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Córdoba fuerte en el Puticlub

El femicidio de Agostina Vega abre la posibilidad de exponer una red de negocios ilícitos, con alcance sociedades en el extranjero.

Por Lea Ross

El dinero y el sexo son las principales intermediaciones en la construcción de poder. Eso lo saben los “dueños de la noche”, aquellos que manejan los espacios bailables de las grandes ciudades y forjan un circuito operativo basado en la circulación de billetes, drogas e intercambios de cuerpos. Aquello que era innombrable, hoy deja de serlo.

A mediados de la semana pasada, hubo varios datos expuestos sobre la realidad de “Wachitas Bar”, aquel boliche ricotero donde trabajaba Soledad Andreani, conocida de Claudio Barrelier, el asesino de Agostina Vega, y quien le suministró su auto Ford K para el traslado del cuerpo. “Carla” es la persona de nombre de fantasía que apareció de espalada en la prensa, previo a dar su testimonio ante el fiscal Raúl Garzón, a cargo de investigar el femicidio. Ella asevera haber trabajado como meretriz entre los años 2020 y 2024 en Wachitas. Confirmó que en el piso primero del local funcionaba como un espacio para brindar servicios sexuales a clientes “con mucha plata”, lo que marcaría una diferencia con el público general que asistía para escuchar y bailar canciones de rock. Quien manejaba ese lado B, donde según ella había menores de edad, se encontraban a cargo Andreani y una tal Ludmila, quien habría sido pareja de Barrelier y que tendrían una hija en común.

Como es de público conocimiento, la titularidad del boliche sería de una tal N.W., de 22 años de edad y que vive en barrio Ampliación Cabildo. Su padrastro sería Luis Molina, el verdadero dueño del local. De hecho, es el que estaría presente en el famoso video donde el bar era inspeccionado por bomberos, el segundo día de junio, cuando Barrelier ya estaba imputado.

Molina firmó el último contrato de alquiler del local el 1 de octubre el 2022, para el ejercicio de distintas actividades como discoteca, espectáculos públicos, bailes, bar, verdulería y/o despensa.

Extracto del contrato de alquiler del local donde funcionó Wachitas Bar. Gentileza: Striptease del Poder.

De los huéspedes a los Huespe

Pero los Molina se encargaban de la explotación comercial del terreno, cuya titularidad está en manos de una renombrada familia de apellido Huespe. Esta dinastía comenzó sus negocios bajo el impulso de Emilio Huespe, empresario textil que expandió las marcas Fabrizzi y Silenzio. De la tela, pasaron a los inmuebles, y la familia se convirtió, probablemente, en una de los principales administradores de los terrenos ubicados en la zona céntrica capitalina, donde la inversión de negocios facilita la circulación de billetes y, con ello, amplificar los circuitos del lavado de activos. Uno de ellos es el lugar donde funcionaba Wachitas Bar.

Sobre ese puticlub con estética ricotera, los papeles señalan que los propietarios del inmueble son Sergio Huespe, Renis Huespe y Karina Huespe. Los tres se manejan bajo la firma de Cedral H100 S.A.S., que a su vez comercializan otros espacios donde tiene entre sus inquilinos a la mismísima Municipalidad de Córdoba, como así también a la Provincia de Córdoba.

Condominios Huespe, manejada por los mismos miembros, es también propietaria del edificio Diplomat Office, ubicada en calle Chacabuco al 737, donde se mudó el Registro Civil luego de dejar la sede histórica de avenida Colón durante la pandemia. Anteriormente, había sido alquilado para la administración provincial en el año 2011, cuando se trasladó la vieja sede del gobierno provincial, la Casa de las Tejas, mientras se construnía el Nuevo Centro Cívico o “el Panal”. Según un archivo de prensa de ese año, el contrato de alquiler de un año había sido aprobado mediante el decreto número 2.150, presumiblemente del año 2010. Quienes lo firmaron fueron el gobernador Juan Schiaretti y quien trabajaba como su secretario General: Ricardo Sosa, ex-abogado y operador de Claudio Barrelier.

Nada por acá, todo para allá

Los Huespe, dueños del espacio donde se realizó Wachitas, llevan más de una década realizando misteriosas inversiones en el estado de Florida, un ámbito donde las flexibilidades impositivas son más notorias. Entre ellas, se menciona Big Dreams Group Corp., creada en el año 2009, pero que desde entonces no se ha presentado ningún balance en el Registro Público del estado.

Por otra parte, según reveló el portal Striptease del Poder, Sergio Huespe manejaba otra empresa en la ciudad de Miami llamada 343 Mago Black LLC, aunque no se sabe si tiene relación con el artista homónimo. Allí tenía de socio al inescrupuloso Javier Adrián Katz, imputado desde el año 2024, junto a su socio Federico Máscolo, por la justicia federal por delitos económicos. El expediente judicial advierte que Máscolo y Katz armaron una gran cantidad de empresas en Miami, entre los años 2017 y 2018, con el afán de comercializar una docena de inmuebles, de los cuales se sospecha sobre el origen de los fondos. En abril de 2024, la vivienda de Máscolo fue allanada, donde fue encontrado un garaje con autos de lujo, incluído un Porsche.

Fotografía de la Policía de Seguridad Aeroportuaria, durante el allanamiento en la vivienda de Máscolo.

Según revisó La Luna con Gatillo, la empresa 343 Mago Black LLC fue creada en agosto de 2017, de la mano de Javier Katz y José Ignacio González Acosta, quien se habría criado en el barrio de Alto Alberdi, que no tendría los papeles al día con ARCA y que está registrado como mecánico de automotor. Ahora, estaría viviendo en el country Valle Escondido.

Cinco meses atrás, González Acosta armó una empresa local llamada CBA Builder, junto a Adrián Gustavo Romera, quien se supone que trabaja de carnicero, pero vive en una de las torres de la empresa GAMA SA. La firma se dedicaría a la construcción inmobiliaria y financiera. La situación financiera de Romera también está en problemas: tiene una deuda irrecuperable de millones de pesos con el banco BBVA. A su vez, hizo ingresar a un pariente suyo, de nombre Juan Manuel, a la offshore en Miami.

A partir de 2021, solo Katz figuró como director de la compañía. Y fue en el 2023 que ingresaron los Huespe: Sergio Gustavo y Denys Rimon, los titulares del inmueble de Wachitas. El último balance del año lo presentaron en abril de 2024, pocos días después de los allanamientos en la casa de Máscolo. En el último viernes de agosto del año 2025, Javier Katz fue detenido al haberse descubierto una cesión de dos departamentos en Florida, con lo que se interpretó como una maniobra para ensuciar posibles pruebas en la investigación. Al mes siguiente, el 26 de septiembre del año 2025, el Mago Black fue disuelto. Como todas las firmas de Katz, estaba registrado en la isla Sunny, sobre la avenida Collins al 19201.

Breaking Bad a la cordobesa

Según los registros del Portal de Transparencia, Federico Máscolo, socio de Katz, tenía empresas que funcionaban como contratistas para el Estado provincial. De 2010 a 2013, facturó en total casi 8 millones de pesos, un equivalente aproximado a 2 millones de dólares de ese entonces. Una facturación diminuta para mantener vehículos de alta gama y una lancha, como se le encontró en su vivienda. Además, sus labores apuntaron a la inversión de un sistema cloacal y la reparación de escuelas en el departamento de San Justo, donde es oriundo el actual gobernador Martín Llaryora.

Máscolo y Katz.

Después de aquellas fechas de 2010-2013, no hubo registros de otros negocios con el Estado. Lo que sí, en la madrugada de octubre del 2015, una camioneta Land Rover chocó contra dos policías en pleno centro de la capital, frente a la Casa Radical. Luego de un frustrado intento de fuga, el vehículo fue detenido. En el volante, estaba Claudia Mestre, hermana del intendente de ese entonces: Ramón Mestre. Su acompañante: Andrea Paola Benítez, esposa de Máscolo y socia en una de sus firmas. El auto estaba a su nombre.

Cuando Máscolo fue detenido en 2024, Luis Juez arengaba con la teoría de que los gobiernos de Juan Schiaretti y José Manuel de la Sota empujaron el ascenso del radical Mestre en las elecciones a intendente capitalino en 2019 para así dividir el voto opositor que estaba centralizado en el Frente Cívico y lograr el triunfo de Martín Llaryora. Para eso, instalaba la sospecha de una posible triangulación del dinero recibido por Máscolo para bancar la campaña del radicalismo autóctono, quien obtuvo el triunfo municipal en 2011 y su re-elección en 2015, dejando a Juez en un desastroso cuarto lugar.

Sin embargo, en base a los números que revisó el autor de esta nota, cuesta creer que los fondos recibidos desde Provincia logren solventar una docena de departamentos en Florida, un Porsche, una Ferrari, inmuebles en barrios privados y otros tantos.

Katz y Nico Lorenzón.

El verdadero negocio consistiría en una maquinaria de “prestanombres”, escudado por Javier Adrián Kratz, para ocultar el tramo de dinero mediante el intercambio de departamentos, opacado mediante una maraña de sociedades offshore. Los clientes son, en realidad, siluetas que tuvieron exposiciones mediáticas escandalosas, la mayoría por fuera de lo que tenga que ver con la política. Personajes inefables, que van desde un contador involucrado en la desaparición de fondos de una financiera con negocios en Punta del Este, pasando por jóvenes influencers hablando de cómo ganar dinero invirtiendo en criptomonedas o loteos inmobiliarios, hasta figuras que, nuevamente, aparecen en el mundillo de la obra pública.

Un ejemplo concreto: el influencer Nicolás Lorenzón está acusado de manejar distintas firmas inmobiliarias y de construcción, sindicado de haber birlado los aportes de sus clientes en intrincados fideicomisos, que habrían terminado en inversiones de Miami. Es también uno de los socios de Katz en las distintas empresas que tiene en Miami, en este caso bajo el nombre de Creska 718 LLC. No solo eso: ellos mismos se autoescrachan sobre los deptos que manejan desde las redes sociales. Hoy, se supone que Lorenzón vive de la venta de productos importados de China, aprovechando la bonanza del régimen económico del Lord Jamón, Javier Milei.

Lo fuerte no solo está en el puticlub, sino también en que los delitos de guante blanco se llenaron de lumpenes