Charlas del Monte XLIII - La ecología popular

“Ya sabíamos que lo que pronosticaron los abuelos era cierto, porque ellos han preparado una legislación perfecta aunque siniestra, y han venido después a la provincia, se han candidateado, ocupan el gobierno con sus parientes y séquitos, y cuando me mostraron el proyecto de la Barrick Gold en un mapa y una maqueta temblé, porque no estaban nuestros pueblos, ni nuestras montañas, ni nuestros glaciares, ni nuestras vicuñas y guanacos, ni nuestros montes, ni nuestra agua. Y mi pregunta fue: ¿Dónde están las gentes?”


Amta Paz Argentina Quiroga, líder huarpe de San Juan


Charlas del Monte XLIII - La ecología popular


Por Tomás Astelarra


En el barrio monte ya hace rato dejamos de despotricar contra la navidad como imposición del pensamiento único hegemónico y el consumismo de papá noel. Ni hablar de esa manga de pelotudes que de pronto te saludan amistosamente demostrando que bien podrían haberlo hecho el resto del año. Al fin y al cabo es una oportunidad más pa' festejar. Y en el barrio monte nos gusta festejar: navidad, inti raymi, fogueira de san juan, día fuera del tiempo, dizque independencias varias (incluyendo la nuestra) y años nuevos gregorianos, chinos, judíos, aymaras, patafísicos y hasta el día de los muertos, la Pachamama y el pesebre de agosto de la Alpujarra.

A último momento compró pan y chorizos en el Quebracho mientras el Kamacho, de vuelta de Conlara, pesca un chino abierto en Merlo y agrega cuatro pata muslos y un vino barato. Pa' festejar saco con un vale del local cooperativo un queso ahumado, una bondiola campesina, y una birra casera. El Jipi ya tiene encendido el fuego y les pibes andan contentes porque el Tío Alberto les va a regalar una computadora del Conectar Igualdad. Maquemacrisis.

Los devenires chamuyeriles rondan el fuego en Achiras y Las Chacras, los negocios inmobiliarios, los chismes de rencillas entre organizaciones vecinas, el circuito automovilístico de Potrero de los Funes, el origen etimológico de la ciudad puntana, la relación de Alberto (o Adolfo, no recordamos bien) con Ester Goris y el quilombo que se armó en Mendoza con la ley 7 mil no se que.

-El otro día había un posteo muy interesante de Lea Ros preguntando por qué si se había logrado articular a nivel nacional un movimiento feminista o de la economía popular que supo insertarse en las estructuras del poder tradicional y presionar por algunas leyes, no había ocurrido algo similar en el movimiento ambiental- comentó.

-Por que son una manga de chetos- opina el Jipi, que en su tierna juventud estudió ingeniería ambiental en Tandil. “Me di cuenta al toque que iba a ser un lacayo del imperio certificando estudios de impacto ambiental para las multinacionales”, se justificó cierta vez. Y sigue: “Mirá la permacultura, es una de las formas más sofisticadas de esclavitud moderna. ¡Pagan para trabajar! Ni a Marx se le hubiera ocurrido denunciar semejante forma de explotación. ¿Y los campesinos originarios que hace siglos vienen manteniendo el monte sudando la gota gorda? Ni bola. Hasta a veces se le ocurre desear que asfalten un camino o se comen un chorizo y resulta que son unos asesinos. Claro como son negros, ignorantes y hasta violentos que van con capuchas a hacer piquetes... Pero resulta que los chetos estos te hacen una marcha contra el litio con veinte tipos filmando con celular. Van a todas a las marchas de protección del monte en sus chatas lujosas y no te llevan ni a la esquina. Se tapan el culo con discursos ambientales y después especulan con la tierra con dinero de sus papis que son nietos de Roca y la campaña del desierto. ¡Dejate de joder! Encima son como los troskos, son cuatro gatos locos y tienen cinco organizaciones diferentes”.


Así como es el Jipi, implacable e impecable, y sobre todo coherente. ¿Quién le va a decir algo si anda haciendo patria en medio del monte con una burra, un perro y un gato, cagando en el monte, cocinando con leña, sin luz eléctrica, huerteando, a veces criando chanchos, de changa en changa, caminando de aquí pa' allá con sus niñes, amasando pastas pa' la cooperadora de la escuela y esa curiosa forma de ser y laburar que hace que toda la paisanada le diga Don. Hasta incluso se rumorea que antes que él se dedicara a pasar la noches en el bar del Mario pa' volver campo traviesa a su casa, en ese sector del bajo había una “viuda”, un espíritu. Pero parece que desde que el Jipi Matías camina por estos lares, nunca más se apareció. La viuda no está. Dicen los paisas que el Jipi Matías le cantó unas cuantas verdades y la viuda se fue. Casi un santo popular.


Mientras los chismes de chicherías derivan hacia otros menesteres de la construcción popular (o no), me quedo pensando en esa cuestión del ambientalismo y sus contradicciones. Si hasta el gobierno de Evo Morales se termino metiendo la Pachamama bien en el orto. Hay una magia negra de la hidra capitalista que desvincula consumo de extractivismo y extractivismo de muerte. Claro, la muerte la ponen las pueblas y algún cheto solidario (como les chiques estos que mataron en Colombia entre cientos de muertes extractivistas). Tantos científicos y organismos internacionales y nadie nos puede hacer la cuenta de cual es el nivel de consumo sano y consciente que genera un mundo de paz pa' todes. ¿Estoy incurriendo en una falta ecológica hablando de ecología en una computadora alimentada por un panel solar en una ranchada en medio del monte? ¿Cuántas pelis debería ver al mes en mi celular wi fi? ¿Litros de nafta pa' la motito? A veces da la sensación de que uno se preocupa por algo que le queda grande, porque la mayoría del oro que extraen en Argentina las multinacionales, sin poner un solo peso y envenenando el agua, ya ta' comprobado que básicamente va para la especulación financiera y alguna joya de las señoras que se juntan en la ONU a hablar del conservacionismo, que sabemos que es una excusa para desplazar campesinos y comunidades indígena austeras y conscientes de territorios que más adelante serán explotados por multinacionales para el confortable mundo moderno de consumo desarrollado. Las contradicciones en la cuestión son parte no solo de los gobiernos, sino también de las sociedades, y hasta incluso de ciertos integrantes de los movimientos ecologistas, como bien señala el Jipi. Ya lo dijo el Pepe Mujica, peor él todo bien de no fomentar la minería en Uruguay, pero para eso los uruguayos tienen que reducir su nivel de ingreso en general. Y el pobre Tío Alberto haciendo malabares para solucionar el hambre sin tocar demasiado las expectativas de los mercados mundiales y las ganancias de bancos, empresas energéticas y otras ganancias extraordinarias que financian medios hegemónicos y políticos institucionales, y mira el quilombo que se le está armando, por derecha e izquierda, si tal cosa siguiera existiendo. El otro día con Ros y Pacheco hablábamos que taría bueno empezar a dar la discusión de algo así como la “ecología popular”. Porque no consumir, sea por ética o falta de recursos, es una forma de hacer ecología. Cartonear, está dicho, es una forma de hacer ecología. La agricultura familiar es una forma de hacer ecología. Y al frente las doñas de los barrios, el feminismo popular. ¿Será que la esperanza del movimiento ecologista está en la economía popular y el feminismo que hoy son estructuras que además de protestar están proponiendo y después de años de lucha colándose en las estructuras de poder para generar nuevas formas de hacer política institucional? Le voy a preguntar a las cumpas de Villa Ciudad Parque que finalmente lograron en Córdoba tener un intendente jipi, ecologista, feministas y promotor de la economía popular. Por algo se empieza.


Foto: Nicolas Masllorens (el dibiajante)