ECONOMÍA

Sobre expectativas y realidades

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“El neoliberalismo es una pseudo religión, porque es dogmática y simplista y genera miedo. Nos dice que si lo seguimos todos vamos a llegar al paraíso. Pero el paraíso siempre está lo suficientemente lejano. La gigantesca burbuja especulativa llega a ser 50 veces más grande que la economía real de bienes y servicios. El paradigma económico dominante fomenta el crecimiento a cualquier costo y estimula la acumulación y la codicia corporativa. Esto acarrea el desprecio por los límites planetarios y el agotamiento de los combustibles fósiles y otros recursos naturales, mientras se promueve el consumismo como presunta ruta hacia la felicidad. La destrucción de culturas tradicionales a fin de imponer modelos económicos industriales, con la consecuente pérdida de cosmovisiones, lenguajes y valores distintos de los de la cultura dominante. Sin equidad las soluciones pacíficas son imposibles”.

Manfred Max Neef

En medio de la tibia negociación con el FMI, la semana arrancó con rumores de un nuevo corralito. La odisea de los giles sigue en pie. ¿Y si dejamos de ver la prensa hegemónica y nos hacemos cargo de ese otro mundo posible?

La semana arrancó con mensajes de wasap preguntándome si se venía el corralito. La lista de interesades iba desde artesanes a hijas de la patria sojera. Había una carta de un estudio contable de Salta que aconsejaba a sus clientes retirar el dinero de los bancos. Les dije que no contaba con información privilegiada o fuentes en las altas esferas del gobierno, pero que en principio, si no salía en los diarios hegemónicos, con las ganas que los diarios hegemónicos tienen de pegarle a este gobierno, seguramente el rumor no sería muy serio. Que el año pasado aquelles que habían apostado al dólar siguiendo el consejo de los diarios, hubieran ganado más plata con un plazo fijo. Digamos que, para que no le de la cara al poder mediático para sembrar semejante faikniu, y el poder económico concentrado tuviera que recurrir a trolls para, una vez mas, alentar una corrida cambiaria que fuerce al gobierno a devaluar, la cosa no debería ser tan seria. Salvo que, como decía el ganador del premio Nobel Robert Lukas, todos crean que hay que sacar la plata del banco. Entonces, si todes les argentines van a buscar la plata a sus bancos (como niñes de la pelicula Mary Poppins), seguramente, halla devaluación y corralito. A río revuelto, ganancia de pescadores. Les dannificades serían una vez más las clases populares y medias, y la concentración de la riqueza daría un nuevo salto cuántico (gracias a su capacidad de generar expectativas).

Recordé cuando en el 2001 trabajaba en un diario de economía. Ponele que tenía fuentes del gobierno y el empresariado. La gente llamaba pa preguntarme si había que comprar dólares. Yo creía que no era ético sembrar la inquietud y fomentar la compra de dólares (ya había visto Mary Poppins y leído a Robet Lukas). Jamás me imaginé (más allá de las fuentes propias y de mis jefes de redacción) que pudiera suceder algo así como el corralito. Mucho tiempo después varios amigos empresarios de importancia me contaron que desde sus bancos lo habían llamado para que saquen la guita del país. Nada me habían comentado. Desde aquel martes negro, un 29 de octubre de 1929, donde se desplomó la bolsa de Wall Street, al corralito, o la crisis financiera del 2008, las crisis financieras las pagan les giles. Precisamente por ser el causante de las continuas crisis financieras (y por ende económmicas), el gran poder económico y financiero concentrado, siempre tiene información adelantada, de privilegio. La meritocracia es un excelente concepto si en vez de medir el mérito por el esfuerzo o el trabajo se mide por fuentes de información. El que tiene dinero, gana más dinero. El que no, puede llorar, como dicen en Colombia. Si los perejiles nos enteramos de algo parecido al corralito, es porque ya fuimos, ya perdimos. El resto son espejitos de colores, bitcoins, mandalas de la abundancia, estafas a gran escala. Pocas veces un pobre o clase media hace dinero en el negocio financiero. Si lo hace es porque supo escalar como empleado de una banca de inversión o algo así. También puede ser narco o tratante de personas. Conste que cuando digo perejiles no estoy hablando del 50% de argentines debajo de la línea de pobreza. Hablo del resto de 49% de perejiles que se creen ajenos a la pobreza (y al igual que muchos pobres) son capaces de hacer cualquier cosa por acceder a ese criminal privilegio del 1% de dueños del mundo (vagos atorrantes que viven del crimen y el estado, que antes era un 10%, y antes de antes un 20%, y mañana 0,05). Solo es cuestión de prospectiva (mirar al pasado pa delinear el futuro). “Lean, lean, que cuando lean van a estar de nuestro lado”, le decían las mamitas del Cauca a los policías que las reprimían. “¿Tas seguro que vas a quedar del lado de la muralla que se va a salvar cuando solo queden 100 o 200 privilegiados en el mundo? Por que si no, es hora que trabajes para que eso no sea así”, le dije una vez a uno de estos importantes empresarios amigos. Hoy después de muchos años, a pesar de mantener sus privilegios de clase meritocrática, colabora con organizaciones de la economía popular, las cuales cree que son la mejor solución para la pobreza. Io insisto en que algún día habrá que solucionar la riqueza.

Durante la crisis financiero del 2008, el economista chileno Manfred Max Neef se sorprendió y señaló que el rescate financiero de los estados a los bancos demostraba que no era por falta de dinero que los gobiernos no solucionaban el hambre del mundo. Dicho rescate financiero explicaba 600 años de un mundo sin hambre. “En el mismo momento en que las FAO informaba que el hambre estaba afectando a 1.000 millones de personas y estimaba en 30.000 millones dólares anuales la ayuda para salvar todas esas vidas, la acción concertada de seis bancos centrales (Estados Unidos, la Unión Europea, Japón, Canadá, Inglaterra y Suiza) inyectaban 180.000 millones de dólares en los mercados financieros para salvar bancos privados. Y si eso no fuera suficiente, el senado de Estados Unidos aprobó que se agreguen 700.000 millones más. Dos semanas más tarde, se aprueban 850.000 millones más y así ha continuado hasta llegar a una estimación conservadora del paquete de rescate financiero que alcanza los 17 trillones (millones de millones) de dólares. Frente a esto nos enfrentamos a dos alternativas, ser demagógicos o ser realistas. Si sostengo, invocando la ley de la oferta y la demanda, de que en el mundo hay mucho mas demanda por pan que por operaciones de cirugía estética, y mucho más demanda de alivio a la malaria que por vestidos de alta costura. Y si sugiero, por ejemplo, un referendum que pregunte a los ciudadanos si prefieren destinar las reservas monetarias para salvar vidas o salvar bancos. Si hago todo eso, sin dudas se me acusara de demagógico. Si por el contrario, acepto que es más urgente y más necesario, más conveniente y más provechoso para todos, impedir la quiebra de una aseguradora o una institución bancaria, que dar de comer a millones de niños, socorrer a las víctimas de un huracán o curar el dengue, se dirá que soy realista. Ese es el mundo en que estamos, un mundo acostumbrado a que nunca hay suficiente para los que no tienen nada y siempre hay suficiente para los que lo tienen todo”, aclaró Max Neef en ese momento. Como dice el compañero Manuel Rozental, un pueblo al servicio de la economía, y no una economía al servicio de los pueblos (o la Casa Común).

Por casa

Desde el préstamo de Rivadavia con la Baring Brothers, que se fue mayoritariamente en comisiones o sirvió para alentar la estructura de exportaciones a Inglaterra y el bienestar de las clases acomodadas, la historia de la deuda Argentina ha sido tal como la cuenta Max Neef. El préstamo de Rivadavia recién lo pagó el pocho Perón 120 años después (el famoso bono de Nicky Caputo un poroto). Gran parte de la deuda externa que tuvo que afrontar la nueva democracia de Alfonsín tenía que ver con la nacionalización de las deudas de las empresas privadas (incluidas la de la familia Macri) que puso en marcha el mingo Cavallo. Y ahora este muerto que nos dejó Cambiemos y que se fue mayoritariamente en las fugas de divisas para el mercado financiero. ¿Será el gobierno del Tío Alberto demagógico o realista negociado la deuda?

A 20 años del 2001 (y a pesar de la cruenta situación de desigualdad y pobreza que atraviesa el país) hoy hay una geopolítica internacional dividida, donde China o Rusia esperan contentos un desacuerdo financiero de Argentina con Estados Unidos para generar negocios extractivos y saqueadores en base a un financiamiento externo que venga de su parte. Hace rato que el país del norte no tiene el monopolio del imperio. Por su parte existe un pueblo organizado a través de los hoy llamados movimientos sociales de la economía popular que, a pesar de la crisis viene generando alternativas sabiendo que la solución no está en las políticas desde arriba pero tampoco en la revuelta social que finalmente, a río revuelto, genera ganancias para los vivos de siempre. “¿A donde más vas a aprender a sobrellevar los tiempos de crisis que en las barriadas populares”, se pregunta Nacho Levy, de la Poderosa. Sin decir que la macroeconomía no afecte a los de abajo, seguramente su resiliencia organizada los deje mejor parados hoy frente a un default o el cierre del comercio internacional. Al fin y al cabo: ¿Cuando fueron los préstamos internacionales o las exportaciones fuente de ingreso para estas gentes? Existe un gran mito que dice que los impuestos son caros para las empresas y el déficit fiscal tiene que ver con el gasto social. Habrá que afilar la lapicera y ver los números de la evasión fiscal, o por qué el IVA sigue siendo el impuesto que más recauda. O comparar los números entre la ayuda en pandemia a través del ATP o el IFE, o entre los Potenciar Trabajo y la pauta de los grandes medios hegemónicos (como hace poco hizo Juan Grabois). Aún en lo manuales más ortodoxos de las universidades gringas la intervención del estado es válida en caso de que no se verifique el principal supuesto de la economía de mercado, la mano invisible de Adam Smith, la dichosa “la competencia perfecta”. La estructuras oligopólicas son comprobables en casi todos los rubros de la economía global y en la industria argentina o las exportaciones de commodities. Sin embargo una vez más, la falta de voluntad política de cumplir con las “reglas del mercado” aparece en el centro de la escena. Desde el estatuto del FMI o la falta de aprobación por parte del Congreso del empréstito macrista. O la estafa de Vicentín al Banco Nación (y hasta bancos internacionales que están haciendo investigar la fuga de divisas que produjo la quiebra de la empresa). La semana se llevó varies funcionaries de la Secretaría de Comercio donde el buen Feletti intenta ponerle límite a la escalada de precios, pero también a la especulación financiera de las empresas concentradas. La otra vez le pregunté a un industrial amigo que opinaba de ese tal Kulfas. “No sirve para nada, no tiene decisión política. Extraño a Moreno que era un mafioso pero al menos te resolvía los problemas”, me respondió. Como dice Juancito Grabois, cuando el estado no planifica, es el mercado el que lo hace. Y ya sabemos, no solo que el mercado no es anónimo sino un puñado de personas, sino también que su único objetivo es la maximización de ganancias cueste lo que cueste. Tampoco es mercado. Porque no tiene competencia.

Sigue Max Neef: “Frecuentemente se cita a países como Corea del Sur y Taiwan como ejemplos de excepción a la crisis económica desde la imposición del modelo neoliberal en los ochentas. Lo que no se dice es que esos países lograron su desarrollo con barreras tarifarias, con propiedad estatal de los grandes bancos, con violación de patentes y propiedad intelectual y restricciones a los flujos de capital, incluyendo la inversión extranjera directa. Hoy seria imposible para cualquier país replicar estas estrategias sin violar las leyes de la OMC o el FMI. Los países pobres deben en hoy acomodarse a un montón de reglas y restricciones impuestas por los organismos multilaterales. Eso hace que recursos humanos, capacidades administrativas y capital político se aparten de necesidades urgentes como educación, salud e industrialización. Esto hace que sea un mito que la mayor integración a la economía global sea buena para los países pobres. En 1965 el ingreso per cápita promedio de los paísse del G7 era 20 veces mayor que el de los 7 países más pobres. En 1995 era 30 veces mayor. Actualmente (2008) es 50 veces mayor. En América latina los ingresos reales han declinado entre 20 y 30% y la desigualdad ha crecido. Uno de los supuestos incuestionables de la política moderna es la necesidad del libre comercio global. Dudar de sus beneficios es un acto de herejía. Sin embargo el libre comercio globalizado resulta notablemente ineficiente en términos reales al dar mayor prioridad a la producción a gran escala para exportaciones, en vez de producción en pequeña y mediana escala para la satisfacción de necesidades locales, a la vez que generara presiones competitivas que enfrentan comunidades en todo el mundo y las hacen más débiles. Tantos los precios, como los costos para la sociedad y el medio ambiente crecen enormemente. Se sigue creyendo en los beneficios de adherirse a las ventajas comparativas. Este modelo creado ṕor David Ricardo funciona solo si no hay movilidad transnacional del capital. En cambio cuando el capital tiene plena movilidad transnacional, no hay ventajas comparativas, sino que el capital busca ventajas absolutas, emigrando hacia países donde los costos laborales, sociales y ambientales sean menores y las utilidades mayores. Tanto en la teoría como en la práctica la movilidad internacional del capital anula las ventajas comparativas de David Ricardo”. Otra vez los mitos neoliberales contradiciendo sus propias fuentes.

Creer para reventar

El esquema neoliberal de concentración de la economía, liberalización de los flujos de capital y maximización de la gananica a todo costo, viola las reglas más básicas no solo de la humanidad, sino de la propia teoría económica liberal del siglo XVIII (que como dice Max Neef sigue siendo la misma a pesar de que las otras “ciencias” se han transformado rotundamente). En el siglo XIX, analizando comunidades de todo tipo (humanes e insectos), el príncipe Kropotkin, en su libro El Apoyo Muto, desmintió las teorías donde se decía que la supervivencia del más apto planteada por Darwin en El Origen de las especies tenía que ver con la fortaleza de la individualidad y no con la organización de la comunidad. Las experiencias de la economía popular en la Argentina así parecen demostrarlo.

Hace veinte años que se abandonó la consigna “piquete y cacerola la lucha es una sola”. Las clases medias tanto conservadoras como progresistas se apartaron de las clases populares y reniegan por no poder comprar en cuotas su viaje a Miami en medio de una debacle de su salario real y sus posibilidades de bienestar. Algunes creen en las propuestas industrialistas basadas en el consumo y la exportación extractivista manteniendo el status quo de las grandes empresas. Algunes creen que la propuesta neoliberal de Cambiemos le permitirá cortarse solo y acceder a los privilegios del sector concentrado de la economía, alejándose de las villas. No solo la realidad, sino también las estadísticas, parecen contradecirlos. Cada vez son más aquelles que tienen que ir a pedir un plato de comida a las ollas que organizan las poetizas populares. Hoy los espacios de la economía popular tienen más opciones de discutir con los grandes empresarios o el gobierno, que esas gentes que sigue esperando una panacea industrial positivista consumista que caducó con el Consenso de Washington y hoy muestra serias falencias. Casi la mitad del país que vota mayoritariamente a la peor opción dentro de dos esquemas de gobierno cómplices del poder financiero internacional y el status quo de desigualdad social, es incapaz de movilizar (asi lo demostraron las miserables marchas anticuarentena o pal juicio de Macri) o crear propuestas de superación económica. Más allá del escandaloso presente de desigualdad social y falta de políticas creativas, dignas y soberanas por parte del gobierno, la paz social parece no estar en riesgo. Tampoco las finanzas nacionales con una oposición partidaria, social, empresarial y mediática, que si hubiera podido ejercer el divino derecho a la corrida cambiaria, ya lo hubiera hecho hace rato. Para eso hace falta mucho más que poner a Cavallo en la tele. Claro que si todes les incrédulos e ignorantes que creen en los discursos del poder económico concentrado (ya sean oficialistas u opositores), deciden sacar sus dólares del banco…quizá volamos a tener quilombo. La profecía autocumplida, la economía psicológica o de expectativas racionales que le dio el premio nobel a un tal Lukas. ¿Y si acaso no son 70 años de peronismo o 120 de oligarquía sino que toca hacernos cargo de que la Argentina, su economía, su política y sus gobernantes son los que como pueblo o sociedad construimos?