Reclamos salariales y Renta Básica Universal
Por Yunga
En estos 5 años que pasaron desde que puse en pausa mis investigaciones en física para dedicarme a la economía política, hay un tema que me preocupa mucho: el peso que se le da al aumento salarial en los reclamos de los sindicatos hacia el Estado.
Por supuesto que entiendo que en momentos de crisis la mayor preocupación es llegar a fin de mes, sin embargo, el problema con poner el foco en el salario es que vivimos corriendo por detrás de la última crisis, depositando toda nuestra esperanza en un sistema electoral atrapado en las garras de los (autopercibidos) dueños de la tierra.
¡Y eso no es lo peor!
Cuando un sindicato, digamos por ejemplo, el de docentes universitaries, exige que se cumpla la Ley que aumentaría sus salarios, eso implica que todo el resto de la población deberá pagar su pan, su vino y su alquiler más caro, para dar esa diferencia a les universitaries. Y ojo, que aquí no estoy haciendo una crítica a la gestión del gremio (que por cierto paga mi salario), sino que también las conducciones de izquierda como la de UEPC Capital o la oposición Roja y Negra de Adiuc, que acusan a las gestiones peronistas de ser “burócratas” por negociar con el Estado, proponen alternativas que están cada vez más lejos de aquel “tomar los medios de producción” que proponía Marx y la Primera Internacional en 1864 (lo cual es en cierto sentido entendible, ya que sin convencer a la policía y/o al ejército, no nos da la correlación de fuerzas para ganar una guerra civil), y entonces la estrategia se reduce a salir todos los días a “tomar la calle”, es decir, en hacerse odiar por quienes no sólo no pueden darse “el lujo” de hacer paro, sino que encima pierden su presentismo porque el bondi se desvía.
¡Estamos peleando también por sus derechos!, me dirán, pero no, pues están pidiendo inflación para aumentar sus propios sueldos.
Esa división entre trabajadores llega a su extremo en casos como el del spot de la UBA, donde se dramatiza que un docente cobre como un mozo, algo de lo que ya me quejé en la nota La Tiranía del Mérito: univesidad pública y credencialismo.
Antes de seguir haciéndoles enojar, voy a pasar a proponer, no tan humildemente (pues no es mi naturaleza, perdón) una solución superadora: la Renta Básica Universal.
No hay UNA asamblea en la que no haya escuchado la palabra “Unidad”. Normalmente seguida de “los trabajadores”, pero a veces también Unidad con las luchas de jubilades, estudiantes, discapacitades, madres de discapacitades, neurodiversidades, y otras personas que quizás no trabajan asalariadamente ocho horas por día, pero aún así se merecen que nos organicemos para alimentarles y darles un techo.
¿Qué lucha es más transversal que exigir un salario mínimo para toda persona con DNI, por el solo hecho de habitar una tierra que es explotada, en mayor o menor medida, por toda la población?
Por supuesto que esa Renta tiene el mismo riesgo que el salario: para darle a cada argentine 100 mil pesos por mes hay que (en principio) generar una inflación mensual del 5% que los empresarios rápidamente llevarán al 10% y entonces en 6 meses esos 100 perderán la mitad de su valor; y sin embargo… ¡Qué distinto es el problema cuando nos concierne a todes por igual! Podríamos por ejemplo reemplazar una parte de esa Renta por alimentos, evitando la impresión de billetes.
Una de las cosas que más me gusta de esta propuesta es que acuerda también con la exigencia del sector de la población que votó a Milei porque considera que tiene que haber una reducción del personal administrativo del Estado (la parte “anarco” con la que también acordamos les anarcosindicalistas). Una Renta Básica Universal implica que toda la gente que hoy vive de analizar qué pobre merece un plan social y cuál no, podrá invertir esa energía en mejorar la realidad de todes por igual (por ejemplo, gestionando huertas). Más aún: la red de mafias partidarias que te obligan a tomarte un vino con un posible asesino para rogarle que te gestione un bolsón con el partido (como le pasó a Tehuel de la Torre el día que desapareció), queda desmantelada desde el momento en el que los planes sociales se entregan a todes por igual.
Hoy medimos el éxito de un país en términos del PBI (producto bruto interno), pero bien sabemos que muchísimas tareas no se ven reflejadas en ese número y que, además, sólo tiene sentido cuando se lo compara con otros países. Poner el foco en la Renta Básica Universal implica tener un número muy concreto que represente nuestra fuerza colectiva y nuestra capacidad para gestionar un territorio.
