Retomar desde las ruinas, ese proyecto de gran país.

March 3, 2020

 

 

Por Sergio Job

 

Un cartel de chapa que reza: “Bienvenidos a la República Argentina” tumbado en un costado de un galpón desvencijado, oxidado, saqueado, sin portón. Me pareció el resumen perfecto de lo que uno observa, cuando recorre y realmente mira, esta Argentina de hoy. La postal es siempre la misma, de sur a norte, de este a oeste: rieles oxidados y torcidos, chapas tiradas y arruinadas, saqueo al por mayor, abandono, desidia, paredes derruidas, caños rotos, vacío y silencio. En Punta Colorada puerto cercano a Playas Doradas en Río Negro; en el ex Batallón de Artillería 141 y Fábrica de Armas ubicado entre Los Molinos y José de la Quintana en Córdoba; en Las Cuevas pueblo al pie del paso internacional Cristo Redentor en Mendoza. Las imágenes de casas abandonadas y derruidas (de paredes de 30, de ladrillo macizo, dirían los que entienden de construcción), el viento silbando por grandes galpones que supieron acoger el despliegue de cuerpos esforzados y trabajadores, en todos y cada uno de estos lugares lo que se observa es la postal de una gran nación que pudo ser: destruida por una guerra interna llevada adelante por esa oligarquía ladrona y odiadora, guerra contra el pueblo trabajador, y contra la construcción de un proyecto de nación, de Patria, bombardeada como la Plaza de Mayo, por los mismos contra los mismos.

 

Con la angustia y la indignación mordiéndome por dentro, suelto al aire frío de los pies del imponente Cerro Tolosa: “¡qué hijos de puta! ¡qué oligarquía culiada!” Y en mi mente voy atando, cosiendo, las imágenes de este rompecabezas que cargo en mi memoria de mochila a cuestas. Y resuenan las palabras: “en 1949 pasaron por acá Perón y Evita, y esta cuando vio las pésimas condiciones en que vivían los trabajadores de la zona, por medio de su Fundación, construyó un pueblo hermoso, ¡hasta con sala de cine!, para los casi 300 pobladores que llegó a tener Las Cuevas… en 1979, pleno proceso militar, pasó el último tren, y con los años se fue abandonando todo, hasta que hace unos años eran 7 habitantes… hoy son 15 trabajadores que de a poco, recuperando las ruinas de lo que fue, van intentando, como pueden, reconstruir este lugar”.

Y pienso en nosotres también, en Los Molinos, esa Fábrica de Armas con el tren, que luego de que el gobierno de Perón la construyera, fue abandonada como fábrica y quedó sólo el regimiento, que luego fue centro de tortura y con Menem abandonado por completo, abandonado y saqueado. Y ahora un grupo de trabajadores rurales, también como podemos, desde esas ruinas, estamos intentando poner en pie un proyecto de trabajo, comunidad y dignidad.

Y pienso que esa es nuestra tarea. Retomar desde las ruinas, ese proyecto de gran país, y hacer otro, obviamente, son otros los tiempos, otra esta dolorosa Argentina, otra esta Nuestra América, somos otros nosotres, este pueblo trabajador golpeado, desaparecido, torturado, perseguido, precarizado, despojado. La oligarquía es casi la misma, casi los mismos apellidos incluso. Claro, ahora aliados, absorbidos, asociados a grandes transnacionales y bancos, que ya casi ni explotan, sólo saquean y especulan. Y siembran muerte. Soja, fumigación y muerte. Y pienso, decía, que esa es nuestra tarea: elaborar una nueva gran gesta histórica que haga posible reconstruir desde las ruinas una patria posible, una patria solidaria, hermanada, fraterna, justa, libre, soberana y digna. Y tenemos con qué, lo veo diariamente, en cada jornada de trabajo, en cada zapallo que se cosecha, en cada asada que se hunde en la tierra, en cada cuadrilla que arregla un colegio, en cada madre-trabajadora que cose la mochila para sus hijes y para los de todos los hijos de las compañeras, para que vayan a la escuela, para que estudien. Porque este pueblo, nuestro pueblo, el pueblo empobrecido (por los ricos oligarcas), tiene un empuje tal, una terquedad en la solidaridad, una tenacidad en vivir dignamente... tenemos una fuerza abrumadora que cada vez que lo pienso me pone la piel de gallina.

Nuestro proyecto, retomando el ejemplo de los perseguidos, las pisoteadas y en muchos casos los asesinados por esta oligarquía repugnante, retomando a Monteagudo, a San Martín, al Chacho Peñaloza, a Martina Chapanay, a Facón Grande, a Deodoro Roca, a Eva Perón, a John William Cooke, a Tosco, al Robi Santucho, a Darío Santillán, y desde ellos y ellas, junto a ellas y ellos, construir esta nueva gran patriada, este horizonte de gran gesta histórica que se despliega ante nuestros ojos, desde el pie del Cerro Tolosa hasta la costa del inmenso mar argentino, en unidad, en unidad, en unidad y por si quedan dudas en unidad. Debemos convocar a todos y todas, en unidad, por la dignidad, por tierra, techo y trabajo, para construir de una buena vez esa patria justa, libre, soberana y digna por la que generaciones y generaciones de los trabajadores y empobrecidos de este suelo hemos soñado, construido, luchado, trabajado y muerto. Es nuestro tiempo. Estamos caminando. Viviremos y venceremos.

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