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Un mundo perfecto

El ataque de Donald Trump en Venezuela es un intento desesperado de cambiar las reglas del mundo para desacelerar la caída de la hegemonía de Estados Unidos. Drogas y petróleo son los ejes centrales. Mientras América Latina se desorienta sobre su lugar en el planeta.

Por Lea Ross

El ataque ordenado por Donald Trump en agua, aire y suelo de Venezuela, que incluyó la muerte de alrededor de 200 civiles y militares, y la extracción y detención del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, fue un desesperado intento por desacelerar la caída de Estados Unidos como imperio. Sea a los ponchazos, o con un acuerdo consensuado entre sectores del chavismo y de otros referentes globales, en ambos coinciden en los intentos por seguir tratando de acariciar su lugar en el mundo.

Para eso, en noviembre del año pasado, la Casa Blanca había publicado la National Security Strategy of the United States of America, que sería la actualización de la Doctrina Monroe, un documento de hace dos siglos atrás que instaló la idea de que “América” es sinónimo de Estados Unidos. Eran tiempos donde el flamante gobierno estadounidense exigió a los colonizadores europeos que dejaran de apropiarse de las tierras llamadas Abya Yala. Que para eso, estaban los gringos autóctonos.

Ahora, la Doctrina “Donroe”, con “D” de Donald, en sus primeras páginas, insiste en que ellos seguirían siendo “el país más fuerte, rico, poderoso y exitoso del mundo”. Pero que a diferencia de la doctrina original, sus cañones no apuntarían a otros estado nación sino a sus propias “élites”. Porque consideran que “calcularon erróneamente la disposición de Estados Unidos a asumir eternamente cargas globales que el pueblo estadounidense no veía en el interés nacional”. Esto llevó a una “sobreestimación de la capacidad” del país para financiar “un enorme estado regulador-administrativo de bienestar social, junto con un enorme complejo militar, diplomático, de inteligencia y de ayuda exterior”.

Por un lado, se señala que “apostaron de forma enormemente equivocada y destructiva por el globalismo”, debido a su “antiamericanismo manifiesto”. Pero también, se posiciona contra el “libre comercio”, ya que “debilitó a la clase media y la base industrial”, debido a la expansión de China. Así, pretendieron “reemplazar la competencia y el mérito con el estatus de grupo favorecido”. Sin embargo, el texto de Trump tampoco adhiere a la idea de “que la meritocracia se utilice como justificación para abrir el mercado laboral estadounidense al mundo”.

Por ese motivo, la Doctrina demanda “un hemisferio cuyos gobiernos cooperen con nosotros contra narcoterroristas, cárteles y otros organismos criminales transnacionales”. Para eso, “Estados Unidos reafirmará y aplicará la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el Hemisferio Occidental y proteger nuestro territorio nacional y nuestro acceso a geografías clave en toda la región”. Hemisferio Occidental es el nombre técnico para América Latina o Abya Ayala en las lenguas originarias.

Portada del New York Post, el 8 de enero de 2025. Es decir: hace un año exacto.

A principios del siglo 19, cuando se redactaba la Doctrina Monroe, Percy Shelley escribió un brevísimo cuento llamado Ozymandias. Fue pareja de Mery Shelley, la autora de la novela original de Frankenstein. En Ozymandias, también se expone la faceta monstruosa del ser humano, en este caso desde su obstinación imperial. El tan corto como atrapante relato cautivó tanto a la cultura anglosajona, que incluso inspiró un capítulo homónimo de la serie Breaking Bad. Su actor protagonista, Bryan “Heisenberg” Cranston, leyó el poema para el trailer del episodio y lo pueden escuchar aquí:

Para quienes festejaron lo sucedido en la madrugada del 3 de enero, Ozymandias sería Maduro. Pero si a Trump le sale mal, quizás sea él que se convierta en el rey de reyes petrificado.

Son todos narcos

El viejo truco de la guerra contra el narcotráfico no sorprende, pero tampoco se debe desatender su innegable expansión. La Luna con Gatillo hizo un relevamiento de la base de datos de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC-ONU), referidas a la incautación anual en cantidades de clorihidrato de cocaína por país en América. De los 13 millones de kilos secuestrados en casi un cuarto de siglo (2003-2023), la mitad se realizó en suelo colombiano (6 millones), seguido por Ecuador (1,4 millones), Panamá (919 mil), Brasil (847 mil), Venezuela (733 mil), Estados Unidos (626 mil), Costa Rica (451 mil) y México (381 mil). Argentina figura en el 15 lugar con 108 mil.

Como podemos en la gráfica, en base a los diez primeros países donde se incautaron más droga en su estado cristalino y listo para comercializarse a gran escala, vemos que Colombia (línea naranja) tiene una tendencia creciente por tener los cultivos de coca, sobretodo a partir del año 2014. En esa fecha, se iniciaron los acuerdos de Paz con la guerrilla FARC, lo que para algunos analistas implicó que varios disgustados trasladaran sus negocios hacia otras latitudes. Principalmente: Ecuador (línea verde), ya que su tendencia a la suba se debió por sus puertos hacia el Pacífico y por la dolarización, que facilita el lavado. De esta manera, le siguen otros países de tránsito como Panamá (línea amarilla), en su intermediación centroamericano, y Venezuela (línea bordó), aunque su caso no alcanza la situación de Brasil (línea verde).

Basado en la misma fuente, más las investigaciones realizadas por el equipo Insight Crime, el portal El Orden Mundial expuso el siguiente mapa, donde Venezuela exportaría alrededor de 200 toneladas de cocaína por año, fruto de la porosidad fronteriza con Colombia y cuyo destinatario principal sería la región de Miami mediante una ruta aérea. Ese cargamento es mucho menor en comparación a la que circula, por mar y tierra, en la región centroamericana. En 2024, se condenó al ex-presidente de Honduras, Juan Hernández, por facilitar el paso de 500 toneladas anuales de ese estupefaciente. Al año siguiente, fue indultado por Trump.

En el caso de Nicolás Maduro, la causa judicial se abrió en el año 2020, por parte del Tribunal del Distrito Sur de Nueva York. Se lo acusa de ser el cabeza de una ¿red? criminal conocida como “Cartel de los Soles”. Ese nombre apareció en los años noventa y desde entonces es invocado para referirse a todo integrante de las fuerzas armadas venezolanas que haya habilitado el paso de droga a cambio de alguna coima. Luego del frustrado golpe de Estado del año 2002, el presidente de ese entonces Hugo Chávez había ordenado militarizar la frontera con Colombia, ante la sospecha de posibles ataques estadounidenses, en épocas donde ese país era considerado un socio estratégico del imperio yanqui. Eso habría permitido que algunos generales fueran corrompidos por las ganancias de un negocio trasnacional en expansión.

En aquella resolución, el tribunal neoyorquino sostuvo que el presidente de Venezuela “buscaba no solo enriquecer a sus miembros y aumentar su poder, sino también inundar Estados Unidos de cocaína e infligir los efectos nocivos y adictivos de la droga a los consumidores en este país”. En ninguan carilla clarifica las pruebas concretas para tamaña osadía conspiranoica. En 2024, el expediente fue revisado por el fiscal federal del distrito, Jay Clayton, designado por el presidente Trump. También fue elegido para continuar con las investigaciones sobre los archivos del pederasta financiero fallecido Jefrey Epstein, luego que se expusieron correos electrónicos que comprometieron al actual mandatario. Si alguien mete mano sobre qué fotos exponer y qué no, la tiene él.

No solo las resoluciones de Nueva York otorgan escasa precisión sobre la existencia del Cártel de Soles, sino que incluso la propia DEA (Administración para el Control de Drogas, en inglés), el departamento encargado de investigaciones contra el narcotráfico en Estados Unidos, ni siquiera lo ubica en su radar. Así lo confirma su último reporte anual, fechado en mayo de 2025, donde establece que su principal preocupación son las organizaciones instaladas en México, que inhalan gran parte de sus 80 páginass. La única mención a Venezuela es una media carilla sobre el Tren de Aragua, que también es mencionado en los archivos de Nueva York, pero que prefieren anteponer al de los Soles por conveniencia para el que tiene la piel anaranjada de tantos rayos UV.

La única mención de Venezuela por parte de la DEA.

¡Maiameeeee!

Desde la idea de la acusación a su par sudamericano, hasta el seguimiento segundo a segundo de lo que ocurrió en la madrugada del 3 de enero, Trump se encontraba en el interior de la mansión de Mar-a-Lago, en Miami. La ciudad se encuentra dentro del estado de Florida, considerada como uno de los más conocidos paraísos fiscales del planeta y facilitadores para las inversiones inmobiliarias, de las cuales permite mayor permeabilidad en la entrada del dinero en negro.

Tal como sostiene Ayelén Oliva, para el portal Nueva Sociedad, no es casual que Donald Trump, un neoyorquino que impulsó el levantamiento de ladrillos, haya decidido “cambiar su residencia de la sofisticada Manhattan a la tumultuosa Florida”. Las exenciones impositivas que le brindó aquella zona pantanosa implicó un giro de la arquitectura geopolítica, llegando a tener “más peso político en el plano ideológico que Washington”. Es desde allá donde se planifican los vuelos internacionales que cargan algo más de lo que pueden declarar, tal como revelaron los tribunales de Texas, quienes están por procesar a Federico “Fred” Machado, acusado de lavar dinero narco mediante la compra y venta (reales y ficticias) de jets privados, que incluso facilitaron el transporte de cocaína a América Central.

Las operaciones para transferir dinero se realizan en conocidos bancos cuyas sedes están en Manhattan. Por eso, los pasillos judiciales de Nueva York monopolizan los expedientes de alto impacto en el continente como fueron los casos de Odebrecht, los fondos buitres en Argentina y este en particular. Basta con que se transfiera fondos de una cuenta a otra en el JP Morgan para que sean los jueces neoyorquinos quienes decidan el rumbo de los países del Sur, mientras estuvieron desorientados con el ascenso de su vecino, Mr. Trump.

El dólar en el medio de capos y petrocas

Cuando la DEA publicaba su informe sin ninguna mención sobre el Cártel de los Soles, Trump mantenía una reunión en la Casa Oval, según publicaron cinco periodistas del New York Times. Mantenía una encrucijada sobre cómo ceder los reclamos de un sector de los congresistas republicanos para intervenir el petróleo en Venezuela. La clave estaba en frenar las operaciones de la norteamericana Chevron, la única que no recibió los baches del bloqueo económico de su propio país. De lo contrario, le iban a bajar el apoyo a un importante megaproyecto de ley fiscalista. Se negaba a ese pedido, porque entonces esos activos en Venezuela serían ocupadas por China.

No es tanto por el petróleo sino por el dólar. Estados Unidos logró acceder a más recursos petroleros en su propio suelo con la propagación del método fracking. Pero como Venezuela tiene la principal reserva, juega un papel importante sobre si el mundo se des-dolariza o no. El economista de Winchester, Richard Werner, sostuvo que el “golpe de Estado” de Estados Unidos contra Venezuela apunta a preservar el sistema “establecido en 1974 por el acuerdo de Henry Kissinger con Arabia Saudita, que exigió las ventas mundiales de petróleo en dólares estadounidenses, lo que crea una demanda artificial de la moneda y financia la hegemonía estadounidense”.

Foto de archivo del secretario de Estado Kissinger con el príncipe Fahd (Arabia Saudita). Gentileza: Chapman University.

Ahora bien, lo que muestra la historia, es que si la moneda se cambia, la cabeza rueda. Así ocurrió con el derrocamiento de Saddam Hussein en Irak (2006), por su interés en el euro, y de Muamar el Gadafi en Libia (2011), al querer impulsar el dinar como respaldo en oro. Ambos líderes eran socios del gobierno estadounidense y contaban con petróleo bajo su suelo. En el caso de Nicolás Maduro en Venezuela, apuntaría a frenar la comercialización del crudo en yuanes, acorde a los intereses multilaterales de los socios de los BRICS: Indica, Brasil Sudáfrica y Rusia. Para Wagner, lo que hizo Trump, fue “una señal de desesperación y podría acelerar la caída del petrodólar, ya que el Sur Global resiente la dependencia de EE.UU. de la fuerza militar para mantener el dominio de su moneda”.

Quien exigía el cese del funcionamiento de Chevron en Venezuela fue el secretario de Estado, el cubano anti-castrense Marco Rubio. Otro asesor que estaba al lado de Trump era Stephen Miller, que le planteó el uso de la fuerza militar contra embarques marítimos.

Dos meses después, el 25 de julio, Trump firmó una directiva secreta que ordenaba atacar los cárteles vía naval, al mismo tiempo que la Casa Blanca declaró al Cártel de Soles como grupo terrorista. Fue Rubio quien convencía al rubio tintado que “Maduro debía ser visto como un capo del narcotráfico” para apoderarse de sus recursos. Mientras que Miller, un irrespirable antiinmigrante, aclaró que si esto iba a generar una guerra, Estados Unidos podía ampararse en la Ley de Enemigos Extranjeros, una norma del siglo 18, para acelerar las deportaciones latinoamericanos.

Nuestra lugar en el mundo

Chevron es la palabrita mágica. La petrolera norteamericana está presente en Venezuela, prácticamente desde que se descubrió el primer pozo en la década del 20. Es socia de la empresa estatal PVDSA, que nacionalizó el manejo del recurso y que se creó en 1976, cinco años después de la primera edición de Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano. En ese entonces, el investigador uruguayo calculó que casi la mitad de las ganancias de raíces latinoamericanas de los estadounidenses provenían del petróleo venezolano. Era una renta que duplicaba a lo que se gastó en el Plan Marshall para reconstruir Europa después de la Segunda Guerra. Galeano definió al Caracas de ese entonces como “una pesadilla de aire acondicionado, supersónica y estrepitosa, un centro de la cultura del petróleo que prefiere el consumo a la creación y que multiplica las necesidades artificiales para ocultar las reales”.

Durante la presidencia de Hugo Chávez, el gobierno había impuesto nuevas condiciones a las petroleras extranjeras, que debían ceder varias funciones a PVDSA y que de lo contrario se tenían tomar el buque. La única corporación que aceptó fue Chevron. Esto le permitió esquivar el bloqueo instalado por la Casa Blanca, para así llevar todo su crudo a las refinerías instaladas en su país natal. Para cuando se termina de escribir este artículo, Chevron, habrá enviado once buques a Venezuela para iniciar el nuevo control sobre los recursos venezolanos.

He aquí la sofisticada ambivalencia de la épica batalla contra el imperialismo, pero a la vez seguir cargándole nafta a costa de una renta extractivista, como en los tiempos que relataba Galeano.

A 20 años de decirle “ALCA, al carajo” a George W. Bush, en su afán de mantener el patio trasero, Latinoamérica nunca tuvo en claro cuál era su lugar en el mundo. Llevando a una situación de aceptar las reglas liberales en donde cada país sobrevive como puede. Al no haber esa claridad, Donald Trump la impulso con su propio programa a mano y pretendiendo inaugurar una nueva era.

Su desesperación por mantener en pié la hegemonía estadounidense puede tambalear más todavía si también definimos cuál será ese mundo perfecto que tanto añoramos.