Sesiones terapéuticas atípicas: Imaginación, inquietud y oscuridad en Matan S.A.

July 7, 2020

 

Durante los primeros meses de aislamiento social preventivo y obligatorio en Argentina, la banda de death metal produjo y lanzó por sus redes una serie de videos. En este artículo, nos adentramos en los pormenores de su creación.

 

Por Gito Minore (GIIHMA, Grupo de Investigación Interdisciplinaria sobre el Heavy Metal Argentino)

Fotografía: Martín Darksoul

 

¿Habrá mañana después de mañana? ¿Acaso permaneceremos en un eterno hoy? ¿Será esta forma de vivir, a la que lentamente nos vamos acostumbrando, la famosa nueva normalidad?

 

Si de algo podemos estar seguros es que durante estos últimos tres meses, la incertidumbre se convirtió en la protagonista estelar en nuestras vidas. Nada de lo que pensemos, planifiquemos o incluso soñemos, queda exento de pasar bajo el control policíaco de su venia. Se transformó en nuestra manera de sentir, de percibir, de existir.

 

El encierro al que nos vemos sometidos por el aislamiento obligatorio, está dejando huellas. No solamente en forma de muertos, esos anónimos que llenan las cuadrículas de todas las estadísticas, que día a día, los medios ratifican con su macabro fixture. Tampoco las siempre lamentadas pérdidas del plano económico, ese otro campeonato perdido con la muerte.

 

Los vestigios de la pandemia, sus secuelas, ya empiezan a latir en nosotros, aflorando en las más oscuras formas.  Desde los desórdenes alimenticios, de sueño, de rutinas, hasta los cambios imprevistos de humor. Es innegable y hasta ridículo quitarle importancia a esta tristemente célebre nueva enfermedad, y sus efectos en nuestro presente.

 

Entre las tantas prácticas habituales que cambiaron, una de ellas fue la forma de producir arte. La música por sus propias particularidades estuvo entre las más afectadas. Ante la imposibilidad del encuentro entre artistas para ensayar, tocar u ofrecer un concierto, los involucrados comenzaron a pensar “planes b”. Recitales vía streaming, conversatorios con otros músicos, lanzamientos de shows inéditos, y un etcétera que ronda en esa misma tónica. De todos esas maneras de palear la falta de “vivo” una de las propuestas más novedosas fue la de la banda de death metal Matan S.A.

 

Oriundos de Claypole (provincia de Buenos Aires), el grupo comenzó su actividad en el año 2008 y lleva a la fecha tres discos editados. Influenciados por el cine de terror slasher de finales de los años 70 y comienzos de los 80 (Halloween, Friday 13th, This Hills Have Eyes, etc) las letras de sus canciones construyen, de manera conceptual, una historia macabra que se va desarrollando y creciendo álbum tras álbum. A su vez, los videos que acompañan los lanzamientos de sus discos, suman dramatismo, apoyando dicho relato de manera audiovisual. Sin embargo, la apuesta estética de esta banda alcanza su cénit en sus presentaciones en vivo. En ellas, la escenografía, la indumentaria, los fxs, y la performance de los músicos (acompañados ocasionalmente por actores) terminan de conjugar todos los factores para lograr un espectáculo de calidad.

 

Obligados a frenar sus shows, decidieron no quedarse cruzados de brazos, sino más bien ofrecer a su público un extra. Un elemento más para intentar armar el rompecabezas artístico que es Matan S.A.  En torno a esto, Wata, cantante y creador del grupo, reflexiona: “Las inquietudes que tengo, respecto al arte y la música, me llevaron a pensar en un montón de cosas durante la primera semana de cuarentena. Quería hacer algo, pero sabía que no iba a ser lo más común y corriente, como un streaming. A parte había un impedimento, nosotros tenemos una sala propia donde habían quedado todos los equipos e instrumentos. Entonces nadie lo podía hacer desde su casa”.

 

Motivado por el deseo de generar algo nuevo durante este período y sin los elementos necesarios para hacer una tocada de forma tradicional, Wata pensó una alternativa: realizar una serie de videos cortos, que se pudieran estrenar una vez a la semana por la cuenta de Facebook del grupo. Consciente de las limitaciones técnicas y económicas de la banda, surgió un proyecto por demás interesante, y que terminó insuflando una nueva vida a sus canciones: poner el eje del video en la lírica de los temas: “Originalmente la idea era hacer las letras tipo payada. Siempre tuve la intención que las letras se conozcan. Tal vez por el tono de voz o por como las canto yo, muchas de las letras no se entienden”.

 

A esta ocurrencia de Wata, se sumó el guitarrista Norberto Oviedo y la maquinaria se puso en marcha de inmediato. El plan primitivo del ciclo bautizado “Sesiones terapéuticas atípicas”, era filmar un video simple, donde el cantante interpretara las letras recitándolas, sobre una música ambient hecha por la guitarra sobre la base armónica original. Pero la mutación no se hizo esperar.  Pronto comenzaron a invitar a músicos, actores y amigos quienes sin dudarlo se fueron sumando a “la terapia”. Así, una vez inaugurado el ciclo por el propio Wata interpretando “Psicología, una mentira”, viernes tras viernes, se fueron incorporando a las sesiones un seleccionado de lujo del metal local: Christian Bertoncelli de Renacer con una versión de “Pecho vomitado”; El Soldado, de Patán, poniéndole su timbre vocal a “Vuelvo a saciar mi sed”; el ex CQC Eduardo De La Puente recitando “Ahora soy feliz”; Kanario de Plan 4 poniéndose al hombro “Contención”; Brenda Cuesta de Bloodparade y Thav de Lepergod aterrorizando a dúo con “Mamá ¿dónde estás?” ; y Roberto Cossedu de Kamikaze dándole vida a “Soy instrumento de Dios”.

 

 

 

 

 

Cada uno de los invitados enviaba su video, con su versión del tema, filmada de forma casera y luego Norberto y Wata los editaban convenientemente y salían al ruedo.

 

Para el octavo y último video le dieron el micrófono al niño Damién, quien fue el encargado de personificar la pesadilla y ponerle cuerpo a “Los odio”. Tal como lo afirma Wata: “Le dimos el toque final con un escrito que está en el último disco que lleva a la reflexión. Terminó con el tema ‘Los odio’, porque lo que unía a todos los personajes, el sentido común era el odio”.

 

 

 

Si la idea en un principio era que las letras de Matan S.A. se conozcan o se entiendan, este grupo de videos cumplió su objetivo con creces. La impronta de cada intérprete convocado redundó en favor de que esto sucediera. Apoyada solo en la performatividad de la voz de cada uno de los artistas, el mensaje y el poder de la adrenalina del death metal de la banda se sostuvieron solo con el texto de la canción. Esta vuelta de tuerca, fruto de un ingenio que no teme a adversidades económicas ni a restricciones de ningún tipo, resultó totalmente revolucionaria.

 

Entre los meses de abril y junio del 2020, en pleno período de aislamiento social preventivo y obligatorio, el grupo creó una serie de videos que, por su propio peso, constelan con el resto de su producción audiovisual. Sin grandes recursos técnicos, más que su propia imaginación y la ayuda de unos cuantos amigos, generaron un producto artístico de calidad con el cual sobrellevar este período tétrico en que la incertidumbre  y la soledad bailan una suite macabra con la muerte. Incluso, estas “Sesiones de terapéuticas atípicas” llevan en su mismo título mucho de lo que hoy nos aqueja, nos ensombrece, nos atemoriza. Según el propio Wata: “Le pusimos un nombre relacionado al confinamiento y el stress que produce esto, basado en las situaciones psicológicas de la gente. El confinamiento, la depresión y un montón de cosas que están en las letras. Inquietud y oscuridad".

 

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