Entrevistas

Vecinocracia, teatro independiente y vanguardia estética

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Conversación con Jorge Villegas a propósito del estreno en Córdoba de la obra la “El odio”.

Por Mariano Pacheco

Viene de poner en escena, desde fines de 2022 y durante 2023, “La piel y la rabia”, un recorrido fragmentado por la vida y la obra del cineasta y poeta maldito Pier Paolo Pasolini, en el marco del centenario del nacimiento del artista italiano. Y en estos días, enfrentando toda adversidad, Jorge Villegas estrena junto a un nuevo equipo de trabajo la obra “El odio”, centrada en una problematización de la idea del buen vecino: ¿Cómo es este tipo de personaje social? ¿Cómo se construye un buen vecino? Villegas se responde con interrogantes que lanzan al mundo su inquietud: ¿un “buen vecino” no es acaso aquél que paga todos sus impuestos, el que aparece reclamando “más seguridad” y “más policías” cuando se le presenta una cámara de TV ante sus ojos, el que lleva de la mano a sus hijitos al colegio (privado), el que el domingo asiste a misa o lava su auto nuevo? ¡Sí! Ese mismo es el “buen vecino”: ese que también dice “negro chorro de mierda”, y no duda en matar llegado en caso. “En patota, como una jauría”, porque así se mata mejor.

A la adversidad que atraviesan las salas de teatro independiente, y las actrices, actores, directores, escenógrafos e incluso el público mismo que suele asistir a este tipo de lugares, producto de la catástrofe económica y social que atraviesa la argentina, el dramaturgo cordobés atraviesa además una gran dificultad personal: se encuentra internado dese hace semanas, luego de haber padecido una operación tras una quebradura de fémur y cadera que para mal de males se complicó en el medio de su proceso de rehabilitación, situación que lo regresó con una infección de nuevo a la habitación de un sanatorio. Se sabe: el teatro es el arte de los cuerpos presentes por excelencia. De allí la dificultad que atravesó durante los días de confinamiento obligatorio producto de la expansión mundial del COVID 19. Y de allí la dificultad que una obra como esta atraviesa en los días previos a su estreno. Pero Villegas es de esos tipos que, parece, la adversidad le pone en marcha un motor alternativo que le hace desplegar un gran ingenio y creatividad. Por eso cuando lo visito en el Sanatorio rápidamente abre su computadora, y me muestra todo el trabajo que están haciendo junto a Flor Remonda, David Carranza y Fede Estay en actuación, y Fernando Rojas y Santiago Pérez en escenografía y vestuario.

¿Cómo surgió la idea de trabajar esta obra?

Yo comencé hace varios años a trabajar este tipo de dramaturgia y de montajes vinculando el teatro con ciertos hechos inmediatos (sociales, policiales, políticos) y que exigen de los hacedores de la obra una definida toma de posición política, lo que no implica hacer un bodrio teatral, sino que al contrario, se busca siempre pensar a la obra como un hecho poético que pueda innovar la mirada que se tiene sobre un acontecimiento, que sume palabras y gestos nuevos, que dote al hecho del arrollador sentido del teatro de “hacer vivir” los sucesos que tensiona. Ejemplo de lo que digo es “KyS”, una obra donde desde lo narrativo se pone el foco en Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, los jóvenes piqueteros asesinados en la estación Avellaneda. También escribí y dirigí otras obras en esa línea de teatro político, un teatro que no es anti disturbio sino pro lucha, en todo sentido.

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Los textos de muchas de esas obras fueron compilados en Teatro Incompleto, un libro en dos volúmenes (hasta ahora), donde pueden leerse las obras que Villegas escribió y puso en escena en numerosos escenarios. Entre ellas se destaca “Operativo Pindapoy” (centrada en la aparición pública de la organización Montoneros, con el secuestro y posterior ajusticiamiento del dictador Pedro Eugenio Aramburu); obra que, junto con “Argentina Hurra (pensé que se trataba de cieguitos)”, aborda los avatares del peronismo en la resistencia, tras el derrocamiento de Juan Domingo Perón en 1955. Tanto estas obras, como otras de carácter “psicopolítico” (“Esdrújula: Palabras para Bonino” –sobre la experiencia psiquiátrica del artista argentino– o “Informe Mono” –basada en el cuento de Franz Kafka, “Informe para una academia”– fueron llevadas adelante por el Grupo Zéppelin, que Villegas fundó y dirigió durante dos décadas.

Jorge Villegas.

¿Qué aspectos formales destacarías del trabajo que se propusieron hacer con “El odio”?

La obra parte de una anécdota muy simple: un par de “motochorros” asaltan a un “pibe bien” en un barrio de clase media de Córdoba; el arma de juguete que llevan se cae en el forcejeo, se rompe, el pibe robado se envalentona, los enfrenta y sujeta a uno de los chorros, mientras el otro escapa. Empiezan a llegar vecinos, atan al ladrón a un poste y como un ritual tribal deformado y satánico asesinan a golpes en la cabeza al pibe asaltante. Luego llega un patrullero y todos los “vecinos ejemplares” huyen, nadie enfrenta el hecho, el único que queda es la víctima del robo que no pudiendo creer lo que pasó permanece sentado en el piso con el ladrón entre sus brazos. Ese es el disparador de la obra, que tiene tres personajes: el buen vecino, el pibe ladrón y el pibe robado, y más allá de la anécdota recorre la conformación y las características del buen vecino, ese constructo temible que siempre dice, adonde puede, que “paga todos sus impuestos”, que trabaja todo el día. Es el típico hombre que puso rejas en su casa ni bien pudo, que manda a sus hijos al colegio privado y que ostenta bienes lujosos como modos de entender que “vivir bien” es “tener mucho”. Muy lejos del buen vecino de otrora, que era solidario y bonachón, esta “vecinocracia” es individualista y buchona, odia al pobre y es capaz de matar. El caso de la obra (que es un caso real) así lo atestigua.

¿Cómo estás viendo el desarrollo del Teatro en general y del Teatro independiente en particular en estos tiempos de virtualización de la vida?

El “convivio” con la tecnología es algo imposible de eludir e innecesario dado que siempre estaremos modificados por ello. Ahora, pensar que la tecnología sustituirá al teatro me parece errado, dado que es condición sine qua non del hecho teatral la simultánea presencia de los cuerpos que constituyen el hecho escénico, tanto actores como espectadores. Lo tecnológico podrá colaborar o no en la mediatización, pero cuando no haya convivio y mientras no se den las condiciones de lo aurático, no podrá hablarse de la experiencia del teatro, será otra.

El odio” se estrena el 15 de marzo en el Teatro La Chacarita de la ciudad de Córdoba capital, y repite funciones los sábados 22 y 29 de marzo en Jacinto Ríos 1449. Contacto: @lachacaritateatro