¿Pan o trabajo? (de lo posible a lo deseable)

El aumento en la cantidad de beneficiarias y monto de la tarjeta Alimentar despertó las críticas de algunos dirigentes de las organizaciones sociales. Un debate o desentendimiento histórico con los gobiernos y su estado (empresariamente coptado).

La anécdota me la contó un ex-dirigente social que era uno de los principales referentes del movimiento piquetero a la altura del 2001 (cuando todavía no se había gestado la transformación visagra de trabajadores excluídos a trabajadoras de la economía popular). En medio de una piquete masivo en el conurbano bonaerense sur, los principales líderes piqueteros se reunieron con un importante funcionario del gobierno de la provincia. El diálogo, un poco caricaturizado, fue más o menos así:

-Muchachos despéjenme la ruta. ¿Cuantos planes quieren?

-Es que nosotres no queremos más esos planes de hambre. Queremos que nos financien los proyectos productivos de los compañeros.

-Muchachos no hinchen las pelotas, tenemos un quilombo bárbaro. Yo pa lo que ustedes piden tengo que cambiar la leyes, buscar quorum, ahora lo que tengo es esto. ¿Cuantos planes quieren? Yo se los doy y hagan lo que quieran.

-Es que las compañeras ya no quieren parar la olla. Quieren trabajo digno. Acá le trajimos varios proyectos a financiar.

El funcionario mira, hinchado las pelotas, las mugrosas planillas de excell impresas en un papel sucio y una tinta confusa que los compañeros le pasan.

-¿Con cien lucas hacen una herrería?

Los compañeros no alcanza a describir el proyecto emocionados cuando el funcionario abre un cajón del escritorio y le pone quinientas lucas en la mesa.

-Acá tienen. Déjense de joder. Despejen la ruta.

-¿Pero cómo sería?¿Hay que firmar algo?-pregunta asombrado, incrédulo, ingenuo, uno de los compañeros (la elección de género no es casual, en ese entonces no había muchas compañeras referentes de los movimientos sociales piqueteros que pudieran parlamentar con los funcionarios del gobierno).

-Todo bien muchachos. Llevenselá. Pero por favor despejen la ruta.

Parece mentira que veinte años después les líderes de los movimientos sociales (que a pesar de que ya hay muchas compañeras referentes siguen siendo hombres los que mayoritariamente salen en los medios) sigan explicando que lo que quieren las compañeras es trabajo, no migajas pal pan o parar la olla. ¿Acaso no hay hambre? Si claro. Tabamo a punto de sacar la cabeza y un gobierno neoliberal nos volvió a hundir en la pobreza. Pero sabemos que se soluciona con trabajo. Del que paga el estado. Y del que paga la autogestión y el esfuerzo de las compañeras en los barrios. Esfuerzo sin el cual, en medio de la pandemia, y con un oligopolio empresario dispuesto a no ceder en la especulación con el alimento, este gobierno se hubiera ido bien al carajo. «Nos ven pero no nos oyen (o viceversa)», dicen les cumpa a pesar del enorme crecimiento en los pequeños lugares de gestión gubernamental que se han logrado en estos 25 años de lucha. «No es un gobierno compañero», dicen. Las cumpas bancan la parada, pero el apoyo financiero a las iniciativas productivas o de cuidado caen en cuentagotas de un gobierno que ha decidido ser obediente con el FMI con un ajustado déficit fiscal que ni los gobiernos neoliberales han mantenido y que es un ejemplo de rigor en un mundo aquejado por una pandemia donde, hasta el más «desarrollado» de los presidentes, pone en marcha la maquinita de hacer billetes o sale a cobrar impuestos a los ricos. Cómo últimos alumnos, manzana podrida en mano, de un sistema financiero que se cae e pedazos, la forma en la que les Fernández han decidido «romper el chanchito» ampliando los montos y beneficiarias de la tarjeta Alimentar ha suscitado numerosas críticas por parte de les dirigentes de las organizaciones sociales. Incluso funcionarios bien alineados con el gobierno como Emilio Pérsico han declarado que tal iniciativa es «pan para hoy y hambre para mañana». En medio del show mediático y todo tipo de prejuicios de una sociedad que ni nos ve ni nos oye, quizás este bueno profundizar el debate mientras los dueños de todo se ríen desde sus modernos edificios sabiendo que el juego este de la sábana corta del presupuesto nacional nunca los toca. Que pueden seguir impunes especulando con la vida de las personas en un sistema capitalista de muerte cuyo crimen más blando es el del virus este que nos mantiene encerrados y sin poder salir a la calle a laburar o reivindicar de una buena vez nuestros derechos más elementales. Quizá todo estalle. Como en Bolivia, Chile o Locombia.

El hecho o política puntual

El viernes 7 de mayo, desde el Museo del Bicentenario de Casa Rosada, en el marco de la quinta reunión del Consejo Federal Argentina contra el Hambre,el Tío Alberto, junto albueno de Daniel Arroyo y otres funcionaries,anunció que se iban a ampliar los fondos de la tarjeta Alimentar en un millón de familias beneficiarias (2,5 millones en total), alcanzando una inversión de $30 mil millones mensuales (el triple que hasta hora). Un total de 250 mil millones de pesos de acá a fin de año. Un 0,7% del PBI. Si se le suma los 40 mil millones que se gastaron hasta ahora, el total del año da maomenos 290 mil millones (0,8% del PBI). El promedio de las ayudas fiscales que los gobiernos del mundo implementaron durante la pandemia fue de 18,5% del PBI en economías avanzadas y 8,5% en América Latina según el BID. Siempre teniendo en cuenta esa reflexión de la ecofeminista vasca Yayo Herrera que se lamenta porque el PBI incluye la fabricación de armas y no el cuidado de les niñes, si tomamos en cuenta que un PBI es maomenos el total de lo que se produce en Argentina en un año, con un PBI se pueden financiar 125 planes Alimentar. Eso sin contar el PBI que algunes dicen se chorearon los Kirchner o el PBI que dice el turco Asís que se esconde entre evasión y fuga de capitales de las grandes empresas.

Se sabe maomenos que el muerto que dejó Vicentín en deudas varias es de 212.850 millones de pesos (casi un 0,6% del PBI, es decir tres cuartos de un plan Alimentar de un año) o que Mercado Libre ganó en 2020 $17.355 millones (casi dos meses del plan Alimentar del año pasado sin contar evasiones y fuga de capitales). Supuestamente el «impuesto a los ricos» con apenas el 2% de las fortunas declaradas va a recaudar 300 mil millones de pesos (0,8% del PBI que es lo que se necesita pa pagar todo el plan Alimentar de este año). Pero por ahora solo se recaudaron 6.100 millones (apenas pa un quinto de un mes del nuevo plan Alimentar). El Potenciar Trabajo insume al año $111.897 millones para 870 mil beneficiaries. Un 38% del Plan Alimentar, la mitad del muerto de Vicentín y 6,5 veces la ganancia de Galperín (que no quiere pagar el impuesto a la riqueza). Si se recuperan los 15 millones de millones de pesos que se fugaron con la timba financiera durante el gobierno de Cambiemos (y ahora le debemos al FMI) se podrían pagar 50 años de Plan Alimentar o 120 de Plan Potenciar. O 30 años de Plan Alimentar para toda la población Argentina (incluyendo ese 1% que especula con la salud y los alimentos, fuga y evade capitales, se endeuda con el FMI y no quiere pagar el impuesto a la riqueza). O 22 años de Plan Potenciar pa cada une de les argentines sin incluir ese 1% que prefiere que no votemos, ya que además de vagos ahora somos ignorantes. ¡O 14 años de las dos cosas pa todes y nos dejamos de joder!

Volviendo al Museo del Bicentenario, con un escenario con pantallas que hacía recordar a los Juegos del Hambre, además del Tío Alberto y otres funcionaries del gobierno, hubo una variopinta comitiva online que fue desde la representante de Unicef en Argentina, Luisa Brumana a Estela de Carlotto; delPresidente de la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (COPAL) y flamante presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA),Daniel Funes de Rioja al “Gringo” Castro (secretario general de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular, UTEP); del representante de la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina (ACIERA),Osvaldo Carnival,al padre Carlos Tissera de Caritas. Ni los comunicados oficiales ni el moderno paneo de les invitades por zoom nos dejaron comprobar si esta vez fueron de la partida Marcelo Tinelli, Narda Lepes o Martín Caparrós (quizás huyeron asustades por lo que Beatriz Sarlo llamó la «farandulización del hambre»). «Me parece necesario plantear que venimos de un proceso creciente de concentración económica y el último gobierno hizo un acuerdo con el Fondo Monetario que generó un endeudamiento del cual va a ser muy difícil salir. Nosotros nos negamos a ese acuerdo, nos movilizamos, fuimos reprimidos, compañeros y compañeras presas…», arrancó el Gringo Castro tomando la palabra con aire de cura tercermundista después de la aparición en cámara de Carnival (que podría ser el archienemigo de Galperín en una saga de ciencia ficción) y Tissera (que rima con Massera). «Frente al arrasamiento y la deshumanizacion de nuestros pueblos», siguió el Gringo, «el eje de nuestra propuesta siempre ha sido el trabajo de la economía popular, que es el trabajo que, habiéndose concentrado la riqueza en pocas manos, habiendo sido expulsados de nuestros trabajos formales, sin tener patrones para los cuales trabajar, nos organizamos y creamos. Entre ellos el trabajo de la economía del cuidado. Es preciso hacer el esfuerzo en la asistencia pero profundizar el esfuerzo en generar trabajo, salir de la pandemia con trabajo. Pero nosotros vemos que nos vamos a encontrar saliendo de la pandemia con un proceso de mayor concentración económica. Entonces, cada vez que el gobierno toma una medida para mejorar las condiciones de vida de los mas humildes, se la come el aumento de los alimentos. Eso es como un perro que se quiere morder la cola, es muy desgastante, es una pelea inconmensurable. Le exigimos, si quieren le pedimos, a los sectores que más concentran la economía, que definen el precio de los alimentos que consumen los sectores más pobres de la Argentina, que tengan un poco de sensibilidad».

El negocio del Hambre

El gobierno no dio réplica ni la tele mostró la cara de Funes de Rioja, que sutilmente se viene oponiendo a toda política de control del gobierno sobre la industria alimenticia (precios cuidados, ley de góndolas, retenciones, fiscalización por faltas de abastecimiento y otros intentos, incluyendo perseguir la evasión de impuestos y la fuga de capitales), sosteniendo que no son las empresas las responsables del aumento de precios. El primer trimestre de 2021 Arcor tuvo una ganancia de $3.857 millones (un poco más de un décimo del plan Alimentar en ese periodo) y Molinos Rio de La Plata $1.180 millones (entre los dos suman medio mes de plan Alimentar en ese período). Entre las dos megaempresas cubren el 80% de las ventas de alimentos procesados. Si se les sumaUnilever, Molino Cañuelas, Mondelez y Mastellone llegan a oligopolizar hasta el 98% de la mayoría de los productos. Un estudio de la consultora CEPA muestra como esta concentración se incrementó notoriamente durante el gobierno de Cambiemos. La UTEP y varias consultoras dicen que puede concentrarse ¿aún más? Según el consenso de los economistas, la concentración en la industria alimentaria es más perniciosa que en otros rubros, ya que su demanda es mucho más inelástica (no cambia demasiado ante una variación  de precios). Es que es imprescindible. Morfar hay que morfar cueste lo que cueste.

Cuando Funes de Rioja se planta como defensor del libre mercado ante la fiscalización del gobierno, debería recordársele que una industria concentrada en 2 o 6 empresas, no es precisamente un paradigma de la libre competencia o la «mano invisible del mercado» (según el viejo Adan Smith, padre de la economía moderna y neo-liberal). Por otro lado, el 30% de la compra de estos alimentos se hacen en grandes cadenas de supermercados, donde el 84,3% de la facturación se queda en ocho empresas. ElSindicato de Trabajadores de Industria de la Alimentación (STIA) lanzó el año pasado varios comunicados denunciado el aumento de precios de los alimentos y que las ganancias empresariales no parecen redundar en mejoras salariales sino todo lo contrario. Mientras tanto Funes de Rioja denunciaba en una entrevista con Nancy Pazos en la Rock & Pop la «demonización de los alimentos» y el «costo Covid»  que asumen las empresas por tener personal exceptuado recibiendo salarios (entre el 12 y 20% del plantel)  “Hace un año que no trabajan”, se quejó mientras celebraba que los mayores de 60 años vuelvan a la fábrica.

Pa que el perro siga intentando morderse la cola pero sin lastimarse tanto, el ministro de Industria, MatíasKulfas realizóun par deanuncios para el gran Buenos Aires (camiones de carne a $359 el kilo y un programa piloto de Mercado Federal Ambulante con bolsones de verdura a $58 el kilo). Además confirmó un acuerdo con la Copal para que 120 productos lleven una etiqueta con un precio sugerido que dura 180 días.

El año pasado los alimentos y bebidas se dispararon 42,1%, seis puntos porcentuales por encima del promedio general de la inflación. Dada la mayor incidencia de los alimentos en la canasta familiar de las familias de menos ingresos, las más necesitadas sufrieron más la inflación que las más acomodadas. La Canasta Básica Alimentaria, que está compuesta por los productos elementales que necesita una familia para comer y que marca la línea de la indigencia, aumentó 45,5% en 2020 y alcanzó en diciembre un valor de $22.681 para una familia tipo de cuatro integrantes. La Canasta Básica Total, que incluye algunos otros bienes y servicios como ropa, transporte o comunicaciones y traza el límite de la pobreza, creció 39,1% y se ubicó en $54.208. Este valor es más que el doble que el salario mínimo, que subió a $20.587 en diciembre. Lo que quiere decir que incluso los hogares con dos salarios formales no están a salvo de vivir en una situación de pobreza. En el extremo opuesto, la Canasta del Profesional Ejecutivo, que elabora la Universidad del Centro de Estudios Macroeconómicos de Argentina (Ucema), en base a los consumos del 3% de los hogares de más altos ingresos, aumentó en el año 34,5% (1,6 puntos por debajo de la inflación general). Si se compara el aumento de la canasta alimentaria básica total con la del profesional ejecutivo, hay una diferencia de 4,5 puntos. Si la comparación es entre la canasta básica alimentaria y la de los ejecutivos, la diferencia es de 11 puntos. Según la consultora Ecolatina (fundada por Roberto Lavagna) en base a datos del Indec (dirigido por Marco Lavagna), mientras la inflación de 2020 fue de 34,8% para el 10% más rico de los hogares argentinos, para el 10% más pobre fue de 37,3% (2,5 puntos de diferencia). En la segunda mitad de 2019, en medio del traspaso de gobierno, la situación era la inversa: la inflación para el decil más alto era de 26,6% y la del decil más bajo 24,6% (2 puntos de diferencia pero a favor de los más necesitados). ¿Cómo se conjuga esta situación con un gobierno dizque popular? Es la gran pregunta del momento.

Con los tapones de punta

«La Tarjeta Alimentar nos puede incluir como consumidores. Pero eso no es inclusión social. La única inclusión es el trabajo. Esa tarjeta es pan para hoy y hambre para mañana”, se quejó al toque el barba Pérsico, que no es de hablar mucho, y menos desde que es secretario de gobierno, bajo la órbita de Daniel Arroyo, ministro de Desarrollo, que viene del palo de Massa, y antes laburó con el senador o halcón cambiemita Eduardo Amadeo en la fundación Observatorio Social, pero que parece no tener problemas con Guzmán, que ta medio del orto con Cristina, porque no lo bancó en la pelea con Basualdo, porque lo acusa de cocodrilo marca FMI y ya lo amenazó con que él será galán y tendrá la billetera pero ella es la dueña del kiosko, y bastante le costó sacársela a Mauricio, que cada vez que lo nombran, Pérsico se acuerda por qué apoya este gobierno, en particular al Tío Alberto, porque con Cristina quedó de culo en la elección del 2015 apoyando a Randazzo, pero parece que el Tío Alberto lo escucha más a Guzman, o a Arroyo, o a Beliz, que es medio Banco Mundial e IIRSA, saqueo multinacional y una zanahoria pa los pobres a ver si se quedan tranquilos (sino garrote paramilitar como Ivan Duque), pero resulta que Beliz es amigo del Papa cordobés, igual que Pérsico y Grabois, que si bien es más amigote de Cristina porque en 2015 todavía era anarcoautonomista y no iba a elecciones, resulta que justo en esta coincide con Pérsico, porque, entre otras cosas, dicen los rumores que en el fondo la disputa es porque las Alimentar las entregan los intendentes y nadie consulto a los movimientos sociales, que básicamente quedan afuera de la contienda electoral (ya que no hay posibilidad que voten en contra). Entonces la farsa mediática porteña te da la curiosa paradoja pachakutiesca de verlo al progresista Bercovich acusando a Grabois y Pérsico de punteros impidiendo que el gobierno lance comida de emergencia como la ONU en Somalía y al servilleta de Pagni reconociendo que su postura de defender el trabajo los hace más progresistas que populistas, y por ende digno de su agrado (y de buena parte de la sociedad empresaria de buena cepa). Más de uno empieza a pensar que con el compañero Macri la cosa era más fácil. No entendía mucho, no disputaba poder en los barrios, sacarle plata de la billetera era como pedirle un pucho a un cheto en una esquina oscura.

Grabois calificó la nueva política social del gobierno de estúpida (esperemos que citando a Max Neef), denunciando que buena parte de los fondos de la tarjeta alimentar van al sistema financiero (en particular a su archienemigo Galperin) o la industria concentrada de la alimentación (representada por Funes de Rioja). «Es insistir en el asistencialismo menemista. En general las políticas sociales, cuando no se entienden como derecho, generan un rechazo importante entre los asalariados más humildes. Se la regalan y yo me la gano. Si la cosa se disfraza de programa alimentario, y se bendice con la farándula, eso es pan para hoy, hambre para mañana», declaró coincidiendo con Pérsico y con Sarlo a la vez.

Para el barba Pérsico si los recursos de la Alimentar se destinaran al Potenciar Trabajo «significaría 260 mil viviendas anuales que podríamos construir y la generación de un millón de puestos de trabajo nuevos».Mientras tanto la Cámpora pide otro IFE y Claudio Lozano opina que lo mejor es un Ingreso Básico Universal. Según un informe del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas, que él dirige, el refuerzo de la tarjeta Alimentar no equipara a la asignación del IFE el año pasado. «Para poner un simple ejemplo, un hogar con una mujer con un hijo de 6 años y una hija de 10 años, en el año 2020 recibía un IFE ($10.000), dos AUH (en valores de hoy $8.000) y una tarjeta alimentaria (por un hijo de $6.000), en total $24.000. Ahora recibiría las asignaciones ($8.000) y una tarjeta de mayor valor por el reconocimiento de sus dos hijes ($9.000), en total $17.000. Es decir, un valor nominal inferior en un contexto de alta inflación con una tasa de variación anual de los precios del 44,2%», aclaran. Para la implementación del IBU, su equipo estima un gasto de 3,5% del PBI (más de cuatro veces el Plan Alimentar, seis veces el muerto de Vicentín y un doceavo de la estafa de Macri con el FMI). Para cubrirlo propone: postergación de la negociaciones y suspensión de pagos con el FMI y el Club de Paris, prolongar el impuesto a las grandes fortunas, aprovechar la mayor recaudación producto del aumento de los precios del comercio exterior, aumentar las retenciones y darle a la maquinita (imprimir más billetes aprovechando que la inflación aumento el circulante y ya se comió lo emitido el año pasado). Para finalizar el informe Lozano y su gente se mete en la discusión gobierno vs orgas y aclara:«No cabe dudas que se precisa articular la creación de trabajo autogestionado con la conformación de circuitos de producción destinados a satisfacer las necesidades de infraestructura social pero no debemos confundir y hegemonizar sólo un punto de una agenda social amplia. Todavía el campo popular tiene pendientes algunos debates sobre el trabajo en el nuevo siglo que no están saldados y no sería saludable apresurar conclusiones ni simplificar la complejidad de los que están en curso. Como exponentes del campo popular no podemos afirmar a esta altura, con la maduración de ciertas trayectorias en los debates de las mujeres, de la juventud, de las comunidades originarias, de los y las trabajadores/as de la economía popular, que la única vía de inclusión es el trabajo parándonos en una visión estrecha, canónica y excluyente (trabajo productivo, remunerado, destinado a la producción de bienes y servicios con valor económico en el mercado). Es sencillo percibir que, bajo un planteo de política social hegemonizado por la contraprestación laboral, las mujeres con hijes tienen serias dificultades para acceder a un ingreso, sostener las tareas de cuidado que siguen recayendo principalmente sobre ellas».

Según un reciente estudio del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, casi la totalidad de las titulares de la Tarjeta Alimentar son mujeres. Más de la mitad no completaron su educación secundaria, tienen menos de 30 años, y tres o más niñes en el hogar. Coincidiendo con las sospechas de Grabois, el informe aclara que si bienel 65% de los hogares destinatarios de la tarjeta Alimentar declara que siempre o muchas veces realiza compras en pequeños comercios barriales, el 53,5% lo hace en pequeños supermercados y el 32,6% elige supermercados de alguna cadena. Es poca la incidencia de la economía popular. Por otro lado, la mitad de las beneficiarias reportó algún problema con el uso de la tarjeta.

«Con respecto a la tarjeta alimentar lo que nosotrosvemos es que es insuficiente y que es un modelo equivocado el de asistir sin pedir ningún tipo de contraprestación o salida laborar a cambio. Claramente uno entiende hacia adonde apunta esa medida, a poder sacar del fondo a los que están más abajo, que necesitan poder llegar desesperadamente a alimentarse. Pero creemos que es insuficiente, porque no hay un modelo de país, porque tiene connotaciones neoliberales, porque apunta solo a las grandes ciudades, genera focos de corrupción y muchas otras situaciones. Parece extraño todo lo que tuvimos que hacer para juntarnos, organizarnos, movilizarnos, generar un sindicato, para que nos vean y se den cuenta que esto estaba pasando en Argentina. Y hoy que tenemos algunos lugares en el gobierno, claramente no nos oyen. Somos parte de este gobierno y tenemos muchas horas de culo silla y de acuerdos que no se cumplen, pero claramente las herramientas siguen siendo las mismas. Si nos nos oyen en algún momento las discusiones van a ser en otro tono y vamos a salir a la calle”, opina Christian Romo, referente del Movimiento Popular Nuestra América.

Buscando otros horizontes

El Gato Silvestre lo apura en C5N a Daniel Arroyo porque una marca cooperativa de leche (Yatasto) ya denunció que no le aceptan sus productos en los supermercados y le dice que tiene razón el Gringo Castro, que no hay que tranzar con los oligopolios. El ministro de Desarrollo, con su pazciencia de siempre, le explica que la ley de Góndolas todavía no se implementó, que hay que fomentar las ferias, las marcas colectivas, cobrar con qr, crear cooperativas que acerquen productores y consumidores, etc, etc. A veces los posible obstruye los deseable, lo urgente lo importante, y así. Finalmente parece que Arroyo le ofreció a las organizaciones sociales 50.000 Potenciar, las convocó a un foro (“Economía social, economía popular y creación de trabajo. ¿Cómo avanzamos?”) y salió a pedirle ayuda de presupuesto a su par del ministerio de Trabajo, Claudio Moroni, para asociar planes de formación. «Tienen razón quienes plantean que la salida es el trabajo. Mi función es apaciguar, es un momento complicado», aclara Arroyo, fluyendo como su apellido entre un gobierno cuya estratregia parece cada vez más complaciente con el poder fáctico (desde el FMI a la Copal, Clarín, el poder judicial y el sistema bancario…) y menos contemplativo con los movimientos sociales que lo apoya y que día a día, frente al hambre y la falta de recursos, pierden terreno frente a los sectores más radicales, como el Polo Obrero del FIT, que cada vez logra movilizaciones más masivas en las calles (y esta semana se reunió por primera vez con Arroyo dentro de la Unidad Piquetera que agrupa a unas 35 organizaciones).

«También como organizaciones sociales tenemos que hacernos cargo que hay varios cementerios de máquinas textiles y bloqueras, planes potenciar que no se usaron para el trabajo cooperativo sino como un subsidio más, que nos falta poder de gestión, de administración o de formación de cuadros (sobre todo para que no consuman en los supermercados productos de los oligopolios del alimento). Muchas veces nuestros dirigentes son machistas patriarcales, con estructuras aparatistas, pidiendo que Dios siga atendiendo en Buenos Aires, con lógicas de la vieja política y desconociendo el trabajo en el campo, que aún siendo lo mejorcito que tenemos, no alcanza para alimentar a todo el país. Quizás halla que discutir desde los hechos de esta periferia marginal donde nos hemos posicionado. Esperar a que nos vea y nos oiga toda la sociedad pa que seamos gobierno desde la convicción de nuestra propuesta», confiesa una compañera en medio de un asado en el monte de Traslasierra.  «Hay que hacer una autocrítica y analizar que capacidad tenemos de producir desde los sectores populares (o medios) alimento para los 44 millones de argentinos. Que estrategias graduales nos vamos dando para llegar a nuestro objetivo. En si mismo la tarjeta alimentaria no es cuestionable, porque permite generar consumo. Y hoy tenemos mecanismos que antes no teníamos. Hoy nuestros productos llegan a Buenos Aires y desde allá traemos productos de otras cooperativas. Son cosas que se hacen a pulmón, pero que son fundamentales, porque si producís un montón pero no tenés donde vender y dependés de los supermercados, estás muerto», coincide Pablo Blank, parte de la Unión Campesina de Traslasierra (Ucatrás), dentro del Movimiento Nacional Campesino Indígena Somos Tierra, que además de su local, Monte Adentro, comercializa en los locales cooperativos Humano, donde cualquier doña puede comprar alimentos de primera calidad a buen precio y con la tarjeta Alimentar, incluyendo aceite de oliva o dulce de leche de cabra, yuyos o semillas de huerta y otros productos de productores locales, o yerba de cooperativas de Misiones, o arroz, fideos, polenta, aceite de girasol de la Federación de Cooperativas Federadas Limitada (FECOFE), dulces caseros de productoras de Calamuchita que llegan a través de los Mercados de la Tierra de la Corriente Nacional Martín Fierro. «Nunca podríamos estar en contra de que aumente el monto y el alcance de la tarjeta alimentaria si eso favorece a quienes la vienen pasando muy mal. Y por supuesto que coincidimos en que el trabajo es el elemento central de la reconstrucción nacional.  Para ello nos gustaría que hubiera un enorme plan de obra pública con cooperativas, que nos permitan producir alimentos en tierras públicas u otras medidas que tengan la escala suficiente para modificar la situación en la que estamos. Para nosotros la economía popular es un piso de reivindicaciones que conquistamos las organizaciones populares pero no un punto de llegada: no podemos quedarnos en la lógica de subsistencia sino pensar en cómo tener productividad, como incorporar tecnología y como alcanzar mayor rentabilidad en lo que hacemos. Nos gustaría que la UTEP pueda levantar un programa de liberación que pueda ser articulado con los distintos sectores del movimiento nacional y no quedarse sólo en las reivindicaciones inmediatas y en las exigencias al Estado», asegura Nahuel Beibe, secretario político de la organización que cuenta con sindicatos de productores de yerba o tabaco en el norte del país.

“Es complejo en tanto y en cuanto varias familias, incluyendo estaa, dependen de esa ayuda. Eso no quita que se una politica asistencial”, aclara Ivan Fernàndez del Encuentro de Organizaciones y la Feria Agroecológica de Córdoba con respecto a la tarjeta Alimentar. «En el caso de Córdoba capital la mayoria de las compañeras de las organizaciones sociales deciden usar la tarjeta Alimentar en los supermerdcados y no en los almacenes populares del EO o la Feria Agroecológica, salvo espacios muy específicos donde se hacen compras colectivas en grupos, lo cual implica una organización del consumo y pensar que se va a consumir previo a la compra. Mas allá de la publicidad y el oligopolio de la industria y la comercialización de alimentos, eso también tiene que ver con que la producción de la ecomomía popular no está teniendo una escala siquiera para abastecer los almacenes populares, muchos menos los supermercados más alla de la Ley de Góndolas. Entonces estamos en una disyuntiva, entre una política asistencial para parchar lo urgente o una política que tenga la perspectiva de fortalecer las unidades productivas de la economía popular. Porque se necesita mucha plata para que podemos empezar a producir desde la agroecología y el alimento sano y soberano una cantidad que sirva para abastecer toda la población y a buenos precios. Esto incluye el costo financiero. Porque más allá que es difícil para las compañeras entender la tecnología y la lógica de los nuevos sistemas de pago, un 1,5% de recargo es un montón para nuestros márgenes de ganancia”, explica, dando en la tecla de una de las grandes contradicciones de la producción de la economía popular: muchas veces lo que producimos tiene una estructura de costos donde, más allá del escaso margen de ganancia, el precio no es accesible para nuestras propias compañeras. “Hay que ir dando la batalla cultural tanto en el consumo como la producción y la comercialización. Y también hacer que el estado pueda incorporarnos dentro de sus propios consumos, como estamos actualmente haciendo con la Municipalidad de San Javier. O fortalecer los centros de abastecimientos o los fletes para abaratar los costos. Es un proceso largo y que hay que exigir que sea acompañado por el estado, más allá de parar la olla», agrega Blank.

Por supuesto que en esta discusión la realidad de las ciudades es diferente a la de los pueblos. Más allá del Plan de Desarrollo Humano Integral que presentó al gobierno la UTEP y plantea la desconcentración de ese monstruo capitalista llamado ciudad, el debate de los dirigentes en los medios tiene claros tintes proteñocéntricos. Aparte del local Humano en San Javier hay pequeños almacenes o un par de supermercados familiares, cuyos mayores lujos son un lindo auto, llevar a la abuela de paseo a algún otro valle o ponerle un kiosko a las hijas. Digamos que en la tríada de saqueo y explotación Megaindustrias-Bancos-Supermercados al menos zafamos del último. Y el segundo mucho no juega. El primero menos que en la ciudad. En la feria me encuentro con Susana histórica huertera y cumpa del MTE. «¿Che Susana, bo cobras con la Alimentar?», le pregunto. «No che. No tengo mercado pago ni nadie me ha preguntado. No es necesario. Casi todos me pagan en efectivo», me contesta. A lado un vecino que vende flores y aromáticas está haciendo una transacción con la Moneda Par, una moneda social que está siendo furor en Traslasierra. Toda oferta debe crear su demanda. Y parir un mundo nuevo.

PD: Dice Humberto Eco que la estadística es esa maravillosa ciencia según la cual si una mujer murió de hambre y un hombre empachado con un pollo: los dos comieron medio pollo.