Feminismos revolucionarios para repensar la emancipación

Por Mariano Pacheco

Este libro de Julia Expósito sostiene un punto de vista feminista desde el que se propone contribuir a elaborar una teoría materialista del capitalismo patriarco-colonial. Para ello repone, repasa, glosa, problematiza, repiensa un conjunto de debates presentes en las militancias y las investigaciones universitarias, sobre todo en torno a la denominada reproducción social, punta de lanza para recrear otros modos de vida.

La demarcación y toma de distancia respecto del feminismo liberal es el punto de partida de una actividad teórica que pone al trabajo en el centro de la escena, navegando en las aguas de antiguos debates sobre el trabajo productivo e improductivo, ahora atravesado por las nuevas realidades del capitalismo neoliberal, y las discusiones que despierta en el campo crítico en torno al trabajo asalariado (cada vez más precarizado, informal, flexible, sobre-explotado) y no asalariado (gratuito, feminizado y racializado). El punto de vista feminista es el que le permite a la autora indagar sobre el diferencial de explotación y dominación, en un momento en el que el mundo atraviesa una profunda crisis.

La crisis del salario que se expresa asimismo en la crisis para poder proyectar las vidas; las tendencias neo-fascistas que aparecen como respuestas reactivas ante la situación de descalabro; la crisis social y económica que deviene también en crisis política, de valores, climática, ecológica, es abordada como parte de un mismo problema estructural: la lógica voraz de colonización, desposesión, destrucción de las vidas y el planeta que lleva adelante el capitalismo.

Repensar la emancipación

“Feminismos revolucionarios” se sitúa en el camino de esfuerzos de recrear al marxismo, recuperando cuestiones elementales como una concepción de la historia centrada en la lucha; una desnaturalización de lo dado; una concepción de praxis donde teoría y práctica se presuponen mutuamente; una reivindicación del trabajo vivo como principal fuente de vida y de generación de riquezas en el capitalismo y, finalmente, una caracterización del capitalismo como sistema social de acumulación que produce y reproduce la vida mutando según los contextos espacio-temporales, pero siempre sobre la base de un desarrollo desigual, complejo y multidimensional. 

Esta recuperación apela asimismo a la ya canónica perspectiva de indagar en torno a la “morada oculta de Marx”. De allí la recuperación del método materialista para analizar el capitalismo. Sumergirnos en la reproducción social, sostiene la autora, “abre un hiato en el modo en el que pensamos el proceso de valorización del capital”, porque permite pensar cómo en la producción misma opera una división no sólo social e internacional del trabajo, sino también racial y sexual (mayor explotación del trabajo femenino y racial, percibiendo menos salario por iguales tareas realizadas por hombres blancos; feminización y racialización de determinados trabajos; no remuneración y feminización de las tareas domésticas y reproductivas, de cuidados y afectivas).

Acerca de la reproducción

Para la perspectiva de feminismo que rescata la autora, la producción y reproducción capitalista es ya directamente colonial y patriarcal y por lo tanto, no funcionan como resabios de relaciones sociales pasadas sino que actualizan la valorización del capital y la explotación del trabajo, de los cuerpos y de los territorios.

Este es el punto de vista a partir del cual se piensa la reproducción social como producción, ni más ni menos que de la mercancía más valiosa: la fuerza de trabajo. Producción física y subjetiva de esa fuerza generadora de valor explotada por el capital.

Fuerza de trabajo explotada de manera diferencial, si atendemos a la división internacional y social, pero también sexual y racial. No hay trabajo fabril sin trabajo doméstico; no hay fordismo sin colonias. No hay propiedad privada sin estado, subraya Expósito, a la vez que insiste en remarcar que la división sexo-racial del trabajo.

La reproducción social como punto de vista feminista para pensar críticamente la totalidad social, entonces, funciona de modo análogo a como Marx pensó en los Grundrisse las categorías de producción- distribución- consumo: no pueden comprenderse sino en sus múltiples conexiones y sus complejos entrecruzamientos. Analizar al capitalismo desde la reproducción social (sea en la perspectiva de la interseccionalidad o de la teoría unitaria/ ampliada) permite entonces comprender mejor la producción social de diferencias en los modos de trabajo y subjetividad que realiza el capitalismo hetero-patriarcal y colonial.

De los trabajos teóricos de los años setenta a los actuales (de Silvia Federici a Verónica Gago, por poner algunos nombres propios), el libro culmina indagando en las finanzas, el endeudamiento y la bancarización de los sectores populares para dar cuenta de la reactualización contemporánea de algunos antiguos debates.

En el estudio del trabajo reproductivo –se sostiene- se develan las formas patriarcales y coloniales que marcan a sangre y fuego los procesos de valorización del capital. “Por ello cualquier distinción entre el tiempo de trabajo productivo y el reproductivo se vuelve confusa y compleja, en la medida en que comprendemos que la reproducción social es subsumida en el proceso de generación de valor capitalista. En el neoliberalismo, donde cada vez menos empleadores o los Estados cargan con los costos de la mano de obra que se reproduce socialmente, este proceso se agudiza mundialmente”.

Así entendido, el trabajo reproductivo produce valor en la medida que aumenta la tasa de explotación al realizarse de modo informal, no-asalariado, precario, flexible. Al tiempo que sirve de promoción de la precarización y de la baja de salarios del resto de los trabajadores. En definitiva, el” tiempo de no trabajo”, que es trabajo informalizado, es parte del proceso de valorización del capital.

Para terminar, Feminismos revolucionarios rescata la teoría ampliada o unitaria del capitalismo (Fraser/Arruza), para dar cuenta cómo estas perspectivas des-jerarquizan la relación entre producción y reproducción (explotación de la fuera de trabajo + expropiación de la producción social + saqueo de la naturaleza). “Entienden, por lo tanto, al capitalismo como una relación compleja entre abstracto de la producción social de mercancías y riqueza, y la producción concreta y jerarquizada de la clase trabajadora y de los diferentes modos de vida”. Aquí, la reproducción de la fuerza de trabajo y de la subjetividad de la clase trabajadora aparece como exógena a los procesos de producción de valor, aunque operan como su condición de posibilidad. Por eso son la familia, estado y el mercado las esferas específicas donde se lleva a cabo la reproducción social.

Esta diferencia analítica tiene enormes consecuencias políticas, si se tiene en cuenta que para estas autoras, el capital no tiene un control total y directo sobre la reproducción, por más condicionantes que operen sobre esta esfera, lo que permite un cierto margen de acción autónoma, ya que es un tipo de trabajo no organizado necesariamente en términos capitalistas (aquello que, en el capítulo VI inédito de El capital, Marx conceptualizaba como “subsunción formal”), por más que permanezca atravesado por la explotación y la opresión.

Publicado en el marco de la inteligente colección “90 intervenciones” (90 libros de hasta 90 páginas para ser leídos en 90 minutos), Feminismos revolucionarios es un libro que, como la propia Julia Expósito escribe en algún tramo del trabajo, una apuesta por indagar teóricamente la compleja composición del presente, pero también, las infinitas posibilidades del porvenir.