CRÍTICA DE CINEPensamiento Crítico

Una salamandra llamada desarraigo

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Un recorrido serrano por el Festival de Cine de Cosquín: calles electorales, personajes que vagabundean en ámbitos vistosos y obras “cordobesas” que no serían tales.

Por Lea Ross

Siempre que se realiza el Festival Internacional de Cine Independiente de Cosquín (FICIC), las nubes otoñales tienen más presencia que los peatones en la zona céntrica coscoína previo a la noche. La particularidad de ésta edición número 12 es la presencia de carteles con rostros de candidatos para las elecciones municipales.

“Los festivales permiten ser espacios que remiten a cómo comenzó el cine, que era un lugar donde se juntaba el pueblo, una palabra que está siendo bastardeada hoy en día”, explica frente al micrófono Roger Koza, director artístico del evento, previo a la proyección de Poet, película proveniente de Kazajistán, realizada por Darezhan Omirbayec. Es una atractiva y potente tragicomedia sobre el devenir existencialista de la poesía, frente a la paulatina desaparición de las lenguas en el mundo al ritmo de la expansión de la mercantilización de las cosas. En un momento, el protagonista, que no sabe si con la literatura sobrevivirá económicamente, vagabundea en el interior de un shopping con bulliciosas publicidades de ofertas sobre artículos electrónicos. Muy parecido habremos sentidos les asistentes del FICIC, cuando los centros comerciales de Cosquín exponen pantallas luminosas, incluyendo un ruidoso evento proselitista en la esquina de un bar.

Amigas en un camino de campo es la película que dio el inicio el festival. Dirigido por el cordobés Santiago Loza sobre un grupo de personajes que van tras el rastro de la llegada de un meteorito. Lo histriónico de esta trama permite aprovechar grandes planos generales en zonas montañosas, sin recurrir al cliché del dron. “Había tomas que, como dice Santiago, era como ir a esperar a que apareciera la propia toma”, comenta la actriz Eva Bianco, cuyo personaje prepara pan casero con una salamandra, en referencia a algunos planos donde son intervenidos, de manera auspiciosa, por algunas especies como aves. En ámbitos más urbanos, Kristina, la ópera prima del serbio Nikola Spasic, sigue los pasos de una meretriz que curiosea sobre sus raíces, el cristianismo y las artes plásticas. La calibración geométrica de cada cuadro, sean los colores y la luz, es casi una obsesión del realizador hacia su criatura, como si ella fuera su proyección. En la sala, el ambiente sonoro es interrumpido por un altoparlante que atraviesa las paredes, promoviendo otra candidato.

Dentro de los cortometrajes, la cordobesa Río, de Matías Herrera Córdoba, toca un área sensible para la cultura de cancelación, sobre un adolescente interesado en entablar contacto con un desconocido, quien sería un cuarentón, generando una tensión sexual e intergeneracional. La fineza, encubierta de sutileza, se aprecia en el recurso literario de la arena, exponiendo el choque de ideas entre los personajes sobre el concepto de río, reducido solo al cuerpo del agua. La seleridad se agredece y la ternura se efectiviza. Irónicamente, el corto que se proyectó de manera previa, Still Free, del ruso Vladim Kostrov, tiene un mensaje bienintencionado en contra de la invasión a Ucrania, pero recurre a una estrategía éticamente ruidoso, que son los registros de archivo de dos amigxs que estaban de pareja, disfrutando de un ambiente que también tiene una playa. Los títulos de cierre aclaran que esos dos jóvenes ya no estan unidxs y el director desconoce de sus paraderos (uno de ellos, estaría participando de las tropas invasivas). Sin el consentimiento de los mismos, genera un escozor donde el “disfrute” por estas imagenes son asegurados para quienes habitan en lugares recónditos, como es la de un pueblo serrano cordobés.

Dicho sea de paso, el mencionado largometraje de Loza formó parte del circuito “Planos de la Provincia”, que explora la biodiversidad fílmica que hay en nuestra provincia. Pero en Amigas…, los cordones montañosos resultan dificultosos a la hora de calibrar su ubicación, más con la disruptiva aparición de un tren. Al final, nos enteramos que no fue filmado en Córdoba, sino fuera de ella. Sin ánimos de caer en un cordobesismo berreta, la disfunción geográfica termina, involuntariamente, llevar a la película a ofrecer la calidez de una salamandra que genera miedo a muchos pueblos de este mundo. Esa salamandra se llama desarraigo.