¿Es la libertad capitalista una estafa piramidal?
Historia del curro financiero moderno desde Rothschild a Galperín, pasando por las locas aventuras de Ponzi. Estamos todas endeudadas. Chocolate por la noticia.
Por Tomás Astelarra Ilustraciones: @fuskavisual
La ficción libertaria superneoliberal, que una y otra vez renueva el “fin de la historia” de Francis Fukuyama, incluye como herramienta fundamental el uso del endeudamiento, desde el FMI a lo que el economista y comunicador Alejandro Bercovich llamó “el chori financiero”. Ya sea a través de bancos, billeteras virtuales, entidades públicas, criptomonedas, locales con ploters conurbanos, prestamistas bolivianos, señoras narco de barrio, estadísticas, riesgo país, votos licuadora y otras fantasías positivistas de patas cortas.
La deuda, pública o privada, es tan vieja como la concentración económica, la función de utilidad, los estados modernos y la falsa meritocracia. En Argentina es casi tan vieja como la escarapela.
Las religiones protestantes nacieron en Europa, entre otras cosas, al son de una burguesía creciente que no coincidía con la ley católica apostólica romana que sostenía que la usura era un pecado. Las comunidades judías del continente ya se les habían adelantado y en Frankfurt de Melo, Austria, a mitad del siglo XVIII, un orfebre de nombre Amses Moises Bauer fundaba una casa de préstamos que no solo le permitiría vivir “de arriba” abandonando las artesanías o cualquier otro oficio manual, sino también fundar una de las dinastías y entidades financieras más prósperas y poderosas de la modernidad: la banca Rothschild.
Las burbujas financieras o estafas piramidales no son novedad de este siglo, más allá, de los vericuetos tecnológicos del asunto. Ya en su libro de 1841, Memorias de extraordinarias ilusiones y de la locura de las multitudes, el periodista escocés Charles Mackay rescató la maravillosa historia de la “tulipomanía” que en el siglo XVII causó la bancarrota de cientos de inversores holandeses.
En este nuevo siglo XXI donde se pusieron de moda las estafas piramidales y los faraones tecnológicos, quizás sea útil recordar la historia de un tal Carlo Ponzi.
Inmigrante clandestino e ilegal
Nacido en Lugo, Italia, en 1882 y desencarnado en Río de Janeiro en 1949, con una próspera carrera delictiva como estafador en Estados Unidos, Carlo pasó a la inmortalidad como autor del Esquema Ponzi, un método de engaño financiero intertemporal que desarrolla ingentes ganancias de corto plazo en algunos pocos inversores (incluyendo al creador) pero al costo de ingentes pérdidas de largo plazo (incluso permanentes) en un montón de inversores posteriores.
Para más detalles se puede estudiar el Caso Libra. O quizás alguien todavía recuerde al gran Ponzi cordobés, Leonardo Cositorto y su “Generación Zoe”.
En mi breve historia personal, de pibe, cuando aún ni siquiera intuía que iba a estudiar economía, en plena primavera alfonsinista, algún tío comentó en la mesa familiar como había sido estafado por un esquema Ponzi de nombre “el juego del avión”. Ya en Traslasierra, pintando canas, como periodista económico, recibí muchos agradecimientos por explicar en diversos artículos y columnas radiales porque el dichoso “mandala de la abundancia” era, básicamente, una estafa piramidal. A pesar de no necesitar grandes avances tecnológicos, el curioso esquema Ponzi que se basaba en el “ecofeminismo” y la “pachamama”, se había extendido más rápido que amor seco o tulipanes de Holanda entre tribus jipis permaculturales y anarcoluditas.
ECONOMÍA | ¿Se acuerdan de los mandalas de la abundancia? – Podcast de Garabato – Podcast en iVoox
Como dice un viejo proverbio: “cuando la limosna es grande hasta el santo desconfía”. Y como alguna vez declaró mi amigo Pablo Merolla: “lo único que he visto pongas uno y den ocho son las semillas. Proba de enterrar un billete”.
De todas maneras, como nadie te quita lo bailado y calavera no chilla, en su tumultosa y quizás corta vida, Carlo Ponzi, robo, huyó y lo pescaron varias veces. Vivió numerosas aventuras y lujos inimaginables. Viajó por el mundo y finalmente murió, a los 66 años. Igual que como había nacido: pobre y abandonado, en un hospital público de Brasil.
Logró lo que muchos de su clase no suelen lograr: dejar su nombre en la historia. Si bien no fue diputado, ni tuvo un zoológico, o la guita como para pagar la deuda externa de Colombia (y no se hicieron tantas series con su vida), Ponzi vivió muchos más años que un tal Pablo Escobar (que fue asesinado descalzo en un techo un día después de cumplir los 44 años).
Pero lo que muchos no recuerdan del tal Ponzi es que su famoso método lo ideó trabajando en un banco. “¿Para qué hacer negocios para estos señores si puedo hacer lo mismo para mi propio beneficio?”, se preguntó aquel inmigrante italiano pobre recién llegado a Estados Unidos y con un precario empleo de cajero en una entidad financiera.
Ese fue su mayor crimen: estafar para su propio beneficio y no el de los “dueños del mundo” (entre ellos, en ese entonces, la familia Rothschild).
Quizás Ponzi llegó a escuchar al Maqui Navaja, el personaje de Bertolt Brecht en la Opera de los tres centavos, cuando afirmaba: “¿Qué es robar un banco comparado con fundarlo?”. O como expresó León Gieco poco antes de la vuelta de la democracia, sobre el final del “proceso de reorganización nacional”: “Justo ayer me di cuenta, que solo es cuestión de plata. Mientras diez ventanillas cobran, una sola es la que paga”.

Plata Dulce
Un año después de la publicación del disco Pensar en Nada, el mismo 1982 de la guerra de Malvinas, mientras el mingo Cavallo nacionalizaba la deuda de las empresas de los hoy “dueños del país”, se estrenaba la película Plata Dulce de Fernando Ayala. Casi un documental acerca de cómo viven (comienzan y terminan) sus aventuras financieras las clases populares de Argentina. Igual que Ponzi: mal.
Todavía no existía internet ni las redes sociales, Javier Milei y Marcos Galperín jugaban con guardapolvos en el patio de alguna escuela y el Toto Caputo no había terminado el secundario. Pero durante el “proceso de reorganización nacional” (1976-1983), la deuda externa argentina pasó de 8.000 millones de dólares a cerca de 45.000 (450% de crecimiento). La pobreza del 5 al 25% (400% de crecimiento). El salario real perdió casi el 40% de su valor. Cerraron más de 10.000 pymes y la industria jamás pudo superar los 6 millones de empleos formales con los que contaba antes de la llegada de los Chicago Boys y el buen Joe Martínez de Hoz.
Al igual que el reciente caso Libra, por más que todavía no sepamos quiénes fueron los responsables (los que se quedaron con la tarasca), si podríamos asegurar que son muy pocos en comparación con los miles que perdieron sus ahorros. Podemos especular con que el pobre Ponzi no tuvo nada que ver. Tampoco los millones de argentinos que “cayeron en la pobreza”.
Pero al igual que la violencia, los robos y el déficit fiscal, la culpa siempre es de los pobres. Quizás por eso, llamamos a las estafas piramidales Esquema Ponzi, y no Esquema Martínez de Oz, o Esquema Galperín. O quizás, siendo históricamente correctos: Esquema Rothschild.
La estrategia no era nueva. Apenas menos vieja que la escarapela. No había pasado una década de la invención de Belgrano cuando en 1922, Bernardino Rivadavia decidió endeudarse con la Baring Brothers (que luego pasaría a ser propiedad de la banca Rothschild). Más allá de las importantes comisiones financieras y la utilización del préstamo para fomentar las exportaciones de granos a Inglaterra (que utilizó el poder de la deuda para iniciar la Guerra de la Triple Alianza y destrozar la república autónoma de Paraguay), aquel primer empréstito internacional de la Argentina finalmente lo término de cancelar Perón en 1947 (un par de años después de la creación del FMI).
Hagan la cuenta. El bono a 100 años del Toto Caputo un poroto.
Si León Gieco o Milo J hicieran una reversión siglo XXI de Pensar en Nada, además de incluir las redes sociales y el yoga, deberían actualizar la estadística. Hoy parecería que unas mil ventanillas cobran mientras que la que paga abre solo una vez por semana.
La pregunta es: ¿Quién no pudiera como el señor Bauer dejar de laburar para dedicarse solo a prestar guita? ¿Para qué va el señor Marcos a esforzarse en brindar un mejor servicio de comercialización de productos de la economía popular si dos tercios de sus ingresos vienen de prestarle guita a altas tasas a esas mismas clases populares? ¿Qué culpa va a tener Martínez de Hoz si al final el que fue en cana fue Videla? Los financistas, diría Borges, no son malos. Son incorregibles.

¿Es el capitalismo una estafa piramidal?
Los vericuetos de como el capital financiero internacional logró aprovecharse de la quema de brujas, el oro del Potosí, la ciencia positivista y el nuevo Estado Liberal para crear un Mercado amañado y monopólico, pueden leerse en En la economia del bien común: ¿La libertad avanza?
Entrando al siglo XX, varias décadas después del nacimiento del capitalismo y la banca financiera, cuando el inefable Carlo Ponzi (tras dos estadías en las cárceles gringas) ya se encontraba deportado en Italia pergeñando nuevas aventuras, en octubre de 1929, en Estados Unidos, ocurrió una de las mayores estafas piramidales de la historia moderna.
El famoso Martes Negro. Que hizo colapsar a la Bolsa de New York, sumiendo al mundo en la Gran Depresión. Luego de que los consumidores de la, ya entonces, principal economía del mundo, Estados Unidos, tiraran “manteca al techo”.
Entre otras consecuencias globales, la caída de los precios internacionales de los granos (a quien todavía nadie llamaba commodities) produciría en Argentina el primer golpe militar del siglo XX. Lo que luego se denominó “la década Infame”.
¿Y a que no saben cuál fue una de las primeras medidas del gobierno de facto de José Felix Uriburu? Efectivamente: un plan de austeridad que redujo el presupuesto del Estado, el salario real de los trabajadores y aumentó el desempleo.
Porque, por más que nunca habían tirado “manteca al techo”, aquellos peones lecheros y exportadores de granos de un país del culis mundis tuvieron que pagar las deudas de los consumidores gringos.
Seguramente algún señor Fraga les dijo algo así como: “le hicieron creer a un empleado medio que podía comprarse celulares e irse al exterior”, mientras le otorgaba un préstamo millonario o pagadios a Vicentín.
De todas maneras, como la humanidad tienen una saludable tendencia a la creatividad en tiempos de crisis, aquella estafa piramidal de 1929 generaría, según mi humilde opinión, uno de los textos más brillantes sobre finanzas populares en la era capitalista. De un tal Marx (Groucho).
“Muy pronto un negocio mucho más atractivo que el teatral atrajo mi atención y la del país. Era un asuntillo llamado mercado de valores. Constituyó una sorpresa muy agradable descubrir que era un negociante muy astuto. Todo lo que compraba aumentaba de valor”, comienza el texto De cómo fui protagonista de las locuras de 1929. Terminaba con una pérdida de 240.000 dólares o ciento veinte semanas de trabajo.
La frase que concluye el relato bien podría describir la sensación de muchos argentinos a poco de terminar el mandato del gobierno de La Libertad Avanza: “Creo que el único motivo por el que seguí viviendo fue el convencimiento consolador de que todos mis amigos estaban en la misma situación. Incluso la desdicha financiera, al igual que la de cualquier otra especie, prefiere la compañía”.
Sabido es que los grandes capitales financieros ya habían resguardado sus ahorros cuando millones de inversores populares lo perdieron todo en aquel “martes negro” de 1929. Igual a lo que sucedió con el corralito del 2001.
Es que hay una clave de la actividad financiera que pocos describen: la información privilegiada. “Si el verdulero de la esquina dice que hay que comprar dólares. Vos vendé”, explicó alguna vez en una columna de radio Leandro Ziccarelli, el “zar de las finanzas”, creador del podcast FMI (Financiero, Monetario e Irreverente).
Claro que ni Groucho, ni el verdulero, incluso Zicarelli o la mayoría de nosotros, contamos con la amistad ni la información privilegiada de los grandes capitales financieros. Sino hace rato que el riesgo país se hubiera ido a la mierda.
Los vericuetos de como un tal John Mayard Keynes, poco antes de fundar el FMI, vino a salvarle las papas al capitalismo financiero en un círculo vicioso llamado Estado de Bienestar (y sus correlaciones con la “década ganada”) pueden leerse en La falsa grieta económica (Segunda Parte).
La pregunta es: ¿Se trata de un esquema Ponzi, Rothschild o estafa piramidal las numerosas estrategias financieras del gran capital argentino de Rivadavia al Toto Caputo, pasando por las Leliqs de Federico Sturzenegger y la deuda de la Argentina con el FMI durante el gobierno de Cambiemos?
Algunas reflexiones al respecto pueden encontrarse en La falsa grieta económica (Primera Parte).
Las posibles estafas piramidales del oro negro y la IA.
Llevando el argumento a un extremo o caricatura (que es la mejor forma de hacer teoría), incluso más de un amigo ecologista permacultor apocalíptico podría sostener que la agricultura moderna es una estafa piramidal. Ya que se basa en un ingente consumo de petróleo donde unas cuatro o cinco generaciones humanas nos estaríamos fumando las reservas de otras veinte o treinta generaciones (anteriores o posteriores).
No tengo claro si fumar es el verbo indicado para la metáfora o si hay alguna forma de calcular la cantidad total de generaciones humanas futuras. Todos sabemos que, es ley natural, infinita y universal, que todo lo que nace tiende a morir. Incluso la humanidad.
“Buenas noticias”, decía el poeta Nicanor Parra, “la Tierra se recupera en un millón de años. Somos nosotras las que estiramos la pata”.
Si pensamos en lo efímero la historia humana en términos de la edad de Dios o el universo, tampoco es tan grave que hoy un ciudadano de esta modernidad capitalista argentina se sienta tan estafado por Mercado Libre como aquellos aldeanos holandeses que perdieron sus ahorros debido a la “tulipomanía”.
Ya vamos a aprender. El problema, quizás, como dicen los manuales de autoayuda, es si vamos a tratar de pasarlo bien con lo que tenemos y no andar creyendo en “espejitos de colores”.
Como dice el historiador Yuval Noaḥ Harari, nada en la breve historia de esta cosa llamada homo sapiens indica que el dinero trae la felicidad. Proba sino ponerla a tu perro delante un churrasco y un maletín con un millón de dólares. Ni hablar de un celular con una cuenta crypto.
La pregunta es: ¿Elegir el maletín nos hace más inteligentes? ¿O en realidad nuestra inteligencia es cada día más artificial? ¿Será la IA una estafa piramidal?
Quizás algo parecido al petróleo sucede con la Inteligencia Artificial. Porque cada vez que le preguntas al celular como lavarte el pelo, en algún lado del mundo una cybergranja o data center está consumiendo recursos naturales. Todas las fantasías siempre tienen algún contacto con la realidad.
Así como cuando compras un pollo en el supermercado a veces no te es fácil saber si el bicho sufrió o no, o seguramente cada vez que vas a la estación de servicio, además de nafta, te estas cargando un par de niños en medio oriente. Incluso hay veganes que están destruyendo la fauna planetaria trayendo desde China alguitas kombu o tomando Coca Cola.
No sabemos si el bicho este (la IA) va acabar con la humanidad antes o después de que la humanidad acabe con el planeta (o con sí misma, según la teoría de Nicanor Parra). Quizás, al igual que el petróleo, o el sistema financiero, o la escarapela, el problema no sea la herramienta en sí, sino la ética fantasiosamente individualista y destructiva que cargamos desde los orígenes de la civilización (especialmente la moderna capitalista patriarcal). No olvidemos que el internet es un invento del ejército de Estados Unidos que hoy comanda la IA del mismo Peter Thiel que, por alguna extraña razón, pretende comprar la Patagonia más allá de los reclamos de Gandalf, el Papa y los ecologistas.
Lo que cada vez es un dato más claro de esta realidad virtual y sus conexiones físicas es que, como diría un viejo clásico del rock argentino de los ochentas: “el primero te lo regalan, el segundo te lo venden”. Cualquiera que tenga acceso a esta nueva tecnología podrá verificar que de repente los pagos de aplicaciones suman una importante cuota de tus gastos mensuales (todavía no registrados en el índice de inflación del Indec). Al igual que las cuotas de la tarjeta de Mercado Pago o el Agente Naranja. Y si uno se descuida un segundo se gastó medio sueldo en un jueguito de celular o las apuestas del fulbo.
Ya parecería evidente que por más que los emprendedores sigan invirtiendo en publicidades de Meta el negocio no prospera. Y que mientras Tato Bores o Mirta Legrand eran millonarios y se pasaban un largo verano en Punta del Este entre ciclo y ciclo de programas en la tele, Tomás Rebord se tuvo que volver de raje del mundial en Estados Unidos para ponerse a laburar porque un empresario libertario lo dejó a él y todo su equipo de patitas en la calle.
La pregunta es: ¿Quién se está quedando con la guita de los influencers, youtubers, emprendedores, esclavos de plataformas y consumidores cibernéticos en general?

Tecnofeudalismo (o vivir en Punta del Este).
Los 12 milmillonarios más ricos del mundo (casi todos relacionados con servicios de internet o nuevas tecnologías) acumulan, en conjunto, más riqueza que la mitad más pobre de la población mundial (4.000 millones de personas). Si haces bien el cálculo, estadísticamente, es muy probable que estés más cerca del segundo grupo que del primero. Junto con influencers, youtubers, emprendedores, esclavos de plataformas y consumidores cibernéticos en general
En el informe del año pasado, “Del beneficio privado al poder público: Financiar el desarrollo, no la oligarquía”, la organización Oxfam Internacional estimó que la riqueza del 1% de individuos con más dinero del mundo (casi todos relacionados con servicios de internet o nuevas tecnologías) se había incrementado, en solo diez años, más de 33,9 billones de dólares en términos reales.
No había pasado medio año y en su nuevo informe de principio de este año (“Contra el imperio de los más ricos. Defendiendo la democracia frente al poder de los milmillonarios”) la organización aclaró que la concentración económica había superado récords históricos. Con más de 3.000 milmillonarios en el planeta, la riqueza de los privilegiados “dueños del mundo” se había disparado otros 6,5 billones de dólares en términos reales y ya equivalía al 14,6% del PBI mundial. Más de la mitad del país más rico del mundo (Estados Unidos, con un 25,7%) y casi alcanzando al segundo (China, con un 16,7%).
Si bien los datos exceden nuestra imaginación y la propia estadística es, por definición, una fantasía, según Oxfam (vamos a creerle), en 2025, la riqueza de los milmillonarios aumentó tres veces más rápido que la tasa anual promedio de los cinco años anteriores. Quizás por eso, tienen 4.000 veces más probabilidades de ocupar un cargo político que la gente corriente.
Claro que no serían candidatos “verdes”. El 1% más rico de la población mundial genera tantas emisiones de gases de efecto invernadero como los dos tercios más pobres de la humanidad. Habría agotado su “presupuesto anual” de carbono (es decir, el total de Co2 que se puede emitir para lograr limitar el aumento de la temperatura global) en tan solo los 10 días. El 0,1% más rico ya lo había agotado en tres.
Y vos preocupándote por separar la basura y apagar la luz.
Quizás ecología, estafas piramidales e IA estén relacionadas. Y sea natural que ya nadie pueda o quiera ganar guita laburando. Como el viejo Rothschild o Marcos Galperín.
Buenas Noticias: con lo que se incrementó la riqueza de los milmillonarios en el último año se podrían distribuir 250 dólares a todas las personas del planeta y, aun así, continuarían siendo más ricos que el año anterior.
Malas Noticias: No la piensan repartir. Según Oxfam, los países del G7, que representan aproximadamente tres cuartas partes de la ayuda oficial al desarrollo, recortaron en 2025 un 28% su aporte respecto al año anterior. Por más que el 60% de los países de renta baja donde viven estas personas pobres, estén al borde de una crisis de deuda y en medio de recortes presupuestarios.
Entre otras cosas, por la mayor dificultad de cobrarle impuestos a estos señores dueños del mundo. Las maniobras van desde el lavado de dinero o fuga de capitales a paraísos fiscales a complejos sistemas de elusión de impuestos diseñados por costosos estudios contables con varios millones de veces más presupuesto que la AFIP (actual ARCA, ex DGI). O algo tan simple como mudarse a Punta del Este, como hizo Galperín.
El titular de la Agencia de Recaudación bonaerense (ARBA), Cristian Girard, calculó hace poco quesi Galperín gastara 100.000 dólares por día, tardaría 197 años en agotar su fortuna.En cambio, un trabajador con salario mínimo tardaría 36 años en juntar esos mismo 100.000 dólares.
Si se toma en cuenta el reciente análisis del asesor de Mercado Pago, Mati Fernández, sobre los dichosos morosos del sistema financiero en Argentina, aquellas personas que, podemos especular, se endeudaron para parar la olla (los que deben menos de $100.000) son apenas un millón de compatriotas (el 17% del total de endeudadas). Es decir, que con 100 mil millones de pesos lo arreglamos.
Serían unos 67 millones de dólares. Menos del 5% de lo que Toto Caputo les dio a las seis multinacionales dueñas de la soja en Argentina en septiembre del año pasado cuando se le ocurrió reducir las retenciones a cero durante 72 horas. O la mitad de los u$s 42 millones que Mercado Libre se ahorró por no pagar el impuesto a las Ganancias y los aportes patronales por la Ley de Economía del Conocimiento en lo que va del año 2026. O un poco más de un décimo de los u$s 608 millones que se viene ahorrando la empresa desde que se puso en vigencia dicha ley.
El Problema no es si es usura o no. El problema es que es un vuelto. Una monedita a la salida del supermercado. Ponéle que no sea justo que lo pague Galperín. Estamos hablando de un tipo que tiene una fortuna de 7.200 millones de dólares. Estamos hablando del 0, 009% de su fortuna.
Por suerte en las redes hay miles de publicidades que te ofrecen hacerte millonario en un segundo o al menos conseguir un trabajo bien pago como troll de Temu o copywriter de alguna empresa con nombre raro. Los escépticos apocalípticos ya sospechamos que esos avisos son más truchos que muchos de los productos que se pueden comprar en Mercado Libre.
Porque la pregunta sigue siendo: ¿Y nosotros como hacemos para vivir en Punta del Este todo el año?
