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La nueva era cordobesista

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Un viaje por la provincia de Córdoba, a la hora de descifrar el nuevo escenario que marcaron las elecciones.

Por Lea Ross

Hace dos meses atrás, en el artículo titulado “Fernet con coca y poco hielo”, publicamos lo siguiente: “El panorama electoral nacional, por ahora, emula a la preparación de un fernet con coca. El hielo es el tercer componente tácito que se mete en la preparación de ese brebaje popular, cuya distribución resulta ser menguadamente equitativa. Además de discursos polarizados empujados por ‘la grieta’, en el vaso se meten los cubitos que acumula Javier Milei, perdiendo el sabor tanto de la gaseosa como del aperitivo. (…) Una realidad distinta se vive en las campañas a gobernación de la provincia de Córdoba, ante un vaso donde los hielos se derriten y queda todo aguado”. Pues bien, esas campañas se convirtieron en la realidad de los votos: Martín Llaryora y Luis Juez concentraron más del 80%, el resto de las fueras se volvieron esos cubitos que se derritieron, y sus frentes se acercaron a una realidad semejante al bipartidismo de los años ochenta y noventa. La ilustración de @fuska.visual quedó más actual que de costumbre.

No solo eso, sino que originaron dos anomalías cordobesas. Por un lado, el PJ, que históricamente cosechaba los votos en el interior, ahora fueron aportados desde la capital. Y por el otro, por primera vez en la historia democrática, el oficialismo perdió su hegemonía en la Legislatura y en el control del tribunal de cuentas.

A leer labios

Se acercaba la una de la madrugada en aquella noche de domingo. Por la ineficiencia del novedoso sistema de conteo mediante inteligencia artificial, el escrutinio quedó estanco en menos del 90% de las mesas en un cuasi empate, palo a palo, con Juntos Por El Cambio. En la base oficialista de Hacemos Unidos por Córdoba, frente a frente estuvieron el candidato a gobernador Martín Llaryora y el precandidato a presidente Juan Schiaretti, ambos con caras gruñidas, sin percatarse que estaban siendo filmados por la cámara de Canal 12.

¿De qué hablaron? Dos versiones. Una: Schiaretti le insistía que no debía cerrar el acto, sin tener a mano los resultados definitorios. Llaryora no le hizo caso. Dos: Llaryora le pidió a Schiaretti que no suba al escenario a su compañero de fórmula para la vicepresidencia, Florencio Randazzo, y a su delfín Diego Bossio, por tener ambos pasado kirchnerista. Sea uno u otro motivo, el actual gobernador decidió no acompañar arriba del palco al amargado triunfador.

Breve síntesis del Cordobesismo

El politólogo Federico Zapata había planteado, en una nota para la revista Panamá, que José Manuel de la Sota construyó “una nueva élite, que se sustentó en una alianza generacional entre referentes de la Córdoba industrial (la Capital) y la Córdoba farmer (el interior de Córdoba)”, mediante un liderazgo colectivo territorial conformado por él mismo, Juan Schiaretti, Oscar González (Traslasierra), Carlos Caserio (Punilla), Olga Ruitort (Ciudad de Córdoba) y Humberto Roggero (Río Cuarto). Para eso, hubo tres capítulos.

La primera fue coalicionar los capitanes agroindustriales, los productores agropecuarios y las entidades industriales y de servicios. Así, el capital aportaría inversión e internacionalización; la política, una democracia tecnocrática, capitalista y modernizadora; y el epicentro de las ideas de esa alianza informal sería la Fundación Mediterránea. Lo segundo, era construir un poder político fuerte y un poder económico dinámico al mismo tiempo. Colaboracionismo entre sí, pero con respectivas autonomías. Zapata subraya que “los líderes políticos cordobeses del período democrático no pertenecen a la alta burguesía provincial”.

Y la tercera tiene que ver con el auge de la bioeconomía. La inversión de los biocombustibles. El empoderamiento del “campo ampliado” vis a vis a la urbanidad, permitiendo absorber a más cuadros políticos rurales provenientes de los partidos demócratas locales, como Martín Llaryora (San Francisco), Daniel Passerini (Cruz Alta), Manuel Calvo (Las Varillas), entre otros. Algunos de ellos entraron al equipo (sobretodo Llaryora) luego de la noche del 3 de diciembre de 2013, cuando la capital padecía los saqueos y los linchamientos en las calles, fruto de un acuartelamiento policial.

Fue ese tercer capítulo que abrió la grieta generacional de ese poder.

Cuando gestionar no es lo mismo que hacer política

En aquel lunes, a eso de la una de la madrugada, el electo gobernador Llaryora le dijo a sus militantes que esto “no es un triunfo del peronismo, sino del partido cordobés”. Llamativo concepto, que emergió en el vox populi de la comunidad más progre de Córdoba, que aludía a un pacto secreto entre el Partido Justicialista y la Unión Cívica Radical a la hora de administrar el poder provincial, donde el primero le cedía al segundo su poderío sobre la capital cordobesa, epicentro del cosmopolitanismo y las buenas costumbres, mientras se encargaba de ejercer una onda expansiva de ocupación territorial del resto de los distritos.

Habrá que ver qué dirán el reconteos de votos. Por lo pronto: Juntos Por El Cambio triunfó en 14 departamentos, mientras que Hacemos Unidos Por Córdoba obtuvo 12, principalmente la ciudad capital y el departamento San Justo, cuya principal ciudad, San Francisco, es oriundo Martín Llaryora.

Distribución de votos entre Llaryora y Juez en un mapa de Córdoba y la ciudad capital. Gentileza: Página 12.

Ahí tenemos una clave de la amargura peronista: mucha gestión, poca política. El voto “llaryorista” fue convincente en el ejercicio de exponer resultados desde la administración pública, cortando listones, inaugurando espacios verdes o de asfalto. Pero eso termina generando un contenido de arraigue capital-centrista despegada de la realidad que va más allá de la circunvalación. A esto se le suma una falta de capacidad de interactuar con el electorado frustrado de la política tradicional, que opta por un discurso más de choque, como la que balbucea Juez, que uno más pasivo o anti-grieta. Una realidad muy distinta a la que ejerció José Manuel de la Sota, y que de a poco adquirió Juan Schiaretti, que se basaba en pasar en cuerpo presente por los pueblos, sin importar su tamaño, para ser identificado al instante. Llaryora, a pesar de autoadjudicarse de ser “del interior del interior”, no pudo ejercer esas maniobras, debido a su rol en el ejercicio municipal capitalino, y ante la mirada atenta de quienes pretendían medir su capacidad territorial en este nuevo campo para él.

Los bribones del glifosato

Otra cuestión a tener presente es que los pejotistas perdieron la pulseada con el “voto sojero”, donde prefirieron dar su apoyo a Juez. En San Justo, territorio donde nació el “llaroyrismo”, también tiene soja. Pero está ubicado en una parte de la provincia, al noreste del mismo, donde vive la transición entre el descenso de los commodities en alza, en comparación al núcleo duro sureño de la pampa gringa, con los límites del bosque chaqueño, amenazado por la expansión de la frontera agrícola.

Durante su última gestión como gobernador, Schiaretti construyó un discurso para capitalizar ese voto anunciando, de forma estrambótica, que Córdoba iba a abandonar la nafta y el gasoil a base de combustible fósil, y que solamente consumiría los alcoholes que se procesan con el maíz y los aceites que provienen de la soja. El objetivo se cumpliría en dos décadas. Si es posible o no eso, poco le importa al “Gringo”. Lo que le interesaba es que eso le permita que eso se convierta en capital electoral. Eso sí que no se cumplió.

Antes de Myrian Prunotto, la intendenta radical de Estación Juárez Celman -pueblo que integra el Gran Córdoba, que engloba a la capital y los pueblos que orbitan en la mancha urbana- se amagaba con el compañero de fórmula para la vicegobernación del actual intendente de la capital cordobesa sea Juan Manuel Llamosas, su par de Río Cuarto. ¿Cambiaba en algo eso? Por lo pronto: el departamento homónimo es la contracara de San Justo: es ese enorme espacio suroeste, donde también la mayoría votó por Juntos Por El Cambio. Su principal ciudad fue donde nació De la Sota.

La brecha generacional

Las ríspideces entre Schiaretti y Llaryora marcan una brecha generacional. Ambos coinciden en la transversalidad de sus frentes, sobretodo en el afán de leer a una sociedad que se hartó de los partidos políticos tradicionales y ahora lo hace con las actuales alianzas hegemónicas. La cooptación de dirigentes de distintas fuerzas es un acuerdo inalterable. El límite es la diferencia. El tres veces gobernador contemplaba la languidez de la centralidad pejotista, enderezado con el pasar de los años.

También se vislumbró un completo desorden de organización en distintos departamentos, donde la brecha generacional implicó una falta de centralidad y verticalismo claro sobre quién debe dar la orden. La senadora nacional Alejandra Vigo, esposa del actual gobernador, tuvo que realizar vuelos hacia el interior provincial para poner todo en orden a destiempo.

Sin embargo, también Schiaretti tuvo su cuota de responsabilidad. Por un lado, su orden de no habilitar las re-elecciones indefinidas en los pueblos y ciudades, que llevó no solo el enojo de capataces peronistas y radicales, sino también la falta de tiempo de conseguir nuevos cuadros. Por el otro lado: la generación más joven no le perdona que no le hayan habilitado las elecciones con más antelación, ya que eso le permitieron a las fuerzas “cambiemistas” lograr su unidad. Por último, habrá que ver si incidió o no su amague con el “frente de frentes” de la mano de Horacio Rodríguez Larreta.

Legislar

Así como la disputa por la gobernación se sintetizó en una concentración de votos de 40%-40%, en las legislativas se achicó en un 30%-30%, con un ligero triunfo a Juntos por el Cambio, y otorgando más participación a partidos minoritarios, tal como se puede y contemplar en la siguiente tabla.

Allí el oficialismo perdió casi la quinta parte de sus votos, como así también casi la sexta parte de su principal rival, que se diluyeron en el voto blanco, probablemente por una falta de lectura sobre cómo se debía llenar los casilleros completo. Pero también, se observa que los partidos minoritarios tuvieron más votos legislativos que ejecutivos, como es el caso del Frente de Izquierda, que elevó sus votos en un 26%, teniendo mejor posición que el partido referente a Javier Milei (La Libertad Avanza), que le fue mejor en el cúmulo para disputar la gobernación.

Notoria ambivalencia. Una tercera parte del electorado no salió a votar. Pero los que sí lo hicieron, trasladaron sus lapiceras en la boleta única para dividir sus votos y permitir un mayor dinamismo en las instituciones que genere un contrapeso en el poder ejecutivo.

Resultado: por primera vez, el PJ provincial no tendrá quorum y tendrá que discutir con algunos legisladores opositores para poder avanzar en sus iniciativas. Pero también, se pronostica que desde la oposición se impulsen propuestas que dejen mal parado al gobierno, como es la aplicación del 82% móvil para las personas jubiladas provinciales, obteniéndolas de la deficitaria Caja de Jubilaciones.

Además, Juntos por el Cambio también encabezó los votos para ocupar el Tribunal de Cuentas, principal base para convertir en caramelo los números azucarados de contabilidad para determinar posibles irregularidades administrativas (y, así, elevar aún más los índices de judicialización de la política).

Todas estas anomalías sugieren que Córdoba no ha sido ajena a la realidad nacional, donde el peronismo atrajo a los sectores más populosos, mientras que los más acaudalados optaron por un endurecimiento ortodoxo. Todo esto, a pesar de la insistencia de Schiaretti de quien aseguraba que en su provincia “no había grietas”. Su isla quedó sumergida.

Por eso, en su reciente carta pública al pueblo argentino, convocando a que lo acompañen en su candidatura a la presidencia, no mencionó ni a De la Sota, ni a Llaryora. Se puede leer acá:

Una nueva era

Ya es la una de la madrugada en el búnker de Hacemos Unidos. Schiaretti no sube al escenario, luego de pelearse con Llaryora. El ganador amargado decide arengar a sus militantes, aún cuando el escrutinio todavía no ha terminado.

“Nosotros somos los principales perjudicados”, declamó al no poder celebrar el triunfo con “todos los datos”. Continuó: “Hoy, se empieza la cuenta desde cero. Tenemos que recordar aquellos que impulsaron este gen cordobés, como José Manuel de la Sota, y ni que hablar de mi querido amigo y que espero que sea el próximo presidente Juan Schiaretti”. Pidió un fuerte aplauso para ambos, para luego inmediatamente decir: “De ahora en más, empieza una nueva era. Somos una nueva generación. Por eso: les agradecemos por estos 24 años. Pero ahora, empieza lo mejor. Empieza otra provincia”.

Al Gringo no le gustó ni medio lo que escuchó.

El camino del agua

Villa Cerro Azul es una comuna que está al norte de Sierras Chicas. Tuvieron elecciones municipales ese mismo domingo. A pesar que la comunidad hippie y “anarca” tiene su peso en esa zona, participó el 85% del padrón. Una realidad disimil al abstencionismo de los borrachos del glifosato, en el sur provincial. Ganó un partido vecinal, encabezada por la politóloga Natalia Di Pace. Su triunfo fue celebrado por el sector ambiental. En dicha localidad, fue noticia en el año 2020 por la destitución de su autoridad por haber publicado, en las redes sociales, una defensa tan acérrima a la propiedad privada, leitmotiv en la prensa nacional en ese entonces, que recurrió a las figuras de Jorge Videla y Adolf Hitler. Quien ahora ocupará ese cargo, fue entrevistada por Tomás Astelarra, que lo podrán ver en el presente portal.

Su humilde servidor recibió un breve comunicado de la Asamblea Vecinos del Chavascate donde “celebra el triunfo de Natalia Di Pace”, y que desde esa organización vecinal vienen “sosteniendo, desde hace muchos años, la defensa del agua, el río y el monte sin el acompañamiento de las autoridades locales de los tres pueblos que compartimos la cuenca del Río Chavascate”, y que consideran necesario que los mismos “logren elaborar criterios comunes que se reflejen en acciones concretas”. Los otros dos pueblos son El Manzano y Agua de Oro; en ambos, ganaron fuerzas ligadas a Hacemos Unidos. Habrá que ver para dónde se orientará el agua.