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Ganancias empresarias, paramilitarización y lawfare

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La actual movilización popular en apoyo de la ex-presidente Cristina Kirchner expresa la punta de iceberg de una situación geopolítica que las cumpas zapatistas denominan cuarta guerra mundial. La violencia militar, cultural e institucional como herramienta de la ganancia empresaria contra las pueblas de Amerika.

“En la política económica de ese Gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes, sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada”

Rodolfo Walsh, Carta abierta a la junta militar.

“Asegúresele un 10 por ciento, y acudirá donde sea; un 20 por ciento, y se sentirá ya animado; con un 50 por ciento será positivamente temerario; al 100 por ciento es capaz de saltar todas las leyes humanas; el 300 por ciento, y no hay crimen a que no se arriesgue. En Colombia las ganancias superaban al 300 por ciento”

Walter Broderick, El Cura Guerrillero.

“Mientras los grandes medios de comunicación y las redes sociales afirman que la expectativa de vida llega hasta pasados los setenta años, ese avance científico no llega a muchas pibas y muchos pibes de estas regiones. Ellos no leen los libros que escribimos, ni los diarios donde publicamos ni tampoco escuchan nuestros programas de radio, ni ven nuestros proyectos televisivos. ¿Qué hacemos nosotros ante esta realidad? El narcotráfico es el ciclo capitalista actual de acumulación de dinero fresco e ilegal, que alimenta otras actividades legales. Y junto a las armas conforman esa manera de concentrar efectivo sin rendir cuentas a nadie. Hay muchas armas y mucha droga entre los pibes y el pueblo en general porque así se mantiene el sistema. Luchar contra el narcotráfico, es luchar contra el capitalismo”.

Carlos del Frade, Ciudad Blanca Crónica Negra.

“Creo que estos temas que son duros porque cuando uno llama a las cosas por su nombre no es gratis. Es un mundo que cobra muy caro a todas aquellas que mencionamos a las cosas por su nombre y no recurrimos a eufemismos cuando se abordan los problemas”.

Cristina Fernández de Kirchner. Los pueblos siempre vuelven

Por Tomás Astelarra

La violencia, dice Carlitos Marx, es la partera de la historia. Siempre ha sido una herramienta de la construcción del capitalismo. Desde la destrucción de Cártago por el imperio romano a la quema de brujas. De la conquista de América a las dictaduras militares que poblaron coordinadamente el continente en la década del setenta. Es lo que hoy las cumpas zapatistas denominan una cuarta guerra mundial contra las pueblas. La violencia puede ser física (paramilitar, femicidios, gatillo fácil) o psicológica (cultural, medios de comunicación, leyes y aparatos judiciales).

Quizás sea la quema de brujas el primer caso de lawfare de la historia moderna. Sobre ella se construyó el negocio de la ciencia positivista y patriarcal que permitió a lo largo de los siglos avanzar sobre la naturaleza y las pueblas desde una visión de economía que lejos del cuidado de la casa común se declara administradora de recursos y necesidades desde una exactitud matemática que solo contempla el dinero (la llamada ganancia empresaria). Los aberrantes índices de concentración de la riqueza en base a esa “ganancia” empresaria no solo reflejan una inequidad monetaria, sino que esconden en las frías estadísticas o planillas de excell, la destrucción del planeta, la guerra de baja intensidad, la criminalización de la protesta social y el narcotráfico o la trata de personas (entre otras externalidades). Durante la crisis financiera del 2008, el economista chileno Manfred Max Neef se preguntaba de dónde había salido el dinero de los estados para salvar a los bancos internacionales, siendo que el monto era igual al necesario para combatir el hambre del mundo durante 600 años (según los índices de la FAO).

Para muestra basta un botón

La contradictoria y violenta realidad colombiana desafió mis paradigmas de intelectual con una visión de pensamiento crítico y económico. Fueron les cumpas del territorio los que a través de sus análisis y experiencias desandaron este camino bajo una simple ecuación: el rendimiento de los recursos naturales en Colombia garantizaba la ganancia empresaria suficiente para financiar medios, jueces, políticos y hasta grupos paramilitares. Y encima quedarse con un abultado vuelto que, a la vez, se engrosaba con negocios paralelos como el narcotráfico, la trata de personas o la venta de armas.

“Hoy hay mucha información, y hace falta sacar más, pero en cada uno de los sectores de la economía hemos visto que hay tres patas para el problema tan grave que se vive. Una es la de los recursos naturales, otra es la de las transnacionales, y la tercera, la del terrorismo de estado. Colombia es un país muy rico: tiene oro, tiene petróleo, tiene carbón, tiene biodiversidad, aguas, lo que uno quiera. Como es un país muy rico las multinacionales vienen detrás de todos esos recursos naturales. Pero para que puedan beneficiarse de ellos es necesario que no haya comunidades organizadas que luchen para impedir que nos roben estos recursos que son de los colombianos. Entonces las transnacionales necesitan quitarse del medio esa resistencia popular. ¿Cómo se la han venido quitando? A través del terrorismo de estado agenciado por los gobiernos”, me explicaba Edgar Páez, dirigente del sindicato de la alimentación Sinaltrainal en medio de la organización del Tribunal Permanente de los Pueblos que durante dos años juzgó decenas de las multinacionales hoy dueñas de nuestros consumos (Coca Cola, Nestle, Unilever, Monsanto, United Fruit, varias petroleras y mineras.) por crímenes de lesa humanidad en complicidad con el gobierno apoyado por Estados Unidos y otros países desarrollados junto a sus organismos multilaterales y hasta ongs ambientalistas como la WWF (en cuyo directorio actúan dichas multinacionales).

“En el mercado mundial una mina de oro considerada de buena productividad produce 50 gramos por m3. Las del Sur de Bolívar producen 320. Mientras un ecosistema como el de los bosques canadienses alberga 120 o 160 especies por m2, el manglar chocoano tiene 3.200, y hay muchas que todavía no se han tipificado. La guerra focalizada tiene un rendimiento económico inmediato, y en algunos casos también genera plusvalor a través de otros elementos que no son propios del territorio como es el mercado de armas o el narcotráfico”, me explicaba el investigador Hernando Gómez poco después de una conferencia con pueblos originarios del Cauca, donde, además de mostrar la increíble similitud entre el mapa de territorios de ocupación paramilitar y los proyectos económicos estratégicos, les explicaba el porqué de la violencia que vivía su territorio (aún hoy con una estadística escalofriante de asesinatos y judicialización de dirigentes sociales). “Si hace 40 o 50 años los pobladores de Irak me hubieran preguntado por qué iba a haber una guerra, mi respuesta hubiera sido clara: están parados en el centro energético más importante del planeta. Así que si hoy ustedes me preguntan por qué los están matando, la respuesta es simple: están parados en uno de los centros hidrográficos más grandes del planeta. No es casual que Valencia (Cauca) sea el tercer territorio con mayor número de hombres armados del mundo”, explicaba el experto.

Según las Naciones Unidas, además de convertirse en el segundo país con mayor cantidad de desplazados en el mundo, en Colombia, durante cada día de los primeros cuatro años del gobierno de Álvaro Uribe Velez (2002-2006), ocho personas fueron asesinadas y cinco detenidas arbitrariamente. El total de asesinatos (11.292) es mayor al total de víctimas de los 17 años de dictadura de Pinochet en Chile. Un informe de la Comisión Colombiana de Juristas determinó que el 62% de los casos habría sido responsabilidad del Estado por tolerancia o apoyo a grupos paramilitares y el 12% por acción directa de sus funcionarios. Además, según el Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos, durante dicho gobierno hubo 8000 detenciones masivas y arbitrarias. El escándalo de “falsos positivos” demostró como el ejército colombiano masacraba jóvenes de las periferias pobres de las ciudades para presentarlos en la televisión como guerrilleros caídos en combate. Acusados de “rebelión” terminaron en la cárcel desde el corresponsal de Telesur en Cartagena, Freddy Muñoz, a la poetisa Angie Cepeda (organizadora del festival de poesía de Medellín) o el intelectual Miguel Ángel Beltrán, deportado desde México sindicado de ser el brazo internacional de las FARC.

“En mi expediente no se me acusa de despedazar campesinos con motosierra, ni se me atribuye el asesinato de jóvenes provenientes de sectores populares que luego son presentados como falsos positivos; tampoco se me imputan tratos crueles, inhumanos y degradantes contra persona alguna; mucho menos se me inculpa de delitos de lesa humanidad: contrario a ello se me acusa de instigación al terrorismo por denunciar estos hechos y la responsabilidad del estado colombiano”, escribiría Beltrán desde la cárcel. “En Colombia hay 9 mil presos políticos declarados. Esto incluye presos de conciencia, que son acusados por sus ideas. Desde el gobierno de Uribe hubo una escalada muy fuerte en la universidad de presos políticos. Desde que salí los medios oficiales de comunicación y los organismos policiales han tratado de demostrar que había nuevas pruebas en mi contra y que en cualquier momento iba a volver a la cárcel, como un mecanismo para generar presión y silenciamiento. También hubo amenazas contra mí y contra mi familia. Posteriormente me llegó información de un plan para matarme”, me contaba el prestigioso académico durante su exilio en Buenos Aires.

Del cartel de Medellín al hombre del siglo en el History Channel.

El plan narcoparamilitar de Álvaro Uribe se remonta a su actuación como ladero de Pablo Escobar como director de la empresa de aviación de Medellín. Entre los cien hombres más buscados por la DEA en los ochentas, Uribe llegó a la presidencia de Colombia como gran aliado de Estados Unidos en la región a principios de este siglo. ¿Cómo sucedió esto? Al revés que su patrón (Escobar) que tenía el sueño de hacer política desde un visión popular y hasta “marxista-leninista” (situación poco comprendida por el progresismo colombiano de la época) (1), Uribe entendió que el narcotráfico y la violencia no eran el problema, sino al servicio de quién. “Uno de los territorios de mayor potencial energético, hídrico y biótico del mundo es el Amazonas, que tiene dos grande puertas: una al sur, en la triple frontera (donde está el ejército internacional más grande de latinoamérica), y la otra en el macizo andino colombiano. El Plan Colombia que fue presentado al mundo como un plan contra el narcotráfico y la insurrección armada, es un plan de ocupación militar de esta zona”, explica Gómez (2).

“El paramilitarismo ha tenido varios orígenes, pero tuvo su mayor impulso cuando el gobierno de los Estados Unidos determinó romper la revolución sandinista de Nicaragua con grupos armados que se financiaron por medio de la cocaína colombiana, lo que fue el escándalo Iran-Contras. Ahí el narcotráfico entendió que si se dedicaba a matar comunistas tendría un cierto aval. En las últimas dos décadas, el control paramilitar se ha ido ampliando de estructuras locales, a la policía, el ejército y el poder político nacional, apoyado por los dueños del país, que vieron con buenos ojos esta alianza, para exterminar a sus enemigos: los movimientos sociales, y mejorar la tecnología de impunidad en la justicia. Hoy ya se devoró al estado, controla el congreso y puede sacar leyes”, me explicaba el actual presidente Gustavo Petro (en ese entonces senador a cargo de las denuncias sobre la “parapolítica”). Su carácter de primer “presidente de izquierda” en Colombia no solo tiene fundamentos electorales en el apoyo masivo de los movimientos populares que hace años vienen copando las calles en rechazo al ajuste fiscal, el exterminio de la naturaleza y el asesinato sistemático de dirigentes. Es nutrida en el país la lista de candidatos presidenciales “de izquierda” asesinados en campaña. Desde el líder popular Jorge Eliécer Gaitán (famoso por su denuncia de la multinacional United Fruit en la Masacre de las Bananeras a mitad del siglo XX) a los candidatos de la Unión Patriótica (un intento de las guerrillas colombianas por dejar las armas y abrazar la política) en los noventas.

Una vez terminado su mandato, Uribe dejó el lugar a su ex-vicepresidente y ministro de Guerra, Juan Manuel Santos (heredero del histórico multimedios El Tiempo que selló la alianza entre el narcoparamilitarismo, la clase empresaria tradicional y los grandes medios). Ganada la guerra, el territorio, generada la doctrina del shock sobre las poblaciones y el acuerdo de paz y reinserción de los grupos paramilitares (que recibieron mayores beneficios que sus víctimas), las planillas de excell de las torres de marfil mostraban otras ecuaciones. Terminado su mandato, realizada la tarea, Uribe se dedicó a recorrer el mundo exponiendo su política de “Seguridad Democrática”, asesorando gobiernos, reuniéndose con líderes políticos (como Mauricio Macri y Sergio Massa en Argentina) y firmando acuerdos de entrenamiento de fuerzas de seguridad a cargo de ex-lideres paramilitares. El canal de televisión History Channel lo destacaba como el colombiano del siglo.

Negocios también en tiempo de “paz”

“Las multinacionales se han dado cuenta que para asegurar las inversiones en este país hay que asegurar la paz. Pero el proceso de paz no es un proceso desinteresado. No les interesa paz sino estabilidad, no les interesa que las víctimas tengan justicia, sino que se conformen con lo que haya, con lo que le den. Porque una víctima peleando por sus derechos crea problemas de inestabilidad política. Si una multinacional se hizo con una mina de oro mediante la violencia, y los desplazados se ponen a pelear ese tema, la empresa pierde. En el Cesar, que es un departamento palmero por excelencia, muchos empresarios han hablado abiertamente de buscar fondos internacionales para proyectos de reinserción de los paramilitares”, aclaraba durante el gobierno de Juan Manuel Santos, en medio del proceso de paz con las FARC, el intelectual colomboirlandés Gearoid O’Loingsigh, autor de “La estrategia integral del paramilitarismo en el Magdalena Medio colombiano”, donde describe como a través de la violencia, el desalojo y la tala indiscriminada de selva las multinacionales lograron apropiarse de un territorio estratégico para la siembra de palma africana (una de las materias primas utilizadas en la producción de biodiesel).

En Cuba, durante el proceso de paz con las FARC, la periodista María Elena Salinas del canal Univisión le preguntó al Comandante Timochenko: “¿Por qué le conviene al gobierno de EEUU apoyar a la guerrilla colombiana?”. Timochenko respondó: “Es por los intereses que ellos tienen desde el punto de vista geoestratégico y económico. Porque es un conflicto que también los ha degastado a ellos. Fueron más de 10 mil millones de dólares que sale del presupuesto de Estados Unidos. Además estamos en un momento de crisis financiera mundial. Fueron casi 12 años y no hubo resultados, no nos derrotaron. Porque las condiciones que alimentan el conflicto están vivas. Ahora, hay también todos esos megaproyectos, en las zonas fuertes del conflicto, hay muchos intereses económicos que si desaparece el conflicto, pues hombre, van a tener posibilidad de desarrollarse”. Se refería, entre otros territorios, a los llanos orientales donde el gobierno de Juan Manuel Santos acababa de firmar un acuerdo con el zar de la soja Gustavo Grobocopatel para explotar 3 millones de hectáreas. Grobocopatel, a través de la canciller argentina Susana Malcorra había sido invitado a asesorar los acuerdos de paz en Cuba.

“Sobre latinoamericana, desde la época española, ha cundido la visión del Dorado, ese mito de ese occidente que hoy nos ha impuesto su razón, siempre buscando la extracción de recursos. Inicialmente con la época esclavista, posteriormente con el mercantilismo inglés, y hoy en esta nueva etapa del capitalismo mundial. La violencia en ese sentido no es simplemente el acto armado. La violencia está fundada en la negación del otro. Uno de los pilares actuales del capitalismo es la competencia, y la competencia se basa en el principio de la negación del otro. Entonces, cuando se habla de riqueza, se habla de violencia, y en el sentido más amplio del término, pobreza, ignorancia. Allí uno encuentra dinámicas que nos permiten entender que esa violencia es ejercida en múltiples niveles. Cuando se habla de las Naciones Unidas, con todos esos discursos, ellos nos dicen de que tenemos que hablar. Eso es un acto violento. Porque nos están diciendo: nosotros le identificamos los problemas y le ponemos las soluciones. Nos consideran estúpidos, como cuando llegaron los españoles. Ellos traen el conocimiento, el saber, todo su imaginario, esa es la real raíz de la violencia, y es la real raíz de la ignorancia. La ignorancia no está en el analfabetismo, está en la ruptura entre los seres y el mundo en el cual esos seres encontramos sentido y razón de existir. Ahí esta la raíz de la violencia, no importa si se hace a través de las universidad o a través del paramilitarismo”, explicaba el antropólogo, poeta y militante colombiano Humberto Motta, exiliado en algún lugar de América.

También exiliado en México, el activista colombiano Manuel Rozental, tuvo unos veinte o treinta años atrás la desagradable sorpresa de escuchar una académica mexicana explicar que la guerra en Colombia tenía raíces en la idiosincrasia violenta del pueblo. Manuel explicó las razones matemáticas de la guerra y vaticinó: “Espero no tener razón, pero basado en los recursos de México aseguraría que este país pronto vivirá la realidad de guerra y narcoparamilitarismo que hoy azota Colombia”.

Hablemos de Cristina

Ha sido tan vertiginoso el devenir de la situación económica, política y social de la Argentina en el 2002, que quizás pocos recuerden que el raid conferencista de la vicepresidenta arrancó en enero en Honduras, en el marco de la asunción como presidenta de Xiomara Castro. Xiomara ya había sido primera dama de Mel Zelaya, quien, en plena efervescencia de la Patria Grande, fuera expulsado del gobierno con una estrategia conjunta entre guerra judicial (lawfare) y represión de las fuerzas armadas (con la ayuda de paramilitares colombianos).

En medio de una nostálgica yunta de ex-presidentes o funcionaries progresistas (que como venimos debatiendo en La Luna con Gatillo no han sido capaces de revertir la estructura neoliberal de sus estados y sociedades ni fortalecer estructuras autónomas desde abajo en una complicada relación con los movimientos populares), Cristina tituló su disertación “Los pueblos siempre vuelven”. Con su excelentísima y apasionante oratoria se remontó a los ires y venires de la resistencia al colonialismo desde los pueblos originarios a las revueltas sociales de América Latina a principios de siglo. Curiosamente para el canon kirchnerista, le adjudicó a estos movimientos populares su responsabilidad en el surgimiento de nuevos liderazgos políticos. Una vez más alertó de la necesidad de estados que, a pesar del esquema de dominación capitalista, sirva para frenar la especulación empresaria y su contraparte en la debacle social, económica y ambiental. Curiosamente también, se centró en dos temas que no suelen ser parte de sus exposiciones: ambiente y narcotráfico. Decía entonces Cristina: “Cuando se instalan estas doctrinas neoliberales de supresión del estado en educación, salud, regulaciones para reducir el impacto ambiental… ¿Quien ocupa este vacío? El narco. Y es curioso que después los que impulsaron estas políticas desde afuera vienen a decir que hay que combatir el narco como si el narco se pudiera combatir únicamente desde el ministerio de Seguridad y no desde donde hay que combatirlo: que la gente pueda acceder al trabajo, a la salud, a la educación, al progreso. Si hasta la fiesta de los quince años la terminan organizando los narcos porque los padres no pueden dársela a sus hijos. ¡¿No se dan cuenta de esta paradoja horrible?! Muchas veces también los gobiernos, al carecer de recursos y renunciar a la capacidad regulatoria que debe tener el estado para preservar el medio ambiente y la calidad de vida de sus ciudadanos, termina autorizando cualquier cosa. Y ya se sabe, cuando alguien quiere invertir, impone ciertas condiciones. Y cuando menos se invierte en seguridad ambiental más rentabilidad tiene cualquier emprendimiento. Quizás en lugar de ganar mil millones y concentrar cada vez mas el ingreso, por ahí hay que ganar quinientos. Sino como me decía un grupo de empresarios mexicanos una vez: nosotros nos quedamos con las armas y los muertos y ellos con el dinero y las drogas. Porque algo que vamos a tener que empezar a discutir a nivel global para combatir el narcotráfico es que los bancos de las grandes potencias dejen de lavar las grandes fortunas que surgen del mismo. Esta es la verdad de la milanesa de lo que pasa hoy en la lucha contra el narcotráfico, en la lucha ambiental, la desaparición y la renuncia del estado a intervenir a la hora de preservar no solo el planeta, sino también que todos podamos salir a la calle sin tener que refugiarnos en barrios cerrados, en lugares donde cada vez se achican más y también se tornan inseguros, porque es tanta la miseria que hay afuera que finalmente terminan yendo a buscar donde más hay”.

De alguna manera el “plan sistemático de ocupación del espacio público” que denuncia Larreta ha sido históricamente un recurso de las pueblas para enfrentar el “plan sistemático de ocupación de los territorios” que plantea el capitalismo (ya sea con narcoparamilitarismo, los incendios de quinta generación o los aparatos judiciales que van del juicio a Cristina a los desalojos del campesinado con papeles truchos).

La suma de las partes imperfectas

Si ya lo sé, izquierdistas tradicionalistas, ambientalistas radicales y liberales autonomistas, me dirán de las complicidades del kirchnerismo en la lucha dizque antiterrorista y la criminalización de la protesta social, el avance del agronegocio y la concentración oligopólica y multinacional, entre otros factores de esta gran crisis civilzatoria. ¿Acaso no es la misma complicidad que yace en la mayoría de nuestros consumos o incluso ingresos capitalistas, patriarcales, destructores de la Madre Tierra? Es lo que las cumpas zapatistas llamaron hidra capitalista. Pretender no embarrarse en este bendito sangrante globalizado y sus contradicciones es parte de una moral que hoy rechaza indignada las aristas de nuestra moderna y encubiertamente violenta forma de vida. Como se rechazan las alternativas y negociaciones de los movimientos populares, muchas de cuyas bases se movilizaron de todo el conurbano a dar su apoyo a la Jefa (de una asociación lícita). ¿Acaso nos olvidamos del recorte de Massa, de la impasividad del gobierno con la violación de los derechos humanos en Jujuy, la estafa narcolavadora de Vicentín, la toma de Guernica y el bardeo a las trabajadoras de la economía popular diciéndoles que no trabajan? Numerosas declaraciones y manifestaciones de los movimientos populares en los últimos meses estarían demostrando lo contrario. ¿Me estás diciendo que no choreó? Me limitó a citar a dos maestros. Alejandro Dolina cuando puso las manos en el fuego por el Diego en el caso de la efedrina (“Porque si uno no se arriesga a quemarse las manos por un amigo ¿pa que vive?”). Y el turco Asis, que una y otra vez aclara que era Nestor el fenómeno recaudatorio, y que además, esa recaudación no era pa engordar sus propias arcas, sino para fortalecer la lucha política (en una de esas sutiles diferencias en el ejercicio del poder que demuestran que “no son iguales”).

Más allá de las contradicciones, las cuentas pendientes, las internas bobas, la prevalencia del viejo aparato clientelar y burócrata intelectual sobre las bases organizadas de espíritu crítico, lo cierto es que el fervor popular que sostiene a la ex-presidenta le saca varios cuerpos a otras causas. Por dar un ejemplo, las organizaciones ambientalistas de Córdoba han demostrado recientemente su falta de poder de movilización a la hora de frenar los cambios entre gallos y medianoches en la legislatura provincial a la Ley de Ambiente.

Lejos del esplendor mediático en cadena nacional la semana pasada fueron decenas les cumpas movilizades para exigir la liberación de los tres militantes encarcelados por defender el monte ante el proyecto de autovía. Como bien describe Lea Ross en esta misma edición de la Luna con Gatillo (El saqueo vial): “el discurso de Cristina Fernández de Kirchner, en su defensa sobre la llamada Causa de Vialidad, terminó elevando las sospechas sobre los negocios de la principal obra vial de Córdoba, y la que ha generado mayores causas judiciales contra los militantes socioambientales, como es la Autovía de Punilla”. Como bien describió Cristina en su mediático alegato, es la traza del negociado de la obra pública la que también puede remontarse a través de la familia Macri de la dictadura, al menemismo, al último gobierno del mismísimo Mauricio (3). Pensar que la corrupción es solo una forma de gobierno es como pensar que el tango se baila de a uno. Dictadura, empresa, violencia, lawfare, ganancias, destrucción del medio ambiente, una reforma entre gallos y medianoches de la ley de Ambiente, tres militantes presos por reclamar en la misma sede donde hace poco la policía mató un pibe…palabras claves de una historia que se remonta al nacimiento del capitalismo y el patriarcado desplazando a la mujer y su conexión con el cuidado (de las personas, la comunidad, la Madre Tierra).

También el miércoles pasado sobre las 19 horas dos personas atacaron con disparos de arma de fuego la sede del Sindicato de Obreros y Empleados Aceiteros de Rosario (SOEAR) en Santa Fé. Se trata de uno de los gremios más combativos a nivel paritaria en uno de los sectores más concentrados y poderosos de la actual economía Argentina. Esos sectores que, como insiste la vicepresidenta, sin tener el gobierno o la presidencia, tienen el poder. “La historia de Vicentín tiene que ver con la producción, el trabajo, la tierra, los puertos, pero también con el contrabando, la corrupción, la desigualdad y los oligopolios. Sintetiza la evolución del capitalismo en Argentina y la provincia de Santa Fe en los últimos 92 años. Un viaje que va desde La Forestal, hasta las inimaginables postales de los paraísos fiscales, la banca suiza, las islas Vírgenes de Estados Unidos o las offshore panameñas”, dice Carlos del Frade en su nuevo libro Vicentin, desaparecedores y fugadores del capitalismo argentino. “Ahí está la cuestión del control social, porque yo creo que cuando se pone la lupa en los sectores humildes como los causantes del narcotráfico, ahí hay una deliberada actitud de tapar que realmente el negocio está en la circulación del dinero, y esa circulación está en los barrios más acomodados de cualquier gran ciudad. Generalmente en los bancos, en las mesas de dinero o en las bolsas de comercio no hay allanamientos, como sí hay en las villas o en los barrios. El sistema se muestra como una justicia clasista que termina atacando para abajo y encubriendo para arriba. Ese era en realidad el proyecto económico que quería imponer la dictadura, que impuso después el menemato, y lo terminó sosteniendo el macrismo. Detrás de Vicentín también está el manejo de los puertos, en donde desde hace años no hay un control estatal. Generalmente tenemos un Estado bobo y cómplice, que justamente mira para otro lado cuando aparece el contrabando de armas, el narcotráfico, la trata de personas. En este caso es lo que pasa con el contrabando de cereales, donde generalmente la tercera parte de lo que se llevan es lo que realmente se declara”. Como dice un meme que anda circulando por redes sociales: “Arrancamos auditando la deuda externa y terminamos auditando a las organizaciones sociales”. Lo explica de manera clara y contundente la referente de UTEP Dina Sánchez en el programa Maldita Suerte: “Andá a auditar a los que compraron dólares. Dicen que no es fácil. Pero si es fácil cuando una compañera quiere entrar en un subsidio habitacional le salte un ciclomotor que se compró hace tres años. No soy economista, pero es sentido común. A veces creen que porque somos pobres somos brutas”. Cuatro vivos que se quedan con la riqueza del país. Demasiados funcionaries que no funcionan. Dicen que no es fácil por el temita este del lawfare, palabra gringa adjudicada a la judicialización de polítiques de arriba. En los barrios caer presa no es aliciente para la lucha popular.

¿Punta de iceberg o visagra?

En un improvisado escenario en Recoleta Cristina dice que se siente madre de todes. Desde abajo una diversidad de gentes vocean “patria si, colonia no” o “acá tenes los pibes para la liberación”. Resucitades, debajo de las baldosas, vuelve el aluvión zoológico a inundar la pulcritud de las calles de los dueños y dueñas de todo. De pronto la contradicción de que una dirigente popular viva en un barrio elitista se vuelve una toma de aikido. Me imagino a la señoras chetas llamando a su amigo el juez pidiéndole por favor que se deje de joder con la causa esta fantasma así pueden volver a la normalidad de su aséptica vida de violencias encubiertas. Ahí están de pronto abrazades con les negres choriplaneres les porteñes clase media progresista moralista que creen que se puede hacer política sin corrupción y denunciaban en las redes al Movimiento Evita tras las declaraciones de Cristina. El apoyo a la vicepresidente por el dichoso lawfare incluye también, según lo que veo en las redes, a la troska Myriam, a Carlitos del Frade y Sergio Job (uno de los encargados de denunciar la situación en Jujuy y llevar adelante uno de los más hermosos proyectos de economía popular de Córdoba), el líder socioambientaljipiperonista y referente de la isla feliz de Villa Ciudad Parque, Pablo Riveros, la cartonera Nati Zaracho, el pibe okupa Fede Fagioli, el piquetero D Elia o el milico peronista Berni deciden dejar de lado sus trifulcas con el kirchnerismo y hasta, si te descuidas, la apoyan Manes, Pagni y Pichetto. Hay una sensación de 17 de octubre (“para que vamos a esperar a esa fecha si podemos hacer una nosotros”, dice Dady Brieva en el Destape). Como en aquella histórica situación hace casi setenta años, tras un acuerdo con el gobierno de la ciudad, Cristina manda a la gente a sus casas (pero medio que sin ganas).

Es evidente que la movilización masiva en todo el país no vino de una orden de arriba. Hasta el barba Pérsico se debe estar mordiendo las uñas en la casa viendo tantas doñas militante del Evita apoyando a Cristina. Este dizque gobierno popular que reiteradamente se ha negado a usar la movilización popular como herramienta de disputa tiene que aceptar y defender a las gentes en las calles. Larreta intenta burdamente detener y luego explicar lo inexplicable. Ni las señoras caceroleras defendiendo a Nisman, el dichoso “campo” o denunciando la infectadura pudieron juntar tanta gente tantos días en su propio territorio. Recuerdo la frase “con Cristina no alcanza, pero sin ella no se puede”. Ojala en vez de poner el guiño a la izquierda y girar a la derecha la Jefa se decidiera a hacer lo contrario. Por un momento me dan ganas de abrir un vinito agroecológico para festejar (ademas del buen vivir pachamamesco y de la economía popular que comunitariamente día a día construimos en nuestro territorio) que quizás este sea el principio visagra de un espiranzal popular, del regreso de los pueblos, de la nacionalización de Vicentín, la impugnación de la deuda del FMI, la empresa nacional de alimentos y Litio, una patria libre, justa y soberana (con una pizca al menos de ecofeminismo), una nueva Corte Suprema con un par de neozaffaronispachamamescos, subsidios para la economía popular y una buena reforma tributaria antinarcolavadores… Perdón, perdón, me fui de mambo. Quizás solo sea volver a ganar las elecciones. Porque desde Cambiemos se anuncia reforma laboral, previsional, tributarialiberal, privatización en general, grandes negociados multinacionales con los recursos naturales y… paraaa ¿cómo van a hacer para frenar la movilización popular? La geopolítica económica que hoy ve en Argentina recursos naturales imprescindibles muestra planillas de excell donde la represión paramilitar entra en sus márgenes de ganancias. No lo dijo el presidente de la Reserva Federal, Bill Gates, ni el dueño de Black Rock. Lo dijo la generala del Comando Sur de Estados Unidos, Laura Richardson. Como diría el buen amigo Gómez: “Cuando hace 20 años los pobladores del Cauca me preguntaron por qué los estaba matando, mi respuesta fue clara: están parados en el centro hidrógrafico más importante del planeta. Sumále commodities del campo, energías extractivas y renovables, litio, tierras raras, minerales sin explorar, economía del conocimiento, trabajadores que trabajan por un sueldo debajo de la línea de pobreza y que son capaces de denunciar el curro este de los derechos humanos”.

1 Escobar, junto a otros conocidos narcotráficantes como Carlos Lehder, tenían una visión particular de su negocio. Además de una política popular y redistributiva, escogieron a Cuba o los sandinistas para ampliar su negocio en Centroamérica. Querían financiar la “revolución”. Y también pagar la deuda externa colombiana. Pensando que el fin no justificaba los medios, un amplio espectro de la izquierda bienpensante rechazó la oferta. Ahí estaba Galán, el ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla, el director del Espectador, Guillermo Cano Isaza, y el grupo guerrillero M19. Todos fueron asesinados y los carteles perdieron popularidad en su raid de despechada violencia. La oportunidad fue tomada por los grupos paramilitares (pro empresarios) para copar la parada y alcanzar la presidencia con Uribe. Paradójicamente, para ese entonces (principios del siglo XXI), las guerrillas ya habían adoptado el narcotráfico como una fuente de financiamiento.

2 Cuando en 2008, en una acción conjunta entre los ejércitos de Estados Unidos, Colombia y Ecuador y grupos paramilitares, fue asesinado en el norte de Ecuador uno de los máximos líderes de las FARC, Raúl Reyes, pocos recordaban que se unió a la guerrilla luego de la persecución judicial y las amenazas que sufrió como delegado de Sinaltrainal (el mismo sindicato que hoy denuncia los crímenes de lesa humanidad de las multinacionales).

3 En mi escéptica vida intelectual comencé a tomar en serio el kirchnerismo cuando además de bajar el cuadro de Videlo Don Nestor comenzó a denunciar y juzgar la complicidad del poder económico en la dictadura militar, con Papel Prensa como caso testigo de la violencia como forma de construcción capitalista. Quizás hoy haga falta un poco más de guante y casco.

Si quieren bucear mas en los vinculos entre multinacionales y paramilitarismo en Colombia: http://astelarra.blogspot.com/