La mixtura en el monocultivo: Crítica del documental “Ver Nacer el Sol”
Por Lea Ross
La mixtura del rock se contrapone con el monocultivo del pensamiento. La región sudeste de la provincia de Córdoba cuenta con los principales rindes de soja y maíz, commodities que conforman el sueño dorado de la economía pampeana. Los cultivos salpicados de glifosato conforman un paquete biotecnológico que hizo crecer el tallo de la meritocracia. Emerge así un sujeto emprendedor, cuyos suelos repletos de nutrientes le legitima su autopercepción de un superheroísmo que se enfrenta a las adversidades, estatales o no.
En los primeros planos de Ver Nacer el Sol – Un documental de rock, las rutas, los camiones y ciertos residuos maiceros sobre el asfalto forman parte de ese escenario del núcleo duro agropecuario-empresarial, pero que se pone a un costado del camino del mediotraje. Incluso, la presencia de un río pareciera funcionar como un contrapeso o foco de resistencia frente a esa geografía regida por el corporativismo vertical.
El “Ver Nacer el Sol” es un festival veraniego rockero en la localidad cordobesa de Alejandro Roca, mediante la modalidad autogestiva. Allí funciona como un contrapunto al Cosquín Rock, cuyo atino rentístico fue la de instalar sus escenarios en lugares turísticos serranos. “Ver Nacer el Sol” es una experiencia más pampeana, exponiendo también las vicisitudes de un territorio heterogéneo como la que habitan los habitantes cordobeses.
Artistas y organizadores se ponen frente a la cámara, con el micrófono puesto o sostenido a mano, para relatar sus experiencias, sea tocando y cantando arriba del escenario, o de formar parte de la logística del evento, o simplemente atendiendo un puesto gastronómico. La presencia de Basofias, Sol Bassa, Blondie Roll, Camionero, entre otras y otros, subrayan la presencia multigenérica en las expresiones musicales, al igual que los rasgos antropológicos que pasan por distintas generaciones, hasta aquellos que se identifican con el metal, el blues, el trap y el “rock chabón”.
Una de las integrantes de Las Rivas valora la falta de “caretaje” del festival, frente al panorama de “verga” para cualquier que pretenda tocar en la gran ciudad más próxima que es Río Cuarto. Según la entrevistada, el ejercicio panóptico del Estado restringe las experiencias under, mediante la opresión de la “yuta”, bajo la sospecha de mantener un capital económico para un reducido número de beneficiarios. Aquí está el dilema de quienes provienen de distintos pagos, y sin embargo no tienen capacidad de interpelar a aquellos que habitan el pueblo de Alejandro Roca. De hecho, su presencia es silenciosa al comienzo del filme, con planos de su ámbito más céntrico y sin presencia humana. El limbo se vuelve comprensible, frente a un ámbito natural donde la desertificación es clave en las pampas. Nuevamente, el arroyo se vuelve un personaje en el relato. El escenario musical se convierte en su hermana adoptiva como modo de valorizar ese desierto verde.
Ver Nacer el Sol es un documental que se suma a una posible camada de filmes cordobeses que pretenden exponer las experiencias colectivas de los festivales musicales, como Encuentro de Juan Lupiañez y Martín Paolorossi sobre las juntadas en San Antonio de Arredondo. Son un registro concreto, sin sofisticación ni esteticismo, acorde a prácticas que se resisten a la anulación posmoderna, y su legitimidad estatal, para anteponer el salvataje individualista. La música es siempre un rito colectivo que opaca el olor de los pesticidas.
