El asesinato de Orellana y la batalla comunicacional

November 22, 2019

 

 

Por David Pike

 

Hace exactamente un año atrás, caía asesinado por una bala de la policía bonaerense, Rodolfo «Ronald» Orellana, tras una represión que frenó una ocupación de tierras en La Matanza. Así se anticipaba el gobierno de Macri y Vidal, a un próximo diciembre caliente producto de la crisis social en el que corrían las versiones de saqueos y por el cual, la ministra de seguridad Bullrich había anticipado que no permitiría ninguna acción por fuera de la ley. Orellana, militante de la OLP-CTEP,  fue asesinado para intimidar, como advertencia a los sectores populares de que si algún desmán se producía en ese fin de año, iban a regar de sangre los barrios humildes.

 

Aquel 22 de noviembre, a primera hora de la mañana, nos llegó antes que a cualquier otro medio la noticia del asesinato y allí surgió el dilema de cómo comunicarlo, publicar solo unas fotos que mostraban heridos de bala de goma o un video que mostraba al compañero Orellana desangrándose con las sirenas y la represión como telón de fondo. Si publicábamos el video podíamos herir los sentimientos de las víctimas y alimentar el morbo sensacionalista, pero si no lo hacíamos permitíamos que pudiese alguien cuestionar la veracidad del relato de las y los compañeros reprimidos. La decisión fue fácil para un medio popular como el nuestro, el video nos lo habían pasado las propias víctimas, publicarlo era cumplir nuestra tarea, ser su voz.

 

Luego de una mañana movilizada, en la que la CTEP y los medios alternativos comunicábamos la triste noticia desde la mirada de los sectores populares, esta se expandía por las redes sociales. A la vez, difundíamos que había 4 compañeros presos por el mismo hecho. Finalmente al mediodía, los medios hegemónicos progresistas, Página12 y C5N se hacen eco y deciden comunicar la noticia sin condicionales y multiplicando la voz popular. En el caso del diario no muestran el video, según sus afirmaciones por respeto a la familia.

 

Por la tarde, sale a hablar el ministro de seguridad bonaerense, Cristian Ritondo, afirma que hubo un enfrentamiento entre ocupas y que el informe médico preliminar decía que la herida que tenía Orellana era a causa de un «elemento punzante». Los medios hegemónicos de la derecha replican la versión del ministro con el informe médico y reducen la noticia a un enfrentamiento entre mafias de ocupas. Haber publicado el video, resultaba un acierto, este era la prueba (tal vez no judicial pero sí para la gente de a pie) que desnudaba la falacia de la operación de Ritondo.

 

A esa altura de la tarde, la CTEP realiza una conferencia de prensa y, allí Belén Rozas de la OLP dice: «ni se les ocurra hablar de violencia por parte de nuestros compañeros y compañeras». Advertía lo que estaba pasando, los medios hegemónicos de la derecha estaban replicando la operación del ministerio de seguridad bonaerense y ponían en duda la voz de las víctimas. De esta forma lograron que los medios hegemónicos progresistas que habían levantado el tema, quiten la noticia de sus espacios principales y cambien todos sus verbos a tiempo condicionante. El programa más visto de C5N, «Minuto Uno» en su horario prime time, entrevista a los compañeros de Orellana pero sólo los deja hablar dos minutos antes de finalizar el programa.

 

Al día siguiente se conocería la verdad, el informe preliminar se había «equivocado», Orellana cayó asesinado por una bala que lo atravesó por la espalda y le salió por la cara. El ministro prometió cínicamente investigar el caso, sin dar explicaciones de cómo podía un informe médico confundir un orificio de bala con uno producto de un artefacto cortante. Así el gobierno nos derrotó en la estratégica batalla comunicacional, haciendo correr un informe médico falaz que hizo dudar a los medios hegemónicos progresistas en los cuales habíamos tenido eco y que tuvo en los medios hegemónicos de la derecha su aliado para llevar adelante una operación desviacionista.

 

Cuando se supo la verdad, habían pasado ya más de 24 horas y el efecto de la indignación se había mayormente disipado a manos de la duda o de la creencia que se habían matado entre ocupas. Los medios populares ya no podíamos contrarrestar tal efecto y encima corríamos para comunicar la situación de las y los compañeros presos. Nos habían vencido.

 

Nos queda la lección de lo estratégico de la tarea comunicacional, de la necesidad de crear medios fuertes que multipliquen la voz popular, sin depender de los intereses de algún grupo empresario que hoy está con el pueblo que lucha y mañana vaya a saber con quién. Cien medios para cien perfiles, que no sean herramientas accesorias de tal o cual organización, sino que asuman la comunicación como una batalla más. Por Ronald y por todos las y los compañeros caídos.

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