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El origen del mal

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Una radiografía histórica que explica las raíces de la interna electoral derechista como un contrapunto dentro del espectro oligárquico sin saldar.

Por Lea Ross

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Las lágrimas que nos generan los asesinatos de Morera Dominguez (11 años) en Lanús y de Santiago Molares cerca del Obelisco, previo a la veda electoral, generan pocas ganás de ir a votar. Más aún cuando se pretende escuchar a más de un candidato dar su propio veredicto a las apresuradas sobre lo ocurrido.

Los sobres que van ingresando a las urnas serán inevitables. Y el abstencionismo no frenará el giro conservador que habrá el próximo 10 de diciembre, el mismo día que se celebre cuarenta años de democracia. Quienes competirán en las generales de octubre son más o menos predecibles. Salvo quien salga triunfante en la interna de Juntos Por El Cambio.

Los cuatro que ingresarían a las elecciones generales de octubre, y una incógnita.

Del fruto a las raíces

“La paloma” Horacio Rodríguez Larreta y “el halcón” Patricia Bullrich (más allá si es correcto o no el género de los respectivos artículos) marcaron sus propios estilos, y a veces parasitando las modalidades de su contrincante. Endurecimiento de vocablos, calibraciones de velocidades para ejecutar y reprimir, y actings zigzagueantes han ido yendo desde lo pragmático a lo programático.

Pero hay algo en ese “divisionismo” que funciona como una síntesis que dentro del amplio espectro de la derecha vernácula argentina no siempre logró saldar. Hay una clave: sus apellidos.

Pensar en un Bullrich y un Rodríguez Larreta es naufragar por los confines del brote patriótico, donde tuvo su larga travesía en el tan renombrado período del modelo agroexportador, ocurrida en aquella transición de los siglos 19 y 20. En ella, se les marcó un camino de acomodo político y económico, que los llevó a esta ¿inédita? Interna.

Se sabe que los apellidos patricios se entrecruzan como fideos al plato. Aquí no hay excepción, como lo podemos ver en el siguiente árbol genealógico, donde los proclamadores del cambio comparten un familiar común en la base, de nombre Mora, que sería sobrina para uno y una suerte de sobrina secundaria para otra, pero portando ambos apellidos.

La espada de los Bullrich

Desde Alemania, llegaba por estas tierras sudamericanas, a comienzos del siglo 19, el berlinés Don Augusto Guillermo Adolfo Bullrich Reije, arrastrado a la ciudad de Buenos Aires como prisionero de guerra en el conflicto entre el Virreinato del Río de la Plata y el Imperio de Brasil. Al quedar en libertad, decidió probar suerte en el comercio de productos importados, que ofrecía ésta zona portuaria, que con el tiempo se volvería el punto céntrico que devoraría toda la atención mercantil del actual hasta nuestros días. Este comerciante emprendedor es el tatarabuelo de la precandidata a presidente Patricia Bullrich.

Será el año 1833, cuando nace su primogénito: Adolfo Jacobo Bullrich Rejas, hermano del bisabuelo de la Pato. En el comercio portuario, a Augusto le fue bastante bien. Tanto como para mandar a su hijo mayor a estudiar en tierras germánicas natales. Ya formado, Adolfo volvería a Buenos Aires a aprovechar la sangre de negocios que ofrecía un sofisticado plan militar de expansión de tierras.

Adolfo Jacobo Bullrich Rejas.

Es el año 1867. Y Adolfo funda la casa de subastas “Adolfo Bullrich y Cia.”, lo que hoy se conoce como el “Patio” o la “Casa Bullrich”, ubicada en ese entonces en lo que sería la calle Victoria para luego ser trasladada a la actual avenida Libertador. En aquel ámbito, por más de cien años, se pusieron de remate cabezas de ganado, obras artísticas, joyas, inmobiliarios, armas, etc. Incluyendo, las tierras del sur que se obtuvieron durante la “Campaña del Desierto”, encabezada principalmente por Julio Argentino Roca. Es más: en la Casa Bullrich, también se vendían aborígenes secuestradas, donde eran sometidas a trabajos esclavos y de servidumbre. En el medio de ello, con el capital económico ganado y con la fraterna relación militar, Adolfo Bullrich se convirtió en intendente del distrito de CABA durante el período de 1898 y 1902, es decir, durante la segunda presidencia de Roca.

Arriba: El Patio Bullrich. Abajo: la Bullrich de Rambo, en tiempos que mueren Rafael Nahuel y Santiago Maldonado, en aquellas tierras del sur patagónico.

A la par que Adolfo se robustecía con su fortuna, su hermano Rodolfo José Marcos Bullrich Rejas (1846-1893) fallecía sin antes de verlo como jefe comunal porteño. Tuvo como hijo a Luis Rodolfo Roque Bullrich Moore (1885-1945), quien tuvo como heredero a Alejandro Julián Bullrich Almeyra (1925-2011), un dedicado a la cardiología, y que se casó con Julieta Luro Pueyrredón, descendiente de Juan Martín de Pueyrredón (director supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata entre 1816 y 1819), Honorio Pueyrredón (ministro de Agricultura y de Relaciones Exteriores en la primera presidencia de Hipólito Yrigoyen) y Carlos Alberto de Pueyrredón (intendente de Buenos Aires entre 1940 y 1943).

Alejandro y Julieta tuvieron, entre sus hijos a hijas, a quien sería la precandidata presidencial de 2023: Patricia Bullrich Luro Pueyrredón.

Por último, Esteban Bullrich, quien fue ministro de Educación de Macri, es primo segundo de Patricia. Es tataranieto de Torcuato Antonio de Alvear Sanez de la Quintanilla, padre del presidente radical Marcelo T. de Alvear. En 2016, en un acto por la inauguración de un hospital-escuela en la provincia de Río Negro, Esteban dijo que se estaba por empezar “la nueva Campaña del Desierto, pero no con la espada, sino con la educación”.

La palabra de los Rodríguez Larreta

El tataratatarabuelo de Horacio Rodríguez Larreta fue Francisco Antonio Rodríguez, nacido y criado en Montevideo. Fue en la capital de Uruguay donde se casó con Manuela Josefa de la Resurrección de Larreta y Torres, quien nació en la ciudad de Lima y cuya familia se dedicaba al embarque de provisiones para la actual capital peruana, incluso en pleno período del coloniaje español.

La unión entre Francisco y Manuela inició el linaje que unifica los apellidos Rodríguez y Larreta. Uno de sus hijos fue Carlos Agustín Nolasco Rodríguez Larreta (1834-1915), tatarabuelo del dirigente del PRO, actual jefe de gobierno porteño y precandidato a presidente y también nacido y criado en Montevideo. Carlos Agustín contrajo matrimonio con Adela Agustina Maza y Oribe, nieta del presidente uruguayo Manuel Oribe. En su estadía en Buenos Aires, tuvieron como hijo a Carlos Rodríguez – Larreta Maza (1868-1926), quien es bisabuelo del pelado de las sombrillas amarillas.

Carlos Rodríguez Larreta Maza

En 1902, casi terminada el segundo mandato de Julio Roca como presidente, y que en paralelo estaba Adolfo Bullrich como jefe de gobierno porteño, y dueño de lo que es hoy la “Casa Bulrrich”, el vicepresidente de Roca, el emblemático escritor Joaquín V. González, firmó el nombramiento como directora de un colegio a Eduardo Rodríguez Larreta, prima del bisabuelo de Horacio Rodríguez Larreta, competidor en las PASO del 2023 contra la “Pato” Bullrich.

Roca le entrega el bando a Manuel Quintana. Y éste designó como su ministro de Relaciones Exteriores a Carlos Rodríguez Larreta hijo. Lo hizo entre 1904 y 1906, y continuó con José Figueroa Alcorta, hasta 1910. Su tío era otro ilustrado de las letras: Enrique Rodríguez Larreta (1875-1961), reconocido modernista y ministro plenipotenciario en Francia. Fiel al linaje patricio, contrajo matrimonio con un integrante de la familia Anchorena. También fue miembro de la Real Academia Española. Lo que era su residencia en Belgrano, se ha transformado hasta el día de hoy en el coqueto “Museo de Arte Español Enrique Larreta”.

Siendo presidente, Marcelo T. de Alvear ratifica el desempeño de Carlos Rodriguez Larreta II como miembro de la Corte Permanente de Arbitraje de La Haya, junto con Estanislao Zeballos, y el renombrado escritor González. Además, designó a Horacio Rodríguez Larreta (1871-1935), hermano de Carlos II, como Procurador General de la Nación, quien asumió en 1923 hasta su defunción, doce años después.

En el medio, ocurrió el golpe de Estado de 1930 contra Yrigoyen, en su segundo mandato. En el primero, Yrigoyen había tenido a Honorio Pueyrredón, descendiente materno de Patricia Bullrich, como ministro de Agricultura y de Relaciones Exteriores. Tanto la Procuración de Rodríguez Larreta, como la de los miembros de la Corte Suprema de Justicia, emitieron una acordada en apoyo a la nueva administración en posesión de las fuerzas militares y policiales necesarias para asegurar la paz y el orden de la Nación, y por consiguiente para proteger la libertad, la vida y la propiedad de las personas”. Entre las firmas, estaba el presidente de la Corte: Figueroa Alcorta, el ex presidente de la Nación que sucedió a Manuel Quintana y mantuvo la designación de Carlos Rodríguez Larreta a la Procuración General.

Foto de archivo de los integrantes de la Corte Suprema de 1930. A la derecha, el procurador Rodríguez Larreta.

La hija del mandatario Quintana, María Luisa Quintana (1869-1944), se casó con Alberto Rodríguez Larreta Mazza, el hermano de Carlos II.

Por último, Carlos II, bisabuelo de Horacio, se casó con Carmen Marcó del Pont Pinedo. Entre sus hijas/os, figura Augusto Rodríguez-Larreta Marcó del Pont (1898-1945), el abuelo del actual jefe porteño Horacio y líder del sector de las palomas de Juntos Por El Cambio. Estaba casado con Adela Leloir Unzué y tuvieron como hijo a Horacio Rodríguez-Larreta Leloir (1934-2004), padre del actual alcalde porteño, quien se casó con Cristina Díaz Alberdi, la madre de Horacio. De esta manera, el nombre completo del precandidato por la presidencia argentina es Horacio Antonio Rodríguez – Larreta Díaz Alberdi.

La palabra de ambos

Los Bullrich y los Rodríguez Larreta han ido por los típicos senderos oscuros de la oligarquía del país, aferrados desde el comienzo en la cómoda posición mercantil portuario. A lo sumo, se contempla que en el primero hubo un fuerte codeo con el sector del ejército roquista, que prácticamente le monetizó los activos obtenidos por las tierras ocupadas por las fuerzas militares en el sur. Pero en el caso de la otra familia, vemos ciertos desprendimientos ligados al manejo de las letras, sea desde lo lírico como desde lo jurídico. Es decir, una suerte de estilos confrontados entre la espada y la pluma, separados por la palabra de ambos.

Pajaritos y pajarracos

Algunos analistas progres sostienen que está mal usar el binomio palomes-halcomes para hacer una taxonomía de las internas de Juntos o Cambiemos, porque ambos no serían ni palomas ni halcones, sino buitres.

Habría que aclarar que la primera vez que se usó esta división fue para describir las peleas ideológicas que había en el interior de la Junta Militar de 1976 a 1983, en épocas donde el chauvinismo más reaccionario trataba de comulgar con ciertos planteos liberales, difundas por el economista Milton Friedman. En ese sector, se encontraba el general Jorge Rafael Videla y José Martínez de Hoz, dispuestos a abrir los mercados y entrar en la fiebre financiera, que pregonaban las grandes compañías, ante la crisis del petróleo ocurrido tres años atrás. Por el otro lado, estaban quienes se negaban a que el aparato estatal se limitara solo a reprimir y que se debía recuperar las gestiones de gobierno ejercida por los fascistas europeos hace medio siglo atrás. Allí aparecía el general Luciano Benjamín Menéndez, jefe del tercer cuerpo del Ejército, que insistía en que Argentina debía declararle la guerra a Chile, durante el conflicto de Beagle, para recuperar el fervor patriótico. Frustrado el intento bélico, y según explica Camilo Ratti en su voluminoso libro Cachorro: Vida y muertes de Luciano Benjamín Menéndez, el “halcón” planificó un golpe de Estado contra Videla, mediante un levantamiento de guarnición desde Córdoba, que fue frustrado en septiembre de 1979. Por esa actitud, fue llevado a prisión por solo unos días.

La inmensa mayoría de la desaparición de personas ocurrió durante la gestión de Videla. Y Menéndez, con trece condenas por cadena perpetua, es considerado como el argentino, y quizás del mundo, con mayor cantidad de penas de esa índole que ha recibido en su vida.

No tan distintos.