Balas sí, comida no

April 28, 2020

 

 

 

Por Sergio Job
Ilustración: Nico Mezquita

“…piden pan

no les dan,

piden queso

les dan hueso

y les cortan el  pescuezo…”

 

Día 26 de la cuarentena. Estábamos cenando tranquilos y sonrientes cuando a través de las cortinas vimos las hirientes luces policiales. Tenemos el ojo muy entrenado para esto. Somos militantes sociales hace años, y viví durante mucho tiempo en un barrio popular de la capital cordobesa. De hecho esos nervios angustiados que me provocaban su deambular amenazante, hostil, prepotente, machirulo, fue una de las razones que me hizo buscar refugio en un lugar más tranquilo desde donde vivir, organizarse y luchar contra este sistema de muerte. Vivía, como diría una abuela “con el Jesús en la boca”.

Pasaron lento, mostrándose, infundiendo terror, como les gusta. Una, dos, tres camionetas de la FPA (Fuerza Policial Antinarcóticos). Acá, en medio del monte, en un pueblo de 400 habitantes. El Rati Horror Show regalado para todo un pueblo conmovido. Los estados de whattsapp y mensajes que volaban para todos lados dieron cuenta de la mala nueva. Con ella, las preguntas que se abrían. A las horas supimos la respuesta: el gobierno provincial está mandando a fuerzas de elite a los pueblos del interior para que se cumpla la cuarentena. Sí, leíste bien, sólo estuvieron dando vueltas por el pueblo durante una hora y media, desde las 22 hasta las 23.30 horas aproximadamente, sólo infundiendo terror, ese era todo su objetivo.

Indignado, pensando en el uso del miedo por parte de los gobernantes cordobeses, me quedo mascullando la bronca por lo bajo. Así usan los recursos públicos. En medio de una pandemia sanitaria, en lugar de estar comprando respiradores, o aumentando el salario al personal de salud, o estar dando alimentos a los comedores absolutamente desabastecidos, los tipos gastan dinero infundiendo miedo en poblaciones donde la cuarentena se viene cumpliendo y donde hasta el momento ni siquiera hay contagiados. Eso es el cordobesismo y su doctrina del shock permanente.

Vibra el celular, mensaje: “mirá lo que anda comprando la provincia”, y acompañado por una captura de pantalla: Renglón: Cartuchos 12/70, Cantidad: 20.000, Precio de Referencia: $ 73; Presupuesto Oficial: $ 1.460.000. Hoy entramos al boletín oficial, y corroboramos que efectivamente, por medio de subasta electrónica inversa, que cierra el 04/05/2020, bajo el número 2020/000046, el gobierno se apresta a adquirir 20.000 cartuchos de escopeta.

Durante ese día habíamos dado a conocer un comunicado/advertencia que veníamos trabajando sobre la preocupación que nos genera el hecho que el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio devenga en un laboratorio de estado excepcional con amplísimas facultades de control social y represión poblacional. En menos de 24 horas las confirmaciones no se hacían esperar. Esto sumado a una lista amplísima de arbitrariedades, violencias, abusos y un larguísimo etcétera, que abogados y abogadas de todo el país veníamos registrando e intentando enfrentar, en diversos lugares y de distinta gravedad. Y que fueron la motivación de aquel escrito.

Para no extenderme mucho, mientras en Argentina, y en Córdoba en particular, los comedores están desabastecidos; los trabajadores de la economía popular y también muchos de los otros, están pasando necesidades acuciantes y crecientes, y están sólo siendo sostenidos por una epopeya solidaria de la que no tengo registro y que me llena de fe y esperanzas en nosotros mismos; mientras las mujeres son asesinadas sin protección estatal; mientras, el gobierno cordobés gasta millones en endurecer y extender el control social y la represión a cada rincón de la provincia sin hacer nada frente al hambre de miles, más que prepararse para reprimirlos.

Un poco de racionalidad y sensibilidad humana, debería hacer virar en 180º el uso de los recursos públicos en estas tierras, orientarlas hacia el bienestar y la solidaridad y dejar atrás de una buena vez la lógica represiva como única respuesta ante los profundos problemas sociales que atravesamos, ahora agudizados por el Covid-19. Escuchar a quienes estamos en el barro, en la profundidad urbana y rural, pechándola cada día, manejando el termómetro social de primera mano, sería un acto de lucidez por parte de los gobiernos, que espero, al menos por un instinto de supervivencia, pongan en práctica. Necesitamos comida, no balas.

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