Desentendidos de futuro: Sobre El momento justo de Minore-Subotovsky-Zavala

Pampa Records acaba de editar El momento justo, poemario musical del monstruos de tres cabezas, el cerbero nada políticamente correcto de Gito Minore, Adrián Subotovsky y Gustavo Zavala.

 

 

 

 

Por Emiliano Scaricaciottoli

 

Encarnando aquellas voces perplejas de Paul Eluard en Capitale de la douleur (1926), bajo la piel de Alphaville de Godard y esa voz de ultratumba que ambientaba Paul Misraki en la postapocalíptica ciudad del olvido, dominada por una máquina, quizás, por la máquina del presente. La maquina que nos impide recordar o peor aún: saborear el olvido. Escucho a Minore recitar poemas, fragmentos, narraciones enjambradas en plena calle, en plena nocturnidad. Seguro en Liniers, Parque Chacabuco o Boedo, los barrios que supo y sabe pisar hasta el barro. Escucho a Minore como a esa voz de Alphaville, al relato enmarcado de muerte que crearon Anna Karina y Eddie Constantine. Esa comunión de muerte, en tiempos donde es, justamente, la doncella inevitable artífice de lo prohibido, de lo vedado, de lo tabú. Allí es donde se construye, con las maestrías ocultas de Adrián Subotovsky y de Gustavo Zavala, este momento. La historia de Minore insistiendo en tan perfecta yunta es más que conocida para lxs merodeadorxs de las Ferias del Libro Heavy de Boedo; de las mismas ferias en la Feria del Libro de La Rural, cuando el pabellón se llenaba mortuorio y amenazante: “Se nos ve de negro vestidos”, rezaba Iorio y asumíamos los y las presentes.

 

Para desprevenidos, la vida literaria de Minore nunca estuvo escindida de la musical. No solo la Feria del Libro Heavy, su activa participación en el Grupo de Investigación Interdisciplinaria sobre el Heavy Metal Argentino, la edición de una decena (o más) de libros en torno a lo que el metal argentino puede decir. No sólo allí habita la música en la poesía, en la narrativa y en el ensayo de Minore. Recuerdo aquella Feria del Libro del 2011 leyendo para un malón de niñxs  en la sala Cuenta Cuentos con el maestro ilustrador, Isidoro Reta. Recuerdo también aquel frío 2013 en “Poesía bajo el obelisco”. Poetas que participaban del ciclo “Poesía bajo la autopista” en el Centro Cultural La Imaginería, migraron, megáfono en mano, para ponerle melodías, gritos, voces abyectas al microcentro porteño. Gritarle al poema; a un 100 que te pasa por encima en la 9 de Julio. El descerebrado de Minore produjo miles de eventos que apuraron esta idea: la escritura no es sino otra forma de cantarle las cuarenta a la podrida realidad de quien se asume infiel a las minorías que regulan nuestras vidas. En la voz de Minore para El momento justo, habitaron, seguramente, aquel Scalabrini Ortiz de la espera absoluta; por qué no, digo también, las voces radiales que nos petrificaban en las nocturnidades: el “Ruso” Verea en aquel “Circo Miserable” de Supernova, el finado Tom Lupo por las rasposas ondas del “Submarino Amarillo”, el antihéroes de Carlos Rúa en “El loco de la colina” de radio Excelsior, allá por los ochenta.

 

 

 

Adrián Subotovsky aporta una experiencia abismal en el enjambre entre tango y metal. De aquel guitarrista de Odisea que conocí en los noventa, a sus Subotango I y II, con colaboraciones de lujo como la de Carla Pugliese en bandoneón. Sobotovsky Tango es también volver a las viejas raíces pero desde el lugar de los más renagados. Son otras voces las que habitan en su guitarra. Y se conjugan mágicamente con otro poli-instrumentista, escritor y predicador del metal argentino: Gustavo Zavala. Apocalipsis, Tren Loco, S.U.R, otro cerbero del metal nacional, columna vertebral de las voces, de las enunciaciones de muchxs metalerxs del conurbano bonaerense. Pero también ha metido mano en la narración. Ganador del Concurso Literario de Telefónica de Argentina con su cuento “El error”, que tantxs metalerxs compartíamos en fotocopias a fines de los noventa diciendo: “Sí, es él, es Gustavo de Tren Loco...¡Y escribe!”. Sus participaciones en La Mano Maldita. Ficciones Metaleras y su libro de ensayos narrativos Bajo Cero: de Grand Bourg a Tokio editados por Clara Beter, editorial dirigida por Gito Minore y María Inés Martínez, potenciaron la carrera literaria de Zavala notoriamente.

 

El momento justo apunta un “amor mogólico/desentendido de futuro”, cargado de aires ambientales (tango, milonga, metal, baladas, folklore) que recuerdan a esas miradas nada amables de la ciudad en ruinas que tenían Jauretche y Macedonio. En “Antropófaga”, la tristeza se adueña del espacio poema-canción sobre los tiempos del olvido, del confinamiento. ¿Viejxs humanistas cantándole a la una humanidad que tenia “Propuestas”? Así se titula este poema canción al cual vuelvo para recordar la idea del presente continuo de un mundo, insisto, perdón, que ya no existe: “[propuestas] a espaldas de los políticos”. De “mirar la guerra por Telefé”, de eso que recita Minore en “Algunas cosas que hicimos mientras esperábamos”, sabemos mucho. De que el “barro sea el currículum” (“Barro”), me pregunto: ¿cuál será el rostro de nuestra identidad, el identikit de lxs parias en esta suspensión de actividades, de rebajas salariales, de cabezas bajas saliendo de las fábricas? ¿De dónde se desprenderán las nuevas poesías cuando el virus migre a nuestras formas de vida? ¿Cuál será “el momento justo” del reencuentro?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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