Las distancias entre el poeta impopular y las poetizas sociales

En medio de la crisis sanitaria, social y económica, comienza a sentirse malestar en algunas organizaciones sociales por la falta de acción, o más bien, articulación, del gobierno. Mas alimento menos balas es la consigna de siempre ¿Qué está pasando en los territorios de Córdoba?




Por Tomás Astelarra



“Ustedes son para mí verdaderos poetas sociales, que desde las periferias olvidadas crean soluciones dignas para los problemas más acuciantes de los excluidos. Sé que muchas veces no se los reconoce como es debido porque para este sistema son verdaderamente invisibles. A las periferias no llegan las soluciones del mercado y escasea la presencia protectora del Estado. Tampoco ustedes tienen los recursos para realizar su función. Se los mira con desconfianza por superar la mera filantropía a través la organización comunitaria o reclamar por sus derechos en vez de quedarse resignados esperando a ver si cae alguna migaja de los que detentan el poder económico”.

-Carta del Papa Francisco a los Movimientos Sociales, Pascuas del 2020.


“Yo quisiera que sea un poco más marrón el gabinete. Tiene que haber un protagonismo más grande de los sectores populares en las decisiones que se toman en el país. Porque creo que hay una sabiduría en el pueblo que no está en el centro. Una sabiduría de las periferias”


-Juan Grabois en entrevista a Luis Novaresio.


“La palabra sin acción es vacía, la acción sin palabra es ciega, la palabra y la acción por fuera del espíritu de la comunidad son la muerte”


-Proverbio Nasa.




La definición, casi apocalíptica, se la dio une importante dirigente del PJ cordobés a une importante dirigente del campo popular cordobés: “Lo que tenés que entender es que el estado nacional, provincial y municipal, frente a esta situación, no tienen capacidad de hacer nada. Así de simple y así de terrible. Ahora tenemos tres prioridades: primero la sanidad, segundo la seguridad, y tercero el alimento. No podemos solucionar ni siquiera lo primero”.

Está visto en general que, en esta nueva crisis, la mayor parte del empresariado afín al capitalismo (es decir, a la muerte) no está dispuesto a jugarse por la vida (mucho menos por el hambre). Esa sería una verdadera verdad de Perogrullo. En la Argentina, la realidad de un estado presente (no solo históricamente, sino en la coyuntura de este gobierno de Les Fernández) parece ser una bendición y un capital político. Mucha la complejidad, la “pesada herencia”, el cúmulo de medidas acertadas y la vocación de servicio. Pero en las últimas semanas, desde las organizaciones sociales (las principales conocedoras del territorio) comenzaron a sentirse reclamos en este orden de prioridades, donde la seguridad está antes que el hambre y donde el gobierno no ha perdido su vocación de estado y porteño-centrismo, siendo que estas organizaciones sociales no solo son socias de la coalición que llevó a Les Fernández al poder, sino que también son las que mejor conocen el territorio y sus gentes. Fue allí donde las organizaciones (la gran mayoría nucleadas en la Unión de Trabajadoras de la Economía Popular, UTEP) resistieron las políticas saqueadoras de Cambiemos, mientras muches de les actuales funcionaries daban charlas en las universidades.


Por más que muchos dirigentes de estas organizaciones son actualmente funcionaries (incluyendo el nombramiento en plena pandemia de Nahuel Levaggi, de la Unión de Trabajadores de la Tierra, al frente del Mercado Central), en muchos territorios, por no decir la mayoría, en vez de reciprocidad o colaboración en medio de la crisis, no hay directivas claras del gobierno nacional, y desde los gobiernos provinciales o municipales se ningunea a las organizaciones. En medio, esta terrible crisis sanitaria, económica y social, el agente federal más presente en los territorios lejanos son las fuerzas de seguridad. Y ya sabemos que para las fuerzas de seguridad, en todas sus formas, la seguridad siempre fue antes que la salud y el hambre. Valen menos que la bala que los mata, decía Don Eduardo.


“Hay una forma un poco tecnocrática de implementar los programas. Que vuelve a pasar con la IFE. Hay una mentalidad clasemediera”, aclaró la semana pasada el referente de la UTEP Juan Grabois en una entrevista con Luis Novaresio, poco antes de coincidir con el comentarista Jorge Asís (autor de la metáfora de poeta impopular para Alberto Fernández) con que este es un gobierno de Puerto Madero o Recoleta. El ejemplo de la IFE (Ingreso Familiar de Emergencia) es evidente. El reclamo de un bono para trabajadoras autónomas no encuadradas en los planes sociales surgió de las propias organizaciones, y hasta hubo un primer fin de semana en que rápidamente bajó la orden a les dirigentes, de los diferentes territorios, para que se confeccionaran los listados. De haber confiado en las organizaciones sociales, el gobierno ya tenía el padrón hecho. La forma de distribuir el beneficio pudo haber sido más compleja. No tanto si se aceleraba la articulación entre organizaciones y gobiernos municipales, que ya empezó a esbozarse con la tarjeta alimentaria.


Sin embargo, se volvió a realizar un empadronamiento a través de Anses por internet. Un mes y medio después, un compañero del Chaco escribe indignado por la cantidad de personas que se quedaron sin el beneficio por falta de señal, a pesar de que él mismo se había pasado dos semanas intentando asesorar a la gente sobre cómo hacer el trámite. De eso, a la policía o las fuerzas armadas repartiendo alimento frente a las doñas de los comedores populares, no solo hay una muestra de ninguneo del trabajo de estas poetizas sociales que día a día sostienen los territorios, sino también, un signo de incoherencia en el discurso federalista y feminista del gobierno. Ponele que dejemos pasar el evidente machismo de las fuerzas de seguridad que ningunean sistemáticamente las denuncias de violencia de género, la proporción de doñas por orga es mayor que la de mujeres policías, y las fuerzas de seguridad solo saben entrar en el barrio para pegar tiros (a veces a les hijes de las doñas), e incluso, muchas veces. son de un territorio ajeno por propia política del estado (para mantener la “impersonalidad” en el trato). El tránsito de un dirigente social de un pueblo perdido a Juan Grabois es de dos o tres, máximo cuatro, llamados. Y hay respuesta. ¿De un intendente al presidente? ¿Por qué el gobierno nacional y popular no se apoya en estas organizaciones y agiliza los mecanismos de articulación en los territorios alejados?




Mientras tanto, en los territorios


“Desde Alta Gracia, te cuento que seguimos en cuarentena hace ya un mes. Parece que queda poco. Quizás se siga expandiendo, no me sorprendería. Pero las organizaciones sociales ya estamos preparadas para enfrentar esto y lo que posiblemente podría venir después. Tuvimos un inconveniente con una familia de Santa Ana que no se cuidó y se supo que le dio positivo el coronavirus y hubo un muerto. Por eso cerraron la ruta 5 de Alta Gracia a Córdoba y todavía hay un operativo bastante estricto. Eso demuestra que esto es muy serio y que hay que cuidarse para cuidar al otro”, nos cuenta Chami, joven militante barrial de la OLP-Simón Bolívar de Alta Gracia (ciudad que cobró notoriedad, al principio de la cuarentena, por un flagrante caso de abuso policial). Con respecto a las iniciativas que se están llevando a cabo, aclara: “Salimos con la orga a hacer ollas populares y estamos ahora coordinando entre todas las organizaciones de UTEP para hacer el triple de las ollas que hacíamos hasta ahora. Pensábamos abastecer a 300 familias en una semana y hemos abastecido a más de 500. Eso marca que hay una parte de la ciudad que está en otras condiciones y que está necesitando. Por eso esta semana se largó la campaña Ayudando Tu Aporte Llega a Los Sectores Más Vulnerables, para pedir ayuda a otros sectores para llenar esas ollas, porque lo que importa es el valor nutricional, que tenga carne, cereales, legumbres... También vamos a comprar con ese dinero elementos de salubridad para llevar al pie de la letra el protocolo de seguridad. Hay mucha conciencia de la gente. También estamos apoyando con las promotoras en violencia de género. Siempre con la esperanza que esto pase y entremos en conciencia, que nos sirva de experiencia para que podamos valorar la vida y la convivencia en sociedad. Y también que, una vez que pase todo esto, se entienda que las organizaciones sociales tenemos un rol importante en este tipo de crisis”.


“Nadie sabe que va a pasar en este tiempo pero el escenario critiquísimo que se abre reafirma mucha de las decisiones que fuimos tomando. La decisión por una vida basada en la soberanía alimentaria, la construcción de comunidad, solidaridad y el cuidado de la vida y el territorio. Estamos muy preocupadas por la crisis económica y alimentaria que se viene a pesar de que somos trabajadoras de la tierra. Pero la idea es redoblar la apuesta para producir alimentos sanos a un precio popular para nuestras comunidades y las compañeras de las ciudades”, asegura Mercedes Ferrero, habitante del pequeño pueblo de Los Molinos (a una decena de kilómetros de Alta Gracia) e integrante de Trabajadores Unidos por la Tierra, parte de la Unión de Trabajadores Rurales (UTR), en la UTEP. Acerca de las iniciativas que están tomando en tiempos de pandemia, empieza a enumerar: “Luego de unos primeros días de cierta quietud y transformar las formas de trabajo, activamos un plan integrado de cuidados y acompañamiento comunitario a la población de riesgo, compras comunitarias para abaratar costos de las familias y reducir los riesgos de movilidad, colaborar con las personas que necesiten acceder al IFE (porque la gestión de Anses está siendo un desastre), promover huertas familiares por fuera de la organización, articulando con los equipos de salud de la zona y colaborando con el transporte de las personas que necesitan ir al Hospital, gestionando una campaña de donación de alimentos y algo que llamamos Mística para la Cuarentena, que es un grupito de compañeras que están reuniendo videitos, canciones, poemas, recetas, todo el arte y saberes populares que podamos ir compartiendo estos días para reforzar el espíritu, el ánimo y saber que estamos aisladas pero no solas. Y bueno, organizando muchas solidaridades de personas que quieren colaborar en estos momentos y por ahí no solían hacerlo en el pasado. Ahora quieren hacer algo y nos toca ahora organizar esa solidaridad. Eso es muy lindo. Mucha gente respondió favorablemente”.




¿Un estado que controla, da la espalda y está dispuesto a reprimir?


Hasta organizar la solidaridad les toca. El estado siempre ha sido el famoso elefante blanco donde dependiendo de les funcionaries o sus niveles de acción, las organizaciones sociales han encontrado “grietas” donde colarse, muchas veces apostado por una relación compleja (a veces hasta contradictoria ideológicamente desde el concepto de autonomía que muchas manejan) y principalmente basada en la presión social a través de la movilización popular. Pero lo cierto es que en medio de la crisis esta articulación no ha alcanzado. ¿Es por falta de eficiencia? ¿Es por falta de voluntad? ¿Es por cuestión de negocios (dizque corrupción)? ¿Es una ridícula disputa de poder? Lo cierto es que desde el gobierno nacional, más allá del discurso, no ha habido directivas claras a las diferentes dependencias y niveles de poder en el estado de articular con las organizaciones sociales la resolución de la crisis. No solo es un gabinete “marrón”, como dice Grabois. Ni siquiera dialogan con las “negras”, “las doñas”, que todes sabemos son las que tienen la posta en los barrios, los campos, los territorios, sobre todo en tiempos de crisis.


Le pregunto a Mercedes como es la relación con el estado en tiempos de pandemia en ese pueblo perdido de Córdoba. “Nosotras desde el ámbito rural lo estamos viviendo en modo particular. Nuestra realidad es que hacemos casi todo sin ayuda del estado. En particular hay compañeras que iniciaron una olla popular en San Agustín y, después de mucho esfuerzo y vueltas, consiguieron que la intendencia les abriera la posibilidad de utilizar la cocina y los utensillos del hogar de ancianos. Pero en general en todos estos pueblos estamos viendo que los gobiernos municipales han tomado solo medidas represivas de control, pero no han hecho nada para paliar las consecuencias durísimas de las familias trabajadoras rurales en este contexto. Entonces nuevamente nos toca, hacernos cargo del cuidado comunitario. Por parte del gobierno provincial, la única política que se ha visto desde hace unos días, es que está la fuerza antinarcóticos circulando. Cuando estamos todas en nuestras casas, de noche, vienen y nos iluminan de forma violenta y prepotente. Es lo único que nos ha tocado recibir del estado”.


Desde que comenzó el aislamiento, el Ministerio de Desarrollo Social de la provincia de Córdoba, a cargo de Juan Carlos Massei, posee una deuda que alcanza dos meses de las ayudas alimentarias que entrega regularmente a más de 450 comedores comunitarios en toda la provincia que alimentan a más de 58.000 personas, fundamentalmente niñas y ancianas. Hoy debe a algunas de las organizaciones sociales las ayudas alimentarias del mes de marzo y a todas las del mes de abril. “Al principio, la respuesta del ministerio era que estaban enfrentando dificultades operativas a causa de la cuarentena, algo que, aunque nos molestara, nos parecía entendible. Un mes después, ya sin respuestas del ministerio, creemos que es pura negligencia o falta de voluntad”, explica el Secretario Adjunto de la CTEP-Córdoba, Iván Fernández, en un reciente comunicado de prensa.


Para colmo de males, el gobierno provincial de Córdoba anunció el recorte de planes alimentarios y sociales. El día miércoles 15 de abril del corriente año los titulares de los programas PPP (Programa Primer Paso), PIP (Programa de Inserción Profesional), PILA (Programa de Inclusión Laboral de Adultos Varones) y X Mí (que incluye a mujeres de entre 25 y 60 años) fueron informados a través de un mensaje de texto de la suspensión de los mismos mientras dure el aislamiento social preventivo como consecuencia de la emergencia sanitaria. La medida afecta a 27.000 personas en los barrios y un ahorro de $225 millones para el estado (que podría obtenerse, por ejemplo, de una contribución única equivalente al 0,2% sobre el valor de las 8 explotaciones agropecuarias más grandes de la provincia).


“El cuadro es dramático, porque muchos de esos programas son el ingreso familiar de las compañeras, muchas de las cuales están bancando la parada en los comedores o en los talleres textiles confeccionando barbijos. Y esto se da en el debate nacional de la redistribución de la riqueza. No abona a poder avanzar en una sociedad más justa, sino que retrocede enormemente y ajusta sobre el sector más precarizado y empobrecido”, asegura a radio El Grito de Traslasierra Noelia del EO-UTEP desde Córdoba capital. “Si bien hay funcionarios y funcionarias que son más predispuestas al trabajo con las organizaciones sociales, nuestra percepción es que los lugares de dirección están ocupados por personas que no son de las más predispuestas y que el estado se está recostando lamentablemente en otras instituciones. Terminamos como siempre en una dinámica que no se toma en cuenta a las organizaciones a la hora de diseñar políticas públicas, pero después terminamos haciendo malabares para adaptar estas políticas al territorio. En medio de esto, hay una situación crítica con respecto al alimento. Si bien el gobierno nacional ha hecho un anuncio de refuerzo de alimentos, este nunca ha llegado, y el gobierno provincial, por distintas cuestiones burocráticas, ha dejado incluso de entregar la ayuda económica que entregaba antes de la pandemia”, aclara Ruffo, también del EO-UTEP. “Lo peor es que no se ha abierto un canal de diálogo para discutir la decisión y hay compañeras diciendo de salir a la calle. Da lo mismo morirse por el coronavirus o de hambre. Es una situación desesperante. Nuestra idea fue siempre reconvertir esta desesperación en organización y presión política, porque también entendemos que la emergencia sanitaria no da para generar otros escenarios. Pero lo cierto es que va a llegar un punto que ni las organizaciones vamos a poder frenar lo que está pasando. Porque están alimentando la desesperación”, agrega Noelia.


Algunos rumores y noticias hablan de un aumento en la inversión en armas en la provincia y que la función de las fuerzas armadas en los territorios, más que repartir alimento, es garantizar la seguridad y la posible represión.




Sin la calle ni el encuentro


“La calle es el escenario de nuestra política histórica. No sentimos impotentes sin poder salir a protestar a la calle cuando no nos bajan el alimento. La calle es donde trabajan casi todos nuestros compañeros, los cartoneros, los vendedores ambulantes, las ferias, ¿qué hacemos si no tenemos la calle para trabajar? En las villas quedarte en tu casa no es una posibilidad. La casa de nuestros compañeros es el barrio, el espacio público. Entonces, perder la calle por el coronavirus a nosotros nos puso en una situación nueva que nos hace reflexionar sobre algunos temas que no tomamos en serio, como la necesidad en Argentina de hacer un nuevo planteo territorial. Tenemos el 97% de la población urbana, siendo un país agrario. ¿Por qué? Porque los commodities de exportación acaparan el 80 % de la tierra, y está mecanizado, no necesita trabajadores”, aclara Grabois en una reciente charla virtual en el Instituto Nacional de Formación Política de Morena, México.


Sobre las situación de los movimientos sociales en el campo en tiempos de pandemia, Pablo Blank, de la Unión Campesina de Traslasierra, dentro del Movimiento Nacional Campesino Indígena Somos Tierra, en UTEP, aclara: “La cuarentena afecta a las familias porque tienen un nivel de informalidad muy grande, porque todavía no hemos conseguido del estado un reconocimiento de todo el trabajo que se hace. Si bien decimos que en el campo la crisis se vive de otra forma, porque hay acceso a los alimentos, también hay ingresos de la venta de alimentos que hoy se dificultan por la movilidad restringida o la prohibición de la venta como ambulantes. Otro impacto tiene que ver con lo organizativo, ya que desmovilizó a la organización, impidiéndonos juntarnos, mirarnos las caras, pensar estrategias. Por suerte venimos fortaleciendo estrategias de comercialización a través de redes de consumo organizado o locales cooperativos”.


Ucatras es parte de Humano, una cooperativa de artesanos, artistas y productores que tiene tres locales en Villas de las Rosas, San Javier y Merlo, donde se han cobijado productos de la economía social que se han quedado sin las ferias para vender. También se han organizado campañas solidarias y antirepresivas, entregas a domicilio, reparto de semillas y otras iniciativas frente a la crisis. “Gracias al apoyo de la municipalidades que tuvieron el gesto de reconocernos como agentes de la economía social y las organizaciones con las que articulamos, como Ucatras y UTEP, pudimos permanecer abiertos con todas las medidas de precaución en la atención y brindar a nuestras vecinas y vecinas productos agroecológicos con un precio justo. Hoy más que nunca, la única manera que vamos a tener de subsistir y salir adelante es unirnos y contar unos con otros. Con responsabilidad y cuidado hacia les otres”, explica Lula, parte de Humano. “Buscamos esto, porque en este momento solo tenemos acceso a comprar productos alimenticios de grandes industrias en supermercados, pero los productores regionales de alimentos, o que no son de la región pero no están en la grandes cadenas comerciales, se han quedado sin su principal fuente de trabajo, que son las ferias. Esto por un lado hace que una parte de la población no pueda elegir lo que quiere consumir y otra parte no puede generar ingresos. Por eso, decidimos abrir las puertas a nuevos actores de la economía social, además de los socios de la cooperativa y aquellas organizaciones con las que veníamos trabajando”, agrega Sebastián, también parte de Humano.


“Al menos acá en Traslasierra, desde las organizaciones del campo popular va surgiendo una solidaridad y trabajo conjunto que ha facilitado mucho las cosas. Por parte del estado me parece que no podemos generalizar. Hay algunas instituciones que se están moviendo muy bien desde una lógica de acompañar estos procesos. Como es el caso de los ministerios de agricultura de Córdoba y Nación, que nos han facilitado seguir produciendo y distribuyendo a pesar que algunas organizaciones no estamos encuadradas en las normativas. En cuanto a los poderes locales depende de cada localidad. Pero hay algunos intendentes que están entendiendo esta situación con la gravedad que tiene, entre otras cosas pensando estrategias para sortear la crisis económica. Por ejemplo el hecho de que esta es una región que vive del turismo y va a tener que reenfocarse en la producción de alimentos básicos. Hay situaciones que no se pueden pensar sin una ayuda del estado”, opina Fabricio Puzio del Colectivo de Trabajadoras Organizadas en UTR-UTEP. “Siempre nos hemos planteado que el estado es un espacio a disputa, sobre todo con el agronegocio y las grandes producciones. No solo como disputa de recursos sino también de ideas. Eso más allá de los gobiernos. En este momento, hemos visto con buenos ojos y hemos participado para que se termine el esquema de gobierno neoliberal de Cambiemos y que vuelva un gobierno que fortalezca el mercado interno y las políticas públicas, pero la pandemia pone en segundo lugar a los sectores y las regiones del interior, más allá que somos los que producimos el alimento, y de manera sana y justa”, concluye Pablo.



Momento de quiebre


“Ustedes son actores centrales porque tienen el respeto de sus comunidades. Son la pieza central del presente y del futuro”, les dijo el jueves Alberto Fernández a un grupo de dirigentes de los movimientos sociales. Al menos el poeta impopular escucha a los representantes de las poetas sociales. Si bien surgieron varias líneas de acción y la promesa de un aumento en la partida de alimentos, las organizaciones siguen pidiendo medidas más concretas y una mayor agilidad en las políticas públicas. El fallo de la Corte Suprema definió el avance de la sesión virtual del Senado que podría aprobar el “impuesto a los ricos” con el apoyo declarado de parte de la oposición “responsable” (como el gobernador de Jujuy Gerardo Morales, que hasta disintió con la carta de la Fundación Internacional para la Libertad que firmó el ex presidente Mauricio Macri, acusando de “autoritario” al gobierno nacional). De ahí podría salir el financiamiento de varios proyectos sociales. Sin embargo hasta no ver las medidas concretas, las organizaciones siguen parando la olla como pueden frente a políticas a contramano, de algunas provincias como Córdoba.


Más allá de ciertas articulaciones puntuales, la sensación general es que no hay un mandato “desde arriba” de que estado y organizaciones agilicen dinámicas para fortalecer la redes sociales y de contención, y que las políticas del gobierno nacional parecen seguir el orden de prioridades expuestos al principio de la nota (primero la sanidad, segundo la seguridad, tercero el alimento), Grabois plantea: “En nuestra lógica para enfrentar el momento pusimos cuatro o cinco verbos de los que podemos hacer desde los movimientos populares: el primero es alimentar, el segundo es cuidar (que la comunidad cuide a la comunidad), el tercero es sanar (garantizar la sanación de los casos positivos, construir nuestros propios centros de aislamiento), el cuarto respetar y hacernos respetar (que las fuerzas de seguridad respeten a los compañeros más pobres, que no intenten imponer el aislamiento a lo tiros y, también, que no se produzca, como hemos visto, linchamiento de un vecino que dio positivo). Y el quinto verbo es reconstruir (cómo vamos a salir de esto a través de un plan marshall criollo, el tema de un salario social universal, porque vamos a necesitar millones de trabajadores reconstruyendo nuestros barrios y nuestras economías)”. “El desafío de reinventar la lucha en un contexto de aislamiento social nos tiene a muchas pensando y comunicándonos. Pero todavía no le encontramos la vuelta. A mí no me cabe la menor duda que tenemos una oportunidad enorme para trabajar sobre el despertar de las conciencias para mostrar todas las herramientas que, por pequeñas que sean, no dejan de ser importantísimas en mostrar una alternativa a este sistema de muerte. No paramos de generar en todos los territorios de los más diversos y distantes alternativas de cuidado de la vida”, concluye Mercedes desde Los Molinos.


Para colaborar en Córdoba


Desde ahora, hasta la fecha patria del 25 de mayo, la UTEP realiza una "Campaña de apoyo a la economía popular y por la calidad nutricional. A través de donaciones o aportes solidarios se comprarán alimentos a productores/as de la economía popular que serán distribuidos entre comedores y merenderos comunitarios. #Ayudando es un esfuerzo conjunto para que el aporte de los y las vecinas llegué a los sectores más vulnerables de la sociedad".

Para eso, proponen una donación, mediante un formulario cuyo link aparece abajo y, mediante una respuesta, se brindará la información para realizar un depósito o transferencia de Home Banking o mercado pago.


https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSeHCCbqFgO2NUgveB571iJ5gsdE7NLeUqHOMgdVTbDffxcV7Q/viewform?vc=0&c=0&w=1


El dinero recuadado se destinará para "comprar insumos sanitarios como barbijos, alcohol, lavandina; yalimentos que mejoren la calidad nutricional de los comedores y merenderos quefuncionaran como complemento a los alimentos que se están entregando.Esos productos serán comprados a talleres, promoviendo y priorizando laproducción popular de los talleres textiles organizados".