La chanchada y la juventud en marcha

La puesta en marcha sobre el acuerdo con China para la exportación porcina dispara la pregunta sobre cómo impactará no solo en la economía de la nueva década, sino también en la resistencia juvenil.



Por Lea Ross Fotografía: Matías Magnano


Mientras se escriben las primeras palabras de ésta crónica, desde la ciudad capital de Córdoba, esquivando el humo de incendios de las sierras, hoy se anunciaría el tan comentado mega-proyecto de exportación de chanchos para China, por parte del Gobierno Nacional. De hecho, ya tiene un nombre formal: “Complejo Tecnológico Exportador Porcino 2020-2030”. Serán granjas con 12.000 cerdas madres, dispersas dentro de cien hectáreas, pegados a 17 mil hectáreas de soja y maíz transgénico. Tendrán frigoríficos, acopios, prensado y biodigestores. Consumirán más de un millón de litros diarios de agua. Será una de las iniciativas que más impactaría en la economía argentina. Y cuando decimos “economía”, será en el más amplio sentido.


Desde hace más de un mes, distintos sectores de la academia y organizaciones sociales, en particular los que ejercen la actividad campesina, han cuestionado con antelación sobre ésta propuesta del Estado nacional. De hecho, ya cuenta con el primer hecho represivo.


“Nos están informando desde Buenos Aires que hay dos compañeros que han sido detenidos”, informan desde un micrófono, en el enorme espacio verde del Parque Sarmiento, en la capital cordobesa. Se trata de una represión ejercida por la policía de la Capital Federal, contra una manifestación que rechaza el proyecto.


Estamos en el día martes 25 de agosto. Antes que se conocieran más detalles de la iniciativa porcina, distintos sectores del país decidieron realizar actividades simultáneas a nivel federal, en rechazo a éste acuerdo con China.


“Una de esas fábricas se va a instalar en Córdoba”, me señala con seguridad una de las convocadas a ésta actividad, que consiste en una vigilia por doce horas seguidas frente a la sede del Ministerio de Agricultura y Ganadería de Córdoba. Se trata de una convocatoria que juntó a casi cien personas, sentadas en grupos, respetando la distancia social, con olla popular para el almuerzo, y micrófono abierto para aportar ideas y realizar intervenciones musicales.


En éste juntada, es notable que casi todas lxs presentes tienen edades inferiores a treinta años y la gran mayoría no estaría organizada en ningún colectivo. Son “gente de a pié”, como señala uno. Quizás, sean pre-organizadxs. Es decir, de acá en un tiempo, opten por formalizarse en algún colectivo.




“Este proyecto es una profundización del extractivismo, que ya lleva treinta años. Entendemos que la deuda es con el pueblo, no con alguna entidad extranjera”, señala Tomás “Tomo” Medina, realizador audiovisual y que ejerce el veganismo desde hace dos años.


Desde el prejuicio del humilde servidor, se piensa que en general la decisión de ser veganx se comienza, en términos de Tomo, con una etapa “ética”, basada en la preocupación por los derechos de los animales, y de ahí pasar a una etapa “política”, de comprensión más global y programático: “A mí me pasó al revés. Yo soy fotógrafo de naturaleza. En un momento, me di cuenta que la estábamos destruyendo. Me empecé a interiorizar y llegué al veganismo. Me di cuenta que siendo veganos, reduciríamos un 50% nuestra huella de carbono. Y después lo conecté con la ética. ¿Por qué matar a un animal que quiere vivir, que siente como nosotros, si no es necesario?”.


Con su propia bandera violeta, también están presentes la colectiva Antiespecistas Transfeministas Córdoba, una organización que tiene pocos meses de existencia. Su origen se remonta con la unión de antiespecistas que decidieron incursionar en otras luchas. No es casual que su primera aparición callejera fue en la marcha del 8 de marzo pasado. “A veces pensamos que la palabra transfeminismo es un poquito redundante. Porque pensamos que el feminismo tiene que abarcar el género trans, pero también lo que no se nombra, no existe”, señala una de sus integrantes.


“Argentina ya es uno de los más grandes productores de soja y ya está haciendo, discúlpame la palabra, mierda la tierra, la están secando de nutrientes. Entonces, el proyecto implica traer más fábricas para producir más soja para alimentar a esos animales”, sentencia otra de sus integrantes.


La “interseccionalidad” se repite en las palabras que fluyen en los testimonios que ejercen la filosofía antiespecista y el veganismo como práctica alimentaria. “Lo que pasa es que mucha gente no tiene el privilegio a acceder toda la información de cómo hacer un preparado como arvejas y lentejas, que son muy nutritivas y cumplen con las proteínas que necesitamos, y ahí es cuando tenemos que poner en pié la interseccionalidad. No todos tienen los privilegios para elegir qué comer. Ahí diferenciamos el veganismo de caretaje y el veganismo que está luchando por la justicia, por la unidad y por cambiar todos los paradigmas de injusticia”, explica Tomo.


Mientras habló con las antiespecistas-transfeministas, en el medio mencionan sobre la repercusión en las redes sociales sobre los animales damnificados por los incendios en las sierras, que ha generado campañas para ayudarlos. Ellas señalan que hay mucha “hipocresía” sobre esos discursos. “La gente se preocupa por conseguir colecta y alimentos, pero después pagan por esos animales para poderlos comer”. “Es muy sarcástico incluso. Se preocupan por los animales asesinados por éstas quemas, pero esas quemas van a servir para poner granjas con animales que van a ser asesinados”, apuntan.


“Eso es el especismo: preocuparse por algunos animales, que serían los domésticos o los que aparecen en una fotito en Instagram, y discriminar al resto”.




Mientras de a poco se oscurece el día, ya anunciaron que las dos personas detenidas en Buenos Aires fueron liberadas. A partir de allí, quedara la discusión sobre los próximos pasos a seguir, con el anuncio oficial del proyecto achanchado. Como su nombre lo indica, pretenderá expandirse por toda la década del veinte hasta el 2030. Para entonces, la mitad de lxs jóvenes presentes tendrían sus propias hijes, la otra mitad quizás mantendrán firme su rechazo de no institucionalizar su propia familia. Pero será esa nueva juventud si aceptara como herencia esas miradas más escépticas sobre la viabilidad de la ganadería como actividad económica per se, en un país donde el consumo de carne vacuna es superior a la media mundial. Quizás, para ese 2030, empiece a descender ese nivel.


-Es difícil proyectarse en el futuro. Tiendo no hacer eso, porque el futuro es un invento del presente…

-¿El futuro es un invento del presente?

-Sí, podemos pensarlo en muchas cosas, pero no podemos saberlo hasta que se hace.

-Sin embargo, ustedes están acá porque piensan que esas fábricas puede existir y no lo quieren.

-Y sí. Pero es que ahora está pasando lo de las granjas. Vamos a ver qué va a pasar en un mañana. Si te soy sincera, yo creo que las van a poner igual. Pero yo creo en dar el mensaje, de que la gente se dé cuenta. Es pan para hoy y hambre para mañana.


“Y también para que la gente se pregunte: ¿por qué no se quema la soja transgénica o se incendian las granjas de vacas?”, me pregunta una joven de veintiún años.