A la salud de la nueva reina del pensamiento hegemónico positivista: la salud.


Más allá de la ciencia ficción jipi los responsables de siempre no se hacen responsables. La historia del viejo Astor. Advertencia: este texto puede contener ideas terraplanistas (planes de la Madre Tierra).

Los chamanes y sanadores son personas heridas que aprenden a curarse a sí mismas; y al aprender a recuperar su salud adquieren la capacidad de curar a otros. Es un proceso espontáneo y natural. La vocación de ser chamán es muy parecida a la vocación de enfermarse, pues tiene que ver con la vocación del descontento,de no conformarse con lo que otros se conforman.

Un chamán es alguien que siente demasiado sus heridas. Todos nacemos heridos,por el impacto de nacer al mundo. La mayor parte de la gente se adapta, pero el chamán es el extremo contrario: tiene demasiado contacto con su experiencia. Y ese descontento lo lleva a que no le quede otra opción que arreglarse el alma,encontrando en ese camino cosas que otros no encuentran”.

Claudio Naranjo

Por Tomás Astelarra Ilustración: @nico_mezca

El viejo Astor Alas lleva años viviendo en el valle. No es de extrañar que cuando uno le pregunte a algune jipi hace cuanto vive el viejo Astor en el valle, algune jipi le responda:

-Queseyó. Ya estaba acá cuando yo llegué.

Lo raro es que cuando uno le pregunta a algune paisane (aún siendo la doña que asiste al cura o el viejo yuyero de la montaña) hace cuanto vive el viejo Astor en el valle, algune paisane responda:

-Queseio. Ia estaba acá cuando io iegué.

-¿No ve? – agrega mirando a algune parroquiane que en el bar del Mario empina un mezcladito de caña con algún vermú y cara de nada.

Si bien todo el mundo lo conoce, no es hombre de mucha vida social. Casi ermitaño. Sorprende con la misma campera gastada de cuero en refinados espacios culturales o fiestas populares, apagando incendios o en las marchas del 24 de marzo. Hace rato no toma alcohol ni frecuenta el bar del Mario e imposible verlo en el supermercado. Es prácticamente autosustentable y maneja un carro viejo tirado por un caballo apenas más joven que ambos cual carrero urbano, a veces cargando chatarra, otras frutas o diversas recolecciones del monte, de vez en cuando una parva de niñes escandaloses tirando gomerazos o bombitas de agua. Es invisible o impune hasta para la policía y los municipales. No usa barbijo. Puede ser tan ácido e incisivo como el Jipi Matías como pacificador y contemplativo como la Señorita Mayonesa. No se sabe de que depende. Cuando siente achaques de la columna cruza del bajo a la sierra en busca de su vieja amiga Pippi Långstrump, osteopata, yuyera, sahumadora y otras brujerías. Tiene tantos años en el Valle como el tamaño de la sorpresa de quienes escuchan su acento aún cortado y nasal. Cuando en plena cuarentena un polícia importado de Salsipuedes le preguntó al viejo Alas irrespetuosamente a donde iba le respondió:

-A mi médica.

-¿Usted es de acá?

-El que no es de acá es usté si no me conoce.

Por surte justo ahí el cana importado vio las señas desesperadas del comisario que de casualidad pasaba por el cruce de la ruta. Hace rato que nadie conoce la ira del viejo Astor.

-Pasé nomás señor. Disculpe de la demora.

El cana importado según su férrea educación discriminadora, autoritaria y vertical, no supo que es lo que hacía de ese viejo una persona importante, o al menos inimputable. Nunca supo nada de su invisibilidad.

-El virus es un agente sanador que llega al cuerpo cuando por la mala alimentación, la contaminación, el agua envenenada, el exceso de humo y otros desequilibrios, las células humanas se rodean de mucosa. El virus es la única manera de expulsar ese demonio. El virus no actuá si no hay demonio. Este o cualquier otro virus- me explica.

-El virus limpia no solo el cuerpo sino la sociedad en su sentido más amplio dentro de una visión holística de la madre tierra. Cuando hay una sobrepoblación de chanchos, por ejemplo, acaba con los más enfermos. Que pueden ser todos, valla de paso, si es que todos están enfermos por la mala alimentación o el excesos de antibióticos. Lo mismo con los murciélagos. Lo mismo con los humanos. Los virus puede transmutarse entre especies parecidas o convivientes. Igual que los parásitos. Como hace rato aclaró el científico chileno Humberto Maturana, años después de haber descubierto la autopoiesis (o autosanación), el hombre es una plaga que ha sobrepasado sus límites de relación con la Madre Tierra o Gaia. Como tal tiene que tender ha reducir su población. Más allá de si este bicho fue un invento de las multinacionales, Bill Gates, o la manga de ricos que quieres enriquecerse y vivir su comodidad más allá de los límites, no solo de los valores morales, éticos y sociales, sino de convivencia con la Madre Tierra, el virus es un aliado. Y como todo aliado, no jode donde no es debido.

Días después lo vi en una reunión informal en lo del viejo de la montaña. Tenía un ostensible resfrío. Un señora turista indignada viendo que le pasaban el mate preguntó:

-¿Usté está seguro de que esos síntomas no son de covid?

-Quédese tranquila señora. El hisopado dio negativo. Es un resfrío cualunque como el que curaban las abuelas con te de limón, gengibre o chañar, baños de eucaliptus y mucha comida de abeja (miel o própoleo).

Mientras fumábamos un pucho en la fría tarde, le pregunté:

-¿Usté se hizo un testeo tío Astor?

-No nene, ¿cómo voy a hacer eso? ¿Sabes lo que pasa? Qué hoy podes ser zaparrastroso, comunista, pedófilo, corrupto, femicida, indio o negro de mierda, que lo único que te expulsa de la sociedad es ser atéo de la nueva religión médica positivista que se ha expuesto en esta pandemia como un gran negocio que habilita los últimos resortes no solo del extractivismo y concentración de la riqueza, sino del control social y la estupidez colectiva. Porque pibe, hace muchos años que el capitalismo usa el miedo a la muerte, o la muerte misma, como herramienta a su favor. Pero las justificaciones eran mucho más inteligentes que las reacciones.

Días después, mientras nos da su palabra en un temazcal, el viejo Alas reza al gran espíritu: Pedir disculpas a nuestros referentes y jefes políticos por desobedecer sus órdenes, pero los abuelos y abuelas dicen que está es nuestra forma de sanarnos, en comunidad, y con la Madre Tierra. Por eso los abuelos y las abuelas dicen que la cosa se va a poder cada vez más chingadas. Porque de mil maneras, ellos están traficando con la muerte, y los responsables de siempre no se hacen responsables. Los pueblos saben como sanarse. Y los que no saben. Mueren en buena ley. El gran espíritu los contenga.

Estas charlas o relatos transcurren en el Valle de Polonia, es decir, Ningunaparte. Son ficción. Ciencia Ficción Jipi. Cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia.