COLABORACIONES

Semblanza de un Insistente de la vida

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Este texto es autor-referencial. Quien busque mayor objetividad puede dirigirse a otras reseñas, o a sus propias palabras, que no son pocas. Por mi parte, quise transmitir cómo nos nutrió, a mí y a quienes tuvimos el enorme privilegio de compartir con él.

Por Nicolás Stutz Di Domenica

Cuando vi a Jorge Rulli la primera vez, allá por 2009 en una UAC en San Lorenzo, me sentí un grupi. Hacía más de una año que seguía fielmente su columna en “El desconcierto”, programa de Quique Pesoa, a quién escuchaba todos los domingos, esperando la columna de Rulli sobretodo. En mayo de 2008 lo descubrí por primera vez en Radio Universidad de Rosario. Me dio elementos para poder comprender lo que estaba sucediendo con el paro “del campo”, que más allá de los posicionamientos que veía por acá y por allá, me resultaba algo muy confuso de entender en sí mismo. No el paro en sí, que fue muy claro, sino su trasfondo. Pude pensar por primera vez en el modelo de producción. Algo que intuía por experiencia de vida, pero me faltaban elementos conceptuales para poder pensar. Hasta entonces escuchaba o leía sobre quiénes eran (o debían ser) los dueños de los medios de producción.

Pero nunca había escuchado del Modelo de producción (industrial y colonial en el caso de nuestro país, y países hermanos) que conlleva un modo de vida bastante concreto: urbanización forzada, desarraigo, éxodo interno, desintegración de la comunidad, alienación alimentaria, destrucción de economías regionales, etc.

En San Lorenzo me acerqué a escuchar una entrevista que le hacían. Me sentía intimidado por una mirada que parecía dura. Luego supe que ese ojo había quedado maltrecho por las torturas. Aun hoy me da un poco de vergüenza recordarlo. Ese día no me atreví a decirle nada.

Poco tiempo después lo sacaron de Radio Nacional. Una cosa es criticar a las multinacionales, y otra cosa es denunciar sus alianzas con la plutocracia envenenadora local. A raíz de esa censura le escribí, creo que un mail. Al poco me respondió que en breve estaría por Rosario, donde yo vivía entonces. Lo busqué en la terminal y fui su ladero un par de días, mientras duró su estadía rosarina. Compartimos largas charlas, caminatas, mates y algún que otro vino. Cuando pienso en esos días, me acuerdo del libro de Soledad Barruti, Malcomidos, donde agradece a Jorge, que tras una larga caminata y charla, le significó un antes y un después en el armado del libro al poder entender “cómo la industria alimentaria argentina nos está matando”. Entendí el valor de poder re-orientar la mirada adónde corresponda: Una imagen vale más que mil palabras, pero un buen concepto vale más que mil imágenes.

Nunca fui “peronista” estricto, lo que sea que eso signifique hoy o entonces. En mi vida universitaria me acerqué a todos los grupos militantes que me invitaron, a ver de qué se trataba. Ninguno me convenció lo suficiente. Vivir el 2001 y 2002 en la facultad fue una aventura interesante. Pero en el sentido de la política partidaria, me dejó más escéptico que otra cosa. Si había una utopía, esa era el estado asambleario. Todos saben lo que pasó a partir de 2003 con las asambleas, así que voy a omitir esa parte. La primera década de los dosmiles fue de cierta bonanza económica. Tras el 2001, ¿qué podía ser peor? En cuestiones de dinero, entiéndase. Mientras tanto, en la universidad, estudiando una materia de psicología social, me encontré con “La autopista del sur” de Julio Cortázar. Y entendí lo que llamé desde entonces “la paradoja de la autopista del sur”: en un sistema individualista la comunidad surge cuandohay un atasco, cuando se corta el tránsito. No por nada, una de las páginas del GRR (Grupo de Reflexión Rural) se llamó Parar el Mundo. El 2001-2002, fue eso, se pararon las maquinarias del progreso tecnocolonial. Y emergió la comunidad. Cuento mi recorrido personal para que se comprenda porqué seis años después adopté al GRR y a Jorge Rulli como referente.

Quizás 2002 era una utopía capicúa. No es lugar y momento para analizar eso. Lo cierto es que en 2003 Néstor supo aprovechar el descalabro social, y volver a poner el autopista en funcionamiento. Ese mismo año Jorge Rulli, le envió una carta a Néstor, repleta de buenas intenciones, con muy buena voluntad y confianza en el compañero presidente, advirtiéndole de qué se trataba la soja. Que, como dijera Jairo, no es un cultivo, sino un imperio. Pues entendía que viniendo de gobernar Santa Cruz, la cuestión del agronegocio y su complejidad, sería algo muy nuevo, y no tan sencillo de decodificar y comprender… En fin. Pero este escrito no es para hablar de Néstor ni sus continuadores, o adversarios. En todo caso, cabe aclarar que el cuestionamiento del GRR, con Jorge Rulli a la cabeza, siempre fue primero a la colonialidad de los agronegocios. Luego a las complicidades políticas y personales del mismo en cada momento. Y si de algo desconfiaba, es porque antes había confiado y se fue decepcionando. Por eso y por lo demás, lo han acusado de un lado y el otro. Unos por ser peronista, otros por “hacerle el juego” a los otros.

Ya que estamos en tema, haciendo un breve repaso de cómo comunicaron su partida los ”grandes diarios”: Infobae, una larga nota biográfica, aprovechando para resaltar críticas al Kirchnerismo. (Varias veces me preguntaron por qué no criticaba con el mismo encono a Macri. Sencillo, Macri siempre fue oligarquía y eso nunca mereció demasiados análisis. Distinto es un espacio que se dice peronista…). Página 12 y La Nación, copiando y pegando el texto de Telam; Seis tristes párrafos, con un par de datos formales, y la fecha del velorio. Por último Clarín, con una nota de opinión más o menos pintoresca lo postula como un “ecologista romántico”, y cierra con un comentario literario de Julio Bárbaro. Un día hablamos de él, pues yo le pregunté. Es un buen tipo, me dijo, pero ve todo como literatura. Algo similar a su antiguo amigo Horacio González, que veía todo desde una biblioteca. Por supuesto, también
hay notas más profundas e interesantes en medios alternativos o pequeños, para quien quiera saber más de él, recordarlo o conocerlo.

No tiene sentido que haga un repaso sobre la vida de Jorge, existiendo “El guerrero de la periferia”, la completísima biografía, hermosamente escrita por Juan Mendoza. Para mí, ante todo Jorge era un libro abierto. No hablaba desde el corazón, o desde la cabeza. Sino desde todo su cuerpo y vivencias. Desde la tierra, el territorio y el latir telúrico nacional. Siempre inspirado por la Liberación Nacional. “Qué clase de rico será quién no lleve todo junto y en un solo puño, la psiquis y el latir de su pueblo?”, canta Miguel Abuelo. Pero sobretodo, en cuanto lo que a mí me tocó, y elegí compartir con él, más que un libro, fue una célula de historia y memoria viva. No solo por la transparencia con la cual transmitió su pensamiento en cada momento. Sino que vertía en la conversación las historias vividas, pero siempre preguntaba qué pensábamos el resto. El narraba como testigo lo que vivió, pero invitaba siempre a coconstruir la interpretación que correspondería, con sus grupos de Afinidad. No se trataba de “debatir”, sino de un pensar colectivo, conversar juntos, de reflexionar. En el buen sentido de la palabra. Es esto lo que más me admiro de él y el GRR, por supuesto. Hay semblanzas y valoraciones de su coherencia, integridad, voluntad militante, etc. que otros han descrito mucho mejor que lo que este humilde texto pueda hacer.

Por mi parte, quise recordar, para quienes no lo conocieron, o sí, y a los que aún le cuestionan sus modos, teóricamente duros e intransigentes, que eso es bastante relativo. Empecé este escrito narrando ese primer encuentro, pues quizás por mi historia previa, lo prejuzgué como un ser “inalcanzable”. No por nada uso la palabra grupi, pues en ese momento lo vi del mismo modo que un fanático ve a su estrella de rock, allá arriba. Luego, compartir con él, no solo me demostró el nivel de humildad, humanidad y ternura, sino lo que más me impresionó, la apertura mental para pensar todo tipo de situaciones. Claro, su militancia empezó a los 15 años tras bombardeo a la Plaza de Mayo, hecho terrible, que en la memoria colectiva quedó opacado en parte por la dictadura del 76, que hegemonizó la memoria del mal. Con esto, su carácter, ideas e ideales, siempre fueron las de una generación anterior a la que habitualmente nos encontramos por ahí. Y muy distante del “sentarse en el cómodo sillón del cinismo”, como dijera Capusotto, para criticar cualquier cosa. Algo muy de nuestro tiempo presente y de una generación que ya no cree(mos) en casi nada. Y por eso mismo nos cuesta creer que alguien pueda tener principios tan firmes, y defender sus posturas con tanta vehemencia.

Con él, no solo quien esto escribe, sino que todos los jóvenes, hablábamos de igual a igual. Como lo hice con mi padre y mi abuelo. Siempre en el marco de un respeto, basado en la comprensión de la autoridad histórica. Remarco esto, pues quiénes pudimos respetar su historia, hemos podido aprovechar al máximo su cercanía. Quiénes se quedaron distantes por sus formas rudas, o buscaron encasillarlo en categorías adversas se perdieron de conocer a un hombre sabio, y comprender con él, una buena parte de la historia de este país. Hace un lustro más o menos, escribí una carta en su apoyo. En medio de un intercambio epistolar, con su antiguo amigo Horacio González, uno de los intelectuales de Carta Abierta. Las idas y vueltas tenían que ver con posicionamientos específicos y con un vínculo anterior entre ellos. Si se guglea blognooficial.wordpress.com/2018 (Intercambio epistolar Jorge Rulli – Horacio González), aparece al toque. Ahí: Tres apreciaciones sobre la respuesta de Horacio González, es de mi autoría y desarrolla algunas ideas aquí expuestas. Recién lo reveo y me da escalofríos ver la tremenda vigencia que tiene al final. Cuando Horacio dijo que los que lo “festejamos” nos excita la palabra “corrupción”, me sentí convocado a aclararle, que quienes lo leemos, acompañamos y conversamos con él, no somos corderitos de rebaño (lo que Juan dice de Pedro, habla más de Juan que de Pedro. La visión verticalista de quienes son verticalistas no se va con un intercambio epistolar). Y que pensar que nos excita la palabra corrupción como suelen hacerlo las oposiciones partidarias de cualquier bandera, desmerece el trabajo más importante que nos legó Jorge, un intento por comprender, cómo, cuándo y quiénes instalaron el modelo del agronegocio en Argentina y el resto del Cono Sur. No para regodearse en gritar “corrupción”. Sino para ver las maneras posibles de desmontar semejante impostura colonial.


Por último, más allá de los reconocimientos a su persona en el mundo peronista, ecologista, como militante, hay quienes aún lo tildan de intelectual, de un teórico de utopías ancestrales y nacionalistas. Sobre esto quisiera decir dos cosas. Primeramente que su casa en Marcos Paz,tiene uno de los mejores gallineros, y huerta bio-intensiva, a escala humana, artesanal y casera, al estilo Seymour que yo haya conocido. Una gran fuente de inspiración, para mí y cada visitante de ese templo de la autosuficiencia. Definitivamente me conmovió notablemente conocer un lugar y hogar así.

Por otro lado, al no estar el GRR, ni Jorge enmarcado en algún proyecto político-partidario, se lo ningunea en la corporación partidocrática imperante. Tanto desde espacios de derecha o izquierda, desde la coca o la pepsi, nos preguntan de qué lado estamos. Y que si no optamos por una de esas dos, le hacemos el juego a la otra. Por polarizaciones como esas apareció el
inefable Mauricio. Ojo que el siguiente no sea otro Bolsonaro. Pero no solo eso, se lo considera un romántico idealista, poco práctico en términos de injerencia concreta en los territorios. Desconociendo, no solamente los años de ir pueblo por pueblo denunciando la catástrofe del agronegocio, impulsando el Paren de Fumigar, sino además planteando siempre alternativas
productivas. No solo a jipis neorrurales de las sierras, sino interactuando con antiguos compañeros, jóvenes neorrurales, funcionarios, profesionales y productores que estén dispuestos a pensar y aceptar ciertas verdades. Es más fácil engañar a alguien que hacerle ver que fue engañado, citaba Jorge a Mark Twain. Promoviendo alternativas como el pastoreo racional, por ejemplo, Jorge acompañó y apoyó el PASSS, Plan de Alimentación, Sana, Segura y Soberana. La misma experiencia de Ciudad Parque en Córdoba, seguramente tuvo algo de su influencia, pues fue uno de los focos del Paren de Fumigar. Y en cada lugar que pasó, estuvo buscando y compartiendo siempre Puntos de Sutura (circula por ahí un texto con este nombre, hermoso y muy conciso).

En fin, Jorge perteneció a una generación en muchos aspectos muy rígida, aunque tuvo gran flexibilidad de pensamiento también. Nació en el cuarenta y era un quinceañero durante los bombardeos a plaza de mayo. Eso, y los caminos que transitó, incluyendo varios años de cárcel, con tremendas torturas y demás, forjaron un carácter rudo, pero solo en parte. Pues en el fondo si hay un rasgo en que coincidimos quienes lo conocimos, es su profunda ternura. Por eso, además de luchar contra el agronegocio y sus cómplices, siempre fue un promotor de formas de vida más humanas: no solo la buena alimentación, el hábitat, el entorno familiar, los vínculos de amistad, las mingas, incluso los partos respetados, fueron temas recurrentes que Jorge promovía e en los que insistía constantemente. Hasta el final. No sé si le cabe tanto la palabra militante, yo diría que era un insistente, un insistente de la vida. Y en la conciencia de la vida. No por nada su último libro se llamó “Semillas para una nueva consciencia”. Quiénes
tuvimos el privilegio de conocerlo, nos vemos en la responsabilidad de seguir cultivándonos y cultivando esas semillas. ¡Gracias Compañero!

“El pensamiento de Rulli continúa vivo, posee fuerza propia y creadora, genera nuevas formas del ser y reconduce a la juventud hacia el re encanto por la vida y la tierra” (Jairo Restrepo, Mayo 06/2023.)

Nicolás Stutz Di Domenica, (PsicoPermaCultor), desde algún rincón de las sierras. 10-06-2023

Pd: En 2018 me encontré en una extraña tarea autoconvocada: hacer un librito reseña de 20 años del GRR (Grupo de Reflexión Rural, cofundado por Jorge Rulli). Le comenté la propuesta a Jorge en su casa, quien amablemente me dio la computadora para que cargara en un pendrive lo que necesitara. Durante un par de meses me leí seis o siete libros y unos trescientosartículos, documentos, cartas, panfletos, etc. con el objetivo de hacer una selección en formato libro, para que la historia y vigencia del GRR sea accesible al lector. El librito se llamó: “Bajar un Cambio”. Fue bastante trabajo y quedé satisfecho con la labor realizada. Aún hoy, ¡recomiendo su lectura! Como no me dediqué tanto a los libros, apenas vendí algunos en alguna FLIA (Feria del Libro Independiente y Autogestivo), y circuló entre los propios compañeros. Si algún lector de esta humilde semblanza, por alguna causalidad le interesa conocer un poco más del tema y quisiera adquirir el librito puede escribirme a libronendodango@gmail.com. Muchas gracias por leer.