema previsional. La medida anunciada el 14 de julio enfila para el lado de la reparación histórica y, para ello, comencemos hablando de historia y economía. La economía feminista, una línea de investigación relativamente nueva -50 años aproximadamente-, nos alerta de que la economía como ciencia, y sus grandes referentes -como Marx, Smith, entre otros- se “olvidaron” de contabilizar y reconocer el aporte del trabajo doméstico al PBI, trabajo que en su mayoría es realizado por mujeres.

¿Qué mundo hubiese sido posible sin las que cocinaban, alistaban los ropajes y contenían emocionalmente a los grandes señoritos que salieron a “cambiar” el mundo? *No importa cuándo leas esto*. La frase -devenida consigna- “eso que llaman amor es trabajo no pago” evidencia esa labor como la clave de la desigualdad entre varones y mujeres. Existen dos tipos de trabajo: el productivo y el reproductivo. El primero, es aquel por el que se recibe una remuneración a cambio de un servicio o producto; es un bien de intercambio, fuerza y mano de obra a cambio de un salario.

El trabajo reproductivo, por su parte, contempla todas las tareas necesarias que permiten que ese trabajo productivo sea posible, como garantizar el cuidado, el bienestar y la supervivencia de las personas. Comprende las tareas de reproducción biológica (gestación, parto y lactancia) y de reproducción social (mantenimiento del hogar, las normas de la crianza, alimentación, atención y cuidado de las personas). Este es realizado en su mayoría por mujeres y no es pago. Se ha delegado a madres, abuelas, hijas y hermanas estas tareas; y se lo ha comparado con el amor, cuando en realidad implica más de 4 horas de trabajo diario.

Un parche para la reparación

La nueva medida anunciada por Anses reconoce como aportes parte de ese trabajo doméstico, y se propone visibilizar y reparar una desigualdad histórica y estructural en la distribución de las tareas de cuidado, reconociendo y valorando el tiempo que las mujeres destinaron y destinan a la crianza de sus hijas e hijos. Aquellas mujeres con hijes que estén en edad de jubilarse (60 años o más) y que no cuenten con los años de aportes necesarios, o aquellas que no cuenten con una jubilación ya otorgada o en trámite, son las destinatarias de esta nueva medida.

Anotá: quienes quieran tramitarla, desde el 1 de agosto, deberán sacar un turno en Anses y presentarse con DNI y la o las partidas de nacimiento de sus hijes. El Programa consiste en reconocer las tareas de cuidado como aporte jubilatorio y computará:

  • 1 año de aportes por hija/o
  • 2 años de aportes por hija/o adoptada/o.
  • 1 año por hija/o con discapacidad
  • y 2 años en caso de que haya sido beneficiaria/o de la Asignación Universal por Hija/o.

Como lo demuestra la siguiente infografía, de Economía Femini(s)ta, el cuidado de personas es una de las actividades que mayor tiempo lleva y es realizada, en su mayoría, por mujeres.

El tiempo es dinero

Acompáñenme a leer esta triste historia: economiafeminita.com asegura que aquellas mujeres que tienen un hije o más, dejan de participar o disminuye su participación en el mercado laboral formal. Mientras que los varones, a mas hijos mas desarrollo profesional poseen. Corta la bocha: todas las horas que las mujeres le dedican a ese cuidado a otras personas es tiempo que no se dedican a si mismas para descansar, estudiar, pasear o lo que ellas quieran.

A esto sumémosle la dimensión de “Techos de cristal” o “Pisos pegajosos”, indicadores que señalan las barreras invisibles por las que las mujeres son minoría en las puestos de mayor rango y mayoría en los de menor. También, la llamada doble o triple jornada laboral es la daga del patriarcado. Aunque las cosas hayan cambiado, en múltiples sentidos, las mujeres también trabajan fuera de sus casas (actualmente 7 de cada 10, mientras que en la década del 60 2 de cada 10) y los varones participen de las tareas domésticas. Las encuestas del uso del tiempo indican que las mujeres realizan el 76% trabajo doméstico y los varones el 24%.

Un aplauso para la cocinera

Tenemos que estar contentos, como sociedad, de estas medidas que son una minúscula caricia al sistema que precarizó y explotó a las mujeres desde siempre; donde la pobreza está feminizada. Tenemos que sumar a la estantería de buenas prácticas esta medida, ponerla cerca de la gloriosa jubilación de amas de casa que sancionó el gobierno presidido por Néstor Kirchner allá en 2005, por el que aquellas mujeres que no tenían un trabajo formal, en negro o no reconocido, pudieron jubilarse sin haber hecho los 30 años de aporte necesarios.

Según los anunciantes del Programa, alrededor del 44 % (cerca de 300 mil) de las mujeres en edad jubilatoria no pueden jubilarse por las dificultades que tuvieron para participar en el mercado laboral formal. De esas 300 mil, 155 mil podrían acceder a la jubilación de inmediato.

Estas medidas seguramente beneficiaron a mujeres de tu familia, probablemente a tus abuelas, nonas, madres o tía abuela. Y es una alegría: el reconocimiento a un trabajo histórico. Vamos por más.