Pequeño análisis de coyuntura para un paréntesis de dizque normalidad

Veranito, vacaciones, flexibilización de restricciones sanitarias, la posible aparición de una vacuna, negociaciones con el FMI, tributo a los ricos, el plan fiscal 2021 y la promesa de los movimientos sociales de llenar Plaza de Mayo en marzo. ¿Hacia donde va nuestra economía?

Por Tomás Astelarra

Fotos Revista Resistencias (www.revistaresistencias.com)

No se puede pensar la crisis económica mundial en tiempos de pandemia sin el largo espiral de crisis civilizatoria que viene viviendo la humanidad (cuyo origen puede rastrearse desde el nacimiento de la agricultura o el patriarcado hasta la revolución industrial y el acuerdo de Breton Woods que acabó con el patrón oro y creó el FMI). Tampoco se pueden analizar sus causas y consecuencias sin tener en cuenta la caída del petróleo y el crédito financiero doméstico como negocio. La reorientación de un sistema cada vez más concentrado de poder y riqueza hacia la dizque industria química y farmacéutica (que incluye tanto el alimento como la salud como nuevas formas de rentable envenenamiento). Además de la cibernética (incluyendo tanto entretenimiento como consumo, en su mayoría supérfluo y ligado a nuevas formas de explotación y moneda). El extractivismo, el narcotráfico y la fabricación de armas siguen en pie como puntales del sistema capitalista de muerte.


De igual manera, no se puede juzgar el gobierno de Les Fernández sin la “pesada herencia” del macrismo y otras formas de dominación capitalista en Argentina (que se arrastran desde la conquista de “América” o el “desierto” a la última dictadura militar o el menemismo). El sistema mundo capitalista de muerte impone paradigmas y realidades en base a diferentes herramientas, máquinasarmas, que van desde el positivismo científico o la hegemonía cultural mediática, a la deuda externa fraudulenta y el gatillo fácil (ya sea con les pibes del barrio o las familias desalojadas). Existe cierta sensación de que por cada pasito que avanzan los gobiernos populares en dos o tres trancos de tiempo, a los gobiernos neoliberales le basta un instante pa borrar todo de un plumazo. ¿Sería interesante impugnar la deuda externa y prohibir el extractivismo y la fumigación con agrotóxicos en paralelo a una profunda reforma agraria, fiscal y migratoria que nos posicione como un país productor de alimentos y medicinas (como la marihuana) de calidad a nivel mundial? Tenemos todas las condiciones materiales para tal fin. Sería provechoso pa todes. No contamos con condiciones sociales o políticas. ¿Por qué? Básicamente, como decía, el economista Manfred Max Neef, por un problema de estupidez. Porque a nadie le importa el otre, las soluciones pa todes. Desde los sojeros terratenientes que especulan con el dólar y evaden impuestos (incluyendo este mínimo aporte de su riqueza a la terrible crisis económica que vive el país producto en el corto plazo de la pandemia) a una buena parte de los militantes de izquierda que son parte acomodada de un sistema de consumo capitalista de muerte que es imposible de sostener sin el fracking que quieren abolir por ley con apenas un par de representantes en uno solo de los tres poderes del estado nacional, provincial y municipal en general. El inconsciente individualista y neoliberal inunda toda el mapa social y político cual hidra capitalista.


¿Es este gobierno la solución a los problemas económicos de los de abajo? No. Apenas un buen interlocutor frente a los bloques concentrados de poder dentro de una alianza política que nos incluye como actores después de un inmenso trabajo de organización, movilización (protesta) y propuesta. “Hay una compañera que siempre dice que los gobiernos ni nos ven ni nos oyen. Yo creo que este gobierno a veces nos oye”, confiesa el dirigente del Movimiento Evita y actual secretario de Economía Social, Emilio Pérsico.

Historia de una corelación de fuerzas.

Hay un pequeño espiral de la historia que crece desde abajo compensando la crisis civilizatoria del sistema capitalista de muerte. Llega desde el confín de los tiempos, desde una ancestralidad resguardada como semilla por las pueblas originarias. Las poetas sociales, que dice el Papa Francisco, que cual hormigas dan alternativa a la hidra capitalista. “¿Qué puede ser más fuerte que un rinoceronte y vencerle sin hacerse daño?”, se pregunta Max Neef. “Una nube de mosquitos”, se responde y agrega: “Una nube de mosquitos tiene dos propiedades: se mantiene numerosa y unida. Y no tiene jefe. No hay forma de descabezarla”.

Frente al “fin de la historia” o victoria del capitalismo vaticinado por el filósofo japonés Francis Fukuyama, en Argentina, se puede encontrar una punta de este proceso espiralado de reconstrucción planetaria en los movimientos piqueteros que nacen (poco después del grito de alegre rebeldía de les zapatistas) como reclamo de la debacle neoliberal del menemismo en las periferias de Cutral Co o Tartagal. Esta nueva modalidad de protesta, o llamado de atención, crea los planes sociales que se inventa el estado capitalista para “parar la bronca” y que es utilizado por estos incipientes movimientos sociales (que se nutren de numerosas experiencias e ideas anteriores) para “parar la olla”. Con el tiempo, en una “bienversación” de estos fondos públicos de emergencia, una vez parada la olla, estas organizaciones comienzan a engendrar pequeñas experiencias productivas (pero sobre todo colectivas) con la intuición de que, como dijo el príncipe Kropotkin en “El Apoyo Mutuo”, los más aptos de la teoría darwiniana no son los “más fuertes”, sino los que “mejor se organizan”. Del fraudulento videoclub o el “todo por dos pesos” en el que muches de estos actores sociales habían invertido la indeminización de de YPF o Entel, a la cooperativa popular de vivienda o reciclado. Del individualismo al mutualismo como solución frente al colapso capitalista. Una nube de mosquitos desorientando al rinocerante.


De a poco se fue engendrando la simiente de ese gran cambio de perspectiva de “trabajadores desocupados” a “trabajadoras de la economía popular” (el cambio de género no es antojadizo, sino que refleja la potente inserción del feminismo en estas nuevas corrientes de acción política).

El resultado de esta espiralada esperanza es la Unión de Trabajadoras de la Economía Popular (UTEP) que hoy puede mostrar al país un incipiente poder político institucional (que incluye diputades, intendentes, funcionaries publiques o referentes mediátiquess) y real (a través de la movilización popular y la actuación concreta en el territorio). Además de propuestas concretas de transformación económica que van desde huertas comunitarias a cooperativas informáticas (e incluyen a la economía del cuidado o la ecología) a leyes como la de Emergencia Pública (27.200, que creó el Salario Social Complementario) o Régimen de Regularización Dominial para la Integración Socio Urbana (27.453, que creo el Registro Nacional de Barrios Populares). Ambas aprobadas durante el gobierno de Macri con la misma resignación o intención de “parar la bronca” con que el menemismo aprobó los primeros planes sociales. Solo que hoy más que “parar la olla”, los movimientos de la economía popular estan en condiciones de formar parte del estado y el gobierno, llevando adelante y fiscalizando diversas políticas de transformación mientras se brindan propuestas a futuro (como el Plan de Desarrollo Humano Integral).


Más allá del devenir de las discusiones mediáticas y de la vieja “política”, en los territorios, en medio de la pandemia o crisis económica, se ha hecho evidente que fueron estas organizaciones sociales (la gran mayoría nucleadas en la UTEP) las que está vez no solo “pararon la olla”, sino que establecieron redes de salud y cuidado, de distribución de productos de la agricultura familiar y otras necesidades, además de ser canal para la entrega de diversos planes de financiamiento que no solo fueron paliativos o asistencialistas, sino de generación de empleo y capital productivo en mínimas escalas. Y todo eso sin su herramienta fundadora o fundamental: el piquete o movilización social.


“Hoy quizás se imponga la tarea de repensar y reelaborar los modos de intervención política tal como las conocimos durante las décadas anteriores, sea de parte de las militancias de los “nuevos movimientos sociales” (que sacralizaban el momento por abajo) como las militancias “oficialistas” (que “bancaban” cualquier posición estatal por tratarse del propio gobierno, esencializando el momento por arriba de la construcción). Ambas dinámicas mostraron ser unilaterales, y carecer de una mirada estratégica integral, que hoy necesitamos imperiosamente construir para poder salir del atolladero en el que nos ha colocado el propio proceso de los últimos veinte años; proceso exacerbado por la pandemia”, dice el militante, periodista y filósofo “cabeza” Mariano Pacheco, director del Instituto Generosa Frattasi en “El Día de la Militancia en la perspectiva de los Movimientos Populares”. “De allí que postulemos el anhelo por encarar la nueva década con militancias capaces de reinventar una nueva disciplina, que asuman a través de cada integrante de la organización las distintas funciones (de educación, de organización, de difusión, de elaboración conceptual, de movilización, de producción y distribución de bienes necesarios para la reproducción de la vida y hasta de combate para defender esas vidas), no tanto como una tarea impuesta por una jerarquía acartonada que dice desde arriba lo que hay que hacer, sino como dinámica colectiva entretejida por mujeres y hombres que enfrentan cada día el modo neoliberal de estar en el mundo”, agrega.

Quizas granitos de arena que hacen montañas.

En estas semanas existe un debate semántico totalmente incongruente y poco complejizado acerca del “recorte” o no del presupuesto nacional con motivo de las negociaciones, no solo con el FMI, sino con sectores concentrados del capital financiero especulativo (algunos disfrazados de “productores”, “campo” o “industria”). Son estos sectores los que han impuesto un discurso falso y moralista al que le hacen juego (por derecha o izquierda) aquelles que también discuten situaciones poco claras como la “corrupcion” o la “represión” (siendo hoy parte inherente a cualquier estado o sociedad capitalista). Creer que la expropiación de Vicentin es un ataque a la “propiedad privada” o la “meritocracia” es tan inocente como justificar la represión en Guernica diciendo que “se hizo caso al poder judicial y la independencia de poderes” o “se negoció todo lo que se pudo”. Es tan cierto el escandaloso fraude financiero de Vicentín como la poca claridad de papeles de los inversores inmobiliarios en Guernica (amen de lo frecuente que es para el peronismo intervenir en el poder judicial). En ambos casos el gobierno no tuvo la voluntad, capacidad o fuerza política para llevar adelante una iniciativa con fuertes transfondos políticos, sociales y económicos, no solo para los actores involucrados, sino también para la sociedad en general.


La posibilidad de la expropiación de Vicentín contaba con beneficios que iban desde la lucha contra la evasión, el lavado de dinero y la fuga de capitales del complejo agroalimentario, a la posible inserción a futuro de una estrategia de soberanía y seguridad alimentaria en manos de los movimientos sociales. En el caso de Guernica, la solución al complejo tema de la vivienda es también una solución a la problemática de “seguridad” que tanto aqueja a los medios masivos de incomunicación y la sociedad que respeta y obedece sus opiniones. Y también a la situación fiscal de los gobiernos nacionales y provinciales (ya que es sabido sobradamente que los countries de los ricos pagan menos impuestos que un conglomerado de viviendas pobres) ¿Es posible discutir este tipo de estrategias y realidades con la gran mayoría de la sociedad? Evidentemente no.


Es por eso que estas acciones del gobierno, más allá de su experiencia práctica, tienen un importante valor simbólico (ya sea para calmar los mercados o evidenciar la miseria de los poderes económicos concentrados). Por eso, quizás, a pesar del pensamiento crítico y la denuncia,este tipo de tácticas o intentos fueron apoyadas de diversas maneras por los movimientos sociales. Desde el proyecto Artigas o la labor de la UTT en el Mercado Central, al esmerado esfuerzo de la compañera Fernanda Miño, que desde una villa o barrio popular (alguna vez ocupación de tierras en San Isidro, la famosa Cava) pasó a concejala del municipio y actualmente secretaria de Integración Sociourbana del ministerio de Desarrollo Territorial y Hábitat, donde tiene la labor de implementar la solución a las problemáticas que planteó el Registro Nacional de Barrios Populares (Renabap). “Miño forma parte de la constelación de dirigentes territoriales que, desde los barrios más postergados, llegaron por primera vez a un cargo ejecutivo en el Estado”, dice en una entrevista Infobae. “Gracias al trabajo de los movimientos sociales que nacieron del piquete en Cutral Có”, podríamos agregar haciendo una reflexión histórica que cuenta con mártires como Teresa Rodíguez.


“Hoy es este el lugar de la correlación de fuerzas de la economía popular y la economía de mercado. No hay una comprensión de grandes sectores de este espacio político que conforma el gobierno y de la sociedad en general sobre lo que queremos hacer. No está madura la situación para tener una política fuerte de economía popular en el estado. Y por eso decidimos tomar una secretaria dentro del Ministerio de Desarrollo Social, donde hay un compañero que entiende el tema y con todos los instrumentos que creímos necesarios para esta etapa de la construcción”, le aclara Pérsico a Pacheco en una entrevista para el Instituto Generosa Frattasi. En varias entrevistas el dirigente del Evita viene aclarando que el presidente Fernández le dijo que hoy en la Argentina la economía era una página en blanco y que era función de los movimientos de la economía popular llenar una parte. Más allá de las exitosas y generosas experiencias es atrevido imaginar que las organizaciones populares estén hoy en condiciones de dar soluciones al conjunto integral de la sociedad, desde producir alimentos sanos para todo el país a abarcar todas las funciones de cuidado (salud, género, educación…hoy en su mayoría en manos del sector privado o estatal). Quizá, por ejemplo, el manejo de una empresa recuperada como Vicentín, hubiera sido un desafío demasiado grande en el mediano plazo para estas organizaciones que hubieran perdido frente a la burocracia rentista de YPF Agro. Ni siquiera se tuvo que discutir esa correlación de fuerzas.

Si bien se pueden encontrar numerosos errores en la administración de los fondos del estado que con tanta creatividad y lucha han logrado conseguir los movimientos sociales más allá de la voluntad de gobiernos y empresas (y a pesar de la estigmatización de los grande medios de incomunicación), lo cierto es que, práctica y éticamente, estos nuevos actores políticos surgidos del zapatismo piquetero dizque peronista anarquista jipipachamamesco antipatriarcal y rockero, ocupan buena parte de los territorios y un pequeño reducto del estado, con la capacidad y experiencia de hacer mucho más eficiente y productivo el gasto social. Una eficiencia que puede hacer que un recorte nominal del gasto público en ese sentido pueda generar mejores resultados que los vistos hasta ahora. Como una semilla plantada en una tierra bien preparada, según ciertos calendarios o saberes, justo antes de la lluvia. Como ese par de paquetes de fideos insulsos con el que nuestras poetas sociales hacen un digno guiso para multitudes.


Calidad en vez de cantidad

“Alberto asume en las peores condiciones. Nos agarra la pandemia con un país en default que no nos deja ni emitir deuda ni moneda. Tenemos que ser muy cuidadosos e ingeniosos con el presupuesto. Y ver de que forma canalizamos el crédito privado a través de un fidecomiso y haciendo a nuestros compañeros sujetos de ese crédito. Porque el subsidio nos sitúa solo como consumidores. El cŕedito como productores. Por eso no le tengo miedo a las fotos. Tenemos que hablar con todos los sectores”, le explica Pérsico al periodista Jorge Fontevecchia. “A Nestor le tocó el momento de apagar el incendio y a Cristina le toco el momento de distribuir el ingreso. En ese momento hacia falta el subsidio. No puede ser eterno, pero hacía falta. Y se lo voy a agradecer muchísimo, como le voy a agradecer a Nestor encausar la Argentina en un esquema de crecimiento. Hoy somos parte del frente más amplio de los sectores populares en la Argentina. Pero esta situación es mucho peor que la que recibió Nestor. Esa es la autocrítica. Porque este proceso lo tendríamos que haber hecho en 2015, cuando estábamos en condiciones de ir a una etapa más productiva, hacer un despegue. No nos pudimos unir y hoy las finanzas no nos dejan que discutamos proyectos de país”, agrega haciendo historia.


Dentro de esa restricción histórica, política y económica danzan Les Fernández, con un recorte presupuestario que es evidente cuantitativamente, pero que puede variar en su composición y calidad. En primer lugar porque la negociación con los acreedores externos nos puso en situación de hablar de déficit primario real (no financiero). En segundo, porque el recorte es menor a lo deseado por el FMI y el poder concentrado financiero (disfrazado de empresario o agroexportador). En tercero porque existen esperanzas como un reforma tributaria (que refuerce el tributo a los ricos y permita por el lado de los ingresos ampliar el gasto sin modificar el déficit fiscal). En cuarto lugar, está la ya descrita eficientización del gasto social a través de los movimientos de la economía popular y su experiencia territorial, hoy en posición de generar proyectos grandes a nivel territorial y a cargo de una pequeña porción del estado (precisamente la vinculada con estos proyectos). Finalmente, porque los peronistas, además de buenos negociadores, son bastante poco respetuosos de las leyes, y sobre todo la de presupuesto.

¿Y si todo esto es un chamullo ante el FMI? ¿Si es solo un amague o arriado de velas antes de que, como anunció Pérsico en la nota con Pacheco, los movimientos sociales copen las calles en apoyo a Les Fernández y vuelvan a llenar las urnas terminando de cimentar el poder político territorial e institucional del gobierno? ¿Si además la formalización de ese ejército de reserva del capital concentrado que ahora se inventa su propio trabajo termina por modificar las estadísticas de empleo, generando crecimiento, reducción de la pobreza y otras incidencias del derrame “desde abajo” en las variables estadísticas que convenzan a la clase media de que nadie mejor que un gobierno popular para administrar la crisis y posterior recuperación (como por ejemplo sucedió en Bolivia)?¿Y si con Evo de vuelta en los foros internacionales la Cristi arma un frente para discutir en la ONU la impugnación de la deuda externa producto de la especulación financiera internacional?


Bajo el paradigma del filósofo italiano Umberto Eco, nos guíamos más por intuiciones y realidades territoriales que por las estadísticas fraudulentas y poco certeras que confunden más de lo que aclaran. Es más que evidente que es poco el aporte social, productivo, fiscal y hasta financiero de las grande empresas argentinas. Eso sin descontar el desfalco del estado del cual son responsables desde la dictadura militar hasta el gobierno de Cambiemos (por solo circunscribirnos a las últimas décadas de nuestra historia). Después de trabajar para Shell, la FAO y grandes universidades gringas, en contacto con las pueblas originarias de Amerika, Max Neef se dedicó a impulsar conceptos económicos como “la economía de los pies descalzos”, “el desarrollo a escala humana”, y sobre todo “el decrecimiento”. “Los límites del Crecimiento”, que ya había vaticinado el Club de Roma (desde la alta alcurnia empresaria y académica capitalista) poco después de la “crisis del petróleo” de los setentas.


“Desde los movimiento populares hemos impuesto la discusión de la tierra, de la ecología, de los feminismos... Hoy es tiempo que empecemos a pelearle a otra enfermedad del capitalismo: que es la idea del crecimiento absoluto, la idea de que la felicidad está en las cosas, en el consumo... La idea de que tu pizza es la que está en el horno. No. Para eso se inventó la porción. Cada pizza que sale la repartimos. No podemos esperar al crecimiento para construir la justicia social. Eso se ha evidenciado en esta pandemia y el proceso de vuelta al campo que están haciendo las compañeras, la sensación de que no necesariamente la sociedad más justa y feliz es la del crecimiento en las grandes ciudades”, concluye Pérsico.


PD: Lo del negocio de las vacunas rusas o inglesas más allá de su eficiencia o seguridad sanitaria dentro del ya derrotado esquema de positivismo científico lo discutimos otro día.