La circularidad de los propios

Un viaje místico sobre la Segunda Cumbre Mundial de la Economía Circular, donde BlackRock regula las inversiones verdes, Coca Cola nos salva de la salud y la contaminación, y quienes trabajan con sus manos solo reciben de entrada palos y escudos.

Por Lea Ross

Cuando el año pasado se hizo la primera Cumbre Mundial de la Economía Circular, también en la ciudad de Córdoba, el periodista y viceministro de ambiente de la Nación, Sergio Federovisky, había advertido que el concepto de “economía circular” se estaba “banalizando” y que corría el mismo riesgo que el de “desarrollo sustentable”, ya que este mismo prometía un mundo mágico a lo Disney y terminó siendo una lavada de cara. “Que no nos pase lo mismo con la economía circular”, imploró el ex conductor del programa televisivo Ambiente y Medio. ¿Y que nos pasó desde entonces?

La fórmula LL

“¿Nos sacás una foto?”, me piden dos jóvenes cuando apenas entramos al Complejo Ferial para participar de la Segunda Cumbre Mundial de Economía Circular, nuevamente organizada por la Municipalidad de Córdoba. El enorme logotipo, que aparenta ser una C y una M con forma circular, cautiva a más de una para usarla de fondo fotográfico, sin alcanzar el brazo suficiente para que sea mediante una selfie. En la entrada del hall principal, se expone una enorme frase con la firma del intendente capitalino Martín Llaryora: “Desde Córdoba, vamos a impulsar el camino hacia la economía circular en defensa de nuestro planeta”. Como la cita tiene menos vuelo poético que un pingüino empetrolado, al presente cronista le recordó la arrogancia de un personaje de Marcos Mundstock en Les Luthiers:

El más que probable candidato a gobernador de Córdoba para el próximo año recorrió el espacio del complejo. En particular, fue acompañado para conocer las exposiciones de electromovilidad, donde también se expusieron prototipos de vehículos, como un Sprinter, cuyos motores se adaptan al 100% del suministro de biodiesel, es decir, del combustible a base de soja. También se le planteó la oportunidad que, a nivel provincial, la flota de la administración pública logre que por cada litro de nafta, se reserve un 85% al bioetanol, o sea, a base de maíz.

La búsqueda por generar valor agregado a los cultivos agrícolas es lo que lo une a Llaryora con el intendente de Río Cuarto, Juan Manuel Llamosas, también presente en la actividad, con la expectativa que se forje una alianza para ocupar el Panal en 2023. La segunda ciudad en importancia de la Provincia funciona como escenario de un potente clúster de biocombustibles de la mano de la firma local Bio4, cuyo principal accionista es Porta Hnos. Junto con Aceitera General Deheza, por el lado este provincial, y ACA Bio en Villa María, las tres empresas concentran el negocio maicero energético, además de financiar las campañas del oficialismo provincial.

Martín Llaryora.

A pesar de que el dato fue noticia recientemente, publicaciones de Estados Unidos ya habían nombrado a la provincia de Córdoba como el sexto distrito más importante de generación de bioetanol a escala global, por detrás de regiones estadounidenses. Pero estos mismos estados maiceros también se enteraron, este año, de un informe elaborado por la Universidad de Wisconsin, y publicado por la Academia Nacional de Ciencias de EE.UU., donde concluyó que el negocio del bioetanol no solo elevó los precios del maíz, sino que además generó más problemas ambientales: “De 2008 a 2016, el cultivo de maíz en los EE. UU. se expandió un 8,7 %, cubriendo 2,8 millones de hectáreas adicionales. Este aumento de la agricultura ha ido acompañado de un mayor uso de fertilizantes (de un 3% a 8% adicional cada año), una mayor degradación de la calidad del agua (un aumento del 3% al 5% en la lixiviación de nitratos y la escorrentía de fósforo) y más emisiones de carbono atribuibles a los cambios en el uso de la tierra”. Todo eso lleva a que si se hacen análisis globales, el desprendimiento de carbono estaría por arriba de un 24% al del rubro de las naftas.

En materia de producción de biodiesel, Córdoba está por detrás de Santa Fe. Aún así, sobre cuántas hectáreas se requiere para hacer mover los camiones Scania con motores “verdes” es un dato que el gobierno lo tendría guardado bajo siete llaves.

Flujos

“No podemos hablar de cambio climático sin hablar del dinero”, señala Peter Heck, del Instituto para la Gestión del Flujo Aplicado de Materiales, de la Universidad de Trier, y por esa razón habla de la necesidad de usar términos como inversión, ahorros e ingresos, costos y valor agregado regional. Por su parte, el estratega de negocios Juan Verde expone la siguiente tabla sobre la cantidad de dólares que invertiría cada continente de acá hasta 2030, según estimaciones del Banco Mundial, a la hora de apostar por las economías circulares.

“A mi lo que me llena de ilusión es que esto lo está liderando el sector privado”, señala sin ruborizarse Verde, donde pone como ejemplo las declaraciones de Larry Fink, CEO de BlackRock, el fondo de inversión más grande del mundo, donde avisó que retiraría sus activos en empresas que perjudicarían el ambiente. Todavía hoy, Larry tiene en su portafolios las acciones de prácticamente todas las petroleras del mundo, incluyendo las que explotan Vaca Muerta.

BlackRock tuvo un notable crecimiento patrimonial luego del golpe duro que recibieron los bancos con la explosión de las hipotecas subprime. Para algunos analistas, aquellos negocios de gestión de flujos, en detrimento de los de depósitos que caracterizan al sector bancario, llevan a que sean los nuevos agentes a cargo de acelerar aún más la concentración del capital financiero mundial en pocas manos.

Entre la infinidad de empresas cuyas acciones están en manos del fondo de Larry Fink, aparece la empresa de gaseosas Coca Cola, considerada como la mayor contaminante en materia de plásticos y principal responsable de la mala nutrición en azúcar procesada. A pesar de eso, fue la empresa que tuvo el principal stand para exponer su lucha por el ambiente.

Coca Cola: “Nosotros no tiramos plástico”

En otra sala, se desarrolla también las exposiciones sobre “Experiencias circulares”. En las transmisiones por YouTube, las cámaras nunca apuntan al público, por la sencilla razón de que gran parte de las sillas están vacías. Incluyendo las que tienen el cartelito de “Reservado”.

En esa sala, Enrique Pérez Estévez, gerente de la procesadora de botellas de plástico de Coca Cola Andina, señala que el reciclado lo trabajan con municipios y cooperativas: “De esa manera, juntamos más PET y recuperamos las botellas”. Desde México, vía Zoom, Sven Ritschard, de Geocycle-Holcim, señaló que “somos líder mundial en la gestión de residuos y soluciones circulares”, donde realizan un “coprocesamiento” de reciclaje de minerales y recuperación simultánea de energía dentro del proceso industrial para fabricar cemento, y tomó como ejemplo la planta cordobesa que tienen en Piedra Blanca, donde separan residuos orgánicos e inorgánicos. Finalmente, la empresa local Mosaicos Blangino habló de la construcción de sus pisos sustentables, donde Holcim y Coca Cola les aporta sus botellas de vidrios y los residuos de cemento.

Tanto Holcim, como su dueña Lafarge, mantienen acuerdos con naciones y municipios en todo el mundo, mientras que paralelamente acumulan distintos casos de contaminación. La más caliente de todas es una cementera que está pegada a las casas de unos barrios en Barcelona. El Tribunal Superior de Cataluña sentenció la anulación de los permisos ambientales de Lafarge-Holcim, ya que le generó dudas que las autoridades hayan aprobado su estudio de impacto ambiental el mismo día que se presentó. En Argentina, Holcim acaba de ser acusada por la Comisión Nacional de Defensa a la Competencia por cartelizar el negocio de venta de cemento, junto con sus pocos competidores, por inflar los precios de sus insumos. Finalmente, en Córdoba, justo es noticia la muerte de un obrero tercerizado de Holcim, aplastado por el derrumbe de un silo en desuso, en la ciudad de Yocsina.

Al no habilitar preguntas al poco público presente, La Luna con Gatillo entrevistó en persona a Enrique Estévez, de Coca Cola:

-Desde Coca Cola señalan que en un año reciclaron 2 millones de toneladas de plástico en el país. Pero el año pasado, la BBC señaló que Coca Cola desechó millones de toneladas en el mundo. ¿Cómo responden ante esa imagen de ser la empresa que más contamina en materia de plásticos?

-Mirá… nosotros no tiramos el plástico. Sí es cierto que nosotros vendemos y… obviamente que nuestros productos terminan en la calle. Pero creo que también… un poco, por conciencia de la empresa que está haciendo todo esto para recuperar el plástico, con todos los proyectos de resina reciclada; pero también, por la conciencia de la gente. El consumidor tiene que aprender que si va a un lugar, cuando pasa un día de camping, tiene que agarrar la botellas, guardarlas en una bolsa y tirarlas en un lugar apto para que la Municipalidad pueda recuperar y nosotros podamos convertirla en reciclado. Sí nos hacemos responsables, hacemos acciones y concientizamos.

-En su exposición, dijo que hasta los menores de edad nos enseñan a reciclar, que se enojan cuando tiramos botellas al piso. Un tema sensible sobre las infancias tiene que ver con el azúcar. ¿Qué estuvo haciendo Coca Cola frente a esa problemática que afecta a las próximas generaciones?

-Hoy estamos con todo el portafolios de bebidas… que tienen azúcar y las bebidas sin azúcar. Cada una de nuestras marcas y empaques tienen una opción sin azúcar.

-¿Con qué reemplazan el azúcar?

-Con edulcorante. Autorizados por la ANMAT, no son dañinos para la salud. Todo lo que nosotros hacemos está autorizado por la ANMAT. Y hoy estamos trabajando con la Ley de Etiquetados y todos nuestros productos van a tener el sello octogonal, como la ley lo indica. Pero quiero resaltarte que nuestras etiquetas tienen más de veinte años con información nutricional.

-¿Y cómo ve Coca Cola la Ley de envases?

-Estamos totalmente de acuerdo, no con la forma en que lo está planteando el gobierno. No queremos que sea un impuesto y sí nos parece que es importante que las empresas paguen algo por sus envases. Pero el 50% de nuestros productos son envases retornables, el resto es el PET. Para nosotros, hay que gravar el PET, no sobre el retornable. Y sobre el PET, nuestra empresa está haciendo muchas cosas. No consideramos justo que todos tengamos que pagar el mismo impuesto para empresas que estamos haciendo conciencia con empresas que no están haciendo nada. Además, seguir poniendo impuestos y redireccionarlo como el gobierno de turno lo elige no parece la mejor solución para este problema.

Recorridas

Entre los distintos stands, se contemplan unas esculturas de animales de distintas especies. “Todo está hecho de chatarra”, me comenta Pablo, autor de estas obras. Cuando le pregunto cómo describiría a su clientela, me comenta que son todos de “alto poder adquisitivo”: “En general lo ponen en el interior de sus casas o en el jardín”. Siguiendo con el recorrido, una diseñadora expone sus muñecos hechos de tela con 80% reciclado. Ante la consulta de dónde lo saca, me dice que se los aporta la empresa Vitnik. Entre los personajes que arma están El Principito y Frida Kahlo. “O sea que en esta estantería está Frida Kahlo, y a la vuelta está Coca Cola”, le digo. Me sonríe al entender al entender la ironía.

Lucas Recalde es el impulsor del emprendimiento 3C Construcciones, donde arman viviendas a base de plásticos reciclados y que ofrecen trabajo a personas con escasos recursos. Se define como empresario, cita a Paulo Freyre y menciona a La Luna con Gatillo como el único medio que lo ha criticado. Eso se debe a una crónica donde se señalaba que 3C funcionaba también como un servicio de imagen para empresas cuestionadas a nivel ambiental, como fueron sus acuerdos con Ticupil SA, impulsora de un loteo inmobiliario en Sierras Chicas prohibida por Ley de Bosques, la destilería Porta Hnos. o la corporación Edisur. Charlamos con él para que nos cuente de su proyecto y sobre la cuestión de lidiar entre diálogos y praxis con los estados, las empresas y las ONGs.

Alimentados

Es hora de almorzar. Para quienes están en la organización, reciben una vianda con una pata de pollo y puré de papas. Para quienes vienen de visita, a pesar de que se inscribieron alrededor de 20 mil personas, solo se ofrece una hilera de cuatro o cinco food tracks con comida chatarra. Problemático para cualquiera que tenga problemas hepáticos. “Mmm… creo que me voy a otra fila a pedir papas fritas”, me comenta una chica que no le agradó ver cómo quedaba la hamburguesa en el único carro que ofrecía variedad vegana. Esas papas son las que tienen más presencia, e incluso con opciones salpicadas con salchichas. Todas las botellas de gaseosas que se ven son de Coca Cola y todas con azúcar. No hay ni un solo ecopunto, de las variadas unidades que hay en los establecimientos. Por ende, los desechos se acumulan en los cestos tradicionales del complejo Ferial.

La agroecología es la gran ausente de la convocatoria. Lo más cercano a una alimentación sana fue una propuesta del belga Gunter Pauli, asesor de empresas, que ve a América Latina como una tierra de oportunidades, donde sus nativos no lo aprovechan. Básicamente, propone que en la pampa húmeda se críen larvas de moscas para aprovechar los desechos de la ganadería. “Es lo más provechoso en inversión de proteína”, señala. Es lo más cercano a la referencia a un tomate orgánico en la Cumbre.

Basureados

Distintas fuentes recomendaron al presente cronista que no me perdiera la charla que incluía como expositora a Jackie Flores, referenta cartonera y subsecretaria bonaerense de la economía circular, donde iba a hablar sobre el proyecto de ley de envases, ya que en la sala se congregaría una notoria presencia del sector de recicladores organizados. Sabiendo lo desertificado de esa sala, y cansado de mucho sacos y corbatas, el presente cronista esperó con ansias ese momento.

Sin embargo, durante todo el conversatorio, el espacio nuevamente quedó cuasi desierta.

Decepcionado, al salir del evento, aparecen en escena una tropa de Infantería que regresaba a sus puestos. Al regresar a casa, me entero que se le había restringido la entrada a la organización cartonera por parte de las fuerzas represivas.

Centenares de trabajadores, nucleadxs en la Federación Argentina de Cartoneros, Carreros y Recicladores, fueron impedidos a ingresar, teniendo frente a los infantes, armados con cascos, palos y escudos. “Fue muy raro lo que pasó. Nos habían invitado, algunos llegaron a entrar con la acreditación, y los que llegamos después la yuta no nos dejó entrar. Nos dijeron que no habían calculado el espacio, que entráramos de a poco. Nos estuvieron una hora esperando. Y no nos dejaron, así que nos fuimos”, señala uno de los presentes.

“¿De qué economía circular nos habla el Estado municipal, junto con las empresas que hacen de sponsors, cuando nos ponen una barricada militarizada en la cara a los protagonistas del asunto ambiental?”, comunicó la FACCyR en las redes sociales: “Somos nosotros y nosotras, compañeros y compañeras que ponemos el cuerpo, organizadxs en cooperativas y espacios de trabajo los que garantizamos al fin y al cabo la circularidad de los desechos a través del reciclado y la promoción ambiental en Córdoba y en todo el país”.

Al día siguiente, aprovechando la ocasión de ser nuevamente invitada pero hablar sobre cuestiones de igualdad de género, Jackie pidió un cierre de palabra al señalar lo ocurrido afuera del complejo y que quienes organizaron la Cumbre debían “pedir perdón a todas las cooperativas” que no participaron de las jornadas:

La ecuación

Ni cartoneros, ni productores agroecológicos, ni los obreros que impulsan construcciones cooperativas tuvieron voz propia en la Cumbre de Economía Circular. A lo sumo, se brega de manera abstracta por la figura del “consumidor responsable”, como pide el gerente de Coca Cola, dispuesto a que eso le permita esquivar el pasivo ambiental en sus balances financieros. De hecho, esos “sin voz” a lo sumo se les permite tener su espacio para exponer sus producciones, siempre y cuando logre recibir de insumos a los “mismos vivos de siempre”, llámese Holcim, Coca Cola o Porta.

Al igual que un asesor de negocios europeo otorga concejos a países latinoamericanos por no ser capaces de captar las “oportunidades”, las grandes compañías hacen lo mismo para llegar a los hogares. Así, los gobiernos no contemplan soluciones más que las que provengan de arriba hacia abajo. Si el circuito es a la inversa, de abajo hacia arriba, se desbalancea la ecuación. Es decir, que la retroalimentación del capital se mantenga evitando no solo el costo del residuo, sino también de la apropiación del capital generado por esa revalorización, impulsado incluso por la expansión comercial que generan esxs vecinxs emprendedores desde sus barrios. Mientras tanto, la actitud realista de los estados se limitan solo al incentivo o al perdón fiscal para que esto avance.

Celeste Santiago, parte de la familia impulsora de los helados Grido, expuso un video de un minuto donde aparece Gaby, quienes la ayudan a impulsar su emprendimiento de ventas de cremas lácteas desde la ventana de su casa. Allí, lxs chicxs se alegran de tener su heladito y ella tiene su sueño cumplido de tener su “negocio propio”. Es probable que Celeste ni le haya avisado a Gaby que su rostro y su voz iban a figurar en una cumbre internacional. En esa apropiación del capital cultural, en términos sociológicos, se solapa también en lo económico. La exención impositiva se ajusta ante la actitud altruista, al igual que las subdeclaraciones ante la AFIP por parte de quienes realizan las franquicias de Grido y que involucra a la familia de Celeste, según una investigación federal donde hace un mes atrás, la Cámara de Apelaciones solicitó la urgente indagatoria a otros nueve imputados, antes de la prescripción de la causa por evasión.

En definitiva, una circularidad que apunte siempre a la autoregeneración y maximización de ganancias de los propios y nunca de los ajenos.